Mitología muisca

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Monumento a Bochica, héroe civilizador (y/o dios) de los muiscas, en Cuítiva (Boyacá).

La mitología muisca comprende las creencias, mitos y leyendas de carácter politeísta, animista y panteísta que hacen parte de la religión muisca. Las creencias de los muiscas no se basan en una revelación divina; han sido transmitidas desde aproximadamente el siglo VI a. C. hasta la actualidad por medio de relatos orales, y el conocimiento de sus historias más antiguas se ha conservado gracias a las Crónicas de Indias escritas por los españoles durante y después del proceso de cristianización.

Por otra parte, el folclore y la tradición popular ha mantenido buena parte de la mitología muisca, que han sido revitalizada y reinventada por movimientos afines al neopaganismo muisca. También ha servido de inspiración en la literatura y el teatro, entre otras artes.

Los nueve Bxogonoa[editar]

La mitología muisca en la actualidad es el resultado de la compleja fusión de los relatos dejados por los españoles de los siglos XVI y XVII con las reinterpretaciones que los actuales descendientes de los muiscas han hecho de sus creencias, además de constantes reelaboraciones hechas por la cultura popular y la tradición oral. De acuerdo con esto, los muiscas han dividido la historia del mundo en nueve Bxogonoa (edades, o eras):

Unquyquienxie[editar]

La primera edad del mundo es llamada Unquyquienxie, o Unquynxie, que significa «antes de todas las cosas».[1]​ En ese momento sólo existía Fihizca, el alma y el aliento del Universo, en medio de la oscuridad y del silencio. Fihizca permanecía dormido, pero cuando despertó, surgieron en su pensamiento Bagüe, la Gran Abuela, y Chiminigaghoa, el Gran Abuelo.[2]

Sas Quyhynuca[editar]

Pectoral muisca de oro que podría representar a las dos aves "tymanso" que salieron del interior de Chiminigagua para crear a los dioses primordiales.

La segunda edad del mundo es llamada Sas Quyhynuca, o Sas Quyhyna, que significa «antes de todo» (literalmente, «antes antes»).[3]​ Durante esa edad, Bagüe y Chiminigaghoa se encontraban en el Tomsa, que es el ombligo del Universo (algunos lo han identificado con la Sierra Nevada de Santa Marta). Bagüe y Chiminigaghoa copularon, y del roce de sus cuerpos se produjo el sonido del siseo de la serpiente. De ese acto creador surgió Chiminigagua, que es la «Luz de la Luz», y que contiene ambos principios, el masculino y el femenino.[4]

Chiminigaghoa le dio a Chiminigagua dos semillas de quinua, y Bagüe le dio cuatro semillas de maíz de distintos colores. En ese momento, todo estaba aún en tinieblas. Entonces, del interior de Chiminigagua salieron dos aves negras (identificadas a veces como tymanso, o gallinazos, y otras veces como cóndores), un macho y una hembra, de cuyos picos salieron unos rayos de luz que esparcieron por todo el Universo. La hembra llevaba las semillas de maíz en su pico, y el macho las de quinua. Primero salió la hembra, que dio una vuelta en espiral, surcando la inmensidad, y arrojó la semilla de maíz negro, llamado aba chyscamuy; y Chiminigagua sopló sobre la semilla una parte de su fihizca, es decir, de su aliento divino, y así se formó el remolino del Norte, del que nació Hicha, la diosa de la tierra. Después, dio una segunda vuelta en espiral y arrojó la semilla de maíz amarillo, llamado aba tyba, y Chiminigagua sopló una parte de su fihizca sobre la semilla, y así se formó el remolino del Este, del que nació Fiba, el dios del aire y del viento. Luego, dio una tercera vuelta en espiral y arrojó la semilla de maíz blanco, llamado aba fuquie pquyhyza, y Chiminigagua sopló una parte de su fihizca sobre la semilla, y así se formó el remolino del Sur, del que nació Gata, el dios del fuego. Finalmente, dio una cuarta vuelta en espiral y arrojó la semilla de maíz rojo, llamado aba sasamuy, y al soplar Chiminigagua una parte de su fihizca sobre la semilla, se formó el remolino del Oeste, del que nació Sie, la diosa del agua.[5]

