Máximo Paz (Santa Fe)

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Máximo Paz
Ciudad y municipio de Argentina
Máximo Paz
Máximo Paz
Localización de Máximo Paz en Provincia de Santa Fe
Coordenadas: 33°29′00″S 60°57′00″O / -33.4833, -60.95Coordenadas: 33°29′00″S 60°57′00″O / -33.4833, -60.95
Idioma oficial Español
Entidad Ciudad y municipio
 • País Bandera de Argentina Argentina
 • Provincia Bandera de Provincia de Santa Fe Santa Fe
 • Departamento Constitución
Pte. Comunal Iván Camats, (Frente Santa Fe para Todos)
Eventos históricos  
 • Fundación 14 de enero de 1890 (Marcelo Paz)
Superficie  
 • Total 294 km²
Altitud  
 • Media 78 msnm
Población (2001)  
 • Total 3566 hab.
 • Densidad 12,13 hab/km²
Gentilicio paceño/a
Huso horario UTC -3
Código Postal 2115
Prefijo telefónico 03460
Sitio web oficial
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Máximo Paz es una localidad del Departamento Constitución, Provincia de Santa Fe, República Argentina. Se encuentra a la vera de la Ruta Provincial 90 entre los distritos de Alcorta y Santa Teresa. Dista 245 km de la capital provincial: la ciudad de Santa Fe y 70 km de la cabecera departamental: la ciudad de Villa Constitución. Se ubica a 12 km de la Ruta Nacional 178, conectándose con la ciudad bonaerense de Pergamino de la cual dista 75 km.

Fue fundada el 14 de enero de 1890 por Marcelo Paz, que dio al pueblo el nombre de su hermano Máximo, quien fuera Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

Su población está compuesta mayormente por descendientes de italianos y españoles, aunque otras etnias también contribuyen a la identidad paceña.

La economía es agrícola-ganadera en mayor proporción y también existen algunas pequeñas fábricas de pocos empleados. Cuenta con niveles de enseñanza Pre-Escolar, Primario, Secundario y Terciario.

En otros tiempos fue Capital provincial del Carnaval, pero en 2005 ese evento no reviste la importancia de antaño.

Fiestas Patronales[editar]

Todos los 29 de septiembre se llevan a cabo las Fiestas Patronales. Su Santo Patrono es "San Miguel Arcángel".

Ferrocarril[editar]

Parajes[editar]

  • Campo Croccenzi
  • Colonia Alcorta
  • Colonia La Lectura
  • Colonia La Placense
  • Colonia Norte
  • Colonia Othil

Véase también: Grito de Alcorta

Grito de Alcorta[editar]

El 25 de junio de 1912, los colonos y el Cura Párroco Netri, de la localidad, junto con los de Alcorta, comenzaron una huelga de 45 días, logrando que más de 100.000 agricultores de las provincias de Bs. As. , La Pampa y la propia Santa Fe se adhirieran.

Los arrendatarios y subarrendatarios de la localidad, tuvieron un brillante rol en la huelga agraria, como los colonos de los campos de la "Cía. subarrendadora Donadeu, Rodeiro y Conde". Los campos subarrendados por el "capanga" Rodeiro, los trabajaban colonos catalanes e italianos. Manuel Sales se destacó por su entusiasmo e inteligencia durante el proceso gremial. Y muy importante la acción del anarquista Francisco Capdevilla, personaje de intenso perfil ideológico y gremial. Tenía sólo 25 años de edad cuando empezó a trabajar para los subarrendadores Donadeu, Rodeiro y Conde. Poco tiempo había transcurrido desde su llegada a Máximo Paz, cuando supo que los colonos de Firmat estaban agremiados. Así se solidariza con los colonos de Alcorta y de Firmat. Fue a Alcorta y trabó amistad con Francisco Bulzani, con los hermanos Menna, Caporalini y Gasparini.

Con su labor doctrinaria, el catalán Capdevilla logró muchos adeptos, formando una comisión con las colonias de Bigand, Alcorta, Firmat, Carreras, Máximo Paz y Santa Teresa.

