Pintura clasicista

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Las musas Clío, Euterpe y Talía, Eustache Le Sueur, h. 1640-1645, Museo del Louvre, París, ejemplo de aticismo.

La pintura clasicista es una de las tendencias o corrientes pictóricas que se desarrolló en el siglo XVII y representaba una alternativa a la pintura barroca. Como reacción al manierismo de finales del siglo XVI, surgieron en Italia dos tendencias: el caravaggismo y el clasicismo. Ambas se enmarcan cronológicamente dentro de la pintura barroca, pero sus características son distintas a las del barroco pleno, como señaló el historiador suizo Heinrich Wölfflin:

  1. Predominó el dibujo sobre el color;
  2. El espacio se construye mediante planos sucesivos, sin las bruscas diagonales barrocas;
  3. Las obras son cerradas, no abiertas, con las figuras colocadas en el centro de la composición;
  4. Las formas se distinguen nítidamente y son independendientes, a diferencia de la "subordinación al todo" barroca;
  5. No hay aquí violentos contrastes ni actitudes exageradas.

El clasicismo romano-boloñés[editar]

Hipómenes y Atalanta, Guido Reni, versión h. 1615-1625

La línea clasicista fue seguida por los Carracci, el más destacado de los cuales fue Annibale Carracci, dando lugar al clasicismo romano-boloñés, tendencia que se opuso al caravaggismo. Carracci pretendió restablecer el estilo de Rafael.

Esta tendencia nació en la ciudad universitaria de Bolonia, en un ambiente culto que buscaba una realidad más intelectualizada que los caprichos manieristas. No obstante, no se decantan por el naturalismo a la manera de Caravaggio, sino que buscan expresar una belleza ideal. Resultaba así un arte verosímil y noble, que no caía en vulgaridades y que expresaba una gran serenidad.

Tuvo un gran éxito entre los eclesiásticos. Se realizaron frescos y también pintura de caballete.

Destaca la importancia que le dio a la naturaleza y al paisaje, expresado con belleza, equilibrio y serenidad. Fue el precedente y origen de lo que después será el paisaje "clasicista" o "heroico".

La obra maestra de Annibale Carracci fue la bóveda de la Galería del Palacio Farnesio, en Roma (1597-1604), que realizó a imitación de la Capilla Sixtina. La influencia de esta galería, estilísticamente entre el renacimiento y el barroco, fue enorme. También se le considera el creador del paisaje clásico, en el que las figuras humanas son meramente anecdóticas.

Los Carracci fundaron una Academia, llamada primero de los Deseosos y luego de los Encaminados. Tenía como objetivo completar la formación de los pintores, no sólo mediante la técnica, sino también dotándoles de formación humanística y literaria.

Muchos pintores formaron parte de la Academia. Los más conocidos son Domenichino, el boloñés Guido Reni y Francesco Albani. Autores posteriores se consideran de transición hacia el pleno barroco: Giovanni Lanfranco y Guercino.

Cuando el resto de Italia trabajaba ya las formas del pleno barroco, el clasicismo sobrevivía en la obra de Andrea Sacchi, Giovanni Francesco Romanelli y Carlo Maratta.


El Clasicismo


I. Introducción

Durante el siglo XVIII las monarquías absolutistas del siglo anterior se transforman, por influencia de las ideas ilustradas, en las monarquías del Despotismo Ilustrado bajo el lema: “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”.

La experiencia de la Revolución Francesa hizo que las monarquías rechazaran las nuevas ideas filosóficas y políticas para de esta manera recuperar sus antiguos valores, dando lugar al proceso que se conoce como Restauración. Pero la regresión ya no fue posible: En el siglo XIX.


II. Sociedad

Los tres estamentos (nobleza, clero y pueblo llano) se definían por su situación jurídica y por la posesión de unos privilegios completos: -La nobleza y el clero formaban los estamentos sociales privilegiados. Estaban exentos del pago de impuesto (ellos los cobraban), poseían tribunales de justicia; en ocasiones, ellos mismos podían juzgar a sus siervos. -El Estado Llano estaba formado por un grupo heterogéneo que sólo tenía en común: la falta de derechos políticos y el desprecio con que era considerado por los estamentos superiores. Formaban parte de este estamento desde los ricos burgueses (que habían conseguido su riqueza gracias a un gran esfuerzo por mantener una vida digna) hasta el llamado Pueblo Llano, la inmensa mayoría, pasando por la media y baja burguesía y el clero medio y bajo.

Integrantes de las clases “no privilegiadas”: los miembros del tercer estamento eran los únicos que pagaban tributos, incluido los censos correspondientes a los propietarios de las tierras y los diezmos (10% de las cosechas) al clero.


III. Arquitectura

El Neoclasicismo, impulsado por la ilustración como arte de la razón, se opone al Barroco y al Rococó.

Busca la sencillez y la limpieza de formas (columnas dóricas y sencillos frontones) tomando como modelo las ruinas clásicas de Italia. Se emplean materiales nobles (mármol) pero el estilo es poco original y pronto crea modelos establecidos que se copian sin apenas variaciones. Surgen así edificios civiles de carácter público por toda Europa y de características similares. Las mejores obras son del último tercio del siglo XVIII y de comienzos del XIX. En España el Neoclasicismo logra su mejor momento con Cados III en obras como la Puerta de Alcalá o el Museo Nacional del Prado.

