Plata quemada (novela)

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Plata quemada es una novela policial del escritor argentino Ricardo Piglia publicada en 1997 y ganadora del Premio Planeta Argentina de ese año. La novela se basa en la historia real de un millonario asalto a un banco en la Provincia de Buenos Aires en 1965.

Plata quemada figura en el número 47 de la lista seleccionada en 2007 por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles de los mejores 100 libros en lengua castellana de los últimos 25 años.[1]

Piglia sostiene que "la novela tuvo muchas versiones". Lo explica así:

"La empecé a escribir en 1968, después de terminar mi primer libro. Por una serie de azares, le había mandado unas cajas con manuscritos a mi hermano, y de pronto él tuvo que arreglar su casa y me las mandó de vuelta. Cuando abrí la primera caja me encontré con la novela. Ya la había olvidado, y creo que fue un milagro: si abro otra caja y me encuentro con cartas viejas, las tiro todas. El narrador no surgió como una decisión determinada, sino como un intento de hacer una narración coral, porque para mí la clave del libro era esa especie de tragedia que tiene. Pensé en el coro de la tragedia griega: el periodista, las versiones que iban comentando el destino trágico de los personajes. Las voces que el Gaucho Dorda, ese personaje esquizofrénico, escucha en su cabeza, son la metáfora del Narrador, con mayúscula. Eso fue lo que hizo que tuviera sentido escribir esta novela: la búsqueda de cómo contarla. O, por ejemplo, el invento ­es obvio que es un invento­ del policía que escucha. Es un artificio técnico, necesario para contar lo que pasa en el departamento sin tener que acudir a un narrador omnisciente. ¿Cómo hacer para poner los diálogos del departamento si uno no confía en la omnisciencia? Es una especie de protocolo Henry James".[2]

Entre el año en que empezó a escribir la novela y el texto definitivo, Piglia leyó "una serie de libros importantes", que de alguna manera le influyeron:

"Leí sobre todo esos libros periodísticos de los setenta que comenzaban a incorporar una novedad importante: se utilizaba un grabador para recopilar las historias. Los libros de Oscar Lewis, por ejemplo: Los hijos de Sánchez y La vida, un libro sobre las prostitutas portorriqueñas en Nueva York. En ellos aparecían las voces vivas de los narradores, y esto produjo un corte en relación con los sistemas de representación de la voz y de la narración. Lo que me interesó fue hacer esto ficcional: decir que estaba utilizando un grabador y reconstruir inventando, que es lo que hago en la novela y lo que hice en un relato, Tajares 55. Decir: 'Este libro está hecho con la técnica de grabar las varias historias, y yo no he intervenido', cuando en realidad soy yo el que inventa cada una de las historias. Era una declaración: los escritores estamos dispuestos a resistir el embate de este instrumento que me parecía, por otra parte, muy productivo. En eso también estoy con Brecht: hay que estar atento a las renovaciones técnicas. Ese camino produjo después una serie de textos en Argentina y en todos lados: los libros de Elena Poniatowska, por ejemplo. Ese es el contexto en el que yo imagino este libro. Es un intento por trabajar con las convenciones del relato verdadero que usa grabadores, pero ficcionalizando esas convenciones. En lugar de grabar la historia, producir uno mismo las voces. En una primera versión, toda la novela sucede en el departamento donde los asaltantes están sitiados por la policía. En una segunda versión, empieza en el momento en que alguien los denuncia en Montevideo, porque los han visto cambiar la chapa de un auto. Ellos matan a un policía y quedan desconectados. Y luego, por fin me di cuenta de que tenía que empezarla donde empezaba: con el robo. La estructura de los hechos tenía que ser fiel, y era en el trabajo con los personajes donde yo tenía que ser libre".[2]

La concesión del citado premio despertó polémica y terminó en juicio a iniciativa del arquitecto y escritor Gustavo Nielsen, que había sido finalista con El amor enfermo. El problema no radicaba en la calidad de la novela premiada, que nadie puso en duda, sino en la conexión que tenía Piglia con la editorial. Nielsen ganó en segunda instancia, cuando, en 2005, la sala G de la Cámara Civil de Buenos Aires dictó un fallo condenatorio contra Planeta Argentina en el que señalaba que "existen demostradas muchas circunstancias que revelan la predisposición o predeterminación del premio en favor de la obra de Ricardo Piglia".[3]

Referencias[editar]

  1. Las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años
  2. a b Entrevista a Piglia de Juan Gabriel Vásquez para Lateral, recogida en Avizora.com, acceso 05.06.2011
  3. Un juez declara amañado el Premio Planeta argentino de 1997, artículo de Juan Ignacio Irigaray para El Mundo.

Enlace externo[editar]