Monogamia

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Monogamia (del griego: mónos: uno y gamos: unión). En el mundo animal, la monogamia se refiere a la relación de la pareja que mantiene un vínculo sexual exclusivo durante el período de reproducción y crianza de los hijos. En los humanos, la monogamia es un modelo de relaciones afectivo-sexuales basado en un ideal de exclusividad sexual por un periodo de tiempo que podría durar toda la vida entre dos personas unidas por un vínculo sancionado por el matrimonio, por la ley o por el derecho consuetudinario. Al practicante o creyente en este modelo de relación se le llama monógamo.

A diferencia de la monogamia, existen otros modelos de relaciones que posibilitan vincular afectiva y sexualmente a más de dos personas a la vez, como la poligamia (sea poliándrica o poligínica), poliamor, entre otras.

Monogamia seriada[editar]

La monogamia seriada se refiere a la práctica de restringir el contacto sexual o amoroso a una sola persona, por un tiempo limitado, después de lo cual se termina la relación para empezar alguna otra. Aunque se entiende que nunca hay más de una pareja al mismo tiempo, en la práctica, suele haber un período de traslape con la nueva pareja, pero también suelen existir períodos sin relación o de soltería. Dentro de la cultura occidental, esta forma de monogamia es más prevaleciente que la monogamia estricta, donde se tiene o se aspira a tener una sola pareja para toda la vida, esté casada o no con un hombre.

Antecedentes biológicos y antropológicos[editar]

Según Parash,[1] existe abundante evidencia biológica, primatológica y antropológica que muestra, por mucho, que los humanos han sido propensos a tener múltiples compañeros sexuales, y por otro lado, parece no existir evidencia para mostrar que la monogamia sea algo natural o normal en el ser humano.

Según Páez,[2] de la comunidad mamífera, solo un 3% es monógama. Ejemplos de mamíferos monógamos son: las orcas, algunos roedores. Ejemplos de aves monógamas son: los pingüinos, los cuervos, los loros y las águilas.

Las cinco reglas que constituyen la monogamia (por Páez, 2006):[3]

1) Cohabitación de macho y hembra y asociación selectiva de la pareja a largo plazo en períodos de crianza o no;
2) Agresión hacia miembros no familiares de la especie;
3) Atención intensa a la cría;
4) Procesos de reproducción regulados a nivel social;
5) Prevención del incesto de los individuos adultos.

En un estudio que realiza el antropólogo Ford junto con el psicólogo Beach,[4] en 185 sociedades humanas encuentra que menos del 16% restringen sus miembros a la monogamia, pero solamente 5% desaprueban sexo extramarital.

En otro estudio de estructura social que abarca 238 diferentes sociedades humanas alrededor del planeta, Murdoch[5] encontró matrimonio monógamo en solo 43 de ellas; esto es, un porcentaje similar de alrededor de 16%.

Un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos,[6] publicado en la revista Nature, revela que el tipo de relación que sostienen dos distintos tipos de ratones (de pradera y de pantano) depende exclusivamente de un gen, éste es el encargado de codificar la proteína que tiene por nombre receptor de vasopresina. La proteína antemencionada trabaja en el paladium ventral, región cerebral que regula la sensación de premio, e íntimamente relacionada con la memoria.

Un virus, procesado genéticamente para expresar el mencionado gen, fue inyectado en el cerebro de ratones de pantano, éstos son reconocidos por sus conductas polígamas. Sorprendentemente su conducta cambio radicalmente al volverse monógamos.

Como en otros casos se podrían extrapolar resultados al ser humano; pero los artífices del experimento afirman, "esta investigación podría dar una orientación para explicar por qué algunos seres humanos no se comportan igual que otros en sus relaciones de pareja", sin asegurar nada.

La monogamia en los seres humanos[editar]

Expansión de la monogamia[editar]

La culturización que impuso la expansión europea expandió la monogamia a todas las colonias, y de ahí al mundo occidental hasta la actualidad. La tradición del matrimonio y la idea de relaciones monógamas están ampliamente enraizadas en la sociedad occidental, especialmente en las esferas de la tradición judeo-cristiana que lo considera la única manera natural y moral de sexualidad, pero también en la esfera política y social por sus leyes y normas. Se considera engaño cualquier otra relación sexual o romántica fuera del vínculo de la pareja, aún cuando sea un mero coqueteo.

La sociedad occidental establece como forma aceptable y deseable de relación humana la monogamia, bajo un paradigma basado en el amor romántico que en la actualidad domina el pensamiento planetario. En una forma inconsciente, las personas buscan afanosamente establecerse dentro de algún vínculo de pareja, pues admiten que la relación es factible sólo entre dos personas. Hoy en día se incluye en dichas personas, a todas las preferencias sexuales. Su alto sentido de posesividad otorga seguridad pero también sometimiento, y encuentra su contraparte, en la inseguridad y el celo.

