Laicidad

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Laicidad no es un término unívoco, pues si para algunos[¿quién?] significa mutuo respeto entre Iglesia y Estado fundamentado en la autonomía de cada parte, para otros[¿quién?] se insiste en la no inclusión de la influencia religiosa en la vida social;[1] para otros se trata de una modalidad de Laicismo. Es una palabra aceptada en un amplio sector del discurso filosófico, político, social y religioso.[2]

Índice

Problemas del término [editar]

Está en discusión una distinción terminológica entre «laicidad» y «laicismo», algo que propugna Gregorio Peces-Barba Martínez, uno de los «padres" de la Constitución española, en un artículo sobre «Laicidad y laicismo»: «A la ignorancia en muchos casos y a la manipulación, en otros, obedece la confusión sobre la necesaria distinción entre ambos términos que se plantea en uno de los procesos históricos más relevantes que es el de la secularización»[3] </ref>. Para la Real Academia Española el término laicidad alude a la condición de laico o a la defensa y el ejercicio de la separación entre las sociedades civil y religiosa,[4] sin embargo algunos no ven la necesidad del término, o no la admiten, o lo admiten pero con ciertas salvedades, como Fernando Savater, que aunque no habla en [4] de la discusión terminológica entre laicidad y laicismo sino de la que hay entre aconfesionalidad y laicidad, sí argumenta que tales discusiones son interesadas y utilitaristas - la gente utiliza uno u otro término en base a lo que le interesa sacar de ahí. En [5] el mismo Savater defiende que «La laicidad (que en buen castellano se llama laicismo) no necesita apellidos que la desvirtúen: "laicidad positiva" pertenece a la misma escuela que "sindicatos verticales" o "democracia orgánica".» Y cita la opinión del profesor Jean Baubérot según la cual el concepto de «laicidad positiva» no es sino una forma de clericalismo, confesional pero no confeso.

En el citado artículo Peces-Barba habla del origen religioso de la palabra secularización, cuando se rompió esa unidad religiosa o control de la Iglesia sobre actividades que ahora se van reafirmando como seculares; y lo bien que acogió este proceso moderno tanto las iglesias protestantes como las iglesias francesa y alemana católicas, en contraste con la oposición de los documentos magisteriales católicos del siglo XIX (prácticamente, hasta el Concilio Vaticano II ha habido esta divergencia. Ese proceso tiene un momento álgido en la Ilustración, con una libertad de pensamiento, de «luces» propias, que va configurando unas Constituciones democráticas en los Estados modernos, donde se va plasmando esa separación Iglesia-Estado. Esta opinión aboga porque este proceso tiene su «dimensión político-jurídica, la laicidad»,[5] que es fundamento de respeto de ese orden conseguido, al que se quiere atacar desde distintos frentes.

Se habla también de que hay dos visiones del término, según el enfoque religioso:

a) El «prorreligioso» defiende la «laicidad positiva» y la distinción terminológica entre «laicidad» y «laicismo». El problema de esta palabra, "Laicidad", es que tiene para muchos connotaciones cristianas, como defensa frente a la ofensiva laicista., porque tiene un componente de secularidad (presencia en el mundo)y al mismo tiempo de respeto a la libertad religiosa. Desde que la palabra "laicismo" se usa en el sentido negativo de negar la influencia religiosa en la vida pública (sobre todo está presente en la cultura francesa) se ha acuñado este término, que en algunos diccionarios tiene ese sentido negativo.[6] A este último se le califica de «negativo», en ocasiones de «radical» y en algún caso de «forma encubierta de ateísmo de Estado». Se afirma que no puede haber una "neutralidad" en el sentido de exclusión del aspecto religioso en la vida pública y social, pues es parte constitutiva de los derechos sociales de la persona. No hay confesionalismo por parte de muchos Estados modernos occidentales, pero se ve la importancia de respetar la libertad para que los miembros de la sociedad puedan aportar sus creencias al bien común.[7]

b) El laicista, que defiende la estricta "neutralidad" del Estado en materia religiosa; considera que «laicismo» y «laicidad» son sinónimos y critica la «laicidad positiva» (a la que en algunos casos califica de «clericalismo encubierto») por considerar que rompe esa "neutralidad".

