Religión en Colombia

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Cruz en el camino al cerro de Monserrate, en Bogotá

Colombia es un país cuya constitución establece, a partir de 1991, la separación iglesia-estado. Sin embargo la Iglesia católica mantiene privilegios de facto, producto de 500 años de presencia del catolicismo en el país como religión hegemónica. La mayoría de sus habitantes siguen declarándose pertenecientes a dicha iglesia. Aunque el Estado no mantiene estadísticas oficiales al respecto, varias encuestas de opinión llevadas a cabo por la Universidad de San Buenaventura, la Universidad Nacional de Colombia, y el Diario El Tiempo, indica que entre el 70 y el 80% de la población se adhiere al catolicismo.

Historia de las religiones en Colombia[editar]

Imagen del Divino Ecce homo en Ricaurte (Valle del Cauca).
Imagen de la Virgen de Chiquinquirá de Baltasar Vargas de Figueroa - Museo del Banco de la República de Colombia.

La Virgen del Rosario de Chiquinquirá, que data de 1586, se convirtió durante siglos en el símbolo del catolicismo en el país. Sigue siendo el principal santuario mariano de Colombia.

La preponderancia del catolicismo romano tiene hondas raíces en los procesos de conquista y colonización por parte de España después de 1492. En dicho proceso, la imposición de una cultura europea de corte católico determinó la exclusión de cualquier otra manifestación religiosa en el suelo colombiano. El siglo XVI fue además un tiempo de profundas convulsiones socio-políticas en Europa con el enfrentamiento entre los católicos fieles al Romano Pontífice y los seguidores de la Reforma Protestante iniciada por Lutero y Calvino. Aquello no sólo influyó en la actitud de los conquistadores españoles en sus nuevos dominios de ultramar, provocando además el establecimiento en Cartagena de Indias de la Inquisición española, con el fin de salvaguardar la ortodoxia religiosa - cultural. Por otra parte, las influencias tridentinas y barrocas dieron un sello particular al catolicismo establecido en el país, presente todavía en tiempos contemporáneos.

En América, la Inquisición fue impuesta por Felipe II, en 1570, y tuvo tres centros jurisdiccionales: México, Lima y Cartagena. Los casos que se juzgaron fueron bastantes, aunque se excluía a los indígenas de los castigos impuestos, debido a que, al ser nuevos en la fe, no tenían la madurez teológica para evitar errar. Contraria a la opinión de la mayoría de historiadores, los acusados en sí fueron pocos, y todavía mucho menor el número de condenados a muerte o a castigos corporales. En la Nueva Granada, la Inquisición se encargó, además, de reprimir la propagación de las tradiciones paganas de los negros y de reprobar las obras literarias que atentaban contra los dogmas de la Iglesia Católica.

Durante el proceso de independencia iniciados a principios del siglo XIX, varios clérigos criollos simpatizaron con la causa patriota y participaron activamente como agitadores, capellanes y aún soldados. Algunos de ellos llegaron a ingresar a la masonería cuyas logias se establecieron por esos años con gran aceptación de parte de las élites locales. Luego de un proceso dubitativo, el Vaticano reconoció en 1835 al nuevo estado independiente y estableció relaciones formales con este, iniciando además un proceso de romanización eclesiástica. Al tiempo, las élites liberales en el poder presionaron por el establecimiento de un estado cada vez más libre el influjo eclesiástico, lo que provocó choques de poder con la institución clerical que no estaba dispuesta a ceder su espacio en la sociedad.

Vale la pena aclarar que este hecho se presentaba en el contexto de la lucha entre federalistas y centralistas, aquellos de escuela liberal influenciados en algunos aspectos por la Revolución francesa, estos de corte conservador, que buscaban mantener la herencia española y la alianza con la Iglesia. Este conflicto influyó en la génesis de más de siete guerras civiles generales (1839-41; 1853, 1859-61, 1876-77, 1885, 1895, 1899-1903) y varias regionales, en los cuales el elemento religioso fue protagonista. En este conflicto se destacan episodios como la declaración de separación Iglesia y Estado, generada por la Constitución de 1853, la expropiación de bienes eclesiásticos, llevada a cabo por Tomás Cipriano de Mosquera en 1861-63, la declaratoria de tuición de cultos (1861) extrañamientos de obispos, supresión de comunidades religiosas (1861) o la expulsión de los Jesuitas (en dos oportunidades: 1851 y 1861). Finalmente, los intentos del gobierno radical por establecer un sistema educativo "neutro" en materia religiosa degeneró en una guerra civil (1877) donde participaron activamente varios obispos y clérigos. A partir de 1886 las relaciones entre ambas potestades se regularizaron de nuevo con el establecimiento de una nueva constitución centralista, que reconocía a la Iglesia Católica como fundamento de unidad nacional.

