Bernardo Pereira de Vasconcelos

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Bernardo Pereira de Vasconcelos
BernardoPereiradeVasconcelos.jpg
Información personal
Nacimiento 27 de agosto de 1795 Ver y modificar los datos en Wikidata
Ouro Preto, Brasil Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 1 de mayo de 1850 Ver y modificar los datos en Wikidata (54 años)
Río de Janeiro, Brasil Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Brasileña Ver y modificar los datos en Wikidata
Lengua materna Portugués brasileño Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Padre Diogo Pereira Ribeiro de Vasconcelos Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Periodista, político, Juiz de fora y jurista Ver y modificar los datos en Wikidata
Cargos ocupados
  • Senador de Brasil
  • Diputado de Brasil Ver y modificar los datos en Wikidata
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Bernardo Pereira de Vasconcelos (Vila Rica, 27 de agosto de 1795Río de Janeiro, 1 de mayo de 1850) fue un político, periodista y jurista brasileño de la época del Imperio.

Biografía[editar]

Infancia, familia y educación[editar]

Hijo de Diogo Pereira Ribeiro de Vasconcelos, natural de Oporto (Portugal) pero criado en Minas Gerais y formado en el Seminario de Mariana. Allí conoció a Tomás Antonio Gonzaga, Cláudio Manuel da Costa y otros inconfidentes, aunque no hay pruebas de su simpatía por tales ideas. Abogado, fue procurador y juez en Río de Janeiro. Fue, sobre todo, autor de las Memorias sobre la Capitania de Minas Gerais y de Minas y Quintos do Ouro. Su madre, Maria do Carmo Barradas, descendía de los primeros pobladores de la ciudad de Río de Janeiro. Hija de João de Sousa Barradas, de ilustre familia de juristas portugueses originarios de Couto de Verride, término de Montemor-o-Velho. Tuvieron numerosos hijos y recibieron educación cuidada. Bernardo y su hermano Francisco Diogo serían magistrados, senadores, consejeros de Estado; otro hermano, Fernando, diplomado en Holanda en Ciencias Naturales, fundó el Jardín Botánico de Ouro Preto. Jerônimo, el primogénito, marchó joven para Portugal, donde fue teniente general, ministro de la Guerra, par del reino y consejero de Estado. Además, fue nombrado vizconde de Ponte da Barca por María II de Portugal.

Bernardo marchó a Portugal en 1807, a los 12 años, a cargo de dos tíos maternos. Acabó en Inglaterra y fue enviado de nuevo a Brasil, por culpa de la ocupación francesa. Concluidos los estudios preparatorios en 1813, ya huérfano de padre, volvió a Portugal y se matriculó en Filosofía y Derecho en la Universidad de Coímbra en octubre de 1814. Más de 230 jóvenes brasileños estaban matriculados allí. Compañeros de turma eran José de Costa Carvalho, futuro diputado y regente del Imperio; Caetano Maria Lopes Gama, futuro diputado, senador, presidente de provincia; João Bráulio Muniz, futuro regente del Imperio y muchos otros. Coimbra en nada contribuiría a su formación liberal. Crítico con ella, diría más tarde: «Estudié Derecho Público en aquella Universidad y por fin salí un bárbaro: me fue preciso hasta desaprender.»

Concluyó el curso en julio de 1819 y permaneció algún tiempo en Lisboa, con sus parientes. En 1820, ya en Brasil, dirigió una petición a D. João VI para obtener plaza en la magistratura. Obtuvo el juzgado de Guaratinguetá, pero no quiso or. Pidió al rey la ouvidoria en Ouro Preto, para entrar en ejercicio cuando quedara vacante. Acabó prestando juramento el 30 de octubre de 1820 como juez de la pequeña villa de Santo Antônio de Guaratinguetá, empezando en enero de 1821. Fue exonerado en 1822, tras muchas licencias para tratar su salud. En 1825, con 30 años, fue nombrado desembargador de la Relación del Maranhão, cargo que no llegó a desempeñar, pues en 1824 fue elegido para la Asamblea General Legislativa del Imperio, inaugurada en mayo de 1826. Allí se haría conocido.

Su actividad se ejercía sobre todo por la prensa en la vieja Vila Rica, elevada el 20 de marzo de 1823 a la categoría de Imperial Ciudad de Ouro Preto. El 18 de julio de 1825 apareció en la ciudad su periódico, El Universal. Iniciaba su táctica de tener siempre un periódico a su disposición, pues a este sucederían El Siete de Abril, El Caboclo, El Brasileño, La Centinela de la Monarquía u O Correo da Tarde.

Carrera política[editar]

Bernardo Pereira de Vasconcelos.