Desarrollo histórico de la laicidad [editar]

Es un término complejo, que fácilmente se puede asimilar a otros como laicismo por unos, y por otros, como se ha dicho, significar una emancipación de la libertad religiosa con respecto al poder civil; hay múltiples formas de entender el término, y por eso es bueno considerar su génesis histórica. Laico es que no es clero ni estado religioso, en una primera acepción, la más básica. En cierta forma, durante los siglos medievales surge en el término un sentido de oposición a este estado religioso, para tomar el sentido moderno de enclaustramiento de lo religioso al ámbito personal. El problema es llevar la separación entre el Estado y la Iglesia a una discriminación de uno con respecto a otro, de ahí el equilibrio que hay que buscar. Se hacen las preguntas: ¿tiene voz una confesión religiosa para aportar algo a la vida social, a los ciudadanos? En estos años primeros del siglo XXI, se ha focalizado la atención sobre la manifestación pública de los símbolos religiosos, tanto el velo de las mujeres musulmanas como el crucifijo en los lugares públicos, entre otros ejemplos de búsqueda de esa conciliación.

En los países latinos puede tener la palabra laico la connotación de "no religioso", "a-religioso", como es el caso de la política italiana y así el política laica tiene según esa visión un modo de concebir la ética o moral, y las diversas formas de pensamiento. Algunas voces[¿cuál?] han denunciado esa connotación[8]

Sentido positivo de laicidad [editar]

"Laicidad" puede significar, en positivo, superar esas tensiones antiguas de "poder civil" opuesto a "poder religioso", es decir no subyugar un aspecto al otro, pues las áreas civiles y religiosas pertenecen igualmente a la persona en su carácter público. Así, toda forma de (cesaropapismo) quedaría superada[9] y también una respuesta -¡por fin!- por parte de la Iglesia (Concilio Vaticano II, Decreto sobre la libertad religiosa) a la justa autonomía de la esfera civil, y de los laicos, en el orden político y social. Para los creyentes, en pocas palabras, se trataría de sustituir el sueño de la "teocracia" (gobierno con "censura" religiosa) a una aspiración de "teocentrismo": uno, libremente, puede albergar la luz de Dios en su interior, y con ella iluminar a su alrededor, sabiendo que la propia libertad acaba donde comienza la libertad de los demás.

Sentido negativo de laicidad [editar]

Así como puede aparecer una forma de "creer sin pensar": la sistemas teocráticos, que no reconoce la dignidad de la persona, sino sólo leyes positivas reveladas (escuchar una "voz divina" que puede llevar a la guerra santa), como vemos en algunas facciones del Islam, y en la historia a algunas cristianas; también puede verse la opinión del "pensar sin creer", y ésta es la visión cristiana de esas formas de pensamiento del ateísmo postcristiano.[10]

La aparición de la sociedad "laica", ya sin basarse en el "derecho natural" crea un diálogo sobre la "racionalidad" de las cosas (el polémico discurso de Ratzinger en Ratisbona).[11]

La falta de equilibrio entre esos los ámbitos civil y religioso puede provocar que uno de ellos quiera controlar al otro, en las formas actuales.[12] Grandes pensadores como Habermas insisten en que es necesario ese equilibrio.[¿cuál?][13]

Referencias [editar]