En 1887 se firmó un concordato con la Santa Sede, en el cual se le otorgaba a la institución eclesiástica el control del sistema educativo colombiano, privilegio que mantuvo hasta la reforma concordataria de 1973, a la vez que le restituía las tierras y bienes que le fueron substraídos durante la desamortización impulsada por los radicales. La constitución concedía apenas "tolerancia" a las demás religiones establecidas en el país, y que por entonces no llegaban al 1%, aproximadamente. Durante las décadas siguientes un nuevo orden social, regentado por una alianza entre Iglesia Católica y Estado, marcó la vida de la población colombiana. Dicha alianza ayudó a fortalecer el régimen y a mantener estructuras verticales y de poca movilidad social, y en general, el statu-quo.

Sin embargo, en este contexto inicia el proceso de diversificación del campo religioso colombiano. Ya antes, desde mediados del siglo XIX, bajo el auspicio de los liberales, llegó al país la Iglesia Presbiteriana, que actuaba fundamentalmente entre sectores urbanos acomodados. A comienzos del siglo XX llegan otras iglesias protestantes históricas, como los bautistas, y en los años 50, los menonitas[1] y evangélicos. Entre 1932 y 1945 ingresaron las primeras denominaciones pentecostales, dándose una gran confrontación entre la inmensa mayoría católica y los primeros evangélicos, tejiéndose muchos mitos en torno a estos últimos con el ánimo de desprestigiarlos, tales como que eran culpables del comunismo y de la violencia en general, llegando incluso a ser atacados físicamente en sus lugares de culto.[2] Pero es a partir de los años 60, gracias a cambios sociales, económicos y culturales que se dan en el país -modernización, urbanización, alfabetización, entre otros-, que el panorama religioso comienza a cambiar visiblemente. De Estados Unidos arriba el pentecostalismo, de corte fundamentalista y proselitista, con creciente aceptación, especialmente entre los grupos populares. También hacen su aparición otras iglesias y nuevos movimientos religiosos de origen cristiano, como La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o mormones, los adventistas, los testigos de Jehová, etc. Avanzado el siglo XX irrumpen con fuerza otras confesiones religiosas cristianas en Colombia como la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional; si a ello se añaden otros grupos religiosos minoritarios, como el judaísmo, el islam, el hinduismo. También hace presencia el Iglesia anglicana, la iglesia Ortodoxa, y organizaciones católicas separadas de Roma, como la Iglesia Antigua Colombiana Viejos católicos. Se obtiene así una creciente diversidad del panorama religioso en el país, aunque manteniéndose aún el predominio del catolicismo romano.

Tal diversidad fue reconocida en 1991 en la nueva constitución de Colombia, que declara al país plural en los ámbitos cultural, étnico y religioso. Sin embargo, cohexisten tratados como el Concordato, con el Vaticano, que sigue otorgando a la Iglesia católica ciertos privilegios jurídicos y económicos, privilegios que fueron reclamados en 1995 por varias iglesias cristianas no católicas, que procedieron a firmar, con el gobierno del entonces presidente Ernesto Samper, sendos tratados (llamados popularmente "concordaticos") donde se les reconoce ciertos privilegios en materia de celebración de matrimonios, exención de impuestos, entre otros.

