Ir al contenido

Publio Rutilio Rufo

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Publio Rutilio Rufo

Cónsul de la República romana
105 a. C.-105 a. C.
Junto con Cneo Malio Máximo
Predecesor Quinto Servilio Cepión
Cayo Atilio Serrano
Sucesor Cayo Mario
Cayo Flavio Fimbria

Información personal
Nacimiento 158 a. C.[1]
Antigua Roma Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento no antes de 75 a. C.[1]
Esmirna
Familia
Padres Publio Rutilio[2]
Cónyuge Livia[2]
Hijos Publio Rutilio Nudo (presumiblemente)[2]
Educación
Alumno de Panecio de Rodas Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Político, militar e historiador

Publio Rutilio Rufo (en latín: Publius Rutilius Rufus; c. 158 a. C.Esmirna, 78 a. C.) fue un eminente militar, estadista e historiador de la República romana que ejerció el consulado en el año 105 a. C. En su condición de homo novus, consolidó una ascendente carrera política que lo vinculó, en su juventud, al prestigioso «círculo de Escipión Emiliano» y, posteriormente, lo posicionó como uno de los exponentes más conspicuos de la facción de los Metelos en el Senado. Su trayectoria pública estuvo marcada por su participación en la guerra de Jugurta y su firme adhesión a la causa senatorial durante la crisis de Lucio Apuleyo Saturnino.

En la década de los 90 a. C., bajo el magisterio del gobernador Quinto Mucio Escévola, desempeñó una labor trascendental en la administración de la provincia de Asia, donde su férrea oposición a los abusos de los publicanos le granjeó una reputación de integridad inquebrantable. Pese a ello, fue víctima de un proceso judicial por extorsión (repetundae) —datado presumiblemente en 92 a. C.— que culminó en su condena y posterior exilio en Esmirna. Este litigio se erigió en uno de los episodios más convulsos del periodo previo a la guerra Social, lo que simbolizó la quiebra del sistema judicial romano. Durante su destierro, Rutilio redactó sus memorias, cuya impronta resultó determinante para la configuración de la tradición historiográfica posterior.

Biografía

[editar]

Orígenes y primeros años

[editar]

Publio Rutilio Rufo procedía de una familia del orden ecuestre de linaje modesto,[3] cuyos antecesores no habían accedido a las magistraturas romanas con anterioridad. Pese a ello, los Rutilios gozaban de sólidos vínculos con la oligarquía senatorial, ya que la hermana de Publio contrajo matrimonio con Marco Aurelio Cota, padre del futuro cónsul de 74 a. C., mientras que el propio Rutilio se integró en el círculo íntimo de los Cecilios Metelos, la facción más influyente de la Roma de finales del siglo II a. C.[4] Asimismo, afianzó su posición mediante su enlace con una representante de la aristocracia más acaudalada: la hermana de Marco Livio Druso, quien ejerció el consulado en el año 112 a. C.[5]

Rutilio recibió una instrucción preeminente, al ser discípulo del filósofo estoico Panecio de Rodas y demostró un vasto dominio de las letras griegas.[6] Bajo el magisterio de Publio Mucio Escévola, se consagró al estudio de la jurisprudencia, disciplina en la que alcanzaría un notable prestigio.[7]

Carrera

[editar]

Durante el bienio 134-133 a. C., Publio Rutilio participó en el asedio de Numancia bajo las órdenes de Escipión Emiliano,[8] como uno de los miembros del séquito personal del general, la cohors amicorum, junto a jóvenes que, a la postre, emergerían como figuras capitales del período final de la República, como Cayo Mario, Cayo Sempronio Graco, Quinto Fabio Máximo, Sempronio Aselión, Cayo Memio,[9] Cayo Cecilio Metelo y el príncipe numida Jugurta.[10]

El conocimiento sobre el comienzo de su carrera civil es escaso, aunque se le identifica como uno de los miembros más jóvenes del «círculo escipiónico», facción cuyos integrantes convergían en sus vínculos de parentesco, su profunda filia por la cultura helena y la promoción de reformas de cariz moderado,[11][3] pero el deceso de Escipión Emiliano en 129 a. C. diluyó la relevancia política del grupo.[12] La historiografía sitúa la pretura de Rutilio en torno a los años 119 o 118 a. C.;[13] en cualquier caso, el ejercicio de esta magistratura estuvo estrechamente vinculado al consulado de su pariente por afinidad,[14] Lucio Aurelio Cota, y al de uno de sus valedores, Lucio Cecilio Metelo Dalmático. Durante su pretura, Rutilio tuvo como colega a otro miembro de la poderosa gens Cecilia, Marco Cecilio Metelo.[15]

