Yelmo

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Yelmo bajo medieval con celada.

Se llama yelmo al elemento de la armadura que protege la cabeza y el rostro del guerrero. Tuvo su momento cumbre en la Baja Edad Media cuando llegaron a ser piezas importantes de la armadura medieval, posteriormente se siguieron utilizando en desfiles, paradas militares y torneos deportivos en pos de seguridad. Actualmente se fabrican para armaduras con fines ornamentales y decorativos; pese a que su función la siguen realizando cascos deportivos y para unidades anti disturbios.

Preliminares del yelmo[editar]

La necesidad de proteger la cabeza es casi tan antigua como la propia guerra. Ya en bajo relieves sumerios aparecen soldados formados en falange protegidos con cascos.[1]

En la Edad del Bronce aparecen algunos de los mejores ejemplares de cascos, precursores del yelmo. Se han encontrado cascos con multitud de adornos como crines de caballo o forrados con dientes de jabalí;[2] pero la inmensa mayoría, por no decir todos, dejaban el rostro al descubierto, incluso la coraza de Minos muestra un casco situado muy alto.[3] Posteriormente apareció el yelmo tipo corintio (el más usado en las filmografía para representar a los guerreros griegos) con grandes carrilleras y protección nasal; fundido en una sola pieza (toda una proeza metalúrgica, según Fernando Quesada Sanz[4] ).

Esta tendencia a la protección de la cara desaparece en parte con el casco de las falanges macedónicas que no tenía protección nasal, sí carrilleras, además de una protuberacia hacia el frente (una buena reconstrucción de esta pieza se puede ver en la película Alejandro Magno de Oliver Stone).[5] Incluso en los distintos descendientes del casco corintio empleados por las legiones romanas seguían mostrando grandes carrilleras, pero sin protección facial; aunque de mucha peor factura, al ser producidos en grandes cantidades y pagados por el estado, no por sus portadores como en el caso griego.

El nacimiento del yelmo[editar]

Yelmo del duque Ernest de Austria, hacia el 1400.

El yelmo de la caballería medieval era en principio un casco de caballería romana al que se le fue añadiendo la protección nasal. No fue hasta pasado el siglo XII cuando aparecieron las primeras celadas, no tanto para proteger el rostro de golpes de espada (bastante ineficaz como ha demostrado la arqueología) como para evitar astillas de lanzas rotas, también protegía algo frente a golpes de mangual. Además aumentaba la ferocidad ante los oponentes, como sigue comentando Quesada Sanz. Un ejemplo de este componente psicológico lo tenemos en los incrementos de la celada en forma puntiaguda, incluso con bordes de sierra en la parte baja, cuya principal misión sería inspirar temor al adversario, más que causarle daño en combate cuerpo a cuerpo, como el yelmo del duque de Ernest exhibido en el Kunsthistorisches Museum, Viena, Austria.En América los guerreros de elite aztecas usaban yelmos de madera cubiertos de cuero con forma de cabeza de animales como águilas, jaguares y lobos, ricamente decorados que también tenían un efecto psicológico sobre el enemigo. .

Pese a que en Oriente no se utiliza mucho o nada la protección de la cara, en Occidente el peso y volumen del yelmo va en aumento con el paso del tiempo, caso de los compactos cascos germánicos de una pieza propios de la Baja Edad Media. Así se incrementaba la protección, pero se reducía la visibilidad. De esta manera un romance andaluzi relata como un sólo arquero musulmán logró matar al adelantado castellano cuando este cercaba la plaza con sus hombres, gritándole aquel y este alzando su celada para "mejor ver quien lo llamaba", momento en el que disparó su flecha alcanzándolo en el cráneo desprovisto entonces de protección.

Adaptaciones actuales[editar]

Los cascos de las unidades de intervención comparten con los yelmos la misma funcionalidad; pese a no ser lo mismo ni tampoco sus sucesores.