Su trato con negocios públicos tuvo inicio en 1825, en el Consejo del Gobierno de la Provincia de Minas Gerais, del cual formaba parte. Diamantes y el río Doce eran los dos asuntos de interés entonces, y Bernardo combatió con coraje la concesión a la Companhia dos Diamantes, llevando el Consejo a representar al emperador sobre su inconveniencia, y el decreto de 6 de mayo de 1825 que aprobaba la concesión de la Sociedad de Agricultura, Comercio, Minería y Navegación del río Doce, gratuitamente dado a los ingleses (defendidos por el marqués de Baependi) cuando el río ya era navegável y el mayor obstáculo al comercio no provenía de las cascadas, sino de los botocudos.

En 1825 tuvo inicio también su colaboración como principal redactor del periódico "El Universal", publicado en Oro Negro. Así, durante 25 años, hombre de salud precaria, mantendrá trabajo ininterrupto en la elaboración de leyes y de códigos, de las discusiones en la Cámara, hasta su fin imprevisto. Apenas cerraba la Cámara en el Río, volvía la Minas y tomaba parte en los trabajos del Consejo del Gobierno de la Provincia y después en la Asamblea Provincial. Para poder seguir para a Corte en marzo de 1826, vendió una chácara, a de el Funil.

Fue diputado en la primera Cámara Legislativa del Imperio. Instalada en sesión solemne, en 6 de mayo de 1826, con la presencia del emperador, que le recomienda la votación de leyes complementarias, la primera legislatura de la Cámara de los Diputados delibera sobre la difusión de la vacuna contra la varíola , la reglamentación de las relaciones entre Iglesia y Estado; el proceso de desapropriação a la fijación de las Fuerzas Armadas; la dotación de la familia imperial, la reforma de la Judicatura; la instrucción pública, la creación de los cursos jurídicos en São Paulo y Olinda; la criba entre los poderes y definición de cualificaciones; la responsabilidad de los ministros de Estado por crímenes políticos; la administración municipal y el Código Criminal de 1830, con origen en proyectos de Bernardo de Vasconcelos y José Clemente Pereira.

De su autoría, en 7 de agosto de 1826, fue el proyecto que creaba el Supremo Tribunal de Justicia, convertido en ley sólo en 1828 que abolió el Desembargo del Paço, en una gran reforma descentralizadora. Tuvo parte importante en la discusión sobre la fundación de los cursos jurídicos, que quería en Río de Janeiro, combatiendo las influencias bairristas.

En esta Cámara de 1826, de hecho, hubo la primera comisión de los cinco, importante en la tradición parlamentaria brasileña, y Vasconcelos de ella formó parte como relator, al lado de Januário de la Cuña Barbosa, Almeida y Albuquerque, Nicolau de Campos Vergueiro y Lúcio de Gouveia. Luego de inicio se impuso a los compañeros y desde entonces estuvo en el primer plan. Esfuerzos ingratos, pues la Constitución de 25 de marzo de 1824, con su Poder Moderador, chava de toda la organización política y delegado privadamente al Emperador, «y el Poder Ejecutivo chefiado también por el Emperador, inviolável, sagrado y irresponsável» en las palabras del historiador Octavio Tarquinio de Sousa, no se ajustaban fácilmente a mecanismos de gabinete. ES verdad que la Constitución fue hecha a las carreras, pero también el régimen parlamentario hube nacido de repente…

La Monarquía constitucional, la forma de gobierno preferida de la burguesia en su apogeu, constituyó el ideal de Bernardo Pereira de Vasconcelos. Lo guió siempre un liberalismo a la moda inglesa, con un liberal sincero, sin sin jamás ser un ideólogo (apegado la construcciones sólo teóricas). El principio monárquico le parecía el elemento aglutinador por excelencia de un país sacudido por luchas internas y amenazado de secesión. Hay quien afirme estar la llave de toda sus actitudes en la frase - «Para que hemos de cuestionar sobre lo que es mejor hacerse, si lo aprieto de nuestras actuales circunstancias sólo nos faculta indagar lo que se puede hacer?»

José Pedro Xavier de la Veiga, en Efemérides Mineras, dice: «Espíritu práctico y positivo hasta la insensibilidade, preconizaba para los problemas sociales soluciones consoantes al interés tangible del Estado, perecieran aunque altos principios de orden moral.» Por eso aún a venida de esclavos negros para lo Brasil le parecía una necesidad imperiosa de civilización y del desarrollo del país.

Desde 1826, cuando de la muerte de D. João VI, el emperador se sentía atraído para Portugal, para los intereses portugueses, absorbido por las complicaciones de la política portuguesa. Portuguesa era su rueda palaciana, casi toda antipática a los brasileños. Y la impopular guerra en el Sur, origen de tantos recrutamentos brutales, y de que resultó la pérdida de la Provincia Cisplatina, daba ensejo la violencias. La Cámara iba a cerrar y poco hube podido remediar… Bernardo de Vasconcelos, sin embargo, trabajaba muy y ya en enero de 1827 anunciaba en El Universal «a 1$600 por ejemplar el proyecto del Código del Imperio», código criminal que por sí sólo perpetuaría su nombre.