  1. Para los primeros, ver el Concilio Vaticano II, documento Gaudium et spes. Un ejemplo de la segunda acepción en http://www.wordreference.com/definicion/laicidad Wordreference 'Laicidad'
  2. Así Peces-Barba distingue laicidad de laicismo, y también Savater llama laicidad a la autonomía de los ámbitos civil y religioso, y laicismo a la idea de una sociedad que no tome en consideración ciertas características no políticas de los ciudadanos: "¿Qué es la laicidad? Es el reconocimiento de la autonomía de lo político y civil respecto a lo religioso, la separación entre la esfera terrenal de aprendizajes, normas y garantías que todos debemos compartir y el ámbito íntimo (aunque públicamente exteriorizable a título particular) de las creencias de cada cual". Señala ahí que es un bien para las dos áreas (política y religiosa) y libera a una de caer bajo la influencia de la otra. Es decir, la influencia manipuladora de lo religioso sobre lo civil, o de lo civil sobre lo religioso. Señala que «en España, algunos tienen inquina al término "laicidad" (o aún peor, "laicismo")». Que algunos lo interpretan como un Estado que conjugue todas las formas religiosas allí existentes. Poco después dirá: "Sin embargo, el laicismo va más allá de proponer una cierta solución a la cuestión de las relaciones entre la Iglesia (o las iglesias) y el Estado. Es una determinada forma de entender la política democrática y también una doctrina de la libertad civil. Consiste en afirmar la condición igual de todos los miembros de la sociedad, definidos exclusivamente por su capacidad similar de participar en la formación y expresión de la voluntad general y cuyas características no políticas (religiosas, étnicas, sexuales, genealógicas, etc...) no deben ser en principio tomadas en consideración por el Estado". Dirá también que el laicismo no se puede conjugar, estrictamente hablando, con una monarquía, con nacionalismos (señala que "no es lo mismo ser culturalmente distintos que políticamente desiguales"), aunque por el contexto se ve que incide mucho en la situación de España[1]
  3. Ver en el periódico «El País» [2]. Quizá habría que ir viendo las connotaciones que tiene el término no sólo en las distintas formas de pensar o culturas, sino también en las diversas áreas geográficas. Para Peces-Barba el término «laicismo» refleja una actitud enfrentada y beligerante. Para Carlos René Ibacache, miembro de la Academia Chilena de la Lengua, no es así: «El laicismo no es opuesto ni contrario, ni hostil, ni indiferente; no es ateo, ni teista, ni deista, ni panteista ni agnóstico. El laicismo estima que el problema de la divinidad, fundamento de las religiones, debe resolverlo cada persona y debe ser respetado ante cualquier conclusión». Centra su exposición en el aspecto objetivo de las cosas, no la perspectiva subjetiva: «El que Dios exista no depende de que algunos crean o no en Él». Después sigue expresando: «El Estado y la Iglesia son entidades separadas por la diferencia de sus tareas. El Estado debe garantizar, mediante su ordenamiento jurídico, la convivencia pacífica entre los ciudadanos. Puesto que el Estado es laico y no confesional, su norma no debe coincidir con los conceptos específicos de ninguna religión»: [3]
  4. RAE, Diccionario de la lengua española, avance de la vigesimotercera edición.
  5. Ver el citado artículo, donde sigue diciendo que «la laicidad es una situación, con estatus político y jurídico, que garantiza la neutralidad en el tema religioso, el pluralismo, los derechos y las libertades, y la participación de todos», mientras que ahí recoge la palabra "laicismo" como algo malo para esos derechos conquistados, y pone.
  6. 'Laicitat' en Diccionari de la llengua catalana
  7. Sigue habiendo Estados confesionales en Europa y tendencias a favor del confesionalismo en algunos países occidentales (en particular, en Estados Unidos).
  8. Discurso de Benedicto XVI al 56 Congreso Nacional de la Unión de Juristas Católicos Italianos(9-12-2006) en vatican.va
  9. Es responder a la frase evangélica de "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"
  10. http://es.catholic.net/empresarioscatolicos/464/1839/articulo.php?id=36984 Laicidad ¿Premisa o fruto? ¿Mínimo o ideal?
  11. http://www.zenit.org/article-20352?l=spanish Discurso de Benedicto XVI en Ratisbona (Zenit 13-9-2006). Este orden de la razón protege contra los dos obstáculos antes dichos. El tema es de actualidad en el debate político, social, filosófico y teológico, y los últimos Papas han entrado de lleno en él: http://books.google.es/books?id=c8UgINGfn60C&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false De Benedicto XV a Benedicto XVI, p. 117
  12. Una campaña de laicismo en los Ayuntamientos
  13. http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/letras42/textos2/sec_5.html Funciones de la religión en la sociedad civil

Véase también [editar]