Tras cumplirse el intervalo legal preceptivo, Publio Rutilio postuló al consulado para el año 115 a. C. en coalición con Marco Cecilio Metelo. Si bien Metelo obtuvo el triunfo en los comicios, Rutilio fue derrotado por el patricio Marco Emilio Escauro, contra quien interpuso una querella por soborno electoral (ambitus), pero este logró la absolución e interpuso una contraacusación idéntica con el mismo resultado.[16] En el transcurso de este litigio, Escauro sostuvo que las siglas «A. F. P. R.» en los libros contables del acusado significaban «actuado bajo la fe de P. Rutilio» (actum fide P. Rutili); Rutilio, en su defensa, alegó que correspondían a «hecho antes, registrado después» (ante factum, post relatum). Por su parte, el abogado defensor, recurriendo a una mordaz ironía, sugirió su propia exégesis: «Escauro lo hizo, Rutilio lo paga» (Aemilius fecit, plectitur Rutilius).[17]

La historiografía sitúa la siguiente intervención de Rutilio en la guerra de Jugurta, donde sirvió como legado de su aliado Quinto Cecilio Metelo, cónsul en 109 a. C., y coincidió en el frente con el también legado Cayo Mario. Durante la batalla de Mutul, Rutilio, al mando de una sección del contingente, dirigió la fortificación de un campamento estratégico para proteger al grueso del ejército y logró repeler con éxito la ofensiva de los númidas capitaneados por Bomílcar.[18] La posterior ruptura entre Metelo y Mario posicionó a Rutilio como el segundo en la cadena de mando, circunstancia que precipitó su enemistad con Mario.[4] Cuando la asamblea popular determinó transferir el mando de la guerra a este último, Metelo, profundamente agraviado, abandonó el frente y delegó la autoridad en Rutilio. Así, en la primavera de 107 a. C., Rutilio efectuó el traspaso formal de las legiones al nuevo general.[19][20][21]

En el año 106 a. C., Quinto Servilio Cepión promulgó una ley destinada a restituir el control de los tribunales al orden senatorial, medida que Rutilio presumiblemente secundó.[5] En ese mismo periodo, Publio volvió a postularse al consulado, aparentemente en coalición con Quinto Lutacio Cátulo, quien también orbitaba en la esfera de influencia de los Metelos.[4] Pese a que Cátulo resultó derrotado, Rutilio obtuvo la magistratura para el año 105 a. C. junto a otro homo novus, Cneo Malio Máximo. Tras la debacle de las legiones romanas, dirigidas por Máximo y el procónsul Cepión, frente a los cimbros en la batalla de Arausio, Rutilio asumió el mando de los supervivientes del desastre. Con el fin de optimizar la destreza combativa de la tropa, implementó una innovación metodológica, al contratar instructores de una escuela de gladiadores para adiestrar a los soldados en la esgrima y el manejo de las armas.[22] Tal fue el éxito de esta iniciativa que Cayo Mario, reelegido cónsul para repeler la amenaza germánica, prefirió incorporar a sus filas al ejército de Rutilio antes que a su propio contingente africano, al considerarlo dotado de una disciplina superior.[23]

Posteriormente, en el año 100 a. C., Rutilio se sumó a la reacción del Senado contra el tribuno Lucio Apuleyo Saturnino y fue uno de los ciudadanos que, en diciembre de aquel año, acudieron al Comitium en respuesta al senatus consultum ultimum para tomar las armas y sofocar la insurrección de los populares.[24][8]

En Asia

[editar]