El desempeño en la Cámara[editar]

Dos proyectos para el futuro Código Criminal del Imperio fueron presentados en la Cámara cuando de su reabertura en abril de 1827: el suyo y lo de José Clemente Pereira. En el código adoptado en[1830 preponderou su trabajo, haciendo obra innovadora y notable.

Y comenzaban sus críticas al arbítro de los ministros de Estado, olvidados «de la razón, de la actividad política, del bien social». Se hubo Trazado un programa: «Diputado nacional estoy en este lugar para defender los intereses generales y no para hacer a corte a nadie.»

Tomó la iniciativa de la extinción del Tribunal del Consejo de la Hacienda, obsoleto e inútil, y tras los tribunales del Desembargo del Paço y Mesa de la Conciencia y Órdenes. Ya era francamente por la abolición del tráfico de esclavos, en discurso a 3 de julio de 1827. Pero cambiaría aún en ese asunto. Creados los cursos jurídicos, se candidató a profesor en São Paulo, pero su petición al emperador no tuvo éxito. No era benquisto - y el marquês de Baependi continuaba a ser su mayor adversario, acusándolo de «genio atrabiliário y descomedido». Su respuesta al que llamaba las calúnias del marquês fue una sensacional obra, Carta a los señores Electores de la Provincia de Minas Generales, datada de 30 de diciembre de 1827, en Oro Negro, publicada en la tipografia del Astro, periódico de Son João del-Rey. Recapitulando su acción política hasta entonces, desarrollaba un ancho programa administrativo, con lucidez poco común y proponía un gobierno de gabinete, instituciones liberales a la moda británica. El constitucionalismo del emperador, sin embargo, no iba hasta allá… D. Pedro I quería gobernar y, por fuerza de su temperamento, desmandava-si, no dejaba ninguna iniciativa a los ministros, que se sucedían.

En 1828 habría sido llamado para un ministerio, y lo rechazó. El Reverendo Walsh, el inglés que lo conoció y describió en Notices of Brazil in 1828 and 1829, dice que era en la altura «el célebre diputado Vasconcelos, considerado por sus compatriotas el Franklin o Adams de Brasil, el líder de la voz popular.» Las honras de ministro cairam en José Clemente Pereira. Desde 1827 otra figura crecía en el Río, con el surgimiento de Aurora Fluminense, el periódico de Evaristo de la Veiga, que visaba los mismos fines y con él muchas veces estuvo en consonancia.

En 1828, Vasconcelos, relator de la comisión de la Hacienda, propuso la extinción del Banco de Brasil, que se aproximaba de la bancarrota, entregue la gente incapaz y menos escrupulosa. Por primera vez los orçmentos públicos fueron discutidos. Se mostró parlamentario por excelencia en el examen meticuloso, paciente, inflexible de las cuentas públicas. Liberal en política, era liberal en economía y de su iniciativa fue uniformar la tasa de importación, reduciéndola a 15% para todos los países. Sostenía que el gobierno no tenía autoridad para ingerir en negocios de la industria - «lo que es indispensable es guardarse lo más religioso respeto a la propiedad y a la libertad del ciudadano brasileño.»

El día 18 de julio de 1829 había sido uno de los mayores de su vida, en el movimiento de afirmación de las prerrogativas de la Cámara, puesto el Gobierno transgressor de la Constitución y de las leyes en el banco de los reos, en la persona del general Joaquim de Oliveira Álvares, ministro de la Guerra. Hasta 1834 continuaría su nombre muy alto en el favor público, y sólo después comenzaría el declínio. En 1840, por ocasión del golpe de Estado de la Maioridade, su casa sería apedrejada. Veinte días tras cerrada la Cámara por el Emperador, en 1829, retornaba la Minas con grandes fiestas y en diciembre de 1829 estaba de nuevo buceado en los trabajos del Consejo General de la Provincia.

En las elecciones para la nueva Cámara de 1830, concursó para que Minas Generales eligiera Martim Francisco Ribeiro de Andrada, Vieira Souto y Evaristo de la Veiga, y él propio fuera reelegido. Tuvo éxito en otros Estados, pues su prestigio hube crecido y era visto como una especie de jefe de los liberales. La Cámara abrió sesiones a 3 de mayo. Sería la última tentativa de gobierno de gabinete bajo D. Pedro I, con el ministerio del marquês de Barbacena. Vasconcelos le dio apoyo y buscó facilitar su tarea para firmar el sistema constitucional. Colaborar, para él, no era conformismo ni servilismo, pero sí estudiar a fondo las propuestas, esmiuçar, reducir gastos. Pero D. Pedro no cedía en el que juzgaba ser su derecho y deber de gobernar, desconfiaba de los ministros y de los diputados y, por primera vez, Vasconcelos usó lenguaje revolucionario. Llegaron al Río a 14 de septiembre de 1830 noticias de la revolución que en París, en julio de 1830, hube abatido el trono de Carlos X de Francia. «<El choque fue eléctrico, muchos individuos en el Río, Bahía, Pernambuco y São Paulo iluminaron sus casas», dice Armitage.