IV. Escultura

En general se mantiene la estética Barroca (el Rococó tiene una escultura limitada y poco interesante). En España destaca la imaginaria de Salzillo. La escultura Neoclásica, rígida y formalista tiene sus mejores representantes en Antonio Cánova y Throwaldsen

V. Pintura

Durante el siglo XVIII confluyen diversos estilos (Barroco, Rococó, Clasicismo, Romanticismo,…) que se manifiestan en cada país con una personalidad diferente. En Francia hacia finales del siglo aparece el clasicismo con David como mejor representante. En Inglaterra sus mejores artistas son los retratistas (Gainsborough y Reynolds) y los paisajistas (Constable y Turner). Italia sigue bajo la estética del Barroco y de la pintura al fresco. Destacaron Tiépolo y los paisajistas venecianos. Otro artista es el grabador Piranesi. En Alemania destaco Mengs. En España se acogieron artistas de toda Europa y hasta finales del siglo no apareció la imponente figura de Goya que no solo fue un artista de su tiempo sino que anuncio futuras corrientes estéticas con una obra de gran fuerza y personalidad.

“La gallinita ciega” de Goya


VI. Características Musicales

La música clásica a la que nos referimos es la producida entre la muerte de Johann Sebastián Bach y el nacimiento de la sinfonía en mi bemol mayor de Beethoven. Los músicos, se liberaron de la servidumbre de la Iglesia, aunque pasaron a depender de otros protectores: los nobles. Los músicos se veían obligados a componer continuamente para todos los actos sociales de sus patrocinadores. El desarrollo de la burguesía fue la causa por la cual se comenzaron a hacer frecuentes los conciertos públicos, y los músicos fueron adquiriendo cierto grado de autonomía. La música de la segunda mitad del siglo XVIII fue fiel reflejo de las ideas nacionalistas y de progreso de la Ilustración. Una música cargada de serenidad, dominio y refinamiento, que tuvo como finalidad el triunfo del arte sobre los sufrimientos e imperfecciones de la vida. Las formas musicales que se desarrollaron en este tiempo fueron: la sonata y la sinfonía. Ambas significaron el triunfo sobre el texto y sobre la música religiosa. La ópera también se fue transformando. Aunque en esta, perduro el estilo en el que se había desarrollado durante el Barroco, la”opera seria”, en esta época adquirió un desarrollo importante la”opera bufa”. Esta opera bufa comenzó a desarrollarse en Italia, usando personajes y situaciones populares. Era, por ello, un estilo mucho más popular y que podría interpretarse como un deseo de educar musicalmente a la población del último estamento o democratizar el arte. Aparecen, en este periodo, las orquestas sinfónicas que son las orquestas que ayudan a fijar las formas clásicas.

El clasicismo francés[editar]

Así como el tenebrismo tuvo éxito en la Francia de provincias, el clasicismo arraigó en la corte y en París, entre un público de aristócratas y la alta burguesía. El clasicismo francés de la época de Luis XIII estuvo dominado por las figuras de dos artistas que trabajaban en Roma: Nicolas Poussin y Claudio Lorena. De este último se destacan sobre todo los paisajes, que influyó en el romanticismo. Tanto Poussin como Lorena satisfacían ante todos los gustos de los coleccionistas franceses, especialmente de Richelieu y Mazarino, que adquirían sus obras.

Otro pintor que también desarrolló su carrera en Roma, pero cuyas obras se adquirían en Francia, fue Gaspard Dughet. En París trabajaron Laurent de La Hyre y Jacques Stella.

A mediados de siglo la corriente dominante fue el aticismo, estilo caracterizado por sus peculiares refinamientos. Representan esta tendencia Eustache Le Sueur, Sébastien Bourdon, Nicolas Loir (1624-1679) y Nicolas Chaperon.

En la corte francesa se cultivó igualmente el retrato, destacando sobre todo en este punto la figura de Philippe de Champaigne, que cultivo tanto el retrato sencillo, íntimo, de gran penetración psicológica, como el cortesano, en que que se presentan a los reyes y las grandes figuras con todo su esplendor. El retrato de corte suele ser de pie, con accesorios como columnas o cortinajes. Esta segunda línea fue cultivada por retratistas como Hyacinthe Rigaud y Nicolas de Largillière.

Durante el reinado de Luis XIV, el clasicismo se identificó con el "gran gusto", siendo la figura más influyente fue Charles Le Brun, que marcó el estilo oficial de la época. A este respecto fue determinante la creación, en 1648, de la Academia Real de Bellas Artes, con lo que se creaban unas líneas artísticas oficiales al servicio de la monarquía. La Academia estableció una jerarquía de géneros, dentro de la cual el paisaje ocupaba el último lugar.

Aunque el iniciador es considerado Simon Vouet, antiguo tenebrista, es sin duda Le Brun la figura académica por excelencia, y quien mejor supo defender el ideal artístico del Rey Sol. Fue nombrado Primer Pintor del Rey en 1664, y dirigió los trabajos de Versalles.

Otros artistas destacados son Pierre Mignard, Antoine Coypel, Jean Jouvenet y Charles de la Fosse.

Escuela de Lieja[editar]

En Flandes se desarrolló un estilo clasicista en torno a la escuela de Lieja, opuesta a la de Amberes. El principal representante de esta tendencia fue Gérard de Lairesse. Otros pintores que pueden enmarcarse dentro de ella son: Berthollet Flémalle, Jean-Guillaume Carlier, Englebert Fisen y Lambert Blendeff.

Referencias[editar]

  • Carrassat, P.F.R. y Marcadé, I., Movimientos de la pintura, Spes Editorial, S.L., 2004. ISBN 84-8332-596-9.
  • Maneyre-Dagen, N., Leer la pintura, Spes Editorial, S.L., 2005. ISBN 84-8332-598-5.
  • Pérez Sánchez, A.E., en Historia del Arte, Anaya, Madrid, 1986. ISBN 84-207-1408-9.