El 20 de julio de 1912, se realizó una asamblea de colonos en la chacra que arrendaba Capdevilla, en la que actuaron como dirigentes Manuel Sales y Ludovico Fauda. En aquella reunión clandestina, pues la policía buscaba a Capdevilla, el catalán de esta historia dijo: “Ya hemos cumplido la primera etapa. La huelga ya anda en Alcorta, y seguramente llegará a Máximo Paz. Para ello hay que distribuirse el trabajo. Cada chacra debe ser un miembro del comité de huelga”.

La chacra de Capdevilla está llena de agricultores, que, mal abrigados y peor alimentados se aprestaban para iniciar una etapa decisiva. En la tranquera de la finca, Capdevilla dispuso que dos colonos con sus correspondientes escopetas, monten guardia. Al siguiente día, se supo que en la chacra de Capdevilla se había realizado una reunión de colonos. Manuel Rodeiro, a quien Capdevilla le trabajaba el campo, era un caudillo lugareño que había estado al servicio del oficialismo hasta 1912 en que debido al triunfo de la Unión Cívica Radical, se pasó, por conveniencia, a sus filas. Amigo de la policía de campaña, comprendiendo que el catalán Capdevilla agitaba a los campesinos de sus campos, resolvió hacerlo perseguir por la policía, la cual no pudo atrapar al destacado dirigente, porque desempeñaba actividades lícitas y constitucionales, como el derecho a agremiarse en defensa de sus intereses. En una oportunidad, Rodeiro le envió un emisario invitándolo a conversar en su domicilio particular, con el propósito de tenderle una celada y de sobornarlo. Capdevilla, que nada tenía de tonto ni de necio, le replicó al emisario: “Dígale a don Rodeiro que él bien conoce el camino que conduce hasta mi chacra. Que si quiere verme y tiene interés en conversar conmigo, que venga hasta aquí. Lo esperaré con mucho gusto en la chacra. A no ser que tenga miedo o escrúpulos de que se sepa en el pueblo que alternó con un anarquista”.

Manuel Rodeiro no era hombre de quedarse atrás ni de amedrentarse. Informado de la cortante respuesta que Capdevilla le había dado a su enviado, de inmediato se encaminó hasta la chacra. El catalán lo dejó entrar. Y cuando estuvieron en el corredor, Rodeiro le extendió su mano, y le habló con buenos modos a Capdevilla. Cuando entraron en el tema de la huelga, Rodeiro trató de persuadir a Capdevilla para que abandonara su tarea, a lo que el catalán le replicó: “Usted se equivoca, señor Rodeiro. Yo no soy ni político ni oportunista. Soy hombre de lucha. Continuaré bregando por mis hermanos de clase. Pero recuerde siempre que la solución de la huelga de sus colonos, yo entre ellos, está en sus propias manos. Rebaje usted el precio de los arrendamientos; firme nuevos contratos y verá de qué manera tan simple y sencilla llegará a un acuerdo y sus colonos le cantarán loas, agradecidos”. Rodeiro se retiró de la chacra, convencido de que su principal enemigo era Capdevilla, que había logrado constituir una comisión de huelga, especie de intersindical moderna integrada por: Francisco Capdevilla, Francisco Bulzani, Manuel Sales, Ludovico Fauda, Ramón Biladrich, Francisco Pedia, Francisco Menna, Francisco Caporalini y Jisé Ita.