La revolución de 7 de abril de 1831[editar]

Los periódicos se multiplicaban, se publicaban 53 en el Imperio de los cuales 42 eran de feição liberal y había los que predicaban la federación. La indignación se avolumava, el espíritu revolucionario se esparcía por las provincias, hubo prisiones, devassas, persecuciones, Líbero Badaró fue asesinado y una campaña demolidora apuntaba la Constitución otorgada como la portada de ´traidores y absolutistas´. Teimoso y enamorado, D. Pedro I lanzó una proclamação en Oro Negro a 22 de febrero de 1831, indignado con el ´partido desorganizador´, que había trazado un ´plan revolucionario´ y quería realizar la federación. Se siguió el famoso ultimátum al emperador, redactado por Evaristo de la Veiga, en que se dijo toda la verdad al monarca - a 6 de abril D. Pedro sustituyó el ministerio, formando otro de marqueses, nombres impopulares, odiosos a los liberales. La insurreição popular estaba en las calles, la sedição militar. Altivo, aún teimoso, el emperador abdicó en la persona de su hijo, el Sr. D. Pedro de Alcântara, que contaba los años en los cinco dedos - quedaba lo Brasil entregue por así decir a sí aún.

Vasconcelos se hube dejado quedar en Oro Negro, viniendo en marcha lenta para el Río, donde llegó a 2 de mayo de 1831. Se alió inmediatamente a dos hombres que veían las cosas como él: Diogo Antônio Feijó y Evaristo de la Veiga. Se había operado gran transformación en Brasil. Se hubo Escogido una regência provisional, compuesta de elementos moderados. La revolución material hube acabado pero faltaba la revolución moral, según él. A 9 de junio de 1831, manifestándose partidario de la suspensión de los pagos de la deuda externa contraída contra la letra expresa de la Constitución y resultante del ´préstamo portugués` (para indenizar Portugal por la independencia…), sentía que la crisis no estaba debelada. De un lado había los arrebatamentos de descontentes republicanos, federalistas, anarquistaes; del otro, las maniobras de los absolutistas que comenzaban ya a soñar con lo retorno de D. Pedro I. Por eso se alió a Evaristo de la Veiga, elemento moderado y liberal, y anduvo aún a su sombra en la conducción de los acontecimientos. Cuando a 5 de julio de 1831 Feijó fue nombrado Ministro de la Justicia, se vio que era el hombre necesario que llegaba. A 17 de julio Vasconcelos asumió la carpeta de la Hacienda. El gobierno fuera remodelado, Lino Coutinho era ministro del Imperio, Manuel de Fonseca Lima y Silva ministro de la Guerra.

Ministro de la Hacienda[editar]

Vasconcelos ni puede tratar inmediatamente de los asuntos de su carpeta, incumbido de redactar la Exposición de los Principios del Ministerio, hecha a la Asamblea en 23 de julio, programa en que asentaban las bases del nuevo gobierno. En el documento se acentuaba la ´unidad del gobierno´ y su responsabilidad colectiva. Venía después la interpretación, conservadora es correcto, de la Revolución de 7 de Abril, en que se decía no haber habido de ´subverter las instituciones constitucionales y de cambiar la dinastia, ni lo de consagrar la violencia y proclamar la anarquia´ pero, usando del ´derecho de resistencia a la opressão, popularizar la monarquía, arredando-si de ella los abusos y los errores (…) a fin de reconciliá-la con los principios de la verdadera libertad´. Tal exposición de motivos es asociada con la política de «regreso» más tarde abiertamente preconizada por Vasconcelos: abandono de los procesos violentos, de golpes revolucionarios, política de conservación, conciliando el progreso con la orden.

Su rumbo en la carpeta fue: buena administración y distribución de las rentas públicas con la reforma del sistema de impuestos; lista liquidación del Banco de Brasil; ,mejoría del medio circulante; consolidación del crédito público; restricción en los gastos del Estado y reforma del aparato fazendário. Fue escaso el tiempo de que dispuso y el esencial del que puede hacer está en el Informe presentado a la Cámara en 8 de mayo de 1832 pero consiguió, en términos administrativos, dar ejecución a la ley de 4 de octubre de 1831, de organización del Tesoro Nacional y de las Tesourarias de las provincias, base del aparato fazendário y obra de gran valor, y dio nueva normativa a las Alfândegas por decreto de 16 de julio de 1832. En cuanto a la situación financiera, con la subida del cambio las remisiones para el pago de la deuda externa pasaron a costar 60% menos. Continuó la liquidación del Banco de Brasil pero, habiendo cambiado de opinión, proponía la creación de otro banco, para evitar la usura extranjera en los préstamos, facilitar recursos a los agricultores, socorrer y alentar industria y comercio. En la práctica, hizo lo que hube condenado en sus antecesores: mandó cunhar moneda de cubre y se justificó por el «imperio de la ley de la necesidad», con eso provocando sin embargo gran escándalo y campaña del órgano reacionário que era El Caramuru y del Carijó, periódico de los restauradores ( y tenía la animosidade de los Andrada, pues figuraba entre los que desearon la destituición de José Bonifácio de Andrada y Silva de tutor de D. Pedro II.