En 2012, los medios de comunicación en Colombia y a nivel internacional, publicaron la noticia donde Benedicto XVI reconoció el impacto cultural de los pentecostales en la idiosincrasia de este país. Benedicto XVI afirmó que "Mientras que años atrás era posible reconocer un tejido cultural unitario (basado en el catolicismo romano)... El creciente pluralismo religioso es un factor que exige una seria consideración. La presencia cada vez más activa de comunidades pentecostales y evangélicas, no sólo en Colombia, sino también en muchas regiones de América Latina, no puede ser ignorada ni minusvalorada"[3]

Panorama actual de la diversificación del campo religioso[editar]

Tal y como lo han señalado diversos estudios (Beltrán, 2006; Tejeiro, 2010), la sociedad colombiana experimenta un acelerado proceso de transformación de su universo religioso. Una de las características de este proceso es el rápido ascenso del movimiento pentecostal y de otros Nuevos Movimientos Religiosos (NMR). Aunque existen algunos intentos de describir cuantitativamente este fenómeno -especialmente en el caso de Bogotá (Beltrán 2009a, 2009c) -, no existen cifras confiables que permitan dimensionarlo ni observar sus tendencias en el plano nacional. Quizá el estudio más completo que permita dar una idea de las cifras del campo religioso colombiano, lo llevó a cabo el sociólogo William Beltrán, en 2012, a través de una encuesta realizada con la financiación de las universidades Nacional de Colombia, sede Bogotá y Sergio Arboleda. Esta encuesta busca establecer tendencias del proceso de diversificación religiosa en diferentes ciudades y regiones del país. La encuesta fue aplicada por vía telefónica, entre mayo y agosto de 2010, a una muestra aleatoria de 3.853 personas mayores de edad en las cuatro principales ciudades del país -Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla-, en algunas ciudades intermedias -Maicao, Bucaramanga, y Barrancabermeja-, y en varios municipios de la región del Urabá, su margen de error es de 2,89% para fenómeno de ocurrencia superior al 50% y su nivel de confianza es de 95%.

"Esta encuesta muestra, entre otros puntos, que la inmensa mayoría de los colombianos (94%) sigue siendo "creyente". Eso, a pesar del avance del laicismo y la secularización. Ateísmo y Agnosticismo suman casi el 5% de la población. A diferencia de Europa occidental, en Colombia el proceso de secularización no ha implicado un crecimiento drástico de la increencia, ni un declive de las prácticas religiosas institucionales. Paradójicamente, más que el declive de la religión, la secularización ha acarreado la recomposición de las fuerzas religiosas".

"En cuanto a la filiación religiosa, la gran mayoría de los colombianos (70,9%) se consideran católicos. En segundo lugar en número de seguidores se encuentra el movimiento "cristiano evangélico", que incluye las diversas corrientes pentecostales y protestantes. Los protestantes o evangélicos constituyen el 16,7% de la población. Es pertinente aclarar que el protestantismo colombiano es predominantemente pentecostal. Solo 16 encuestados (0,4% de la muestra) se identificaron como "protestantes", es decir, como fieles a alguna de las vertientes del "protestantismo histórico" -como luteranos, presbiterianos y menonitas-. Por lo tanto, el protestantismo histórico es incluso minoritario en el seno del protestantismo. En el tercer reglón se ubican ateos y agnósticos que suman el 4.7% de la población, seguidos por un sector (3.5%) que define su relación con la religión con afirmaciones como: «creo en Dios pero no en la religión», «creo en Dios a mi manera» o «soy católico a mi manera». Así, este sector de tradición católica ha tomado distancia del catolicismo en su versión institucional".

"Aunque la mayoría de los colombianos son católicos por tradición, buena parte de ellos son católicos "nominales" o "pasivos": católicos que expresan un frágil sentimiento de pertenencia a su Iglesia y que raramente participan de rituales religiosos institucionales. Así, por ejemplo, el 80% de los católicos no se consideran miembros de una iglesia o de un grupo religioso; el 39,1% dice ser católico pero no practicante; el 9,3% considera que la religión no es importante o es poco importante en su vida; el 3,3% dice no asistir nunca a misa, el 7,1% sólo asiste a misa en ceremonias especiales o para formalizar ritos de pasaje y el 16.4% va a misa "de vez en cuando", es decir, unas pocas veces en el año. Los católicos nominales cuestionan con mayor frecuencia las orientaciones morales de la Iglesia católica. Por ejemplo, el 29,5% de ellos está de acuerdo con la legalización del matrimonio entre homosexuales y el 6,7% con la legalización del aborto en todos los casos. El crecimiento de los católicos nominales muestra la erosión progresiva de los mecanismos de reproducción transgeneracional del catolicismo y constituye una evidencia de la secularización de la sociedad colombiana, en tanto autonomización de la sociedad de la tutela de la Iglesia católica".

