Moral sexual católica

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La moral sexual católica, promulgada por la autoridad del Magisterio de la Iglesia Católica, se deriva de la ley natural, la Biblia y la tradición apostólica. Como toda moral sexual, evalúa la bondad del comportamiento sexual y proporciona principios generales por los que evaluar la moralidad de cada acto.

La Iglesia Católica enseña que la vida humana y la sexualidad humana son ambas inseparables y sagradas;[1] y condenó como herejía el maniqueísmo (creer que el espíritu es bueno mientras la carne es mala). Por tanto la Iglesia no considera al sexo como pecaminoso o como un obstáculo para una vida plena en la gracia. Al creer que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y que al considerar todo lo creado vio que era bueno;[2] la Iglesia Católica considera que tanto el cuerpo humano como el sexo son buenos. El Catecismo enseña que la carne es soporte de la salvación.[3] La Iglesia considera la expresión de amor entre marido y mujer como la forma más elevada de actividad humana, al unirlos como lo hace en un completo y mutuo autodarse y abrir su relación a la creación de nueva vida. Estos actos, con los cuales los esposos se unen en casta intimidad, y a través de los cuales se transmite la vida humana, son, como ha recordado el Concilio, "honestos y dignos".[4] Es en los casos en que la expresión sexual se efectúa fuera del sacramento matrimonial, o en que la función reproductiva se frustra deliberadamente, incluso aunque lo sea dentro del matrimonio, cuando la Iglesia Católica expresa su juicio moral.

La Iglesia considera pecado la actividad sexual extramatrimonial porque viola el propósito de la sexualidad humana al participar en el acto conyugal antes del matrimonio. El acto conyugal mira a una unidad profundamente personal que, más allá de la unión en una sola carne, conduce a no tener más que un corazón y un alma[5] ya que el vínculo matrimonial debe ser un signo del amor entre Dios y la humanidad.[6]

La Iglesia requiere que sus miembros no practiquen la masturbación, la fornicación, el adulterio, la pornografía, la prostitución, la violación, los actos homosexuales,[7] y los métodos anticonceptivos.[8] Específicamente, intervenir en un aborto puede acarrear la pena de excomunión.[9]

Fuentes de la moral sexual católica[editar]

Ley natural[editar]

La ley natural (latín: lex naturalis) es una teoría ética que postula la existencia de una ley cuyo contenido está inscrito en la naturaleza y que por tanto tiene validez en todo tiempo y lugar y para toda persona.[10] A pesar de la relación de esta teoría con escuelas filosóficas paganas (como el estoicismo), algunos (aunque no todos) de los primeros Padres de la Iglesia buscaron su incorporación al cristianismo.

En un influyente pasaje de la Summa Theologiae, Santo Tomás de Aquino escribió:

la criatura racional se encuentra sometida a la divina providencia de una manera muy superior a las demás, porque participa de la providencia como tal, y es providente para sí misma y para las demás cosas. Por lo mismo, hay también en ella una participación de la razón eterna en virtud de la cual se encuentra naturalmente inclinada a los actos y fines debidos. Y esta participación de la ley eterna en la criatura racional es lo que se llama ley natural.

[11]

La ley natural es una fuente básica para el magisterio católico sobre moral sexual.

Sagrada escritura[editar]

El relato bíblico de la creación (Génesis 1-3) proporciona una antropología que informa la moral sexual católica. Los versículos siguientes son frecuentemente citados en los estudios sobre el asunto:

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, a imagen de Dios le creó; hombre y mujer los creó. Y Dios les bendijo y les dijo "Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla"

(Gn 1, 27)

El señor Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, y mientras dormía tomó una de sus costillas y la sustituyó con carne; y de la costilla que el señor Dios había tomado del hombre hizo una mujer y se la dio al hombre. Entonces el hombre dijo "Esto es por fin hueso de mis huesos y carne de mi carne; se llamará Mujer, porque fue hecha del Hombre." Así el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se convertirán en una sola carne. Y el hombre y su mujer estaban ambos desnudos y no se avergonzaban.

(Gn 2, 21-25)

Dijo a la mujer: ... "Parirás con dolor, tu deseo será por tu marido, y él te gobernará"

(Gn 3, 16)

La historia de Onán (cf. Gn 38) se suele traer a cuenta de los argumentos contra la masturbación y la contracepción:

cuando [Onán] fue a la mujer de su hermano, derramó su semen en tierra, para no dar descendencia a su hermano. Y lo que hizo fue desagradable a los ojos del Señor, y también le mató.