Estuvo aún entre los que desearon el golpe, fijado para 30 de julio de 1832, de convertirse la Cámara de los Diputados en Asamblea Nacional Constituyente, haciéndose las reformas necesarias sin la colaboración de Senado, reducto conservador. Cuando Honório Hermeto Carneiro León frustró el golpe, la Regência, o sea, Feijó, quedó pero el ministerio partió y con él Vasconcelos. Entregó la carpeta al sucesor en 4 de agosto y volvió a la silla de diputado.

La sedição en Oro Negro y la vuelta a la Cámara[editar]

Sus grandes oraciones, en 28 de agosto y en 5 de septiembre de 1832, combatían Martim Francisco Ribeiro de Andrada.

Más tarde, enfrentó casi solo una sedição militar en Minas Generales, el movimiento de 22 de marzo de 1833, cuando era sustituto legal del presidente de la Provincia, Manuel Inácio de Melo y Sousa, futuro barão de Pontal. Tras muchas peripécias, instaló el gobierno legal en Son João del-Rey en 5 de abril y devolvió la presidencia a Manuel Inácio. Fue absuelto pelo Aurora Fluminense, que louvou sus acciones, «fulminando los sublevados». Conspirava-si abiertamente pelo retorno de D. Pedro I y Evaristo de la Veiga, en su Sociedad Defensora, entre sus ´chimangos´ o ´´sombreros redondos´, combatía la vuelta del monarca. Eran él y Vasconcelos el mayor blanco de la campaña caramuru.

Tuvo gran parte en el Acto Adicional (ley de 12 de agosto de 1834), cuyo verbete puede ser leído. Con la Exposición de 1831 y el Acto Adicional de 1834 estaba trazada la línea política de su vida, su política realista. Volviendo a sus trabajos en la Cámara, allí combatía Araújo Viana y más aún Aureliano Coutinho por medio del órgano de sus malos sentimientos, El Siete de Abril. 1834 fue el año que marcó su vida. Hasta entonces era liberal; aunque liberal sin extremos, quería reformas. Pero de repente el espectáculo de las dissensões, luchas, la amenaza permanente de secesión y la anarquia lo hicieron parar. Le pareció que proseguir en las reformas sería sacrificar la orden. No parar, hasta no retroceder, sería atacar la unidad del vasto Imperio. Habría entrado en su amargura el despeito por no haber sido ministro, o escogido senador - pero no habrá sido eso el motivo que orientó sus ideas y sus intereses, concretizados en el futuro partido conservador.

Inaugurándose las asambleas provinciales, Vasconcelos fue elegido en 1834 para a de Minas Generales, cuidando de las carreteras y de la instrucción primaria. En la Cámara, reabiertas las sesiones, defendía el tráfico africano que continuaría impune hasta 1850. Habían malogrado las tentativas de inmigración de colonos europeos y el partido conservador, que a buen seguro Vasconcelos anhelaba crear, reclutaría adeptos entre los fazendeiros y los señores de engenho. Sus relaciones con Evaristo de la Veiga ya no eran las mismas, el Siete de Abril lanzaba farpas contra la Aurora Fluminense.

La muerte de D. Pedro I en 24 de septiembre de 1834 ya hube ayudado la desanuviar el panorama político, pero Feijó, electo Regente, no hube conseguido abafar las crisis. Le faltaban tato, prudencia, moderação, sometimiento a la mayoría parlamentaria, equidistancia entre los partidos. Tras dos años casi perdidos, la Regência pasó para Pedro de Araújo Lima. Feijó reassumiu la regência más tarde, descrente y enferma, y había sedição en el Pará, sedição en Porto Alegre, problemas con la Santa Sé. Abierta la sesión legislativa de 1836, Vasconcelos desfechou contra él ataques virulentos propios de diputado oposicionista, de jefe de la oposición ahora. El conflicto persistió hasta 1837, cuando Feijó, desanimado de luchar, pasó la Regência a Pedro de Araújo Lima, el futuro marquês de Olinda.

El Partido Conservador y de nuevo ministro[editar]

La transformación política presentida por Vasconcelos quedó patente en las elecciones para la legislatura de 1838 a 1841, cuando triunfaron los que en la Cámara hacían oposición la Feijó y eran en la mayoría gente cuyos intereses exigían orden, paz social, garantías jurídicas - el voto de los «electores del campo», como decía Evaristo de la Veiga - fazendeiros y señores de engenho, en detrimento de los electores urbanos. Vasconcelos, según Octavio Tarquinio de Sousa, «se colocó a servicio de la grande lavoura que iba finalmente preponderar en la dirección política de Brasil» y «defendería las causas que se ajustaban a los intereses de los dueños de esclavos». Era una política de frío realismo y de conveniencia inmediata, sin concesiones al que juzgaba quimérico o inexequível.