Durante la década de los 90 a. C., Publio Rutilio ejerció como legado en la provincia de Asia bajo el mando del gobernador Quinto Mucio Escévola. La cronología precisa de su desempeño permanece supeditada al debate académico, con tesis que se inclinan por los años 98,[25][26] 97[27][28][29] o 94 a. C.[30][31][32][33][34] En este contexto, se ha postulado la hipótesis de que fue Rutilio quien, en la práctica, ejerció las prerrogativas del poder en la región.[35] Asimismo, la historiografía sugiere que tanto Escévola como Rutilio, ambos de probidad incuestionable, fueron destacados a Oriente con el propósito de estabilizar la situación interna de la provincia y granjearse la lealtad de la población local ante la inminencia del conflicto contra Mitrídates VI.[36] Otra corriente de investigación sostiene que su misión, amparada por el Senado, perseguía una reestructuración profunda del modelo de explotación provincial, con el fin de transitar de un sistema de exacción sistemática hacia uno basado en la cooperación y la buena administración.[37]

En la demarcación provincial, Rutilio y Escévola fiscalizaron rigurosamente las actividades de los publicanos, quienes habían acumulado ingentes patrimonios al amparo de la aquiescencia de gobernadores precedentes. Al ejercer su potestad judicial con estricta equidad, «emanciparon a los provinciales de toda suerte de subterfugios legales»; en aquellos litigios donde divergían los intereses de los recaudadores y los de los lugareños, el procónsul y su legado no vacilaron en fallar a favor de estos últimos, conminando a los infractores a resarcir los perjuicios ocasionados. Ante el hallazgo de ejecuciones sumarias e ilícitas, Mucio y Rutilio no titubearon en aplicar penas recíprocas. Diodoro relata que el principal agente de los publicanos, un esclavo que ya había convenido su manumisión con su señor, fue condenado a la crucifixión por mandato del gobernador tras ser declarado culpable de múltiples crímenes.[38]

Se promulgó un edicto que garantizaba a los griegos la prerrogativa de ser encausados conforme a su propio ordenamiento jurídico en aquellos litigios que no involucraran a ciudadanos romanos.[39] De igual modo, se prescribió a todos los integrantes de la administración la obligación de sufragar sus expensas personales. Este conjunto de disposiciones, en conjunción con una directriz general de parsimonia, redundó en una sensible mejoría de la salud financiera de la provincia.

Pese a los logros alcanzados, Quinto Mucio permaneció en Asia apenas nueve meses y emprendió el retorno a Roma, circunstancia que dejó a Rutilio al frente de la provincia en calidad de gobernador interino a la espera del arribo de su sucesor.[40]

El proceso de Rutilio

[editar]

Poco después de su retorno a la Urbe, Rutilio fue procesado bajo la imputación de malversación de caudales públicos (repetundae); la cronología tradicional sitúa este litigio en el año 92 a. C.[41]

La naturaleza y las motivaciones del juicio suscitan posturas divergentes en la historiografía, especialmente en lo relativo a la elección de Rutilio como encausado en detrimento de Escévola. Las fuentes clásicas interpretan su condena como un hito catalizador en la pugna entre el orden ecuestre y la aristocracia senatorial.[42][43] Los investigadores adscritos a esta tesis subrayan la colisión entre un Senado que pretendía regular la administración provincial y una clase ecuestre resuelta a perpetuar la exacción de los territorios bajo su control. Bajo esta premisa, los acusadores habrían buscado una demostración de fuerza política y Rutilio, en su condición de homo novus, constituía un objetivo considerablemente más vulnerable que Escévola, cuyo linaje nobiliario y vastas redes de clientela le conferían una protección superior.[37][44] Hipótesis alternativas enmarcan el proceso como un episodio derivado de las luchas de facciones dentro del seno del Senado. Se ha postulado que Cayo Mario pudo orquestar este ataque contra Rutilio por personificar a uno de los exponentes más conspicuos de la facción de los Metelos, mientras que habría exonerado a Escévola debido a su perfil político más autónomo y a sus lazos de parentesco.[4][45][33][46] Asimismo, no se descarta que prominentes senadores con intereses económicos en Asia, tales como Marco Emilio Escauro, Manio Aquilio o el propio Mario, coligaran sus esfuerzos contra los reformadores; incluso se especula con la posible aquiescencia de Lucio Licinio Craso en favor de la acusación.[47]

