Jitanjáfora

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Se denomina jitanjáfora a un enunciado lingüístico constituido por palabras o expresiones que en su mayor parte son inventadas y carecen de significado en sí mismas. En una obra literaria, su función poética radica en sus valores fónicos, que pueden cobrar sentido en relación con el texto en su conjunto.

El término fue acuñado por Alfonso Reyes en un artículo de 1929.[1] [2] Reyes explica que tomó la palabra de un poema del poeta cubano Mariano Brull, donde este juega con los sonidos, inventando palabras sin significado.[3] Una de ellas es jitanjáfora, como se aprecia a continuación:

Filiflama alabe cundre

ala olalúnea alífera alveolea jitanjáfora

liris salumba salífera.
Mariano Brull, Leyenda

Se han encontrado testimonios de realización de este modo de expresión poética en la poesía popular y en escritores influidos por esta, como Lope de Vega o Sor Juana Inés de la Cruz.[4]

  1. Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val= 
  2. «Las jitanjáforas», Libra, Buenos Aires, invierno de 1929.
  3. Cuenta Reyes que las hijas de Brull solían recitar poemas ante los invitados. Para sorprender a su auditorio, entre el que se encontraba Reyes, Brull escribió este poema e hizo que ellas lo recitaran. «Escogiendo la palabra más fragante de aquel racimo, di en llamar las Jitanjáforas a las niñas de Mariano Brull. Y ahora se me ocurre extender el término a todo este género de poema o fórmula verbal.» (Alfonso Reyes, La experiencia literaria, México: FCE, 3ª ed., 1983, p. 185.)
  4. Carlos Bousoño cita este ejemplo de Lope: La jitanjáfora fue cultivada por algunos artistas de vanguardia, especialmente por los dadaístas. Miguel Ángel Asturias destacó en el uso de la misma, especialmente en su obra El señor Presidente, así como Gonzalo Torrente Ballester en La saga/fuga de J. B. y Alejandra Pizarnik en la extravagante La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa.

    Véase también[editar]

    Referencias[editar]

    1. Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val= 
    2. «Las jitanjáforas», Libra, Buenos Aires, invierno de 1929.
    3. Cuenta Reyes que las hijas de Brull solían recitar poemas ante los invitados. Para sorprender a su auditorio, entre el que se encontraba Reyes, Brull escribió este poema e hizo que ellas lo recitaran. «Escogiendo la palabra más fragante de aquel racimo, di en llamar las Jitanjáforas a las niñas de Mariano Brull. Y ahora se me ocurre extender el término a todo este género de poema o fórmula verbal.» (Alfonso Reyes, La experiencia literaria, México: FCE, 3ª ed., 1983, p. 185.)
    4. Carlos Bousoño cita este ejemplo de Lope: La jitanjáfora fue cultivada por algunos artistas de vanguardia, especialmente por los dadaístas. Miguel Ángel Asturias destacó en el uso de la misma, especialmente en su obra El señor Presidente, así como Gonzalo Torrente Ballester en La saga/fuga de J. B. y Alejandra Pizarnik en la extravagante La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa.

      Véase también[editar]

      Referencias[editar]

      <references></references>