(Gn 38, 9-10)

Dos de los Diez Mandamientos se ocupan directamente de moral sexual, prohibiendo el adulterio y desear la mujer del prójimo (Éx 20, 14, 17; Dt 5, 18.21).

Jesucristo comentó estos mandamientos en Mateo 5, 27-28:

Habéis oído que se ha dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer con lujuria ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

Jesús hace referencia a los pasajes del Génesis en su enseñanza sobre el matrimonio (cf. Mt 19):

¿No habéis aprendido que el que les hizo desde el comienzo les hizo hombre y mujer, y dijo Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se convertirán en una sola carne? Así que ya no son dos, sino una carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Padres de la Iglesia[editar]

San Agustín describió su conversión al cristianismo en sus Confesiones, incluyendo aspectos relativos al comportamiento sexual. El siguiente pasaje de su autobiografía trata de un punto crucial de su concepto de moral sexual:

Rápidamente volví a aquel lugar, donde estaba sentado Alypius; allí donde había puesto el volumen del Apóstol, cuando me levanté. Se lo arrebaté, lo abrí y en silencio leí el párrafo en que mis ojos cayeron en primer lugar: Ni en comilonas ni en borracheras, ni en lujuria ni en deshonestidades, ni en lucha ni envidia; sino vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis provisión para la carne con el fin de satisfacer con los deseos de ella (Rm 13, 13-14) No quise seguir leyendo, ni era necesario..

San Agustín, Confesiones, Libro 8, Capítulo 12[12]

Teólogos medievales[editar]

Santo Tomás de Aquino trata la moral sexual como un aspecto de la virtud de la templanza, e incorpora la Escritura en su argumento. En su Summa Theologiae escribe esto acerca de la castidad:

La palabra castidad puede tomarse según una doble acepción. Primero, en sentido propio. Así considerada, es una virtud especial con una materia específica, es decir, los deseos de deleites que se dan en lo venéreo. En segundo lugar, metafóricamente. En efecto, así como el deleite venéreo es fruto de la mezcla del cuerpo, objeto propio de la castidad y del vicio opuesto a ella, que es la lujuria, así también una cierta unión espiritual de la mente con otras cosas constituye el deleite, que es materia de una castidad espiritual metafórica, y también una fornicación espiritual, metafórica. En efecto, si la mente humana se deleita en la unión espiritual con aquello a lo cual debe unirse, es decir, a Dios, y se abstiene de unirse en el deleite a otros objetos opuestos al orden divino, se llamará castidad espiritual, según lo que leemos en 2Co 11,2: "Os he desposado a un solo marido para presentaros a Cristo como una casta virgen". Pero si la mente se deleita, contra el orden divino, uniéndose a otras cosas, se producirá la fornicación espiritual, según las palabras de Jr 3, 1: "Has fornicado con tus muchos amantes". Tomada así la castidad, es una virtud general, porque cualquier virtud hace que la mente humana no se una al deleite mediante cosas ilícitas. Pero la esencia de esta castidad reside en la caridad y en otras virtudes teológicas, mediante las cuales la mente humana se une a Dios.

Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q151 a2co.[13]

Magisterio reciente de la Iglesia Católica[editar]

  • Casti Connubii (1932), encíclica de Pío XI.[14] Se escribió en parte como respuesta a la decisión de la Lambeth Conference anglicana de 1930, que adoptó el uso legítimo de la contracepción en algunas circunstancias.

Cualquiera que sea el uso del matrimonio ejercido de tal manera que el acto sea deliberadamente frustrado en su poder natural de generar vida es una ofensa contra la ley de Dios y de la naturaleza, y los que se dedican a este tipo de actos cargan con la culpabilidad de un pecado grave.

Magisterio católico sobre materias concretas[editar]

Castidad[editar]

Partiendo de una reflexión teológica sobre la creación, la Iglesia católica considera que el hombre ha sido invitado a vivir de la plenitud de la vida divina que consiste en el amor y perfecta comunión. Jesús al dar cumplimiento y nuevo sentido a la ley interpreta de manera más rigurosa la indisolubilidad del matrimonio y el adulterio.