Este proceso alcanzó una trascendencia inusitada; en palabras de Cicerón, «conmocionó a toda la República». El papel de acusador recayó en un tal Apicio, cuya memoria histórica permanece ligada exclusivamente a su prodigalidad.[48] Pese a que los oradores más insignes de la época, Lucio Licinio Craso y Marco Antonio, ofrecieron su asistencia legal, Rutilio declinó el ofrecimiento y optó por asumir su propia defensa. Únicamente su sobrino, Cayo Aurelio Cota, y su aliado Escévola pronunciaron breves alegatos en su favor.[49] Rutilio, en un gesto que desafiaba las convenciones sociales de la Urbe, se negó a descuidar su apariencia o a dejarse crecer la barba antes de las sesiones, y renunció de este modo a apelar a la conmiseración del tribunal.[50] A pesar de la manifiesta falsedad de los cargos, un jurado parcial dictaminó su condena al destierro y la confiscación de su patrimonio. Tras su partida de Roma, se estableció inicialmente en Mitilene para trasladarse, con posterioridad, a Esmirna,[51] ciudad donde años más tarde coincidiría con Cicerón.[52] Aunque ciertos sectores de la historiografía sostienen que se dirigió de forma inmediata a Esmirna,[53] tal afirmación parece carecer de fundamento.[54] Paradójicamente, la provincia a la que supuestamente había expoliado lo acogió con honores propios de un triunfador.[55] Tiempo después, Rutilio obtuvo la ciudadanía de Esmirna y declinó la invitación de Sila para retornar a la capital.[56]

Existe un amplio consenso historiográfico en torno a que la condena de Rutilio acarreó repercusiones funestas para el devenir de la República, por cuanto espoleó a diversos sectores del estamento senatorial a promover un ambicioso programa de reformas institucionales y judiciales. Los defensores de la tesis tradicional enfatizan que este proceso constituyó el primer litigio en un prolongado periodo en el que un jurado integrado por miembros del orden ecuestre dictó un veredicto condenatorio contra un senador de acreditado prestigio.[57] Desde una perspectiva analítica distinta, se postula que los jueces asestaron un golpe deliberado contra la facción de los Metelos, de modo que las propuestas legislativas de Marco Livio Druso habrían surgido como una maniobra defensiva orquestada por el Senado, o al menos por una de sus facciones, bajo la dirección del sobrino de Rutilio y de Marco Emilio Escauro, quien a la sazón también se hallaba bajo la amenaza de una imputación judicial.[58] En última instancia, el colapso de este proyecto reformista clausuró la vía institucional y precipitó el estallido de la guerra Social.

Persisten, no obstante, otras corrientes interpretativas: el Senado podría haber sacrificado deliberadamente a Rutilio con el fin de apaciguar al orden ecuestre, una maniobra que habría garantizado la obtención de sentencias absolutorias sucesivas hasta la promulgación de la lex Varia. Bajo esta premisa, el proceso carecería de una influencia real en los proyectos de reforma judicial y su repercusión histórica sería menor de lo que tradicionalmente se ha estimado.[59] Por último, se postula que la condena de Rutilio pudo ser orquestada por sus propios pares en el Senado, lo que presupondría un aislamiento político casi absoluto del acusado y una incidencia nula del veredicto en la coyuntura general de la República. En tal caso, la relevancia histórica del proceso no derivaría de los hechos en sí, sino que sería una construcción posterior cimentada en las memorias del propio exiliado y en la labor de autores ulteriores, primordialmente Cicerón, quien elevó la figura de Rutilio a la categoría de símbolo de la rectitud frente a la injusticia.[60]

Actividad intelectual

[editar]

Publio Rutilio intervino como orador en numerosos procesos judiciales, si bien no alcanzó la preeminencia en la elocuencia al destacar más por su laboriosidad que por un talento innato.[61] Su oratoria, de dar crédito al testimonio de Cicerón, se caracterizaba por ser austera, árida y severa, razón por la cual el autor del tratado Brutus lo adscribe a la escuela de los oradores estoicos.[62] Según Marco Tulio, este estilo resultaba excesivamente gélido para la retórica política y para conciliar el favor del pueblo, funciones que requerían de una mayor calidez persuasiva.[6] No obstante, su pericia en la jurisprudencia le permitió ejercer una influencia notable a través del asesoramiento legal y la dirección técnica de diversas causas.[16]

