Anexo:Antiguos títulos procaces en el tango

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
El cantautor Carlos Gardel, símbolo mundial del tango.

La siguiente es una lista, no exhaustiva, de antiguos títulos procaces de tangos.

La cercanía de la pareja de bailarines entre sí y la sensualidad de su insinuante coreografía dice mucho sobre el origen prostibulario del tango, en los suburbios de Buenos Aires, Rosario, Montevideo.

Más lo recuerdan los nombres de los primeros tangos que se conocen:

  • Afeitate el 7 que el 8 es fiesta (de Antonio Lagomarsino). Durante esos años los tangos se publicaban como partituras para piano (en esa época, en Argentina y Uruguay, muchas casas de clase media tenían un piano); en la carátula podía verse un almanaque en el que caía la hoja del día siete y se dejaba ver la del ocho. Pero en lunfardo «siete» era el nombre del ano; y «hacerle el siete» a alguien era penetrarlo analmente.
  • ¡Al palo! (de Eduardo Bolter Bulterini). «Estar al palo» significa ‘experimentar una erección’.
  • Bartolo (milonga): «Bartolo tenía una flauta / con un aujerito solo, / y su mamá le decía: / «Dejá la flauta, Bartolo!» // Bartolo quería casarse / para gozar de mil placeres. / Y entre quinientas mujeres / ninguna buena encontró. // Pues siendo muy exigente / no halló mujer a su gusto, / y por evitar disgustos / solterito se quedó».
  • Colgate del aeroplano.
  • Dame la lata, que hace referencia a las fichas de latón con el número de turno que daban a los clientes en espera, en los antiguos kekos o quilombos (burdeles situados al lado de los cuarteles).
  • Date vuelta (de Emilio Sassenus).
  • Dejalo morir adentro (de José Di Clemente).
  • ¿De quién es eso? (Ernesto Ponzio).
  • Dos sin sacarla (se refiere a dos orgasmos masculinos consecutivos).
  • ¿Dónde topa que no dentra? (de Alfredo Gobbi, padre): «¿Con qué tropieza que no entra?».
  • El fierrazo (de Carlos Hernani Macchi), refiriéndose al acto sexual: «Por salir con una piba / que era muy dicharachera, / me han quedado las orejas / como flor de regadera» (las cursivas indican palabras censurada). El verso original de la copla popular decía: "Por metérsela a una mina/ muy estrecha de cadera/ la poronga me quedó/ como flor de regadera".
  • 'El choclo (de Ángel Villoldo): nombre de la mazorca de maíz, pero que en lunfardo significa ‘pene’, por su forma fálica). Algunos autores dicen que originalmente se llamaba más explícitamente El choto, [que alude, por similitud sonora, al chocho como le dicen en España, y por sus barbas de hilos finos a lo mismo... (error, el chocho, a pesar de su sonoridad masculina alude al órgano sexual femenino en España, que en Uruguay y Argentina vulgarmente se denomina "concha" o "cotorra", además de muchas otras denominaciones)]
  • El matambre (música de Juan Bautista Massa, compositor rosarino de música clásica).
  • El movimiento continuo (de Oscar Barabino).
  • El 69 El 69 es la posición en que el hombre y la mujer practican el sexo oral al mismo tiempo, es fácil ver la relación entre tal posición y el grafismo del número 69.
  • El tercero (A. L. Fistolera Mallié).
  • Empujá que se va a abrir (Vicente La Salvia).
  • Hacele el rulo a la vieja (de Ernesto Zóboli, 1905), «hacer el culo a una persona» quiere decir ‘penetrarla analmente’.
  • La c...ara de la l...una (de Manuel Campoamor). En la portada aparecía un dibujo de la Luna. Pero se sobreentendía que se refería a «la concha de la lora» (una usadísima interjección vulgar de enojo o contrariedad, que se basa en una etimología completamente olvidada en Argentina: a las prostitutas europeas se les decía «loras»). Éste fue un tango muy conocido en esa época.
  • Lavalle y Ombú (de Héctor G. Ventramile).
  • Metele bomba al primus (José Arturo Severino). Primus era la marca registrada de un calentador a gas de kerosén, que requería ser bombeado.
  • Papas calientes (de Eduardo Arolas).
  • Pan dulce (de Oscar J. Rossi).
  • ¡Qué polvo con tanto viento! (de Pedro M. Quijano, c. 1890). «Echarse un polvo» en lunfardo significa tener una relación sexual. De este tango el Pibe Ernesto (Ernesto Ponzio) tomó la primera parte para escribir Don Juan.[1]
  • Se te paró el motor (de Rómulo Pane).
  • Siete pulgadas (refiere al orgullo de poseer un pene de 17,8 cm).
  • Sacudime la persiana (de Vicente Loduca); una manera de pedir a la empleada doméstica que limpiara las ventanas, pero «sacudir» tiene también una insinuación erótica.
  • Tocame «La Carolina» (de Bernardino Terés): el dibujo representa una pareja sentada en el sillón. Al lado, un piano. En el atril una partitura titulada La Carolina. El hombre le está diciendo algo a la dama. La duda es si le está diciendo: «Tocamelá, Carolina».
  • Tocámelo que me gusta (de Prudencio Muñoz): «Con tus malas purgaciones / me llenastes [sic] un barril. / Y me tuviste en la cama / febrero, marzo y abril».
  • Tocalo que me gusta (de Alberto Mazzoni).
  • Tocalo más fuerte (de Pancho Nicolín).
  • Tomame el pulso (de Pedro Festa).
  • Va Celina en la punta: en la portada de la partitura se veía una yegua (de nombre Celina), ganando una carrera en el hipódromo. Pero «Va Celina» se puede leer como vaselina (un antiguo y popular lubricante sexual).
  • Viejo, encendé el calentador (de J. L. Bandami).
  • Concha sucia («Concha sucia, te viniste con la concha sin lavar»), del Casimiro Alcorta, violinista de raza negra, un músico olvidado, que murió en la miseria. Este tango y Entrada Prohibida son los únicos de su autoría que siguieron siendo recordados posteriormente.

Los nombres y las letras de estos tangos tuvieron que ser cambiados luego del golpe de estado del general Uriburu (la primera interrupción de la vida constitucional en Argentina, en 1930, que inició la Década Infame, de corte represivo). Por ejemplo, Concha sucia se convirtió en Cara sucia. Francisco Canaro se ocupó de cambiarle la letra:

Cara sucia, cara sucia, cara sucia,
te has venido con la cara sin lavar
esa cara y tu sonrisa picarona,
que refleja una pasión angelical.
Cara sucia, cara sucia, cara sucia,
te has venido con la cara sin lavar
melenuda, melenuda, melenuda,
te has venido con el pelo sin peinar.

Recién a fines del s. XX los historiadores porteños recuperaron algunos de estos tangos (aunque sólo los títulos).

Referencias[editar]

  1. Ernesto Ponzio fue un violinista y compositor rosarino. Gardel cantó uno de sus tangos (Culpas ajenas); Jorge Luis Borges y Bioy Casares lo mencionan en Seis problemas para Isidro Parodi).