Laicidad

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El significado del término 'laicidad es objeto de debate, pues si para algunos[¿quién?] significa mutuo respeto entre Iglesia y Estado fundamentado en la autonomía de cada parte, para otros[¿quién?] se insiste en la no inclusión de la influencia religiosa en la vida social;[1] para otros se trata de una modalidad o de un sinónimo de laicismo. Es una palabra aceptada en un amplio sector del discurso filosófico, político, social y religioso.[2]

Para la Real Academia Española, el término «laicidad», de reciente incorporación en su diccionario, alude a la condición de laico o a la defensa y el ejercicio de la separación entre las sociedades civil y religiosa.[3]

Está en discusión una distinción terminológica entre «laicidad» y «laicismo», en la cual hay dos enfoques principales:

  • Principalmente desde sectores cristianos se defiende la distinción terminológica. Afirman que no puede haber una "neutralidad" en el sentido de exclusión del aspecto religioso en la vida pública y social, al considerarlo parte constitutiva de los derechos sociales de la persona. De ahí que califiquen la palabra «laicismo», utilizada en el sentido de oposición a la influencia religiosa en la vida pública (sobre todo tal como está presente en la cultura francesa), de «negativo», en ocasiones de «radical» y en algún caso de «forma encubierta de ateísmo de Estado». En el mismo sentido hablan de «ofensiva laicista». Frente al laicismo, pues, defienden el uso del término «laicidad», al que atribuyen un componente de secularidad (presencia en el mundo) y al mismo tiempo de respeto a la libertad religiosa. Defienden asimismo la «laicidad positiva», que sería una forma de secularismo que incluye ayudas estatales a las principales organizaciones religiosas del país.
  • Desde sectores laicistas se defiende la estricta neutralidad del Estado en materia religiosa y se considera que los términos «laicismo» y «laicidad» son sinónimos o que se refieren a lo mismo (siendo «laicidad» el carácter de laico y «laicismo» aquello que es favorable a lo laico). Critican asimismo el concepto de «laicidad positiva» (al que consideran como una forma de «clericalismo encubierto») por considerar que rompe esa neutralidad.

A favor de la distinción terminológica[editar]

Gregorio Peces-Barba Martínez, uno de los «padres» de la Constitución española, apoya la distinción terminológica en un artículo sobre «Laicidad y laicismo»: «A la ignorancia en muchos casos y a la manipulación, en otros, obedece la confusión sobre la necesaria distinción entre ambos términos que se plantea en uno de los procesos históricos más relevantes que es el de la secularización». Para Peces-Barba el término «laicismo» refleja una actitud enfrentada y beligerante.[4]

En el citado artículo Peces-Barba habla del origen religioso de la palabra secularización, cuando se rompió esa unidad religiosa o control de la Iglesia sobre actividades que ahora se van reafirmando como seculares; y lo bien que acogió este proceso moderno tanto las iglesias protestantes como las iglesias francesa y alemana católicas, en contraste con la oposición de los documentos magisteriales católicos del siglo XIX (prácticamente, hasta el Concilio Vaticano II ha habido esta divergencia. Ese proceso tiene un momento álgido en la Ilustración, con una libertad de pensamiento, de «luces» propias, que va configurando unas Constituciones democráticas en los Estados modernos, donde se va plasmando esa separación Iglesia-Estado. Esta opinión aboga porque este proceso tiene su «dimensión político-jurídica, la laicidad»,[5] que es fundamento de respeto de ese orden conseguido, al que se quiere atacar desde distintos frentes.

Sentido «positivo» de laicidad[editar]

Para sectores cristianos, la laicidad supone superar las tensiones históricas entre poder civil y poder religioso, es decir, no subyugar un aspecto al otro, pues las áreas civiles y religiosas pertenecen igualmente a la persona en su carácter público.

Así, quedaría superada toda forma de cesaropapismo (es responder a la frase evangélica de "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios") y también se daría una respuesta por parte de la Iglesia[6] a la autonomía de la esfera civil, y de los laicos, en el orden político y social. Para los creyentes, en pocas palabras, se trataría de sustituir el sueño de la "teocracia" (gobierno con "censura" religiosa) a una aspiración de "teocentrismo": uno, libremente, puede albergar la luz de Dios en su interior, y con ella iluminar a su alrededor, sabiendo que la propia libertad acaba donde comienza la libertad de los demás.

Sentido «negativo» de laicidad[editar]

Una crítica que se hace desde sectores cristianos al ateísmo postcristiano consiste en que, así como puede aparecer una forma de "creer sin pensar": la sistemas teocráticos, que no reconoce la dignidad de la persona, sino sólo leyes positivas reveladas (escuchar una voz divina que puede llevar a la guerra santa, o proscribir la homosexualidad en base a la interpretación de un texto sagrado), también puede verse la opinión del "pensar sin creer".[7]

La aparición de la sociedad "laica" crea un diálogo sobre la "racionalidad" de las cosas (el polémico discurso de Ratzinger en Ratisbona).[8]

En contra de la distinción terminológica[editar]

Algunos no ven la necesidad del término «laicidad», o no lo admiten, o lo admiten pero con ciertas salvedades. Es el caso del filósofo Fernando Savater, que aunque no habla en [4] de la discusión terminológica entre laicidad y laicismo sino de la que hay entre aconfesionalidad y laicidad, sí argumenta que tales discusiones son interesadas y utilitaristas - la gente utiliza uno u otro término en base a lo que le interesa sacar de ahí. En [5] el mismo Savater defiende que «La laicidad (que en buen castellano se llama laicismo) no necesita apellidos que la desvirtúen: "laicidad positiva" pertenece a la misma escuela que "sindicatos verticales" o "democracia orgánica".» Y cita la opinión del profesor Jean Baubérot según la cual el concepto de «laicidad positiva» no es sino una forma de clericalismo, confesional pero no confeso.