Durante su exilio, Rutilio compuso una autobiografía en lengua latina que se erigió en uno de los pilares de la tradición historiográfica antimariana. Se presume que fue en esta obra donde se consignó el episodio de Mario accediendo al Senado con la vestimenta de triunfador,[63] así como la denuncia explícita sobre la compra de su sexto consulado.[64] Además de esta crónica personal, Rutilio legó una Historia de Roma redactada en griego,[65] de la cual la posteridad ha logrado preservar diversos fragmentos.[66]

Valoración de su figura

[editar]

Publio Rutilio recibió elogios muy destacados en la literatura de la Antigüedad. Cicerón lo define como un «modelo de integridad» a quien «ninguno de sus conciudadanos pudo superar... en rectitud y honestidad»;[67] por su parte, Veleyo Patérculo lo describe como «el hombre más virtuoso, no solo de su siglo, sino de todos los tiempos».[42] Otros autores coinciden igualmente en resaltar la intachable honorabilidad de Rutilio.[50]

En la literatura de ficción

[editar]

Publio Rutilio figura como personaje en las novelas históricas de Mily Yezersky (Los Gracos y Mario y Sila) y de Colleen McCullough (El primer hombre de Roma y La corona de hierba). Cabe señalar que McCullough lo retrata como un amigo leal de Cayo Mario.

Referencias

[editar]
  1. 1 2 «RUTI1596 P. Rutilius (34) P. f. Rufus». Romanrepublic.ac (en inglés). Digital Prosopography of the Roman Republic. Consultado el 26 de abril de 2026.
  2. 1 2 3 «Gens Rutilius» (en inglés). Strachan. Archivado desde el original el 25 de junio de 2021. Consultado el 12 de agosto de 2021.
  3. 1 2 Trukhina N., 1986, p. 153.
  4. 1 2 3 4 Badian E., 2010, p. 173.
  5. 1 2 Badian E., 2010, p. 174.
  6. 1 2 Cicerón, 1994, Brutus, 114.
  7. Salustio, 2001, nota. 179.
  8. 1 2 Korolenkov A., 2014, p. 59.
  9. Van Ooteghem J., 1964, р. 70, 245.
  10. Trukhina N., 1986, p. 142.
  11. Zaborovsky Y., 1977, pp. 184-185.
  12. Zaborovsky Y., 1977, p. 189.
  13. Broughton T., 1951, рp. 527-528.
  14. Badian E., 2010, p. 169.
  15. Broughton T., 1951, р. 527.
  16. 1 2 Cicerón, 1994, Brutus, 113.
  17. Cicerón, 1994, De oratore II, 280.
  18. Salustio, 2001, 50-53.
  19. Plutarco, 2001, Cayo Mario, 10.
  20. Salustio, 2001, 86, 5.
  21. Korolenkov A, Smykov E., 2007, p. 60.
  22. Valerio Máximo, 2007, II, 3, 2.
  23. Frontino,, IV, 2, 2.
  24. Cicerón, 1993, Pro Rabirio perduellionis reo, 21.
  25. Last H., 1932, рp. 175-176.
  26. Kallet-Marx R., 1990, рp. 305-312.
  27. Waddington W., 1872, р. 37.
  28. Broughton T., 1952, рp. 47-48.
  29. Nicolet C., 1966, рp. 545-546.
  30. Schur W., 1942, p. 104.
  31. Badian E., 1956, рp. 104-112.
  32. Carney T., 1961, р. 49.
  33. 1 2 Luce T., 1970, р. 170.
  34. Brennan T., 2000, рp. 550-552.
  35. Seletsky P., 1978, p. 206.
  36. Seletsky P., 1978, p. 205.
  37. 1 2 Meier C., 1966, рp. 75-77.
  38. Diodoro de Sicilia,, XXXVII, 5, 1-3.
  39. Cicerón, 2010, Epistulae ad Atticum VI, 1, 15.
  40. Cicerón, 2010, Epistulae ad Atticum V, 17, 5.
  41. Korolenkov A., 2014, p. 63.
  42. 1 2 Veleyo Patérculo, 1996, II, 13, 2.
  43. Floro, 1996, II, 5, 3.
  44. Kovalev S., 2002, p. 444.
  45. Nicolet C., 1966, рp. 546-549.
  46. Egorov A., 1989, p. 127.
  47. Korolenkov A., 2014, pp. 69-71.
  48. Ateneo de Náucratis, 2004, IV, 168 d-e.
  49. Cicerón, 1994, Brutus, 115.
  50. 1 2 Paulo Orosio, 2004, V, 17, 12.
  51. Abidulin, A., 2005, pp. 87-88.
  52. Cicerón, 1994, Brutus, 85.
  53. Last H., 1932, р. 176.
  54. Korolenkov A., 2014, p. 60.
  55. Valerio Máximo, 1772, II, 10, 5.
  56. Quintiliano,, XI, 1, 12.
  57. Korolenkov A., 2014, p. 62.
  58. Seletsky P., 1978, p. 212.
  59. Kallet-Marx R., 1990, р. 139.
  60. Korolenkov A., 2014, p. 73.
  61. Cicerón, 1994, Brutus, 110.
  62. Cicerón, 1994, Brutus, 116.
  63. Korolenkov A, Smykov E., 2007, p. 77.
  64. Plutarco, 2001, Cayo Mario, 28.
  65. Ateneo de Náucratis, 2004, IV, 168 e.
  66. Paulo Orosio, 2004, V, nota. 211.
  67. Cicerón, 1994, De oratore I, 229.

