La Máscara de la Muerte Roja

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Ilustración para La máscara de la Muerte Roja por Harry Clarke, 1919.

La Máscara de la Muerte Roja (The Masque of the Red Death en inglés) es un cuento del escritor estadounidense Edgar Allan Poe publicado por primera vez en 1842. La historia sigue algunas tradiciones de la narrativa gótica y es analizado a menudo en una alegoría acerca de lo inevitable de la muerte. Aunque algunas críticas advierten no guiarse por una lectura alegórica, muchas interpretaciones se han presentado, así como intentos de identificar la verdadera naturaleza del título. La historia fue publicada en mayo de 1842 en Graham's Magazine.

Se filmó una película basada en el cuento Poe, llamada también La máscara de la muerte roja (1964), protagonizada por Vincent Price y Hazel Court. La banda noruega Theatre of Tragedy incluyó partes de los diálogos de esta película en la canción "And when He Falleth", de su disco Velvet Darkness They Fear (1996). La banda española "Opera Magna" incluye una canción con el mismo título basada en cuento en su álbum "Poe" (2010). Asimismo la banda salvadoreña "Clair de Lune" lanzó su canción "Victims of Selfishness" (2013) cuya letra está basada en el cuento y también untilizó la ilustración realizada por Harry Clarke como portada del sencillo, mientras que la banda peruana de rock psicodélico The Dead-End Alley Band, incluye una alusión al cuento en el sencillo Devil's Mask, de su segunda producción Odd Stories (2014), aunque en el álbum, la máscara de calavera es gráficamente representada con la máscara de la popular diablada del altiplano, mientras que en las líricas, la "Muerte Roja" es reemplazada con una sobredosis de ácidos y alucinógenos.

Resumen[editar]

La historia sucede en una región imaginaria, cuyos habitantes estaban siendo afectados por una terrible pandemia, “la Muerte Roja”, que se caracterizaba, aparte de por la velocidad con la que infectaba a las víctimas, por la gran cantidad de sangre que perdían los que la sufrían. Pero esto no le importaba mucho al príncipe Próspero, gobernador de este reino, quien decidió refugiarse, con sus amigos y cortesanos en una abadía fortificada. Aislados y ajenos a lo que ocurría en el mundo exterior, Próspero abasteció a la abadía con todo tipo de diversiones, desde bufones, músicos y bailarines a abundante comida y vino.

Tras seis meses de aislamiento, Próspero decidió organizar un baile de máscaras en su extravagante abadía. Hizo uso de los siete salones en hilera de los que dispone el recinto, sólo que, a diferencia de lo que ocurre en los palacios, en los que los salones constituyen largas perspectivas en línea recta, dejando que la mirada atraviese sin obstáculo todas las estancias hasta el fondo cuando las puertas están abiertas, las de la abadía estaban colocadas de una manera irregular, pudiéndose ver sólo una sala cada vez, sin perspectiva. Estos salones tenían dos ventanas góticas a los lados con vidrieras de color que armonizaban con el color dominante de la sala: el primero tenía vidrieras de un azul vivo y la decoración de la sala también lo era, las del segundo eran púrpuras, la sala también, el tercero era verde, el cuarto naranja, el quinto blanco y el sexto violeta. A esto se añadía que los salones no tenían luz natural, sino que estaban iluminados por unos braseros colocados justo delante de las ventanas. La norma se interrumpía con el séptimo, forrado con telas negras cuyas ventanas eran de un color rojo escarlata. La iluminación y la combinación de los colores en este salón creaban unas sombras fantásticas y siniestras, tanto que nadie se atrevía a entrar en el cuando caía la noche. En este salón había además un reloj que, cada vez que marcaba las horas, emitía un sonido tan particular que los festejos parecían detenerse hasta que el eco de las campanadas se olvidaba.

Poco después de que suenen las doce campanadas de la noche, cuando han transcurrido unas horas de este festival carnavalesco en los que todos los invitados de Próspero están ataviados con máscaras estrafalarias, aparece, entre el público, una figura que parece encarnar a "La Muerte Roja" en su disfraz, algo que Próspero considera una ofensa tal que pide que inmediatamente se desenmascare a ese invitado para revelar su identidad. Sin embargo, ninguno de los cortesanos de Próspero se atreve a acercarse a la extraña figura, y ésta, con paso lento, atraviesa los salones sin nadie que la cierre el paso. Cuando Próspero se sobrepone a la impresión que le ha causado la presencia y movido por la ira y la vergüenza de su cobardía, se lanza a la persecución de la figura blandiendo un cuchillo. La figura estaba en el séptimo salón cuando se volvió para encararse a Próspero, que estaba a apenas unos metros de ella. Entonces se oyó un agudo grito, cayó el cuchillo y, poco después, Próspero se desplomó, fulminado, en la sala. Entonces los cortesanos del príncipe entraron en la sala, se echaron sobre la figura y quedaron aterrados al darse cuenta de que, bajo la máscara, no había forma tangible alguna. Entonces comprendieron que se encontraban ante la presencia de La Muerte Roja y uno a uno fueron muriendo. Cuando todos hubieron muerto, el reloj dejó de sonar y los trípodes con los braseros se extinguieron.

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