De ahí que la virtud propia del hombre ante la sexualidad sea la castidad que es una virtud y al mismo tiempo un don, una gracia:

La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual.

Catecismo de la Iglesia católica núm. 2337

La sexualidad se hace humana cuando se integra en la relación de dos personas que quieren darse mutua y totalmente para siempre. Así, el aprendizaje del dominio de sí es el mejor modo para vivir la castidad tomando en cuenta que por propia dignidad el hombre no puede actuar simplemente movido por una pulsión interna o por una coacción. Los medios que el catecismo recuerda para la vivencia de la castidad son los siguientes: conocimiento propio, ascética adecuada a las propias circunstancias, obediencia a los mandamientos, práctica de todas las virtudes morales, oración frecuente. El dominio propio que la castidad persigue está en función de la totalidad del don de sí que la persona hace al otro en el matrimonio.

La castidad se debe practicar toda la vida y requiere especial atención en algunos períodos de ella. La castidad se expresa en la amistad.

El catecismo habla también de "géneros de la castidad" pues recuerda que todo bautizado está llamado a la castidad sea en el celibato o virginidad (sacerdotes, religiosos o consagrados) sea en el matrimonio.

Lujuria[editar]

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (2351):

Lujuria es el deseo desordenado por o el disfrute desordenado del placer sexual. El placer sexual se desordena moralmente cuando se busca por sí mismo, aislado de sus propósitos procreativo y unitivo.

Tradicionalmente, la lujuria es uno de los siete pecados capitales. Es propiciada por estados de amplia libertad sexual, dado que estos inducen a la relajación mental y física y a la disosiación entre las finalidades del acto sexual (procreativa, de fortalecimiento de la unión afectiva y de satisfacción personal), así como a la preponderancia de la tendencia a la tercera por sobre la primera y la segunda.

Masturbación[editar]

La Iglesia siempre ha condenado como un grave desorden moral la masturbación. El texto más explícito se encuentra en el documento Persona humana publicado por la Congregación para la doctrina de la fe en el año 1975. Se reitera que cualquiera que sea el motivo, la masturbación contradice la finalidad propia de la facultad sexual. Tras recordar la calificación moral del acto se hace un resumen de los razonamientos de algunos psicólogos o sociólogos que solicitaban la revisión de la doctrina católica. Luego el documento ofrece algunas indicaciones pastorales:

Para formarse un juicio adecuado en los casos concretos, se ha de tomar en consideración, en su totalidad, el comportamiento habitual de las personas, no solamente aquello que tiene relación con la práctica de la caridad y la justicia, sino también la preocupación por observar el precepto particular de la castidad. Especialmente se verá si se acude a los medios necesarios, naturales y sobrenaturales, que la ascesis cristiana, en su experiencia de siempre, recomienda para dominar las pasiones y progresar en la virtud

número 9

Fornicación[editar]

Santo Tomás de Aquino enseñaba que "Se dice que el fornicador peca contra su propio cuerpo, no simplemente por el placer de la fornicación se consuma en la carne, lo que también es el caso de la gula, sino también porque actúa contra el bien de su propio cuerpo por una excesiva resolución y deshonra, y una excesiva asociación con otro. Ni sigue de ello que la fornicación sea el pecado más grave, ya que en el hombre la razón es de mayor valor que el cuerpo, por lo que en caso de ser un pecado más opuesto a la razón, será más grave"[18]

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (2353)

La fornicación es la unión carnal entre un hombre no casado y una mujer no casada. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, que se ordena naturalmente al bien de los esposos y a la generación y educación de los hijos. Además, es un grave escándalo cuando hay corrupción de los jóvenes.

Pornografía[editar]

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (2354),

Pornografía consiste en sustraer de la intimidad de los sujetos actos sexuales reales o simulados, con el propósito de mostrarlos deliberadamente a terceros. Ofende a la castidad, porque pervierte el acto conyugal, el íntimo darse un esposo al otro. Es una grave ofensa a la dignidad de los que en ella participan (actores, distribuidores y público), ya que cada uno se convierte en un objeto para el placer y beneficio ilícito de otros. Sumerge a todos los que en ella se involucran en la ilusión de un mundo de fantasía. Es una grave ofensa. Las autoridades civiles deben impedir la producción y distribución de material pornográfico.

