Aliteración

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Aliteración es la reiteración de estructuras consecutivas o ligeramente separadas. Dicho de otra manera, es la repetición de sonidos consonantes (fonemas) al principio de palabras o de sílabas acentuadas, como por ejemplo en el verso de Zorrilla "el ruido con que rueda la ronca tempestad".[1] En la tradición hispánica, a diferencia de la francesa e inglesa, la repetición de sonidos vocálicos también es considerada como aliteración.

Esta figura retórica consiste en el efecto sonoro producido por la repetición consecutiva de un mismo fonema, o de fonemas similares, vocálicos o consonánticos, en una oración o en un verso. En ocasiones, la aliteración suele sugerir imágenes relacionadas con los sentidos, como el sonido del viento, el del agua, o el del paso de un coche. En este caso también se puede considerar onomatopeya.

Aunque la aliteración es hoy por hoy un "embellecimiento" en la prosa y la poesía, el verso aliterativo fue un principio de estructura formal en el verso germánico antiguo.

Ecos de este recurso han permanecido en la persistencia de la aliteración en la poesía moderna alemana; como puede verse en los textos de numerosos lieder -canciones alemanas-; como en el texto de Der Nussbaum, de Mosen: Es grünet ein Nussbaum vor dem Haus, luftig duftig breitet erblätrig die Äste aus.

En su breve texto sobre las kenningar, Jorge Luis Borges comenta:

"En las historias de la literatura se lee que el verso germánico medieval constaba de dos hemistiquios: en el primero dos palabras aliteraban, es decir, empezaban con el mismo sonido; en el último, una palabra aliteraba con las dos anteriores. Esa estructura rigurosa no siempre corresponde a la realidad. Líneas como Ofer brade brimu Brytene sohtan (sobre el ancho mar buscaron a los Britanos), de la Oda de Brunanburh, donde el grupo consonántico br ocurre tres veces, son relativamente raras."

Borges Las kenningar (Nueva antología personal, Bruguera, 1980)

Una precisión con respecto a la aliteración en la poesía germánica antigua: en realidad, la aliteración propiamente dicha se refiere a la grafía; como ejemplo, adviértase que "casa" y "cesta" forman aliteración y no sólo mediante las letras "s" y "a", sino también mediante la letra "c" aunque ésta no represente el mismo sonido en una palabra y en la otra. Cuando se trata de los fonemas, lo correcto en el caso de la poesía germánica antigua y en los de las composiciones en que se haga uso del mismo procedimiento es hablar de "rima inicial"; como ejemplo, vemos que, con la pronunciación y la ortografía normativas del castellano actual, "barro" y "vena" no presentan aliteración, pero sí ocurre que la "b" de barro y la "v" de "vena" suenan igual. "Casa" y "cesta" forman aliteración, pero no presentan rima inicial. "Barro" y "vena" sí presentan rima inicial, que es lo que interesa en general, más que la aliteración en sí, en, por ejemplo, la poesía germánica antigua, dirigida sobre todo a auditorios poco o nada letrados, y que básicamente no se leía, sino que se cantaba y se declamaba acompañada por algún instrumento musical. Nótese también que se consideraba que la thorn (sorda) y la eth (sonora) formaban aliteración, y que en un mismo poema anglosajón podía aparecer la misma palabra con alternancia de ambas letras, incluso en el mismo pasaje.

La aliteración en las lenguas tonales[editar]

Repetición de un sonido al menos dos veces en un verso de arte menor, o al menos tres veces en un verso de arte mayor. Constituye el recurso fundamental (el único que puede acuñar verso) en la poesía germánica antigua de los escaldas, donde el verso debe tener al menos tres palabras que empiecen por el mismo sonido.

Ejemplos[editar]

  • "A las aladas almas de las rosas..." (Miguel Hernández).
  • "En el silencio sólo se escuchaba / el susurro de las abejas que sonaban" (Garcilaso de la Vega, Égloga III).
  • "Oye el sórdido son de la resaca, infame turba de nocturnas aves" (Góngora).
  • "Mi mamá me mima" (Popular)
  • Gustavo Adolfo Bécquer Fragmento de la Rima 39 de El libro de los Gorriones:
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Cada tarde sexas verdes garzas
agarras garras de aves de raras razas
garras de garzas verdes de Caracas
Cerdas tardes desgarradas
cara a cara garza a garza
sexas rea de esta farsa
Rezas
terca rezas
deseas ser fada
deseas esa seda cara
Te degradas
arrastrada rata de fea escara
garras de aves verdes cerradas raras veces
"cacarea cacarea! cafre azteca de Caracas!"
Aceradas tardes vagas de desfasadas frases raras
Irrumpes al ras del cielo raso
con tus roncos ronquidos
idos en -Re musical.
Te agarro rampante,
y reafirmo en lo raro que resulta
rasgar tus ropas,
rasgar tus ropas como rapaz.
Y más reclamas.
Te haces rojo-marrón
cuando ruegas rabiosa por mi rabia.
Entonces, busco tu cerrojo-rubí
ajado por rotos ritos,
por retos y ratos y rictus
que arribaron con irritación;
lo sé por los rastros de tu rostro,
lo sé por las ruinas rústicas
que van rodando con rudeza
por el rencor regado en tus risas,
regado en tus sonrisas.
Por eso, no pongo reparos
cuando rasguñas mis restos
en arranques románticos
(como haces ahora).
De repente, la jarra rompe fuente.
Un rayo te recorre los recuerdos
y te aferras a su chorro de luz.
  • "Los suspiros se escapan de su boca de fresa" (Rubén Darío). La repetición del fonema S evoca en el lector los suspiros mencionados por el hablante lírico.
Bajo el ala aleve del leve abanico
Tras encender cien palmeras
y desatar mil volcanes,
cuarenta días de mar
-solo azul, y sal, y sol­
sin selvas ni soledad,
sin exaltación ni hastío.
Olvidarse de mirar.
Cuarenta días de mar,
ignorante de la muerte,
y de Dios, y el mar, y el sol.
Cuarenta días de mar,
y solo desear dormir.
(Cuarenta días de mar, 1967)
Dice la incrédula
y cauta libélula
al fiel plumífero
raudo y alígero:
Toma el tren rápido
y saca del ático
a esos murciélagos
del archipiélago
Halla con brújula
nuevas esdrújulas.
¡Esto es lo ilógico
del zoológico!
Pon en la báscula,
con la tarántula,
catorce ovíparos,
ocho vivíparos,
la abeja alífera
y la oveja aurífera
(esta lanífera,
la otra melífera).
Halla con brújula
nuevas esdrújulas.
¡Esto es lo ilógico
del zoológico!
Lleva a la fábrica
que está en el África
un bello herbívoro
junto al carnívoro
Dale al cernícalo
y a los pelícanos
este somnífero
que no es mortífero
Halla con brújula
nuevas esdrújulas.
¡Esto es lo ilógico
del zoológico!
(El zoológico de las esdrújulas. Divertimento ilógico, 2009)

Referencias[editar]

  1. Angelo Marchese eta Joaquín Forradellas: Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Ariel, 1982. Pp.21-22.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Angelo Marchese eta Joaquín Forradellas: Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Ariel, 1982.