Entre Capdevilla y Rodeiro había un abismo temerario. El 9 de julio en el pueblo de Máximo Paz celebrábase jubilosamente las efemérides de la independencia nacional. La huelga había quedado relegada a un segundo término. Capdevilla aprovechó la oportunidad de dicha celebración para trasladarse desde su chacra hasta el pueblo. Se metió en uno de los clásicos boliches de campaña, en la esquina de la plaza del pueblo. En ese preciso instante, la charanga policial del pueblo hizo oír los sones del Himno Nacional Argentino. Los parroquianos que estaban sentados se pusieron de pie y se sacaron sus sombreros, todos, menos el chacarero Capdevilla que permaneció sentado con la cabeza sin descubrir. Manuel Rodeiro se informó del gesto de Capdevilla y le indicó a un policía que se acercara a Capdevilla y lo increpara por no haberse quitado el sombrero. El policía, se le acercó a Capdevilla para que explicara su actitud. Capdevilla no acató nada. Su posición no fue la correcta, propia de los anarquistas. El catalán se retiró del boliche en compañía del colono Manuel Sales y cuando habían andado varias vueltas, Capdevilla le expresó: “Gente ingenua, gente tonta y estúpida. Lo que sucedió hace un momento fue una provocación de Rodeiro. Buscaba camorra pero no le di con el gusto de pelearme con ellos. Los anarquistas peleamos cuando queremos. A otro perro con ese hueso”.

Dos hechos muestran el grado de violencia de la huelga en Máximo Paz. A fines de julio se realizó una reunión de colonos en la Plaza, invitados por la Comisión de Huelga, y habla Capdevilla sobre los colonos y sus justas reivindicaciones. Pero bien pronto, le salió el anarquista que había en su mente y en su corazón, y dijo: “La revolución social está en marcha; ya se acerca del brazo de la ciencia y el progreso. Levantemos entonces la mirada y empuñemos el rojo pendón de la libertad y de la justicia; sublime enseña de nuestra redención. Rompamos para siempre las gruesas cadenas que oprimen a los hombres y mujeres de tiempos remotos en la historia de la humanidad. No más esclavitud; no más sirvientes de los poderosos”.

En sus memorias, Capdevilla, dice que no pudo concluir su discurso, pues la policía incitada por Manuel Rodeiro, arremetió en contra de los parroquianos allí reunidos, golpeando a unos y deteniendo a otros, menos a la presa codiciada: el catalán huyó hábilmente en cuanto se percató de la peligrosa situación.

El 26 de julio los huelguistas, cuyos reclamos no tenían eco en Manuel Rodeiro y otros terratenientes de la zona, se reúnen en la chacra de Capdevilla, que se había convertido en el blanco de los comentarios. La policía estaba informada de que se habría una asamblea en la chacra del catalán, por lo que sin ser vistos, penetraron a la misma, y se escondieron en pajonales cerca de un arroyo que bordeaba el campo de Capdevilla. Al comenzar la asamblea, la policía se acercó hasta la puerta de la chacra, por lo que, al finalizar la misma, el primer huelguista que entró en la chacra, escuchó una voz potente: “¡Alto, que nadie se mueva porque hacemos fuego!”. Los colonos no se amedrentaron. Corrieron, y se escondieron detrás de una parva, mientras la policía vociferaba: “Esta vez no se salva nadie. También caerá ese catalán revoltoso”. Se produjo una batalla campal. La resistencia entre colonos y policía fue prolongada. Corridas, gritos y escopetazos que buscaban los cuerpos de los policías, los cuales vencidos se refugiaron en los pajonales. Desde allí, se les ocurrió a las fuerzas del “orden público” una idea criminal: prender fuego a una parva. Los agricultores, perseguidos y atónitos, corrieron hacia la tranquera para ganar el camino, pero allí nueve de ellos fueron detenidos por las fuerzas policiales, y recluidos en los calabozos de la comisaría de campaña. El colono más castigado fue Ludovico Fauda, herido de gravedad.

Francisco Capdevilla escapó sin dejar rastros. Al día siguiente, Manuel Rodeiro, le envió el siguiente telegrama al Ministro de Gobierno de la provincia de Santa Fe: “Máximo Paz, 27 de julio de 1912. Señor Ministro de Gobierno. Ayer fueron asaltados los colonos que trabajaban en nuestra colonia por huelguistas armados. Estos se han resistido a la policía habiendo sido tomados presos nueve de ellos y sus armas. Pedimos a S.S. se sirva tomar medidas para garantir la libertad de trabajo, pues la mayoría de los colonos quieren trabajar, pero grupo de huelguistas armados cometen actos de violencia impidiendo trabajar al colono laborioso. Este hecho lo hemos comunicado al señor jefe político. Saludámosle atentamente. Donadeu, Rodeiro y Conde”. Mediante tan infame telegrama, los subarrendadores Donedeu, Rodeiro y Conde, pretendían justificarse ante la historia, sin percatarse que alguna vez habría de comentarse la realidad de los hechos.

