Segunda República Checoslovaca

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Los Acuerdos de Múnich: territorios y seguridad[editar]

Cuatro grandes potencias europeas, Francia, el Reino Unido, Alemania e Italia, firmaron los Acuerdos de Múnich el 29 de septiembre de 1938.[1] El Gobierno checoslovaco decidió no presentarlos a las Cortes, paso necesario para su aprobación oficial de acuerdo a la Constitución.[2] Aunque esto no tuvo consecuencias prácticas en cuanto a su aplicación, fue un gesto para indicar que la situación surgida del pacto de las grandes potencias se consideraba temporal.[2] De todas formas, el pacto muniqués supuso eliminación de Checoslovaquia como rival centroeuropeo de Alemania y el reconocimiento tácito de franceses y británicos de la primacía alemana en el centro del continente.[3]

Uno de los puntos principales del pacto bávaro para los checoslovacos era la promesa de que británicos y franceses de otorgar a Checoslovaquia una garantía de protección del nuevo territorio de la república, que también suscribirían Alemania e Italia cuando hubiesen quedado resueltas las desavenencias con Polonia y Hungría por las minorías respectivas.[4] [1] Si bien británicos e italianos se mostraron dispuestos a conceder la garantía prometida, Alemania evitó todo compromiso y Francia trató de postergar su participación en el nuevo sistema de seguridad checoslovaco.[5]

Para tratar de obtener la garantía alemana, los checoslovacos aceptaron el 10 de noviembre la cesión de nuevos territorios a Alemania que, sin embargo, se negó a concederla.[5] Tras la firma del protocolo berlinés que puso fin a las transferencias de territorios, los checoslovacos volvieron a solicitar a las cuatro potencias que habían rubricado el pacto muniqués que deseaban recibir la garantía de protección de las nuevas fronteras.[6] Alemania rehusó hacerlo indicando que el trazado de la frontera no guardaba relación alguna con el otorgamiento de una garantía para esta.[6] A finales de noviembre, en la conversaciones francobritánicas que se celebraron en París, los británicos trataron de modificar la garantía fronteriza: según estos, solo debía aplicarse si tres de las cuatro potencias así lo decidían, lo que, como subrayaron los representantes franceses, suponía invalidarla, porque en caso de agresión alemana Francia y el Reino Unido no podrían contar con la colaboración de Italia, aliada al agresor.[6] Para finales de año, tanto británicos como franceses trataban de retrasar todo lo posible cumplir su promesa de septiembre, alegando la imposibilidad de proteger a la nueva república y el posible riesgo de enfrentamiento con Alemania que conllevaba.[7] Italia, por su parte, no deseaba comprometerse sin contar con el acuerdo de Berlín, que se negaba a firmar una garantía conjunta y deseaba que Praga se limitase a depender de ella.[8] Los intentos checoslovacos de acelerar la implantación del nuevo acuerdo de seguridad gracias a la intervención del Gobierno romano fueron infructuosos.[8]

La creciente tirantez en las relaciones polaco-alemanas, preludio de la guerra que acabó estallando en septiembre de 1939, hizo que los mandatarios alemanes se inclinasen cada vez más por la eliminación completa de Checoslovaquia, que podía suponer una amenaza militar.[9] En una visita de Hitler al sur de Bohemia el 20 de octubre, este expresó su deseo de incorporar tanto Bohemia como Moravia a Alemania.[10] AL día siguiente, ordenó al Ejército preparar un plan de liquidación de Checoslovaquia, para poder aplicarlo en caso necesario.[11]

Política exterior[editar]

Checoslovaquia abandonó toda iniciativa en política exterior y se centró únicamente en mantener buenas relaciones con Alemania y en obtener las garantías que se le habían prometido en los Acuerdos de Múnich.[12] Los intentos checoslovacos de forjar nuevas alianzas y de conservar al tiempo buenas relaciones con Francia y el Reino Unido fracasaron: los aliados del Reich no se mostraron interesados en mejorar las relaciones con la nueva república y el prestigio de franceses y británicos se había desvanecido por su actuación en la crisis de Múnich.[12] Los esfuerzos checoslovacos por aplacar a Alemania tampoco fructificaron: la dimisión de Edvard Beneš resultó inútil y el mismo día de su cese los alemanes obtuvieron nuevos territorios de la república.[12]

La dirección de la política exterior del país quedó en manos de un oportunista, el nuevo ministro František Chvalkovský, que había establecido buenas relaciones con los italianos que pensaba podría emplear para mejorar las relaciones con Alemania.[12] De inmediato tras conocer su nombramiento, cuando aún se hallaba en Roma, Chvalkovský solicitó una entrevista con Ribbentrop y con Hitler, que obtuvo.[13] El nuevo ministro de Asuntos Exteriores aseguró a los alemanes que Checoslovaquia no tenía nada en común con Francia y que se disponía a mudar por completo la política exterior de la república.[13] Las entrevistas tuvieron lugar el 13 y 14 de octubre; los alemanes quedaron satisfechos con la actitud de Chvalkovský, pero no hicieron concesión alguna y amenazaron con eliminar Checoslovaquia si percibían cualquier acto hostil de esta.[13]