Los primeros meses de 1837 surgió la idea de la anticipación de la maioridade de D. Pedro II, con 12 años. Vasconcelos fue contra por no parecerle que el pretexto de la maioridade fuera el mejor medio de alejar Feijó de la Regência. Y tanto más que la diminuta mayoría del gobierno ya se hube transformado en minoría con el falecimento del mayor sustentáculo de Feijó, que era Evaristo de la Veiga, muerto a 12 de mayo de 1837. Vasconcelos retomó en la Cámara sus ataques contra el Gobierno, escogiendo como víctima el viejo vice-almirante Tristão Pio de Santos, ministro de la Marina, que los periódicos de la oposición apelidaram Alegrão Impio de los Diablos. En la renovación que se operaría con la retirada de Feijó, tuvo otra vez lugar en el Gobierno.

A 19 de septiembre de 1837 Pedro de Araújo Lima fue nombrado ministro del Imperio y sustituto legal de Feijó en la Regência. Vasconcelos fue por él escogido ministro de la Justicia e interino del Imperio, en el llamado «ministerio de las capacidades». Expediu una circular en 19 de septiembre a los gobiernos provinciales en que trazó la orientación del gobierno de forma parlamentarista. Nunca se hube usado lenguaje parecido, salvo en la fallida experiencia del ministerio del marquês de Barbacena en tiempo de D. Pedro I y en el de 16 de julio de 1831. La revolución continuaba en el Río Grande del Sur, donde Bento Gonçalves hube huido de la prisión, rebentava la Sabinada, los desórdenes tuvieron nuevo surto con la Balaiada en el Maranhão. Pero había un tan grande interés de paz, sobre todo en los elementos que encarnaban el poder, un cansancio de las luchas, que Vasconcelos juzgó apropiado el momento para la formación del partido conservador.

Una de sus grandes iniciativas fue la fundación del Colegio Pedro II, por decreto de 2 de diciembre de 1837, el primero gran establecimiento de enseñanza secundaria en el país. Se inauguró el día del aniversario del emperador, en marzo de 1838, en el edificio del antiguo Seminario de S. Joaquim, teniendo por rector D. Fr. Antônio de Arrábida, obispo de Anemúria. Creó aún una Escuela de Agricultura en la hacienda del gobierno en la laguna Rodrigo de Freitas, reformó el Jardín Botânico allí existente.

En la nueva legislatura de 1838, recibió adhesiones valiosas: José Clemente Pereira, el antiguo ministro de D. Pedro I, Antônio Carlos Ribeiro de Andrada. Era apoyado aún por las futuras grandes figuras del partido conservador, Honório Hermeto Carneiro León, Paulino de Sousa, Joaquim José Rodrigues Torres. En el combate al ministerio, Teófilo Otoni, Limpio de Abreu.

Senador[editar]

Vasconcelos llegó al senado en 1838 como representante de Minas Generales y tomó posesión a 29 de septiembre. Tenía 43 años pero, de tan enfermo, parecía un viejo. Recibido con hostilidad, asumió de inicio actitud de sobranceria desdenhosa que irritó mucha gente.

En el inicio de 1839 la crisis estaba próxima. Desde el final de 1838, Vasconcelos hube hecho publicar una declaración sintomática: «Bernardo Pereira de Vasconcelos, Ministro y Secretario de Estado de los Negocios de la Justicia y encargado interinamente de los del Imperio, declara que lejos de haber divergencia que parece creer el Siete de Abril nº 652, existe la mayor armonía entre él y sus compañeros que componen el actual Ministerio en la política seguida con los gobiernos de Buenos Aires y Montevideu y que no considerándose superior a ninguno de sus compañeros en sentimientos americanos, no le puede caber el elogio del que allí se hace, una vez que no sea extensivo a todos los otros señores.»

Vasconcelos en 16 de abril de 1839 se dimitió, antes de la apertura de la Cámara. Divergencias en cuanto a la situación en el Río Grande del Sur, donde el ejército legalista sufría continuos reveses, y el deseo, que Araújo Lima contrarió, de hacer Miguel Calmon senador. No tenía razón, pues la elección de los senadores era acto del Poder Moderador. Todo el gabinete lo acompañó y Vasconcelos sólo volvería al poder en 1840, y por horas sólo.

Volvió a Senado pero no fue elegido para cualquier Comisión. Y además de la campaña difamatória en la Cámara, «en Senado todos porfiavam en lo reducís, en humillarlo, en un enamorado ajuste de cuentas.» En la operación se empeñaron las figuras principales: Feijó, Barbacena, Vergueiro, Alves Blanco, Alencar. A todos enfrentó y se defendió con ventaja.