Para Carlos René Ibacache, miembro de la Academia Chilena de la Lengua, «El laicismo no es opuesto ni contrario, ni hostil, ni indiferente; no es ateo, ni teista, ni deista, ni panteista ni agnóstico. El laicismo estima que el problema de la divinidad, fundamento de las religiones, debe resolverlo cada persona y debe ser respetado ante cualquier conclusión». Centra su exposición en el aspecto objetivo de las cosas, no la perspectiva subjetiva: «El que Dios exista no depende de que algunos crean o no en Él». Después sigue expresando: «El Estado y la Iglesia son entidades separadas por la diferencia de sus tareas. El Estado debe garantizar, mediante su ordenamiento jurídico, la convivencia pacífica entre los ciudadanos. Puesto que el Estado es laico y no confesional, su norma no debe coincidir con los conceptos específicos de ninguna religión».[9]

Desarrollo histórico de la laicidad[editar]

Es un término complejo, que fácilmente se puede asimilar a otros como laicismo por unos, y por otros, como se ha dicho, significar una emancipación de la libertad religiosa con respecto al poder civil; hay múltiples formas de entender el término, y por eso es bueno considerar su génesis histórica. Laico es, en una primera acepción, aquel o aquello que no es clero ni estado religioso. En cierta forma, durante los siglos medievales surge en el término un sentido de oposición a este estado religioso, para tomar el sentido moderno de enclaustramiento de lo religioso al ámbito personal. El problema es llevar la separación entre el Estado y la Iglesia a una discriminación de uno con respecto a otro, de ahí el equilibrio que hay que buscar. Se[¿quién?] hacen las preguntas: ¿tiene voz una confesión religiosa para aportar algo a la vida social, a los ciudadanos? En estos años primeros del siglo XXI, se ha focalizado la atención sobre la manifestación pública de los símbolos religiosos, tanto el velo de las mujeres musulmanas como el crucifijo en los lugares públicos, entre otros ejemplos de búsqueda de esa conciliación.

En los países latinos puede tener la palabra laico la connotación de "no religioso", "a-religioso", como es el caso de la política italiana y así el política laica tiene según esa visión un modo de concebir la ética o moral, y las diversas formas de pensamiento. Algunas voces[¿cuál?] han denunciado esa connotación[10]

Referencias[editar]

  1. Para los primeros, ver el Concilio Vaticano II, documento Gaudium et spes. Un ejemplo de la segunda acepción en http://www.wordreference.com/definicion/laicidad Wordreference 'Laicidad'
  2. Así Peces-Barba distingue laicidad de laicismo, y también Savater llama laicidad a la autonomía de los ámbitos civil y religioso, y laicismo a la idea de una sociedad que no tome en consideración ciertas características no políticas de los ciudadanos: "¿Qué es la laicidad? Es el reconocimiento de la autonomía de lo político y civil respecto a lo religioso, la separación entre la esfera terrenal de aprendizajes, normas y garantías que todos debemos compartir y el ámbito íntimo (aunque públicamente exteriorizable a título particular) de las creencias de cada cual". Señala ahí que es un bien para las dos áreas (política y religiosa) y libera a una de caer bajo la influencia de la otra. Es decir, la influencia manipuladora de lo religioso sobre lo civil, o de lo civil sobre lo religioso. Señala que «en España, algunos tienen inquina al término "laicidad" (o aún peor, "laicismo")». Que algunos lo interpretan como un Estado que conjugue todas las formas religiosas allí existentes. Poco después dirá: "Sin embargo, el laicismo va más allá de proponer una cierta solución a la cuestión de las relaciones entre la Iglesia (o las iglesias) y el Estado. Es una determinada forma de entender la política democrática y también una doctrina de la libertad civil. Consiste en afirmar la condición igual de todos los miembros de la sociedad, definidos exclusivamente por su capacidad similar de participar en la formación y expresión de la voluntad general y cuyas características no políticas (religiosas, étnicas, sexuales, genealógicas, etc...) no deben ser en principio tomadas en consideración por el Estado". Dirá también que el laicismo no se puede conjugar, estrictamente hablando, con una monarquía, con nacionalismos (señala que "no es lo mismo ser culturalmente distintos que políticamente desiguales"), aunque por el contexto se ve que incide mucho en la situación de España[1]
  3. RAE, Diccionario de la lengua española, avance de la vigesimotercera edición.
  4. Ver en el periódico «El País» [2].
  5. Ver el citado artículo, donde sigue diciendo que «la laicidad es una situación, con estatus político y jurídico, que garantiza la neutralidad en el tema religioso, el pluralismo, los derechos y las libertades, y la participación de todos», mientras que ahí recoge la palabra "laicismo" como algo malo para esos derechos conquistados, y pone.
  6. Concilio Vaticano II, Decreto sobre la libertad religiosa
  7. http://es.catholic.net/empresarioscatolicos/464/1839/articulo.php?id=36984 Laicidad ¿Premisa o fruto? ¿Mínimo o ideal?
  8. http://www.zenit.org/article-20352?l=spanish Discurso de Benedicto XVI en Ratisbona (Zenit 13-9-2006). Este orden de la razón protege contra los dos obstáculos antes dichos. El tema es de actualidad en el debate político, social, filosófico y teológico, y los últimos papas han entrado de lleno en él: http://books.google.es/books?id=c8UgINGfn60C&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false De Benedicto XV a Benedicto XVI, p. 117
  9. [3]
  10. Discurso de Benedicto XVI al 56 Congreso Nacional de la Unión de Juristas Católicos Italianos(9-12-2006) en vatican.va

Véase también[editar]