Vicente Manterola

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Vicente Manterola
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Escudo del Gobierno Provisional y la Primera República Española.svg
Diputado en Cortes
por San Sebastián
16 de febrero de 1869-2 de enero de 1871

Información personal
Nacimiento 22 de enero de 1833
San Sebastián, España
Fallecimiento 24 de octubre de 1891
(58 años)
Alba de Tormes, España
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Iglesia católica Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político Comunión Católico-Monárquica
Información profesional
Ocupación Sacerdote, político

Vicente de Manterola y Pérez (San Sebastián, Guipúzcoa, 22 de enero de 1833 - Alba de Tormes, Salamanca, 24 de octubre de 1891) fue un sacerdote, político y escritor español.

Biografía[editar]

Hizo sus primeros estudios en su ciudad natal, y a los trece años ingresó en el Seminario de Pamplona. Cuando cursaba quinto año de Teología, obtuvo por oposición un beneficio en la iglesia parroquial de Irún. En 1856 dio cursos gratuitos de latín, historia y retórica en el Instituto de su ciudad natal, y siendo aún diácono, el prelado de su diócesis le concedió licencia para predicar. Al restablecer la enseñanza en los Seminarios, pasó al de Toledo y luego al de Salamanca, hasta obtener el grado de doctor en Teología.

En el curso 1858-59 explicó en el Seminario de Pamplona las asignaturas de perfeccionamiento del latín y castellano, retórica, poética y elementos de la lengua griega, encargándose de 1859 a 1861 de las asignaturas que ya anteriormente había explicado en el Instituto de San Sebastián.

En 1861 obtuvo por oposición una prebenda magistral en Pamplona, y el mismo año fue nombrado secretario del obispo de Calahorra, señor Monescillo. En 1862 hizo oposiciones, y fue aprobado a la prebenda lectoral de Toledo y poco después a la magistral de Vitoria, de la que tomó posesión siendo entonces nombrado administrador económico de aquella diócesis.

En 1866 fundó en Vitoria la revista El Semanario Católico, en la que se dio a conocer como escritor notable y temible polemista. Cuando estalló la revolución de 1868, Manterola, que simpatizaba entonces con la causa carlista, fue llamado a Madrid por el ministro de Gracia y Justicia, quien le ordenó que fijase su residencia en la capital de la nación para poder así vigilarle de más cerca, hasta que, elegido diputado al año siguiente, recobró su libertad de acción. El gobierno entonces le ofreció, sin duda para atraerlo, un obispado que Manterola rehusó, y bien pronto se dio a conocer en el Congreso como uno de los mejores oradores políticos de la época. Su primer discurso, en el que combatió la totalidad del proyecto de Constitución, fue justamente considerado como una obra maestra de la oratoria parlamentaria y, a partir de entonces, su celebridad no hizo más que aumentar.

Son famosas sus contiendas con Castelar, en las que el poco antes modesto sacerdote supo a veces mostrarse digno de su contendiente. Al mismo tiempo conspiraba abiertamente en favor del carlismo, y en 1869 se trasladó a Francia para entrevistarse con don Carlos. Al fracasar el levantamiento carlista de 1870, Manterola organizó en San Juan de Luz, donde a la sazón residía una junta encargada de preparar un nuevo movimiento, y fue designado para la presidencia de la misma, y aunque recibió una carta de don Carlos ordenándole que la disolviera, no lo hizo así y aun logró convencer al duque de Madrid de la conveniencia de que dicha junta siguiese funcionando.

En abril de 1870 asistió a la reunión celebrada en Vevey (Suiza) y luego tomó una parte muy activa en los trabajos preparatorios de la nueva guerra civil, uniéndose a don Carlos, como éste le ordenó y entrando con él en España el primero de mayo de 1872. Volvió a Francia por orden de su jefe, y al fracasar aquella intentona, trató de ocultar a don Carlos, pero, hecho preso, fue trasladado a París, donde continuó trabajando por la causa que con tanto entusiasmo había abrazado. Visitó luego a algunos significados católicos belgas e ingleses para imponerles del movimiento que sus correligionarios españoles proyectaban, entró en relaciones con arzobispos de Westminster y de Malinas, y se hizo sospechoso a la junta carlista, si bien luego se reconcilió con ella hasta el punto de que el propio Carlos le dio, después de haberle albergado en su casa, una carta para que la entregase al Papa.

En Roma hizo una activa propaganda a favor del carlismo y poco después su jefe le nombró auditor general del vicariato castrense, y en 1874 vicario general interino. Luego, y hasta la conclusión de la guerra, residió en Vergara, donde, al mismo tiempo que cuidaba de los heridos y enfermos, atendía a sus discípulos del Seminario. A la conclusión de la guerra se trasladó a Francia, y no tardó en ser comprendido en un indulto que le permitió regresar a su patria, obteniendo en los últimos años de su vida una canonjía en Toledo.

Obras[editar]

Manterola fue un orador elocuentísimo, que se distinguió igualmente en la cátedra sagrada que en la tribuna parlamentaria, y de su mérito y erudición como escritor dan idea las obras tituladas:

  • Ensayo sobre la tolerancia religiosa en la segunda mitad del siglo XIX (1862).
  • El celibato eclesiástico.
  • Influencia benéfica del apostolado de Roma.
  • Unidad religiosa en España, sus ventajas bajo el punto de vista político, religioso y social, serie de estudios publicados en el Semanario Católico.
  • Don Carlos o el petróleo.
  • Afirmaciones católicas (Madrid, 1884).

Bibliografía[editar]

  • CHACÓN Delgado, Pedro José. Nobleza con Libertad. Biografía de la derecha vasca. pp 351-363. Editorial Atxular Atea. FPEV 2015.