Lodovico Ferrari

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Ludovico Ferrari fue un matemático italiano, nació en Bolonia, Italia, el 2 de febrero de 1522 y murió en la misma ciudad envenenado de trióxido de arsénico por su hermana el 5 de octubre de 1565.

Al igual que Rafael Bombelli, fue un estudioso de las matemáticas y en unión de otros colaboradores, siendo el más importante de ellos Cardano, llegó a ser uno de los mayores representantes de la escuela de Bolonia, que se dedicaba principalmente al estudio del álgebra, con lo que le llegó al descubrimiento de la resolución algebraica de la ecuación general de cuarto grado.

Dio también la demostración de la fórmula para resolver ecuaciones de tercer grado.

El abuelo de Lodovico Ferrari, Bartholomeo Ferrari, desde Milán se mudó a Bolonia por culpa de la guerra. En el norte de Italia en aquella época las ciudades estaban en poder de grandes familias o bien dependían de los Estados Papales. Pero también los franceses y españoles luchaban por estas posesiones. En esta turbulenta época nació Ludovico hijo de Alexandro Ferrari. Inicialmente se educó en casa, después cuando su padre murió, Lodovico se fue a vivir con su tío Vincenzo. Un hijo de éste y primo de Lodovico se fue a Milán y empezó a trabajar en casa de Cardano, aunque al poco tiempo se volvió a su casa. Cuando Cardano contactó con Vincenzo para tratar de que éste volviera, Vincenzo aprovechó para mandarle en su lugar a su sobrino Ludovico.

Así fue como Ludovico llegó a casa de Cardano con 14 años y se convirtió en su sirviente. Cardano pronto descubrió que Ludovico sabía leer y escribir y lo tomó como secretario para que le escribiera sus propios libros. Pronto se dio cuenta de que también Ludovico aprendía con rapidez y empezó a enseñarle matemáticas. Ferrari escribía todos los manuscritos de Cardano y cuando cumplió 18 años empezó a enseñar a otros. Cuando Cardano renunció a su puesto en la fundación Piatti Foundation de Milan en 1541, Ferrari fácilmente ganó este puesto en debate con un rival y a la edad de 20 empezó a enseñar geometría.

Cardano y Ferrari estudiaron la solución de las cúbicas que Tartaglia les había comunicado. Ellos resolvieron los problemas que Zuanne da Coi había propuesto y escribieron los casos en que podía presentarse una cúbica con coeficientes positivos. En este proceso, Ferrari descubrió también la solución general de la cuártica en 1540, con un bello argumento reducía el problema a resolver una cúbica por el método de Tartaglia. Como Cardano había jurado a Tartaglia que no publicaría la solución de las cúbicas, estos no podía publicar tampoco las cuárticas que dependían de la solución de aquellas.

Entonces ambos viajaron a Bolonia donde se decía que el profesor Scipione del Ferro, muerto desde hacía algunos años, había logrado resolver algún caso particular de la cúbica. Allí visitaron al yerno de este último, Annibale de la Nave, que ahora ocupaba su puesto de profesor de matemáticas en la universidad de Bolonia. Parece ser que éste les enseñó unos supuestos manuscritos de del Ferro donde se encontraba una forma de resolver un caso de la cúbica. Decidieron que Tartaglia no era el primero en descubrir la solución de la cúbica y que Cardano estaba eximido de su promesa a Tartaglia. Curiosamente estos supuestos manuscritos nunca fueron publicados y hoy día no existen en ninguna parte.

A continuación, Cardano aunque no era descubridor de ninguna de ellas publicó la solución de las cúbicas y de las cuárticas en su famoso libre Ars Magna (1545). Este libro marcó un hito importante en la historia de las matemáticas italianas ya que influyó y fue estudiado por casi todos los matemáticos posteriores durante varios siglos. Sin embargo, este libro ejemplo de plagio, marcó con la desgracia a sus dos protagonistas, Cardano y Ferrari, que murieron de forma trágica y violenta.

Tartaglia enfureció y escribió a Cardano en repetidas ocasiones, no siendo contestado por éste. en su lugar, Ferrari escribió a Tartaglia retándolo a un duelo público o debate matemático tan popular en aquellos tiempos del Renacimiento. Estos debates se hacían con notario y propuestas de problemas por ambos contendientes. Tartaglia no quería disputar con Ferrari, ya que lo consideraba un actor segundón.

En esto se equivocó Tartaglia que, después de un año de cruzarse cartas e insultos con Ferrari sin recibir contestación del propio Cardano, tuvo que aceptar el reto de Ferrari. En efecto, Tartaglia cuya situación económica nunca fue buena, recibió una atractiva oferta de trabajo de su propia ciudad Brescia. Pero le ponían como condición que aceptara el reto, que ya se se había hecho famoso, con Ferrari.

El 10 de agosto de 1548, el esperado debate tuvo lugar en la iglesia y los jardines de Frati Zoccolanti en Milan. Una gran multitud se congregaba y todos los notables de la ciudad estaban pendientes de su resolución, incluido el gobernador de Milán (dependiente de la corona española), Don Fernando de Gonzaga, que era el juez último. Aunque Tartaglia tenía experiencia y había ganado otros debates, Ferrari tenía un mayor conocimiento de los problemas práctios de cúbicas y sobre todo cuárticas que el mismo había resuelto para el libro de su jefe Cardano.

Tartaglia con menos carácter y más edad pronto, se dio cuenta que el público celebraba cada acción de su oponente y que el mismo no sabía resolver algunos de los problemas que implicaban cuárticas. Decidió abandonar Milán durante la noche sin espera a concluir el debate en que finalmente se declaró vencedor a Ferrari. Como consecuencia de este hecho Ferrari ganó fama y tuvo muchas ofertas de trabajo, incluida una del propio emperador, que deseaba un tutor para su hijo. Ferrari nunca volvería a trabajar en matemáticas.

Ferrari consiguió un puesto como asesor de impuestos del gobernador de Milán, Ferrando Gonzaga. Se retiró joven y rico a su ciudad natal Bolonia donde vivió con su hermana viuda Maddalena. En 1565, se le ofreció una plaza de profesor en la universidad de Bolonia pero desgraciadamente Ferrari murió ese mismo año. Se dice que envenenado con arsénico, por su propia hermana. Según Cardano, su hermana no lloró en su entierro y habiendo heredado la fortuna de éste se volvió a casar a las pocas semanas.