La Maioridade[editar]

La experiencia ultraliberal de la Regência llegaba al fin. Y la Maioridade, llevada a cabo por una ley inconstitucional o por un golpe de Estado parlamentario, como finalmente vino a realizarse, tenía sobre todo el apoyo de los liberales liderados por Teófilo Benedito Ottoni pero los conservadores a aceptaban. La nación, dice Otávio Tarquínio de Sousa, «hube olvidado las demasias del poder personal y clamaba por un rey». «El acto de suprimento de edad sería como la visita del Espíritu Santo. Tuviera el país un emperador y la orden se implantaría providencialmente…»

Pero lo Brasil progresaba. En la Regência se había hecho la primera concesión de carretera de hierro y hube comenzado la modernización de los medios de transporte, apareciendo góndolas-autobuses y diligencias. «El té, el café y la cerveza sustituían el clásico y refrigerante aluá», dice Vieira Hacienda en Aspectos del Periodo Regencial. Ya eran sorvetes en 1830 los nevados ofertados en la fiesta de la segunda boda de D. Pedro I.

Con la instalación de la sesión de la Asamblea General en 1840 el movimiento maiorista tomó cuerpo. Fue fundado el Club de la Maioridade o Sociedad Fiscal de la Maioridade, siendo aclamado su presidente Antônio Carlos. Vasconcelos, en Senado, discutía su proyecto de reforma del Código de Proceso, y actuaba en consonancia con Paulino de Sousa, futuro visconde de Uruguay, el ministro de la Justicia.

En la sesión de 13 de mayo Holanda Cavalcânti, José de Alencar, Paula Cavalcânti, Firmino de Melo y Costa Ferreira presentaron dos proyectos: uno declaraba el emperador mayor, otro creaba el Consejo Privado de la Corona. El caso figuró en la orden del día 20. Fue rechazada en la votación, por dos votos: 18 a 16. Vasconcelos sólo entró en el recinto tras proclamado el resultado. Se explicó: «Voto contra la maioridade sin garantías para el trono y para el país.» Quería antes creación de un Consejo de Estado, que se hiciera la reforma de los Códigos, si implantara la disciplina en el Ejército, si reformara la administración de la Hacienda.

Sondado, el niño emperador dijo que quería - «Quiero ya!». Se armó la trama, pues los liberales ansiaban por el poder. Tras días de negociaciones en la Cámara, discursos, protelações, deputações a D. Pedro en Son Cristóvão, diluiram-si las resistencias, cedió el regente y cedió el ministro del Imperio, Vasconcelos, nombrado nueve horas antes, y se dimitió. El día 23 de julio de 1840 D. Pedro II juró «observar y hacer respetar la Constitución Política de la Nación Brasileña» (la misma cuyo artículo 121 lo declaraba más pequeño hasta la edad de 18 años completos) y el día siguiente liberales recibían carpetas de ministro: Antônio Carlos, Martim Francisco, Holanda Cavalcanti, Paula Cavalcanti, Limpio de Abreu. En agosto, los primeros días de la nueva situación, Vasconcelos comparecía al senado y discutía, como siempre, todos los asuntos.

En el Segundo Reinado[editar]

Un nuevo ministerio subió al poder en 23 de marzo de 1841, todo conservador, pero en él no figuró Vasconcelos. Pero la obra de ese Gabinete fue la consolidación de su política, «el regreso». En mayo fue elegido para dos Comisiones, a de Constitución y Diplomacia, y a de la Hacienda. Era su el programa: reforma en la legislación criminal y en el proceso, Consejo de Estado, buenas finanzas, reorganización de las fuerzas armadas. Vasconcelos votaba con la mayoría - o la mayoría votaba con él.

Se votaron las leyes del Consejo de Estado y a de la reforma del Código de Proceso (ley de 3 de diciembre de 1841) con gran participación de Paulino de Sousa y Vasconcelos. A los dos se debe la orientación, la doctrina, la legislación de la política conservadora del Imperio. A grita que la ley de 3 de diciembre provocó fue inmensa entre los liberales, y en el restabelecimento del Consejo de Estado se quiso ver el origen de la revolución de 1842 (Vasconcelos, de hecho, fue el hombre más visado por este movimiento, acusado de obra retrógrada y funesta). Abriéndose las Cámaras en 1843, fue escogido para las de la Hacienda y de Constitución y Diplomacia, como antes, pero ya estaba cerca del fin: desde el inicio comenzó a defender la disolución de la Cámara electa en 1840, a atacar la revolución de 1842, a hacer picuinhas la Feijó. Ya casi hemiplégico, se hubo hecho el compañero assíduo de un hombre en ascenso, Honório Hermeto Carneiro León. Luchaba sobre todo con Holanda Cavalcanti y Alves Blanco. Cada vez más escravocrata, cada vez más partidario del tráfico africano, llevaba el espíritu conservador a extremos, pelo me gusta la contradicción, porque conectado a los intereses de la grande lavoura.