Sin embargo, esta tendencia monógama parece alejada de la naturaleza biológica y de las manifestaciones antropológicas que hemos señalado las cuales por el contrario muestran una tendencia, en gran medida, distinta a la monogamia.

A pesar de la expansión de la cultura occidental, en la tradición musulmana y en ciertos grupos étnicos adeptos a la poliginia o poliandria, se han logrado mantener su cultura de relación hasta nuestros días y hasta cierto punto. En unos casos, incrementando la poligamia por despoblación ante problemas de guerra y desastres naturales, y en otros reduciendo sus integrantes a la pareja, por factores globales de economía y sobrepoblación.

Origen social de la monogamia[editar]

A lo largo de la historia y según la cultura la sexualidad ha transformado sus prácticas. Parece que en la prehistoria, en un estado inicial, la sexualidad se vivía de forma similar a la mayoría de animales, practicando el sexo en épocas de acoplamiento. Con la aparición de la agricultura y la ganadería aparece también la propiedad privada, la cual transforma la sexualidad en prácticas monógamas, forma que garantiza la continuidad del patrimonio familiar.

Con la llegada del judaísmo continua la transformación. El Antiguo Testamento regula las conductas sexuales “apropiadas”. El matrimonio tenía como finalidad la descendencia, de manera que los hombres podían casarse con varias mujeres (recordemos el ejemplo del Rey Salomón, que supuestamente tuvo 700 mujeres y 300 concubinas), pero si las mujeres mantenían relaciones con otros hombres que no fueran sus maridos podían ser apedreadas. En la cultura egipcia el incesto estaba permitido y la circuncisión formaba parte del ritual de iniciación a la adolescencia. En Grecia se toleraba la homosexualidad entre hombres adultos y adolescentes, y por el contrario se valoraba a las mujeres como una “gyne”, es decir, “portadoras de hijos”.

Así, con el surgimiento de la familia patriarcal la sexualidad tiene un doble significado: como fin reproductivo, aceptada socialmente dentro del matrimonio, o como fuente de placer solo para los hombres. En la Edad Media, la Iglesia consolida su poder, de lo cual se deriva que la teología se equipare a la ley civil. Así, la Iglesia refrenda el matrimonio monógamo y declara al instinto sexual como demoníaco . Las transformaciones continúan hasta nuestros tiempos. Los hechos mencionados son solo breves ejemplos de la variabilidad de concepción de la monogamia y la sexualidad a lo largo de la historia humana. Así, entendemos que la monogamia no es una práctica “natural”, ni parte de la biología humana, sino una construcción social la cual se ha ido transformando a partir de discursos hegemónicos.

Por otro lado, existen diferentes teorías que entienden la monogamia como una consecuencia del sistema social basado en la propiedad privada. En la prehistoria, en el momento en que se poseyeron bienes individuales (agricultura, ganadería) existió la voluntad de traspasarlos como herencia, de manera que se quiso asegurar la descendencia, y fue entonces cuando apareció la monogamia.

Siguiendo la línea de estas teorías y acercando la mirada a la actualidad, la monogamia dentro del complejo familia-matrimonio no solo fomenta la propiedad privada sobre bienes materiales, sino que entiende a la pareja -a la personas- como propiedad. La exclusividad sexual y amorosa que se da dentro de la monogamia puede verse como un sentimiento de posesión hacia la otra persona.

Por otra parte, entender la monogamia como una construcción social la desnaturaliza y cuestiona la normalidad y normatividad de esta práctica. Otras formas de sexualidad se han dado a lo largo de la historia y se dan actualmente en nuestra cultura y en otras. La monogamia, en su momento fue la manera de reproducir el orden y las jerarquías sociales mediante la transmisión de valores a las hijas y los hijos, y ahora es una manera de satisfacer afectiva y sexualmente dentro de unos marcos restrictivos y manteniendo el sentimiento de propiedad.[7]

Crítica de la monogamia[editar]

Divorcio y separación[editar]

Según diversas opiniones la institución tradicional del matrimonio monógamo se enfrenta a un creciente deterioro. En varias encuestas muestran que el 75% de los casados según esta institución experimentan algún tipo de sufrimiento, lo cual puede relacionarse en parte con que más de la mitad de los matrimonios terminen en divorcio o separación y su lapso de duración promedio, a escala mundial, sea inferior a cuatro años. Por estas separaciones, las personas experimentan el continuo tránsito de una relación a otra (perfilando lo que se llama monogamia seriada). Los consecuentes divorcios o separaciones, van perfilando una sociedad que vive y busca relaciones monógamas pero, mientras llega la siguiente, o en su caso la primera, las personas se enfrentan a vivir sin pareja. Sin embargo, cabe señalar que la separación de la pareja es un fenómeno que existe por igual en otro tipo de relaciones.