Las minorías religiosas mantienen un mayor compromiso religioso. Así, por ejemplo, el 76,3% de los protestanes y cristianos no católicos se declaran "creyentes practicantes"; el 92% considera que la religión es "importante" o "muy importante" en su vida y el 73,7% asiste a culto todos los días o por lo menos una vez a la semana. Estos indicadores expresan aún un mayor compromiso religioso entre adventistas y testigos de Jehová. Por lo tanto, los nuevos movimientos religiosos constituyen "minorías religiosas activas" -acudiendo a la expresión de Bastian (1994).

La diversificación del campo religioso no ha significado mayor pluralismo (es decir, el reconocimiento de la diferencia como un valor y no como un problema) y perduran hasta hoy mecanismos de discriminación por parte de las mayorías católicas hacía las minorías religiosas y de estas últimas entre sí, hacia la Iglesia Católica, hacia agnósticos, ateos y Testigos de Jehová. Así, la pluralización religiosa no se traduce necesariamente en pluralismo social. Es decir, en una situación donde todos los grupos religiosos y comunidades gozan del mismo estatus y derechos. Por el contrario, todas las minorías religiosas, incluyendo los no creyentes, mantienen luchas por su legitimidad y por el reconocimiento de sus derechos.

En cuanto a la influencia de las religiones en los campos social, cultural y moral, los estudios muestran que "las minorías religiosas comparten con los católicos practicantes un núcleo de valores comunes. Unos y otros se consideran a sí mismos guardianes de la moral y de las sanas costumbres, condenan el aborto y se oponen al reconocimiento de los derechos de las parejas homosexuales. Puesto que el crecimiento de los nuevos movimientos religiosos no ha modificado estos valores, no se puede afirmar que sea el germen de un cambio cultural profundo o que avance en ruptura con la cultura católica. Por el contrario, la migración fluida de fieles de la Iglesia católica hacia los nuevos movimientos religiosos ha sido posible, en buena medida, por este núcleo de valores compartidos. En este sentido, el proceso de recomposición religiosa y, particularmente, el ascenso del movimiento Pentecostalismo, puede ser interpretado como la reivindicación del carácter dominante de la tradición cristiana en la sociedad colombiana. Cerca del 90% de los colombianos se identifica con alguna vertiente del cristianismo, sea católica, protestante o pentecostal. Por lo tanto, la recomposición religiosa en lugar de minar el cristianismo, ha fomentado su revitalización, si bien se trata de un cristianismo en mutación" (Beltrán, 2012)

Educación religiosa[editar]

La educación religiosa en Colombia estuvo, desde la época de la conquista y colonia principalmente bajo la dirección de la Iglesia católica, aunque actualmente otras confesiones en desarrollo de la Ley 133 de Libertad de Cultos han creado otras instituciones de carácter educativo cristiano. Gracias a la constitución del 91 Colombia goza de una educación laica dónde todo establecimiento educativo del gobierno tiene prohibido dar muestras de inclinación por cualquier religión.

Participación política de los grupos religiosos[editar]

El artículo 19 de la Constitución de Colombia de 1991 garantiza la libertad de cultos y dice además que "Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva". El artículo 19 aclara también que "Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley". De esta manera, el Estado Colombiano en lo que respecta a su credo político, entra en pleno tono con el desarrollo democrático y da participación libre y activa a todos los credos religiosos presentes en Colombia de acuerdo con la ley civil y los deberes y derechos del ciudadano común. Por otra parte, los grupos religiosos pueden determinar la forma de participación política de acuerdo a la ley dentro de sus propios esquemas orgánicos.

Esto dio pie a que a partir de 1991 se diera una activa participación política de parte de grupos evangélicos, que llegaron a poner a varios de sus pastores en cargos de representación en instituciones como El Congreso de la República o los concejos municipales. Quienes han analizado dicha participación se refieren a la reproducción de los antiguos lazos clientelares que antes utilizaban con frecuencia en ciertas zonas rurales de Colombia, por parte del clero católico para promover el voto hacia ciertos candidatos que decían ofrecer garantías a la Iglesia Católica. Entre el cristianismo protestante se promovió, así la organización de partidos confesionales que basaban su éxito en el clientelismo religioso, combinando efectivamente la predicación religiosa con la propaganda política.