Bibliografía

[editar]

Fuentes clásicas

[editar]
  • «Fasti Capitolini». Historia de la Antigua Roma (en latín). Consultado el 27 de octubre de 2015.
  • Ateneo de Náucratis (2004). El banquete de los eruditos (en ruso). Moscú: Nauka. p. 656. ISBN 5-02-022718-8.
  • Cicerón (1993). Discursos (en ruso). Moscú: Nauka. ISBN 5-02-011169-4.
  • Cicerón (1994). Tres tratados sobre el arte oratorio (en ruso). Moscú: Ladomir. p. 480. ISBN 5-86218-097-4.
  • Cicerón (2010). Cartas de Marco Tulio Cicerón a Ático, a sus allegados, a su hermano Quinto y a M. Bruto (en ruso) 3. San Petersburgo: Nauka. p. 832. ISBN 978-5-02-025247-9.
  • Diodoro de Sicilia. «Biblioteca histórica». Simposiy (en ruso). Consultado el 18 de diciembre de 2015.
  • Floro (1996). «Epítomes». Pequeños historiadores romanos (en ruso). Moscú: Ladomir. pp. 99-190. ISBN 5-86218-125-3.
  • Frontino. «Estratagemas». Sitio web «XLegio» (en ruso). Consultado el 22 de noviembre de 2015.
  • Paulo Orosio (2004). Historia contra los paganos (en ruso). San Petersburgo: Izdatelstvo Olega Abyshko. p. 544. ISBN 5-7435-0214-5.
  • Plutarco (2001). Vidas paralelas (en ruso) 3 (2.ª ed. edición). San Petersburgo: Nauka. p. 672. ISBN 5-306-00240-4.
  • Quintiliano. «Instituciones oratorias» (en latín). Consultado el 11 de diciembre de 2015.
  • Salustio (2001). «Guerra de Jugurta». César. Salustio (en ruso). Moscú: Ladomir. pp. 488-570. ISBN 5-86218-361-2.
  • Tito Livio (1994). Historia de Roma desde su fundación (en ruso) 3. Moscú: Nauka. p. 768. ISBN 5-02-008995-8.
  • Valerio Máximo (2007). Hechos y dichos memorables (en ruso). San Petersburgo: Izdatelstvo SPbGU. p. 308. ISBN 978-5-288-04267-6.
  • Valerio Máximo (1772). Hechos y dichos memorables (en ruso) 2. San Petersburgo. p. 520.
  • Veleyo Patérculo (1996). «Historia romana». Pequeños historiadores romanos (en ruso). Moscú: Ladomir. pp. 11-98. ISBN 5-86218-125-3.

