Tortuguitas

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Para otros usos de este término, véase Triops cancriformis.
Tortuguitas
País Bandera de Argentina Argentina
• Provincia Buenos Aires
• Partido Malvinas Argentinas y José C. Paz
Ubicación 34°28′″S 58°46′″O / <span class="geo-dec geo" title="Fotos, mapas y otros datos de Expresión errónea: operador / inesperado Expresión errónea: operador / inesperado">Expresión errónea: operador / inesperado, Expresión errónea: operador / inesperado34°28′″S 58°46′″O / <span class="geo-dec geo" title="Fotos, mapas y otros datos de Expresión errónea: operador / inesperado Expresión errónea: operador / inesperado">Expresión errónea: operador / inesperado, Expresión errónea: operador / inesperado
• Altitud 20 msnm
Superficie n/d
Población 41.390 hab. (INDEC, 2001)
Gentilicio tortuguitense
Código postal B1667
Pref. telefónico 02320
intendente Jesús Cataldo Cariglino, (PJ)
Información oficial IFAM BUE078
Aglomerado urbano Gran Buenos Aires

Tortuguitas es una ciudad repartida entre los partidos de Malvinas Argentinas y José C. Paz, provincia de Buenos Aires, Argentina, en el centro-norte del Gran Buenos Aires, a 39 km de la ciudad de Buenos Aires.

Contenido

[editar] Población

Cuenta con 49.012 habitantes (INDEC, 2001), siendo la 4° localidad más poblada del partido de Malvinas Argentinas.

[editar] Historia

[editar] La llegada del ferrocarril y el desvío kilómetro 40

Durante los años 1906 y 1907 se dio la llegada del ferrocarril en la zona. De este modo los campos fueron atravesados por las vías férreas, al tiempo que se establecieron dos pasos a nivel, uno que es el de la Avenida Luis M. Drago, y otro que es el de la calle Cura Brochero. El ferrocarril constituía un importante progreso para la zona. Como el proceso de tendido de las vías férreas requería de abundante mano de obra, algunos de los pobladores de entonces aprovecharon la oportunidad y se emplearon temporariamente en el ferrocarril. Este fue el caso de Juan Bossio y de sus hijos José, Pedro y Florentino, quienes trabajaron en el tendido de las vías, no sólo en las inmediaciones de donde ellos vivían, sino también en zonas más alejadas, a las cuales eran transportados por las características zorras activadas de manera manual. Esta ocupación era, para los Bossio, una especie de segundo trabajo ya que todo el tiempo que se emplearon en el ferrocarril no dejaron de trabajar en la chacra que les pertenecía. Cuando se inauguró el servicio de la línea, esto es en el año 1909, la estación más cercana al lugar era la de DelViso, puesta en funcionamiento ese mismo año. El 9 de abril del año 1910 se aprobó la construcción de un desvío particular provisorio en el kilómetro 39,9 de la línea, cuya habilitación al servicio público de cargas fue autorizada el 14 de setiembre siguiente. Este desvío de cargas, que como tal no figuraba en los horarios destinados a los pasajeros, fue establecido para permitir el transporte de ladrillos de un horno de las inmediaciones. Tiempo después, más precisamente el 17 de setiembre de 1915, se autorizaba a librar dicho desvío al servicio público con carácter provisorio y a título de ensayo en condición de parada, hecho corroborado por un horario del 1 de diciembre siguiente en el cual figuraba con el nombre de Desvío Kilómetro 40. De modo que a partir de aquel lejano 1915 todos los trenes del servicio suburbano de la línea paraban allí, a veces a pedido de los pasajeros. Hacia 1925 los hermanos País compraron una fracción de tierra que era atravesada por el ferrocarril, donando parte de ellas para que se instale una parada ferroviaria. El nombre de Desvío Kilómetro 40 fue reemplazado tiempo después por el de Apeadero Kilómetro 40 y luego por el de Paradero Kilómetro 40. Esa primera parada era por demás modesta. No contaba con protección alguna para los pasajeros ni tampoco tenía andén. Únicamente una casilla de madera para el encargado de manejar las maniobras del desvío daba cuenta de una instalación ferroviaria. El movimiento de pasajeros de la parada era bastante exiguo: consistía en un promedio de tres pasajeros diarios. Los empleados que estuvieron a cargo fueron Calatayud, primero, y Rojas, después. Este último, en los ratos libres - que eran muchos en virtud de los pocos trenes que diariamente pasaban por allí- enseñaba a leer y a escribir a algunos niños del lugar. En el año 1935 llegó a hacerse cargo de la parada Juan Eusebio Paoli, quien se desempeñó en dicha tarea cerca de 25 años. Paoli vivía, junto a su familia, en la casa que el ferrocarril había construido en el lado sur de las vías, donde en la actualidad hay una plaza de juegos infantiles. Hacia los primeros años de la década del cincuenta la casa contó con luz eléctrica, y por mucho tiempo fue la única de Tortuguitas que gozaba de dicho servicio.