A mediados de diciembre de 1938 los franceses trataron de realizar un acercamiento a los checoslovacos que, escarmentados por la crisis de septiembre, lo rechazaron de plano.[14] En noviembre se anuló la misión militar francesa, que había llegado a Checoslovaquia en 1919.[14] El mismo mes, los franceses vendieron sus participaciones en la importante empresa armamentística Škoda, que habían adquirido en 1919, a un consorcio checoslovaco, alegando que no deseaban participar ya en una empresa que producía armas para Alemania.[15] Los checoslovacos habían tratado de vender sus existencias de armamento pesado a Francia, el Reino Unido y Rumanía, para evitar que cayese en manos alemanas, aunque tanto británicos como franceses mostraron escaso interés por adquirir las armas, convencidos de que la guerra no estallaría hasta 1941.[15]

El mes anterior, una delegación polaca acudió a Praga para tratar de mejorar las relación entre los dos países, objetivo importante para los polacos, que ya consideraban inevitable un conflicto con Alemania; la misión fracasó.[14] Las relaciones con la Unión Soviética también empeoraron y Chvalkovský evitaba reunirse con el embajador soviético.[14]

Las decisiones de política exterior quedaron en manos de una reducida camarilla, formada por el presidente del Gobierno Rudolf Beran, Chvalkovský y Jiří Havelka, ministro y hombre de confianza del presidente de la república Emil Hácha.[2] Ni el Consejo de Ministros ni el Parlamento trataron los asuntos exteriores, por temor a que los debates se filtrasen a Alemania.[2] Por su parte, los ministros eslovacos llevaban a cabo sus propias relaciones exteriores, sin contar con el Gobierno de Praga.[2] Estos intentaron influir la política exterior de la república sin éxito, tratando de abrogar el tratado de alianza con la Unión Soviética y criticando la Sociedad de Naciones.[2]

En noviembre, Alemania reclamó nuevos territorios.[13]

Democracia y autoritarismo[editar]

La presión extranjera impelió al abandono del sistema democrático y a la implantación de un modelo de gobierno autoritario, primero de manera lenta y, a partir de principios de 1939, a mayor velocidad.[16] El 28 de diciembre de 1938 se prohibió el partido comunista y se expulsó a los diputados y senadores del partido de las Cámaras.[16] El Ayuntamiento de Praga, núcleo de los partidarios del antiguo presidente Edvard Beneš, detestados por los alemanes, fue disuelto.[16] Con cierta renuencia, se aprobaron algunas medidas antisemitas, para complacer a Alemania.[16]

Se prohibió la prensa que criticase al Reich o a Hitler, se permitieron las actividades del partido nazi y la exhibición de banderas con la cruz gamada.[17] La embajada alemana trató de controlar la prensa checoslovaca y a los corresponsales extranjeros que informaban de la situación desde el país.[18]

Economía[editar]

En la reunión de enero entre el ministro de Asuntos Exteriores checoslovaco y los mandatarios alemanes, estos insistieron en que Chevoslovaquia cediese de inmediato parte de sus reservas de oro al Reich, que contaba con divisas insuficientes.[19] Las negociaciones entre los bancos centrales de los dos países se celebraron entre el 26 de febrero y el 4 de marzo; el 9 y 10 de este último mes, el Banco Checoslovaco transfirió a su equivalente alemán 465,8 millones de coronas en oro y 15,2 millones en divisas.[19]

Crisis eslovaca y situación de Rutenia[editar]

Los nacionalistas eslovacos se apoyaron en el partido de la minoría alemana en la región, el reconstituido Partido Alemán (Deutsche Partei), nuevo nombre del Partido Alemán Carpático, prohibido por las autoridades el 5 de octubre pero reaparecido con el nuevo nombre cuatro días después, para mantener contactos con Alemania.[20] En los meses que siguieron a los Acuerdos de Múnich, Alemania prefirió, sin embargo, favorecer la autonomía eslovaca a tener que sostener una nueva república independiente, sin descartar empero esta posibilidad para el futuro.[20] [21] Los alemanes se limitaron a adoptar una posición vaga frente a los contactos con los representantes eslovacos hasta la visita del ministro de Asuntos Exteriores checoslovaco en enero de 1939, sin comprometerse.[22]

Para los alemanes, la Rutenia subcarpática, deseada por Hungría como nexo con Polonia, debía permanecer en el seno de la nueva Checo-Eslovaquia al menos temporalmente, para evitar precisamente la creación de una frontera común entre polacos y húngaros y cualquier veleidad de alianza contra Berlín.[23]

El 2 de noviembre y tras el fracaso de las negociaciones entre los delegados húngaros y los eslovacos, Alemania e Italia impusieron el documento que puso fin a las estériles conversaciones, en las que el Gobierno de Praga apenas participó, y que fijó nuevas fronteras entre Hungría y Checo-Eslovaquia.[24] Francia y el Reino Unido, excluidas del arbitraje, no protestaron.[24]