En la actualidad y a raíz de continuas reformas políticas que han aumentado el mínimo de votos para que las diferentes organizaciones conserven su personería jurídica, no existen partidos confesionales en Colombia, de tal manera que los cristianos católicos y no católicos, que tienen un liderazgo político participan en diferentes partidos y movimientos políticos.

Movimientos ecuménicos[editar]

Iglesia Bautista de San Andrés, construida en 1847.

Si bien la génesis de la nación colombiana de la Colonia a la República vivió en gran parte ligada al señorío de una sola religión, dos hechos rompieron dicho esquema unireligioso: el primero fue la celebración del Concilio Vaticano II convocado por el Papa Juan XXIII y que tuvo su primer más evidente efecto en Colombia con la visita del Papa Pablo VI y la apertura de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Medellín, (1968), mediante el cual la Iglesia Católica entra en diálogo con el mundo y abandona una actitud excluyente frente a otros credos y modos de pensar expresado en la Constitución Pastoral Gauidum et Spes (Decreto del Concilio Vaticano II). El segundo hecho viene en cambio de la parte civil con la proclamación de una nueva Constitución Política en Colombia de corte más moderno en el cual se garantiza de una vez por todas la libertad de culto. De dichos acontecimientos, se define el nacimiento de los Movimientos Ecuménicos en Colombia que en el mundo tienen una desarrollo desde principios del Siglo XX con la creación de diálogos entre las diferentes iglesias cristianas. Los encuentros ecuménicos en Colombia no son entonces extraños, pero tienen sus dificultades, sobre todo con la proliferación de sectas acéfalas que, contrario a las Iglesias históricas, tienen una organización altamente ramificada.

A nivel internacional algunos pocos colombianos han participado activamente en grupos ecuménicos como la Comunidad de Taizé.

El diálogo ecuménico ha logrado gran acogida entre sectores del catolicismo romano, en las iglesias Anglicana, Ortodoxa, y protestante histórica. Es mucho menor entre las iglesias cristianas de línea pentecostal, que lo consideran como una vía a la apostasía.

Persecuciones político-religiosas[editar]

Los conflictos socio-políticos en Colombia no han dejado por fuera el tema religioso. La presencia de las formas organizadas de religión en aquellas zonas en donde el Estado no llega (zonas marginadas, poblaciones olvidadas, entre otras), hace que los grupos y líderes religiosos se encuentren con frecuencia con los actores del conflicto armado en Colombia y que muchos pastores, clérigos y religiosos sufran las consecuencias de la guerra.

En 2014 Colombia se convirtió en el único país de América en el ranking de las 50 naciones más peligrosas para los cristianos.[4]

Mas información

Arquitectura religiosa[editar]

A medida que se fortalecen y expanden los distintos grupos religiosos que hacen presencia en el país, se observa el surgimiento de edificios religiosos arquitectónicamente elaborados, que comienzan a ser puntos de referencia en los barrios o ciudades donde se encuentran.

Chiquinquirá, situada en el departamento de Boyacá, es sede del principal santuario mariano de la Iglesia Católica en Colombia. Miles de peregrinos visitan permanentemente la basílica para rendir honores a una imagen de la Virgen María que fue restaurada tras las oraciones de una mujer, María Ramos en 1586. Desde entonces la vida del municipio ha estado ligada al santuario y a la devoción que la gente profesa por la Virgen María, representada en el cuadro, que ha custodiado casi ininterrumpidamente la Orden de los Dominicos.

La capital colombiana, Bogotá, cuenta con una gran tradición católica que se percibe en el número de templos como la Catedral Primada de Colombia, construidos en el centro histórico de la ciudad, y costumbres tales como el ascenso a los cerros tutelares de Monserrate y Guadalupe, en cuyas cimas se encuentran templos católicos. Así mismo, cuenta con Santuarios como la Iglesia del Divino Niño Jesús, en el barrio Veinte de Julio (de la localidad de San Cristóbal), al cual cada domingo asisten miles de peregrinos, y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en la localidad de La Candelaria, la cual es famosa porque en su festividad del mes de julio asisten muchos transportadores del país para recibir la bendición de sus vehículos.