Menor compromiso[editar]

Las dificultades del divorcio y las separaciones han llevado a una menor voluntad de compromiso; a que algunas personas tengan una franca postura de rechazo a cualquier unión legalizada, y prefieran la unión libre, pero, incluso, acordando control natal obligatorio y manteniendo bienes y viviendas separadas. Se observan acuerdos temporales, renovables, e incluso corporativos.

Infidelidad[editar]

Otra dificultad que experimenta la monogamia es la infidelidad o el engaño, pues las relaciones sexuales y románticas fuera de la pareja estable superan en muchos estudios, a más del 50%, en proporciones ligeramente superior entre hombres y mujeres. En este sentido Freud afirmaba que “todos somos polígamos reprimidos”.

Exclusión[editar]

La noción de exclusividad en la monogamia lleva a tener que elegir sólo a una persona y a excluir a todos los posibles candidatos. Pero cuando el vínculo está formado, puede llegar a excluir al otro miembro de la pareja, por la elección de otra nueva, llevando a rupturas, en lo que se ha descrito como monogamia seriada. Así, algunas veces, buenos candidatos y parejas son abandonados por la elección excluyente que pretende encontrar alguien más atractivo o conveniente. Pero a su vez la pareja se excluye de otras parejas; así las parejas, los miembros y candidatos excluidos, y con ello también sus hijos, muestran una sociedad muy fragmentada.

La monogamia es una construcción social[editar]

Desde las perspectivas construccionistas, la monogamia se entiende como un hecho social y cultural, es decir, una realidad construida a partir de los discursos generados dentro de un sistema político, económico y social determinado. De esto se desprende la desnaturalización de la monogamia, el romper con las teorías biológicas que determinan la monogamia como parte de la genética humana y que consideran imposible (o no conveniente) la existencia de otras prácticas sexuales y afectivas diferentes a la monogamia.

Entender la monogamia como una construcción social permite la aceptación de otros tipos de relación y evita la criminalización de otras prácticas como podría ser el poliamor, la poligamia u otros tipos de relaciones afectivo-sexuales libres que no están definidas, pero que sin tener nombre existen.[8]

Contracrítica[editar]

Sanidad sexual[editar]

Los defensores de la monogamia sostienen que es una forma que permite mayor sanidad sexual, en referencia a las infecciones de transmisión sexual.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

[9] [10]

  1. Parash P., David and Lipton, Judith E. The Myth of Monogamy: Fidelity and Infidelity in Animals and People. 2001. New York. Henry Holt and Company LLC.
  2. P. BARASH, DAVID; E. LIPTON, JUDITH, 2003. El mito de la monogamia; la fidelidad y la infidelidad en los animales y en las personas. Madrid, Ed. Siglo XXI de España Editores, S.A. 377 p.
  3. P. BARASH, DAVID; E. LIPTON, JUDITH, 2003. El mito de la monogamia; la fidelidad y la infidelidad en los animales y en las personas. Madrid, Ed. Siglo XXI de España Editores, S.A. 377 p.
  4. Ford, C.S.; Beach, F. 1951. Patterns of Sexual Behaviour. New York. Harper & Row
  5. Murdoch, G.P. 1949. Social Structures. London. Macmillan
  6. MIRANDA M. LIM, ZUOXIN WANG, DANIEL E. OLAZÁBAL, XIANGHUI REN, ERNEST F. TERWILLIGER3 & LARRY J. YOUNG. 2004. "Enhanced partner preference in a promiscuous species by manipulating the expression of a single gene". Nature 429, 754 - 757; doi:10.1038/nature02539
  7. VERA-GAMBOAR, L. 1998. Historia de la sexualidad, Rev Biomed (1998), 9, 116-121
  8. Fonamentant les bases d’una lluita anticapitalista contra la cultura monògama
  9. BARASH, DAVID,P.;LIPTON, JUDITH,E. 2003. El mito de la monogamia; la fidelidad y la infidelidad en los animales y en las personas. Madrid, Ed. Siglo XXI de España Editores, S.A. 377 p.
  10. VERA-GAMBOAR, L. 1998. Historia de la sexualidad, Rev Biomed (1998), 9, 116-121

Enlaces externos[editar]