Fin de la república[editar]

A finales de enero de 1939, Hitler ordenó a los servicios secretos alemanes que se preparase la liquidación de Checoslovaquia y el establecimiento de una Eslovaquia independiente, que consideraba necesarios para enfrentarse sin peligro a Polonia.[25] En febrero recibió a Vojtech Tuka a quien, aunque no desempeñaba cargo oficial alguno, los alemanes tenían por el más indicado para organizar la independencia eslovaca.[25] Poco después, sin embargo, prefirieron apoyarse en Tiso, dado el escaso respaldo con el que contaba Tuka en Eslovaquia.[26]

En Rutenia aumentó también la tensión a finales de enero y principios de febrero y hubo choques fronterizos entre patrullas checoslavacas y comandos húngaros.[27] Tanto Alemania como Italia rechazaban aún las ambiciones magiares de apoderarse de la región y defendían la validez de las fronteras trazadas en el Primer arbitraje de Viena.[27] Los intentos de Gobierno central de acabar con la inestabilidad en la provincia y de eliminar del regional a los nacionalistas ucranianos, que con su propaganda estaban creando tensiones con Polonia, temerosa del efecto de esta en su notable minoría ucraniana, resultaron estériles.[28] El Gobierno de Praga únicamente logró imponer al primer ministro regional el 6 de marzo, momentos antes del desmembramiento de la república.[28]

Por insistencia alemana, la república redujo las Fuerzas Armadas: licenció a los reclutas de cultura alemana, destituyó al jefe del Estado Mayor, redujo en número de oficiales y suboficiales y se preparó para recordar el número de divisiones de veinticuatro a catorce.[19] El 25 de enero, el Gobierno concedió permiso a los alemanes para que sus unidades militares empleasen las líneas férreas checoslovacas.[19]

Entre el 25 de febrero y el 3 de marzo, la delegación eslovaca enviada por Tiso a Berlín para tratar asuntos económicos sin el conocimiento del Gobierno central de Praga se centró en realidad en los políticos: los alemanes insistían en que Eslovaquia declarase la independencia antes de recibir ayuda económica del Reich.[29] El 1 de marzo, el ministro de Transporte y partidario de la independencia, Ferdinand Ďurčanský, fue recibido por Ribbentrop, que le comunicó la disposición alemana a garantizar las fronteras de Eslovaquia si esta proclamaba la independencia.[30] Pese a que los mandatarios eslovacos propendían cada vez más a la independencia, no deseaban proclamarla de inmediato y el 6 de marzo emitieron un comunicado en el que se mostraban satisfechos con la autonomía.[31] Los elementos más moderados, agrupados en torno a Tiso, temían además la influencia alemana y trataron de contrarrestarla estableciendo contactos con Polonia, de la que esperaban protección frente a la amenaza de anexión húngara.[32] Para presionar a los eslovacos, el gobernador de Austria, Arthur Seyß-Inquart, acudió a Bratislava el 7 de marzo y recomendó abandonar toda moderación y proclamar la independencia.[33] El Gobierno checoslovaco, que se había enterado de las conversaciones de los eslovacos con alemanes y polacos, perdió la confianza en Tiso y lo convocó a la capital; este no acudió y solo llegaron a Praga un par de ministros autonómicos.[34]

Referencias[editar]

  1. a b Boucek, 1975, p. 45.
  2. a b c d e f Procházka, 1981, p. 73.
  3. Procházka, 1981, p. 85.
  4. Procházka, 1981, p. 76.
  5. a b Procházka, 1981, p. 77.
  6. a b c Procházka, 1981, p. 78.
  7. Procházka, 1981, pp. 79-80.
  8. a b Procházka, 1981, p. 81.
  9. Procházka, 1981, pp. 89-90.
  10. Procházka, 1981, p. 89.
  11. Procházka, 1981, p. 90.
  12. a b c d Procházka, 1981, p. 71.
  13. a b c d Procházka, 1981, p. 72.
  14. a b c d Procházka, 1981, p. 74.
  15. a b Procházka, 1981, p. 75.
  16. a b c d Procházka, 1981, p. 107.
  17. Procházka, 1981, pp. 107-108.
  18. Procházka, 1981, p. 109.
  19. a b c d Procházka, 1981, p. 110.
  20. a b Procházka, 1981, p. 100.
  21. Boucek, 1975, p. 46.
  22. Procházka, 1981, p. 101.
  23. Boucek, 1975, pp. 46-47.
  24. a b Boucek, 1975, p. 48.
  25. a b Procházka, 1981, p. 103.
  26. Procházka, 1981, pp. 104-105.
  27. a b Procházka, 1981, p. 105.
  28. a b Procházka, 1981, p. 106.
  29. Procházka, 1981, p. 117.
  30. Procházka, 1981, pp. 117-118.
  31. Procházka, 1981, p. 118.
  32. Procházka, 1981, pp. 118-119.
  33. Procházka, 1981, p. 119.
  34. Procházka, 1981, p. 120.

Bibliografía[editar]