[editar] La plaga de la langosta

En los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX, los campos de la zona de Tortuguitas estaban fundamentalmente dedicados a la agricultura y en ellos se cultivaba avena, maíz, trigo, lino y cebada. Por entonces, una de las mayores preocupaciones de los pobladores era la llegada de la langosta, que sucedía todos los veranos. Venían de los campos de tierra adentro, en mangas que arrasaban con todo lo vegetal que encontraban en su camino. Estos insectos acometían con voracidad contra todo lo que estaba sembrado, ante los esfuerzos estériles de los chacareros por protegerlo. Los árboles y las plantas también eran devastados por las langostas e incluso se debía cerrar toda la casa para evitar los estragos que podían hacer si entraban a la misma. Así, si las langostas merodeaban el lugar, los pobladores pasaban la noche encerrados en la casa, a la espera de que se marchasen. Generalmente permanecían cerca de un día y luego se iban hacia otras zonas. Por aquellos tiempos el gobierno llevaba a cabo amplias campañas para combatirlas. De este modo los chacareros iban a la parada del ferrocarril a retirar diversos elementos, tales como lanzallamas y chapas para cercar los cultivos. Una vez utilizados y cuando ya las langostas habían partido, los mismos eran devueltos. Otro medio que adoptaban los agricultores en esa particular guerra era el de tirar por medio de un caballo una rastra de alambre tejido, sobre la cual se ponían postes o piedras con cuyo peso se mataba a los insectos. Esto se hacía durante largas horas, ida y vuelta con el caballo en un determinado lugar. Si bien se lograba matar algunas langostas, era tal la cantidad que había que terminaban ocasionando graves pérdidas en los sembrados. La plaga de la langosta desanimó a muchos chacareros, que optaron por abandonar la agricultura para dedicarse a la actividad tambera.