Historiografía

[editar]
  • Abidulin, A. (2005). «Дело Публия Рутилия Руфа». Antiquitas Iuventae (en ruso): 87-90.
  • Badian E. (1956). «Q. Mucius Scaevola and Province of Asia». Athenaeum (en inglés) 34. pp. 104-123.
  • Badian E. (2010). «Цепион и Норбан (заметки о десятилетии 100—90 гг. до н. э.)». Studia Historica (en ruso) (X): 162-207.
  • Brennan T. (2000). The Praetorship in the Roman Republik (en inglés) 2. Oxford: Clarendon Press. p. 534.
  • Broughton T. (1951). Magistrates of the Roman Republic. Philological Monographs, No. 15 (en inglés) I. Nueva York: American Philological Association. p. 600.
  • Broughton T. (1952). Magistrates of the Roman Republic. Philological Monographs, No. 16 (en inglés) II. Nueva York: American Philological Association. p. 558.
  • Carney T. (1961). A Biography of Marius (en inglés). Assen. p. 76.
  • Egorov A. (1989). «Социально-политическая борьба в Риме в 80-е гг. I в. до н. э. (К истории диктатуры Суллы)». Социальная борьба и политическая идеология в античном мире (en ruso) (2): 108-143.
  • Ihne W. (1879). Römische Geschichte (en alemán) V. Leipzig: Engelmann. p. 464.
  • Kallet-Marx R. (1990). «The Trial of Rutilius Rufus». Phoenix (en inglés) 44 (2): 122-139.
  • Kovalev S. (2002). История Рима (en ruso). Moscú: Polygon. p. 864. ISBN 5-89173-171-1.
  • Korolenkov A. (2014). «Процесс Рутилия Руфа и его политический контекст». Вестник древней истории (en ruso) (Moscú: Nauka) (3): 59-74. ISSN 0321-0391.
  • Korolenkov A, Smykov E. (2007). Сулла. Жизнь замечательных людей (en ruso). Moscú: Molodaya Gvardiya. p. 430. ISBN 978-5-235-02967-5.
  • Last H. (1932). «The Senatorial Recovery». Cambridge Ancient History (en inglés) IX: 172-177.
  • Long G. (1870). «Q. Mucius Scaevola, son of Publius (consul, b.c. 133) and pontifex maximus 7». Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology (en inglés) 3: 733-734.
  • Luce T. (1970). «Marius and Mithridatic Command». Historia (en inglés) 19: 161-194.
  • Marshall B. (1976). «The Date of Q. Mucius Scaevola's Governorship of Asia». Athenaeum (en inglés) 54: 117-130.
  • Meier C. (1966). Res publica amissa. Eine Studie zu Verfassung und Geschichte der späten römischen Republik (en alemán). Wiesbaden: Franz Steiner Verlag. p. 332.
  • Mommsen T. (1997). История Рима (en ruso) 2. Rostov del Don: Féniks. p. 640. ISBN 5-222-00047-8.
  • Nicolet C. (1966). L'ordre équestre à l'époque républicaine (312—13 av. J.-C.) (en francés). París: E. de Boccard. p. 753.
  • Schur W. (1942). Das Zeitalter des Marius und Sulla (en alemán). Leipzig: Dieterich'sche Verlagsbuchhandlung.
  • Seletsky P. (1978). «О некоторых современных исследованиях социально-политической истории Рима 90-х годов I в. до н. э.». Вестник древней истории (en ruso) (Moscú: Izdatelstvo AN SSSR) (3): 205-215. ISSN 0321-0391.
  • Sumner G. (1978). «Governors of Asia in the Nineties B. C.». GRBS (en inglés) (19.2): 147-153.
  • Trukhina N. (1986). Политика и политики «золотого века» Римской республики (en ruso). Moscú: Izdatelstvo MGU. p. 184.
  • Van Ooteghem J. (1964). Gaius Marius (en francés). Bruselas: Palais des Academies. p. 336.
  • Waddington W. (1872). Fastes des provinces asiatiques de l'Empire romain depuis leur origine jusqu'au règne de Dioclétien (en francés). París: Didot. p. 272.
  • Zaborovsky Y. (1977). «Некоторые стороны политической борьбы в римском сенате (40—20-е гг. II в. до н. э.)». Вестник древней истории (en ruso) (Moscú: Izdatelstvo AN SSSR) (3): 182-191. ISSN 0321-0391.


Predecesores:
Quinto Servilio Cepión
Cayo Atilio Serrano
Cónsul de la República romana
junto con Cneo Malio Máximo
105 a. C.
Sucesores:
Cayo Mario cos. II
Cayo Flavio Fimbria