Su vida parlamentaria continuaba. Excluido de las comisiones en 1845, sólo compareció a Senado en fines de abril. Declaraba que iba a Senado distraerse de sus dolores. Aún así era considerado jefe de la oposición a los liberales, cuyo predomínio se aproximaba del fin. En 1849 tenía 54 años, veinte años de sufrimientos y mala salud, pero sería tratado siempre con dureza y crueldad, pues él propio nada tenía que ameno, de suave. Era consejero de Estado, senador del Imperio, grã-cruz de la Legião de Honra, vivía en palacete propio a la calle del Areal, cerca de Senado, con carruagem, vajilla de fina porcelana con sus iniciales, huía de tarde en tarde para su chácara del Mono. Hizo su testamento en 1847 pero murió sólo en 1º de mayo de 1850, víctima de una epidemia de fiebre amarilla en Río de Janeiro. La misma que él decía no haber en Río de Janeiro, ser invención de los médicos. No hubo discurso alguno en Senado, ni palabras de pesar. En la Cámara las manifestaciones fueron menos frías, nombrándose una comisión de cinco miembros para asistir al funeral en el cementerio del Catumbi.

Evaluación[editar]

Periodista, parlamentario, administrador, legislador, actuó de forma incisiva y infatigável, habiendo ocupado sucesivamente como ministro las carpetas de la Hacienda (1831), Justicia e Imperio (1837). En la última, de más alta dirección política, fue de los mentores y fundadores del Partido Conservador, tras haber militado en las alas liberales. A las críticas a su nueva posición política, considerada como un retroceso, respondió con el brillante discurso, del cual se destaca el conocido tramo:

"Fui liberal; entonces la libertad era nueva en el país, estaba en las aspiraciones de todos, pero no en las leyes, el poder era todo: fui liberal. Hoy, sin embargo, es diverso el aspecto de la sociedad: los principios democráticos todo ganaron y mucho comprometieron; la sociedad, que entonces corría riesgo por el poder, corre ahora riesgo por la desorganização y por la anarquia. Como entonces quiso, quiero hoy la servís quiero salvarla; y por eso soy regressista. No soy trânsfuga, no abandono la causa que defiendo, el día de sus peligros, de su flaqueza; la dejo el día en que tan seguro es su triunfo que hasta el éxito a compromete. Quién sabe si, como hoy defiendo el país contra la desorganização, tras el haber defendido contra el despotismo y las comisiones militares, no tendré algún día de dar otra vez mi voz al apoyo y la defensa de la libertad?…Los peligros de la sociedad varían; el viento de las tempestades ni siempre es el mismo: como hay del político, ciego y imutável, servir en su país?"

En 22 de julio de 1840, en sus primeras 24 horas como ministro de la carpeta del Imperio ("Ministerio de las Nueve Horas"), sostuvo bravamente la posición contraria a la maioridade de D. Pedro II (1840-1889), fundamentado en el principio de la inviolabilidade de la Constitución, que no preveía la coroação antes de la maioridade legal. Derrotado en el Parlamento, cayó su gabinete, hecho que confidenciou hayan sido las más gloriosas 24 horas de vida pública.

De entre las numerosas contribuciones de Bernardo de Vasconcelos a la formación política del Estado brasileño están el Acto Adicional y los Códigos Civil y Criminal. Dejó nombre como fundador del Archivo Nacional y del Colegio Pedro II. Autor de diversos artículos para El Universal (Oro Negro), el Siete de Abril (1833 a 1837) y la Centinela (1842), en Río de Janeiro.

Su obra más importante tal vez sea la famosa "Carta a los Electores Mineros" (1827), redactada en su tierra natal y publicada en Son João del-Rey, a que se añaden los brillantes discursos pronunciados en las Casas en que sirvió como diputado y ministro.

Legado[editar]

Bernardo Pereira de Vasconcelos marcó profundamente su trayectoria en la Historia política de Brasil participando efectivamente en los más diversos segmentos. Participando en la creación de la Ley de Tierras, reglamentada en 30 de enero de 1854, habrá dejado para algunos una marca negativa. Por la dicha ley, todas las tierras pertenecientes al Estado brasileño sólo podrían ser adquiridas mediante pago, y no por la posesión o usucapião . La izquierda brasileña entiende que las consecuencias de esa ley fueron nefastas, pues la misma supuestamente estimuló la concentración de la propiedad agrícola en el país y contribuye para la desigualde social en Brasil. Ya algunos analistas entienden que la ley fue importante para moralizar e impedir invasiones de tierras públicas y evitar el desmatamento de florestas nativas.

Sin embargo, fue uno de los primeros a levantar la bandera por la valorización del magistério y la defensa de la educación pública de calidad; la obrigatoriedade de los ministros de Estado de prestar cuentas de sus actos y actividades ministeriales; uno de los responsables por la creación de la ley que responsabilizaba criminalmente operarios públicos por prevaricação; etc.

Referencias[editar]

Ver también[editar]

  • Conservadurismo brasileño

Conexiones externas[editar]