Desde el s.X los documentos dan el nombre de yelmo a un casco caballeresco que, en las representaciones gráficas, aparece como una defensa cónica de la cabeza, que puede llevar una protección de orejas, y hasta de mejillas, y otra nasal. Una muestra de yelmo primitivo es el casco de San Venceslao, conservado en la catedral de Praga; llevan esta defensa los caballeros de los relieves de Santa María de Ripoll, los sellos de Ramón Berenguer IV de Barcelona, de su hijo el rey Alfonso y de Pedro el Católico. En el s. XIII, se llamó yelmo , a un casco cilíndrico, en forma de tonel, con la parte superior llana, que se sostenía sobre los hombros y cubría totalmente la cabeza, la cual en su interior podía moverse de dercha a izquierda; llevaba una ranura horizontal para permitir la visión y unos pequeños agujeros laterales para la ventilación y la percepción de voces y ruidos. Era tan pesado y agobiante que se usaba solo en el momento de la lucha, y los pocos que lo usaban se ponían otro casco militar interior. Con la llegada de la pólvora un casco con protección facial deja de tener sentido al no necesitar su portador protegerse de astillas procedentes de lanzas rotas, ni tampoco golpes, por armas ya en desuso. De esta forma, en la Edad Moderna, tanto yelmos como las propias armaduras van reduciéndose de tamaño primero y adaptándose después; pero siguieron fabricándose para torneos entre nobles (como deporte no ya como entrenamiento para el combate).

Algo parecido a yelmos siguen utilizando las unidades de intervención policiales, a fin de proteger a sus miembros de objetos arrojados en los disturbios, y el personal contra incendios para resguardar el rostro de fuentes de calor. Igualmente podemos encontrar algunas analogías a las antiguas celadas en las viseras abatibles de los cascos utilizados, por ejemplo, en muchos deportes de motor; donde, además de parar impactos, la prenda debe también salvaguardar los ojos del viento e incluso el frío. Pero ambos casos no se los puede considerar yelmos ni celadas, sino parecidos actuales con aquellas.

Partes del yelmo[editar]

El yelmo estaba constituido de:

  • Cimera. La cimera no tenía la función de proteger la parte frontal inferior de su portador sino para decorar el yelmo y estaba situado en la parte más alta del mismo.
  • Celada. Pieza de la armadura que servía para cubrir y resguardar la cabeza. Es la parte móvil de algunos yelmos que se alzaba o bajaba sostenida por dos ejes a los lados de la misma, en la que había orificios para ver, y con la que el guerrero se protegía.
  • Babera. Es la parte que se encargaba de proteger la barbilla, boca y las mandíbulas.
  • Collar. Es el adorno situado en la parte inferior que rodea toda la circunferencia del yelmo.

Yelmos famosos[editar]

  • El yelmo de la invisibilidad de Hades, robado por Perseo.
  • El casco de Ulises de cuero de ovino, forrado de fieltro, con dientes de jabalí en el exterior y correas para tensarlo en el interior.[6]
  • El yelmo de Mambrino, en realidad una bacía de barbero que Don Quijote de la Mancha toma por un yelmo. Don Quijote suele ser representado en multitud de obras gráficas o cinematográficas llevando este "yelmo" en la cabeza (capítulo 21; a pesar de ello, lo cierto es que la bacía aparece en una pequeña parte de la obra y don Quijote nunca la utiliza como yelmo). Cervantes tomó este elemento de obras anteriores, como Orlando furioso.
  • El yelmo de Hador o Cabeza del Dragón del Norte, yelmo recibido por Túrin en las obras de J. R. R. Tolkien
  • El yelmo de caballero de la armadura oxidada

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  1. Quesada, Fernando, La guerra empieza en Sumer, nº 87 de La aventura de la Historia, Arlanza Ediciones, Madrid, enero de 2006, ISSN 1579-427X
  2. Quesada, Fernando, Un casco para Ulises, nº 29 de La aventura de la Historia, Arlanza Ediciones, Madrid, marzo de 2001, ISSN 1579-427X
  3. Quesada, Fernando, La coraza de Minos, nº 44 de La aventura de la Historia, Arlanza Ediciones, Madrid, junio de 2002, ISSN 1579-427X
  4. Quesada, Fernando, El casco corintio, nº 53 de La aventura de la Historia, Arlanza Ediciones, Madrid, marzo de 2003, ISSN 1579-427X
  5. Quesada, Fernando, el genio de la guerra, espejo de generales, nº 59 de La aventura de la Historia, Arlanza Ediciones, Madrid, septiembre de 2003, ISSN 1579-427X
  6. Homero, La Iliada, ESPASA-CALPE, S.A., Barcelona, 2006, ISBN 84-670-2180-2

Enlaces externos[editar]