Después salió el macho, y luego de dar una vuelta en espiral por la inmensidad, esparció las dos semillas de quinua al interior del Tomsa. Y Chiminigagua sopló una parte de su fihizca sobre las semillas de quinua, y al hacerlo nacieron Nyiagena, dios del oro y de lo que está arriba, y Chuecutagua, diosa de las esmeraldas y de lo que está abajo.[5]

Otra versión sobre lo que pasó en esa era, refiere que en el principio sólo existía la Madre Abuela Bagüe, o Bague, quien gritó fuertemente, y de la potencia de su grito nacieron los dioses, la luz, las plantas, los animales y las personas. Entonces los dioses pusieron una olla en el Tomsa —el ombligo del mundo— y allí echaron muchas semillas. Luego esparcieron lo que había en la olla por el espacio, y ese es el origen de las estrellas y los luceros. Sin embargo, nada en el mundo se movía; ni las plantas, ni los animales ni las personas. Los dioses manifestaron su descontento a Bagüe. Ella les dio entonces una bebida que los hizo dormir, y los dioses comenzaron a soñar que todo lo creado se movía, dotando, de ese modo, a toda la creación de vida.[6]

Zaita Caguequa[editar]

La tercera edad del mundo es llamada Zaita Caguequa, o simplemente Zaita, que significa «lo que existió al principio del Universo».[7]​ En esta edad, los dioses dieron forma a Quyca («el Mundo»), a Guatquyca («el mundo de arriba») y a Tynaquyca («el mundo de abajo»), y en medio de todo dieron forma a Muysquyca («la tierra de la gente»). Para sostenerla, pusieron grandes troncos de guayacán por debajo. Después, los dioses primordiales iniciaron una danza ceremonial alrededor del Tomsa, el ombligo del mundo, en cuya concavidad escupió cada uno una parte de su fihizca. Cuando el Tomsa estuvo lleno, se batió con una chuia (cuchara)[8]​ hasta que estuvo en su punto.

Luego de un tiempo, comenzaron a nacer del Tomsa los dioses de segunda generación, algunos de los cuales eran gigantes. El primero fue Chaquen, dios de los límites y de los términos que preside las peregrinaciones, las ceremonias, las fiestas sagradas y la guerra. El segundo fue Nemcatacoa, también llamado Fo, dios de la embriaguez, la irreverencia, la música y la danza. El tercero fue Guahaioque, dios de la muerte. La cuarta fue Fahaoa, diosa de la neblina y de las nubes. La quinta fue Hichu, diosa del hielo y de la nieve. El sexto fue Pquahaza, dios del rayo. El séptimo fue Cuhuzafiba, dios de la medicina y del arcoíris, mediador entre dioses y hombres; a él lo invocaban las mujeres cuando entraban en labores de parto. El octavo fue Chibchachum, también llamado Chibchacum, dios protector de los muiscas, y en especial de los comerciantes.

Zaitania[editar]

Templo del Sol en Sogamoso durante una celebración de la Fiesta del Huán, que conmemora los acontecimientos narrados en el mito de los caciques Sogamoso y Ramiriquí.

La cuarta edad del mundo es llamada Zaitania, que significa «antiquísimamente».[1]​ En esa edad, Chibchacum plantó en la tierra dos semillas: una de quinua y otra de maíz. Sobre cada una infundió parte de su fihizca (aliento divino). De la semilla de quinua nació un hombre de piel dorada, al que Chibchacum llamó Sua, o Sué, y de la semilla de maíz nació una mujer de piel plateada, a la que Chibchacum llamó Chie, o Chía. Eran muy fuertes y tuvieron una larga vida, pero, después de muchos años, cuando estaban a punto de morir, Chibchacum se compadeció de ellos y decidió inmortalizarlos. A Sua lo convirtió en el dios del Sol, y a Chie en la diosa de la Luna.