Mezquita de Maicao.

En Tunja capital del departamento de Boyacá, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días construyó y dedicó una hermosa capilla en un estilo arquitectónico mezcla colonial y moderno, está ubicada cerca al bosque de la república. En el año 2008 la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional inauguró, en la cabecera municipal de Sáchica en la Provincia de Alto Ricaurte, en Boyacá, una sala de oración estilo colonial que con los templos y monasterios católicos, aunados a la Semana Santa en vivo, el Festival de Música Sacra que convoca a grupos musicales nacionales e internacionales, y las esculturas alusivas al sol y la luna como homenaje a los dioses de los indígenas, ratifican a Sáchica como La Jerusalén de Colombia.[5] [6]

Por otro lado, también en el Distrito Capital, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuenta con el Templo de Bogotá. Por su parte la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional ya cuenta con 23 megasalas de oración distribuidas por la ciudad,[7] además de sus oficinas mundiales; y un moderno baptisterio en Cota, dentro del Área Metropolitana de Bogotá. Es así como en la actualidad, Bogotá es una muestra de la gran diversidad religiosa que se percibe en Colombia, a partir de la Constitución de 1991.

Otras ciudades relevantes son Popayán, cuya Semana Santa de es de renombre nacional e internacional. Por su parte, Maicao cuenta con la Mezquita de Omar Ibn Al-Jattab inaugurada en septiembre de 1997. Es la tercera mezquita más grande de Sudamérica.

En el siglo XVIII se construyó en Ipiales un puente el Santuario de Las Lajas, el cual es sitio turístico a nivel internacional. En fin, por la isla de San Andrés fue que entraron los primeros misioneros cristianos no católicos a Colombia, a principios del siglo XIX, y allí se erigió, en 1847 la primera Iglesia Bautista en América del Sur, llamada Emmanuel. Para edificar la Iglesia Emanuel se utilizó madera de pino traída desde Alabama, en los Estados Unidos. Desde el propio centro de San Andrés, se destaca a lo lejos, cuando se mira desde cualquier punto alrededor de la isla, ya que su techo es rojo y se encuentra ubicada en la parte más alta de la isla llamada el cerro de La Loma.

Fuentes[editar]

  • BELTRAN, William Mauricio. De microempresas religiosas a multinacionales de la fe: la diversificación del cristianismo en Bogotá, Bogotá, Universidad de San Buenaventura, 2006.
  • BELTRÁN, William Mauricio. "Descripción cuantitativa de la pluralización religiosa en Colombia" Universitas Humanistica, No. 73. Bogotá: junio de 2012. http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S0120-48072012000100008&script=sci_arttext
  • BIDEGAIN, Ana María (ed.) Historia del cristianismo en Colombia. Corrientes y diversidad. Bogotá, Taurus, 2004
  • BIDEGAIN, Ana María y Demera, Juan Diego (ed.). Globalización y diversidad religiosa. Bogotá, Ediciones Unibiblos, 2005.
  • MORA, Julián. "Cristianismo en Colombia". Bogotá, Universidad de La Salle.

Notas[editar]

Referencias[editar]

  1. Nuestra Historia Menonita
  2. «Hermano Luis Eduardo Moreno Moren. Cofundador, profeta y predicador». Revista Zion Internacional (7). 2012. ISSN 2216-0566. 
  3. El Tiempo. «El Papa está preocupado por penetración de pentecostales en Colombia». Consultado el 22 de junio de 2012. 
  4. Joel Forster. «Lista Puertas Abiertas 2014: ‘Estados quebrados’ son el nuevo enemigo de cristianos». Consultado el 12 de septiembre de 2014. 
  5. * El Espectador. «Boyacá: territorio de fe». Consultado el 15 de mayo de 2009. 
  6. * Semana. «¡Boyacá es para vivirla!». Consultado el 15 de mayo de 2009. 
  7. Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional. «Historia». Archivado desde el original el 1 de diciembre de 2015. Consultado el 25 de noviembre de 2012. 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]