[editar] Los tambos

La proliferación de tambos en la zona es un hecho de las primeras décadas del siglo XX. La mayoría de los tamberos arrendaba alguna extensión de tierra, por lo cual se abonaba una suma que casi siempre era anual. En el campo de Marcó del Pont, aproximadamente en las actuales calle José Hernández y San Blas, estaba el tambo de Domingo Segurola, que era uno de los más grandes de la zona. Cerca de él, hacia el actual barrio Parque Alvear estaba el vasco Urdonabía. En el barrio San Lucas, en el lugar donde actualmente está la escuela Nº25, se encontraba el tambo de Florentino Bossio. Su hermano Juan José tenía otro un poco más adelante, en la esquina de las calles Cura Brochero y Canadá. Este último falleció hacia 1928 y el trabajo fue continuado por su esposa y sus diez hijos. Ambos estaban en tierras que pertenecían a Lucas Iparraguirre. En las actuales calles Mariano Moreno Periodista y Los Olivos, donde se encuentra la sede de la cooperativa telefónica, empezaba un campo que se extendía hacia el noroeste y en el cual estaban los tambos de Juan Costa, Nito Segurola y Martín Tristán. Cerca de él se hallaba el monte de Escalante, donde predominaban una gran cantidad de árboles frutales, sembrados por su propietario Wenceslao Escalante. En las calles El Callao y Constituyentes comenzaba el tambo de José Castellano, en este caso propietario de las tierras, que llegaban más allá del actual Acceso Norte de la Ruta Panamericana. Cerca del casco, donde Castellano vivía junto a su esposa Catalina Chiesa y su hijo Fernando, había un molino y un viejo palomar. Todas estas construcciones aún estaban en pie hasta poco tiempo atrás. También había un galpón, donde se guardaban los implementos rurales y servía de cobijo a los reproductores que Castellano compraba en la Sociedad Rural Argentina. En una Libreta para la Estadística Ganadera Permanente, realizada por el gobierno de la provincia de Buenos Aires en 1934, se declaraba que en el campo de Castellano había 110 vacunos, 30 yeguarizos y 35 porcinos. Lindando con él había una serie de tambos. En dirección a Grand Bourg, estaba el de Angel Teragno, que llegaba hasta lo de Martingaste, en lo que actualmente es el campo conocido como La Juanita. Hacia el noroeste estaban los de Despesailles, Beliera y Rimoldi. Donde actualmente está el barrio Solares de la Reina, en tierras que pertenecían a Larreyna, estuvo el tambo de Luis Angel Navarro, que luego trabajaron sus hijos José y Herminio. Los tamberos de los primeros tiempos llevaban la leche en carro hasta la estación Pinazo, actual José C. Paz, para acceder al tren lechero. Luego empezó a correr un tren de ese tipo en el ferrocarril Central Córdoba y a partir del establecimiento del Desvío Kilómetro 40 comenzó a parar en el lugar. Todas las mañanas llegaban los carros cargados de los tradicionales tarros, a la espera del tren. El horario de llegada debía ser cercano a las nueve, sin embargo rara vez se cumplía puntualmente y a veces la demora llegaba a ser de un par de horas. No obstante el tambero tenía que quedarse en la estación hasta que el tren llegase, ya que si se iba corría el riesgo que el tren partiese sin su producción. Para amenizar la espera se jugaba a las bochas, en una cancha que ellos mismos habían hecho a la vera de las vías, o bien al truco.

[editar] La vida cotidiana

Por aquellos tiempos Tortuguitas era un tranquilo paraje rural. Sus pobladores, todos dedicados a las tareas del cmpo, mantenían vínculos muy estrechos entre ellos, cimentados por los frecuentes matrimonios que se daban entre las distintas familias. También era habitual que en las chacras se llevaran a cabo bailes a los que concurrían las familias enteras. Cuando la tarde caía, cada una emprendía el regreso a su vivienda. El único comercio de la zona era el boliche de Mosquera, un almacén de ramos generales que estaba en la zona del barrio El Chelito, sobre la Ruta 8, en la actual entrada a la localidad. Posteriormente allí se estableció el restaurante y recreo El Palenque. El nombre de este barrio se debe a la granja Chelito, un establecimiento avícola que estaba limitado por las actuales calles Labardén, Provincia de Buenos Aires, Lisandro de La Torre y Santiago de Liniers, que era propiedad de Luis Enríquez. En líneas generales los pobladores se aprovisionaban en los almacenes de Luis Platini - de la zona de Los Polvorines -, o de los hermanos País, en San Miguel. Cuando se trataba de comprar elementos relacionados con el trabajo rural, el lugar frecuentado era el negocio de Capurro, en José C. Paz. Para trasladarse a estos lugares, como no había caminos, lo habitual era entrar a las chacras y pedir permiso para atravesarlas, el cual nunca era negado. También era muy frecuente el reparto de pan y de carne. Este último era realizado por Cigliutti, propietario de la carnicería La Paloma, ubicada camino a Garín, en cuyas inmediaciones estaba el almacén El Farruco. Además había otros vendedores ambulantes que recorrían las chacras ofreciendo artículos de tienda, entre ellos Rosenfeld y Apud. Para asistencia sanitaria se concurría al hospital de San Miguel. Los partos eran asistidos por Doña Magdalena, esposa del tambero Rimoldi. No existía presencia policial y si era necesario hacer alguna denuncia, la mayoría de las veces se iba al pueblo de Garín. Respecto a las escuelas, los niños concurrían a la de Del Viso y, en menor medida a Los Polvorines. A ambas se iba en tren o a caballo, bordeando las vías.

