Magnetófono de casete

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Magnetófono de casete.

Se trata de un sistema de reproducción o grabación magnética analógica de sonido.

Es un equipo reproductor/grabador de cintas de casete, es decir, de cinta magnética de audio de formato de casete compacto.

También recibe el nombre de pletina, grabador, radiograbador o, simplemente, pasacasete.

Los grabadores de casete que facilitaban la duplicación de grabaciones, combinando una pletina reproductora con otra grabadora, se llamaban equipos de doblepletina (doble casetera en algunos países). Estos equipos de doblepletina podían duplicar la copia o en tiempo real o a una velocidad superior.

Las casas encargadas de realizar copias comerciales en casete utilizaban unos equipos conocidos como duplicadores de casete que podían hacer correr la cinta a 16, 32 o 64 veces la velocidad normal.

A finales de los 1970s, la compañía japonesa TEAC comercializó un grabador multipista en casete. Lo denominó portaestudio.

Características del portaestudio:
  • La cinta corría al doble de la velocidad normal (9,5 cm/s).
  • Permitía la grabación de 4 pistas y, como en los magnetófonos multipista, cada pista podía grabarse por separado.
  • Permitía la grabación sincrónica.

Evolución histórica[editar]

En 1963, la casa Philips lanzó al mercado los primeros reproductores-grabadores para cintas de casetes y las primeras cintas.

El casete tenía sentido porque el magnetófono no era un equipo de fácil transporte ni portátil, el casete, de mucho menor tamaño y compacto, quería solventar estos problemas y buscar esa franja de mercado que no estaba siendo cubierta.

Este casete compacto (como se llamó originalmente) fue patentado en 1964 por la división en los Países Bajos de la Philips Company, pero el nuevo invento no adquirió relevancia hasta un tiempo después.

La drástica reducción de tamaño de las cintas de casete con respecto a la cinta de bobina abierta, en sus inicios, se tradujo en una calidad más pobre de sonido.

La viabilidad comercial del nuevo invento se fue introduciendo lentamente. Manteniendo el estándar patentado, se buscaron desarrollos que permitieran mejorar la calidad de sonido y facilitasen su aceptación sin reservas por parte de los usuarios.

Al principio, finales de los 60 y principio de los 70, era tan pobre la demanda, que incluso se lanzaban los álbumes de música en casete después de que se hubieran puesto a la venta los LP. Este hecho es equivalente a lo que ocurre hoy en día con el cine, que primero se estrena en la gran pantalla y tras un periodo se pone a la venta el DVD.

La poca demanda explica por qué los primeros casetes tenían inhabilitada la función de grabar, siendo sólo reproductores no grabadores.

La calidad del sonido del casete mejoró notablemente con la introducción de los sistemas de ruido Dolby, lo que atrajo a nuevos consumidores y las firmas Ampex, Sony y TDK empezaron a producirlos en masa.

Sony, a mediados de los 70, patentó un nuevo formato de casete llamado Elcaset. Las principales diferencias, con respecto al formato estándar de 1/8 de pulgada eran:

  • La cinta era el doble de ancha (1/4 pulgada = 6 mm).
  • Debía reproducirse al doble de velocidad (9,5 cm/s).

Aunque la calidad ofrecida por Elcaset era muy superior a la del formato 1/8 de pulgada, el sistema de Sony no pasó de ser una mera curiosidad. Había llegado demasiado tarde, justo cuando el formato de 1/8 de pulgada estaba en pleno apogeo.

A finales de los 70, la compañía japonesa TEAC comercializó un grabador multipista en casete. Lo denominó Portaestudio.

Las características del portaestudio eran:

  • La cinta corría al doble de la velocidad normal (9,5 cm/s).
  • Permitía la grabación de 4 pistas y, como en los magnetófonos multipista, cada pista podía grabarse por separado.
  • Permitía la grabación sincrónica.

En 1980 apareció la cinta de metal de mayor calidad y las compañías discográficas empezaron a lanzar simultáneamente los discos de vinilo y las cintas de casete.

Paralelamente empezaron a aparecer los walkmans (pequeños reproductores de casetes portátiles con auriculares) que permitían al usuario escuchar su música en cualquier momento y en cualquier lugar. Los modelos de walkman además empezaron a incorporar sintonizadores de radio AM/FM, agregando aún más diversidad a lo que un usuario podría programar.

Los walkmans protagonizaron en aquella época la misma revolución social que, hoy por hoy, los reproductores de mp3. El usuario podía grabar en una cinta la selección de música que creyera oportuna y llevarla allí donde quisiera.