Mientras tanto, los agricultores que había sido detenidos por la policía en el asalto a la chacra de Capdevilla fueron trasladados a Villa Constitución y, desde allí, a la Jefatura de Policía de Rosario, quedando presos e incomunicados. Los detenidos por la policía fueron: Manuel Sales, Manuel Baldrich, Francisco Pedia, José Pardiñas, Baldomero Pueyrredón, José Berbecé, José Perec y José Baldomar, responsables en la Comisión de Huelga de Máximo Paz, presidida por el infatigable Francisco Capdevilla.

Los referidos colonos estuvieron presos quince días hasta que, por gestiones realizadas por el doctor Daniel J. Infante, fueron puestos en libertad bajo su fianza. Debemos acotar que el doctor Daniel J. Infante luchó mucho y bien para que se constituyera la Federación Agraria Argentina. Como Intendente Municipal de Rosario, gestionaba diariamente la libertad de colonos detenidos por la policía al servicio de los caudillos lugareños, de los terratenientes y del gobierno de Menchaca.

Tras grandes sacrificios, finalmente, los agricultores de Máximo Paz impusieron sus condiciones de trabajo sobre la base de contratos nuevos, con mejores remuneraciones para los agrarios. No obstante esta situación, ni Rodeiro ni los terratenientes de la zona le perdonaron al catalán Capdevilla, su obstinada brega que culminó con el triunfo de la causa agraria en dicha localidad.

Francisco Capdevilla, miembro de la filial de la Federación Obrera Regional Argentina, FORA, continuó su brega por la justicia social.

Durante una asamblea realizada en Máximo Paz habló en nombre de la FORA, meses después de haber concluido la huelga agraria. La policía arremetió contra los organizadores de dicho acto, y esta vez sí lograron detener a Capdevilla que, sin forcejeos, se entregó a sus verdugos. Primero se le confinó en un calabozo del pueblo, donde le hicieron objeto de malos tratos. Posteriormente lo trasladaron hasta Rosario, donde fue sometido a la justicia para ser procesado por el delito de profesar ideas “extranjeras”, así reza en alguna parte del juicio a que fue sometido. La oportuna y rápida intervención del doctor Daniel J. Infante, y del gobernador Menchaca, hizo posible la modificación de la sentencia que aún no había sido dispuesta por el juez, pues se pensó en aplicarle la Ley de Residencia y expulsarlo de la República.

Tras recuperar su libertad bajo fianza, Francisco Capdevilla regresó a Máximo Paz. Fue recibido por gran cantidad de colonos, amigos y correligionarios políticos. No era ya el mismo hombre de antes. Le habían vejado y torturado brutalmente. Y un día de 1913, juntamente con su fiel amigo Manuel Sales, se alejaron del pueblo, no sin antes realizar una función de teatro en que se puso en escena la obra “Madre Tierra” de ideología anarquista. Dicha función fue suspendida por la policía casi al final del drama de carácter social y agrario. Francisco Capdevilla tomó el tren que lo condujo nuevamente hasta Rosario, de donde jamás regresó a las zonas agrarias. Manuel Sales en sus apuntes históricos sobre la huelga agraria de 1912, escribió: “Capdevilla fue mi gran amigo. Luchador e idealista, sólo la cárcel logró aplastarlo. Recuerdo que cuando estuvo preso en Rosario organizó una sublevación de reclusos, algunos de los cuales lograron fugarse. Sin duda, fue un revolucionario que difundía sus ideales anarquistas, convencido del inevitable advenimiento de una nueva sociedad llena de amor y de justicia”. [1]

Enlaces externos[editar]