Osamu Dazai

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Dazai Osamu.

Osamu Dazai (Prefectura de Aomori, 19 de junio de 1909- Tokio, 13 de junio de 1948) fue un novelista japonés.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Osamu emergió como la voz literaria de su tiempo, capturando el período confuso de posguerra cuando los valores tradicionales fueron desacreditados.

Osamu Dazai es uno de los escritores modernos más apreciados en Japón. Al cumplirse el cincuentenario de su muerte, sus obras —de marcadas características autobiográficas y con una rebeldía chocante en una sociedad de rígido conformismo—, cuentan con más seguidores que nunca, tanto en Japón como en otros países.

Dazai, cuyo verdadero nombre fue Shūji Tsushima (津島修治 Tsushima Shūji?), fue el décimo entre once hermanos de una familia de terratenientes acomodados del norte de Japón, careció de las atenciones de sus padres y creció al cuidado de una tía y los sirvientes. Desde pequeño, mostró un particular interés por la literatura, que utilizó como medio de expresión de su desarraigo familiar y sus conflictos internos.

A los veintiún años, en 1930, ingresó en el departamento de literatura francesa de la Universidad de Tokio, aunque dejó los estudios cinco años más tarde sin graduarse. Durante este periodo, militó en el incipiente movimiento marxista nipón, siendo encarcelado y torturado por el régimen militar, experiencia que influenció considerablemente su visión de la sociedad y su producción literaria.

Tres años después, comenzó a publicar sus primeras colecciones de relatos. En 1935 y 1936, fue candidato al Premio Akutagawa, el más prestigioso en Japón para trabajos de ficción, aunque en ambas ocasiones otro escritor recibió el galardón. Sin embargo, Dazai ya se había asegurado un lugar destacado entre los jóvenes autores de la época.

El éxito de las obras de Dazai corrió paralelo a una vida privada tumultuosa en extremo. Después de ser desheredado por su padre a causa de la relación con una geisha de bajo rango, intentó suicidarse en cuatro ocasiones —dos antes de cumplir los veinte años—, sufrió de adicción a la morfina y al alcohol, y estuvo internado largos periodos para tratamiento psiquiátrico y aquejado tuberculosis crónica.

Su boda a los treinta años, en 1939, con Michiko Ishihara, una maestra de escuela secundaria que le presentó su amigo el escrito Masuji Ibuse, cambió su existencia y dotó de mayor claridad y equilibrio a su trabajo.

Este periodo de tranquilidad duró hasta finales de la II Guerra Mundial, en 1945. En los siguientes tres años, Dazai escribió las dos novelas consideradas sus obras maestras: El Ocaso (Shayo), en 1947, e Indigno de ser Humano (Ningen shikkaku), en 1948.

En estas dos novelas, el autor se muestra mucho más cercano a Dostoyevski que a sus contemporáneos nipones. Las historias, en las que se aprecia con claridad la influencia de la literatura europea, evidencia el gran interés que las clases educadas de aquella época sentían por las letras occidentales. Sin embargo, los protagonistas de estas obras, caracterizadas por una honradez sin adornos al mostrar la decadencia del ser humano, no escapan a la falta de comunicación personal típica de la sociedad japonesa, y Dazai recurre a retrospectivas o a la descripción minuciosa de pequeños acontecimientos para mostrar con mayor profundidad a los personajes.

En 1948, cuando se encontraba en la cumbre de su carrera, se suicidó con su amante —una joven viuda de guerra—, dejando atrás a su esposa y tres hijos en precaria situación económica. Para terminar con su vida, eligió un canal del río Tama, en el suburbio tokiota de Mitaka, cuyas aguas se encontraban muy altas y turbulentas por las habituales lluvias de junio, época de monzones en Japón. Los cuerpos de ambos, atados el uno al otro con una cuerda roja, fueron encontrados seis días después en un recodo del canal, justo cuando Dazai hubiera cumplido treinta y nueve años.

El diecinueve de junio, fecha de su aniversario, su tumba en el templo de Zenrin-ji, en Mitaka, recibe un gran número de visitantes, que le ofrecen flores, incienso, cigarrillos, sake o cerezas —que le gustaban en vida—, junto a fervorosas plegarias por el descanso del espíritu del polémico escritor, que todavía ejerce una enorme fascinación sobre los lectores japoneses, en particular las jóvenes generaciones.