[editar] El Tortugas Country Club

En el año 1930, en tierras que habían pertenecido a Wenceslao Escalante, se fundó el Tortugas Country Club, que fue el primer club de campo que hubo en el país, el cual desde sus comienzos estuvo unido al desarrollo de la localidad. Todo nació de la visión de Antonio Maura, un español que hacia los años veinte contrajo matrimonio con Sara Escalante, quien heredó las tierras de su padre Wenceslao. En ese lugar decidieron construir una cancha de polo, donde concurrían sus amistades a practicar ese deporte, contando con la presencia de instructores británicos que enseñaban las reglas del juego. Así se formó un club de polo y ante la necesidad de darle un nombre, Sara Escalante sugirió el de Las Tortugas, en irónica alusión a la supuesta lentitud de sus integrantes. El nombre fue aceptado y con él se solicitó la afiliación a la Asociación Argentina de Polo en el año 1927. La primera camiseta fue a cuadros invertidos de color azul y oro; luego se adoptó la tradicional de color naranja, con una pequeña letra T dentro de un círculo. Entre los jugadores de los primeros años se destacó Manuel El Paisano Andrada, quien ocupó los primeros planos del polo nacional de aquella época. A medida que se intensificaba la práctica deportiva, comenzó a cobrar fuerza la idea de construir viviendas para los socios, que debían soportar un fatigoso viaje desde sus domicilios porteños. De este modo se comenzó a organizar el club de campo, con créditos otorgados por los bancos Tornquist y Español. En el año 1930 se fundó la entidad, cuyo primer presidente fue Antonio Maura. La primera casa que se construyó perteneció a María Elena Luro Roca de Arana. Las que le siguieron fueron de Sara Escalante de Maura, Marcela Malbranche de Saint, Carlota Bollini Roca de Schnaith, Eduardo Grané y Rafael Leusa Prat de Louit. Hacia la década del cuarenta el club ya contaba con cerca de cincuenta viviendas, sede social, canchas de polo, golf, tenis y pelota paleta, además de pista hípica, caballerizas, pileta olímpica, y capilla, donde se daba misa y recibieron la comunión muchos hijos de los pobladores del lugar. Desde sus comienzos el club fue lugar de trabajo de muchas personas, algunas de la zona y otras venidas desde otros sitios. Así muchos fueron petiseros, convirtiéndose en verdaderos expertos en la preparación de caballos de polo, pericia que llevó a gran cantidad de ellos a trabajar en distintos puntos del exterior del país. Otra actividad fue la de caddie, en especial desempeñada por muchos jóvenes pobladores. En el año 1994, al delinearse los límites del partido de Malvinas Argentinas, una parte de Tortuguitas que pertenecía a Pilar pasó a formar parte del nuevo distrito. No resultó así en el caso del Tortugas Country Club, que continuó perteneciendo a la jurisdicción del partido del Pilar.