Reconociendo su amplio uso, los obispos católicos de los Estados Unidos han emitido cartas pastoriales sobre los peligros de la pornografía. En 2007, el obispo Loverde de Arlington escribió Comprado por un precio y el obispo Finn de Kansas City - St. Joseph Benditos sean los puros de corazón. Ambos documentos derivados principalmente de la Sagrada Escritura y los escritos de Juan Pablo II, especialmente su Teología del Cuerpo.

Prostitución[editar]

Es tratado este tema brevemente en el número 2355 del Catecismo y se recuerda que tal conducta atenta contra la dignidad del hombre. Peca también quien paga por obtener placer sexual de otro. Aun cuando siempre será un desorden moral grave, algunos factores (como la extrema pobreza, el chantaje o la presión externa) pueden disminuir la culpa.

Violación[editar]

Se entiende por violación el obligar con violencia a tener una relación sexual. Daña el derecho al respeto y a la integridad moral y física de cada uno produciendo una secuela que puede durar toda la vida. Reviste especial gravedad cuando son los padres o educadores que violan a sus hijos o alumnos.[19]

Homosexualidad[editar]

Si bien la Iglesia católica -siguiendo las normas morales derivadas de su interpretación de la Sagrada Escritura- condena los actos homosexuales e invita a quienes poseen tendencias homosexuales a la continencia, también solicita a los demás a acogerlos con respeto, compasión y delicadeza.[20]

Contracepción[editar]

El catecismo recuerda que, por motivos justificados, la pareja podría espaciar la generación de nuevos hijos. Tras verificar que tal deseo no proviene del egoísmo sino del sentido de la paternidad responsable, podrán observar continencia sexual periódica o métodos de regulación que se basen en el autoconocimiento de los períodos infecundos. En cambio, es un grave desorden moral:

toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación

Humanae vitae núm. 14

La Iglesia Católica se opone al uso del preservativo.[21] [22]

Aproximaciones al magisterio católico sobre moral sexual[editar]

Tomismo[editar]

Personalismo[editar]

Revisionismo[editar]

Proporcionalismo/Consecuencialismo[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Catecismo de la Iglesia católica, 2331–2400
  2. Génesis, 1, 31.
  3. Catecismo de la Iglesia católica, 1015
  4. PABLO VI, Encíclica Humanae Vitae, núm. 11.
  5. Catecismo de la Iglesia católica, 1643
  6. Catecismo de la Iglesia católica, 1617
  7. Catecismo de la Iglesia católica, 2351–2357
  8. Catecismo de la Iglesia católica, 2370]
  9. Catecismo de la Iglesia católica, 2272]
  10. Definición tomada de "Natural Law," International Encyclopedia of the Social Sciences.
  11. Suma teológica I-II q91 a2co según la traducción de la Editorial BAC, Madrid 1989
  12. Aquí el texto original latino: itaque concitus redii in eum locum, ubi sedebat Alypius: ibi enim posueram codicem apostoli, cum inde surrexeram. arripui, aperui et legi in silentio capitulum, quo primum coniecti sunt oculi mei: non in comissationibus et ebrietatibus, non in cubilibus et inpudicitiis, non in contentione et aemulatione, sed induite dominum Iesum Christum, et carnis providentiam ne feceritis in concupiscentiis. nec ultra volui legere, nec opus erat.
  13. Traducción de la BAC, Madrid 1989.
  14. Casti Connubii Documento oficial en castellano.
  15. Evangelium Vitae Documento oficial en castellano.
  16. Donum Vitae Documento oficial en castellano.
  17. Veritatis Splendor. Documento oficial en castellano.
  18. Summa Theologiae II-II q.154 a.3 ad.2
  19. Cf. Catecismo de la Iglesia católica 2356.
  20. Es interesante notar que en la edición inicial del Catecismo (1992) el número 2358 dice: "Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba". En la versión española traducida de la editio typica (1997) se lee ahora: "Un número apreciable de hombres y mujeres presenta tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba". Se ha retirado la mención a tendencias instintivas y se quita también el uso de la expresión "condición homosexual" hablando más bien de inclinación que es lo mismo que tendencia.
  21. El Papa afirma en un libro que el preservativo está justificado en algunos casos
  22. Gerson, Michael (23-11-2010). «El papa Benedicto XVI se vuelve más realista respecto del uso de preservativos» (en inglés). The Washington Post. Consultado el 23 de noviembre de 2010.

Enlaces externos[editar]