[editar] Los caminos

En los tiempos rurales de Tortuguitas eran muy pocas las calles con que contaba la localidad. Los pobladores de entonces acostumbraban a recorrer las distancias atravesando las distintas chacras. La que hoy es la arteria principal de la localidad- es decir la que nace en la Ruta 8 como Provincia de Buenos Aires y sigue, luego de hacer una curva, como Avenida Luis María Drago y Avenida Directorio tenía por aquellos tiempos un trazado similar al actual. Hasta los primeros años de la década del treinta era de tierra y su estado deplorable. A sus flancos había numerosos eucaliptos, cuyo tupido follaje proveía a la calle de abundante sombra. Esto hacía que durante el invierno el barro no llegara a secarse, creando muchas dificultades para los carros que la transitaban. Cuando por fin se secaba quedaban marcadas huellas de gran profundidad. En el año 1932 gobernaba la provincia de Buenos Aires Enrique Martínez de Hoz, cuyo sobrino Héctor Lanús Martínez de Hoz era socio del Tortugas Country Club. Aprovechando la vinculación se obtuvo una audiencia con el gobernador, a la que asistió el presidente de la institución, Antonio Maura. Fruto de esta gestión fue la pavimentación del camino que unía la Ruta 8 con el mencionado club de campo. Al respecto, en una memoria de la Dirección Nacional de Vialidad correspondiente al año 1933, se informaba lo siguiente: "Ley 11.658 Construcción de obras por administración. Obras terminadas. –Camino del Tortugas C.C. al Camino de Buenos Aires a Pilar–. Presupuesto: $ 32.281 Inversión 1933: $ 17.043,91 Iniciación: 15/9/1932 Terminación: 6/8/1933" Por la Ruta 8 circulaba la línea de colectivos Nº22, que salía del barrio Villa Devoto, en Capital Federal, puntualmente de la intersección de las avenidas Lope de Vega y Tres Cruces, esta última actual Beiró. Luego recorría las localidades de Caseros, El Palomar, Campo de Mayo, pasaba por la plaza de San Miguel y desde allí seguía camino hacia Pilar. En El Chelito tenía una parada y las tarifas, según un aviso aparecido en un diario de la época, eran las siguientes: Devoto a Chelito: $ 0,60 Caseros a Chelito: $ 0,60 Palomar a Chelito: $ 0,50 Campo de Mayo a Chelito: $ 0,30 Plaza de San Miguel a Chelito: $ 0,20 También circulaba por la actual Ruta 8 un ómnibus que salía de la Plaza Once y llegaba a la ciudad de Rosario. Desde la propiedad de José Castellano nacía el camino que iba hacia la zona de Grand Bourg, que es la actual calle El Callao. Era un callejón de tierra que se encontraba en muy malas condiciones, y en tiempos de lluvia era casi intransitable. También desde lo de Castellano hacia el norte salía un camino que pasaba frente al almacén El Farruco y que iba hacia el pueblo de Garín.

[editar] Remates de quintas en El Chelito

A partir de instalarse en 1930 el Tortugas Country Club, la zona comenzó a promocionarse para el establecimiento de quintas de fin de semana, o quintas de recreo, como se las llamaba por entonces. A tal efecto, promediando la década del treinta, la firma inmobiliaria Furst Zapiola & Cía llevó a cabo varios remates de tierra en la zona del barrio El Chelito, todos ellos orientados para casas de fin de semana. El 19 de abril de 1936 se anunciaba un remate "Entre San Miguel y Pilar, el recreo El Palenque, 154 quintas, con arboleda y mejoras, frente a los caminos pavimentados a Pilar y al Tortugas Country Club". La venta se hacía a partir de una base de $2 por mes cada quinta, en 120 mensualidades. El 8 de noviembre del mismo año la empresa anunciaba la venta de otras 126 quintas, con la misma base y cantidad de mensualidades. El 28 de noviembre de 1937 se remataron otras 101 quintas, también con frente a la Ruta 8 y a la Avenida Luis María Drago, las cuales eran descriptas como "Tierra altísima y excelente, apta para cualquier aplicación y en especial para week-end, por lo pintoresco del paraje y por su continuo e inmejorable servicio de micro-ómnibus, desde la Capital Federal." Entre otros, adquirieron fracciones en estos remates las siguientes personas: R. Mera, J. Pregarz, J. Volpi, E. Berusso, P. Flamini, C. Marasso, J. Rovannia, R. Ceza, M. C. de Mollard, A. Solacchi, J. Russiniol, A. Romanello, J. Costa, A.. Coni Molina, V. López, E. Videla, E. Ermoli, Humberto Linares, Roberto Asaro, J. César Díaz y C. L. Contreras.

[editar] Enlaces externos

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