Otra versión es la del ciclo mitológico de Sogamoso, según el cual, el origen del Sol y la Luna se remonta a los caciques Sogamoso y Ramiriquí (o Tunja, según otras versiones), que en un principio eran los únicos seres sobre la tierra, cuando ésta estaba envuelta en tinieblas. Ellos hicieron a los hombres de tierra amarilla, y a las mujeres de una hierba alta que tiene el tronco hueco. Después, Sogamoso mandó a Ramiriquí, que era su sobrino, a que subiera al cielo para alumbrar la tierra. Entonces Ramiriquí se convirtió en el Sol. Sin embargo, como durante las noches volvía la oscuridad absoluta, Sogamoso decidió subir él mismo al cielo para alumbrar las noches, de modo que se convirtió en Luna. Desde entonces, para conmemorar esos hechos, se celebra la fiesta llamada Huán.[9]

Sasbequia[editar]

Bachué, la madre de los muiscas, transformándose en serpiente.

La quinta edad del mundo es llamada Sasbequia, que significa «antiguamente», o «más tiempo que el pasado». Durante esta edad, Chibchachum hizo dos figuritas de barro, y las arrojó a la Laguna de Iguaque. Tiempo después, salió de la laguna una mujer llamada Bachué, a la que los muiscas se refieren afectuosamente como Furachogue («mujer buena»). Bachué llevaba de la mano a un niño de tres años, con el que bajó desde el páramo a las tierras llanas. Según el investigador Darío Rozo, el niño se llamaba Sugunsúa.[10]​ Otras versiones refieren que Bachué y el niño llegaron desde mundo subterráneo que hay bajo la laguna. Cuando el niño creció, se unió a Bachué, con la que recorrió muchas tierras y tuvo muchos hijos. La fertilidad de Bachué era tan prodigiosa que en cada parto daba a luz a cuatro, cinco o seis hijos. Por eso fue honrada también como diosa de los campos, para que la tierra diera siempre abundantes cosechas. Bachué y su esposo les enseñaron a sus hijos a honrar a los dioses y a sus mayores. Mucho tiempo después, cuando la pareja había envejecido, se dirigieron de nuevo, en compañía de gran cantidad de gente, a la Laguna de Iguaque. Allí se despidieron de todos, en medio de lamentos y lágrimas, y se transformaron en dos grandes serpientes que se internaron en lo profundo de las aguas.[11]

Fanzaquia[editar]

La sexta edad del mundo es llamada Fanzaquia, que significa «antiguamente», o «hace mucho tiempo». Durante esa edad, llegó a la tierra de los muiscas un hombre de piel blanca, ojos azules, cabello y barba abundantes y blancos, conocido en la provincia de Bacatá como Bochica, Nemqueteba y Xué, mientras que en las provincias de Suamox y Hunza fue conocido como Sadigua, Sugumonxe y Sugunsúa.

Bochica llegó desde el Oriente, por Pasca, proveniente de los Llanos Orientales. Les habló a los muiscas en su misma lengua y les enseñó a tejer e hilar el algodón, a cultivar adecuadamente la tierra, a honrar a los dioses y a respetar a sus mayores, a los antepasados y las autoridades. Por eso, tiempo después, Bochica fue venerado especialmente por los gobernantes muiscas. Recorrió muchos pueblos, pasando por Bosa, Fontibón, Funza y Zipacón. Estuvo una larga temporada en Cota, y de allí fue a las provincias de Hunza y Sogamoso, llegando incluso hasta la tierra de los guanes. Estuvo también en Gámeza y duró mucho tiempo en Sogamoso, donde fue espléndidamente recibido por el cacique Nompanen. Finalmente desapareció, probablemente en Iza, donde dejó estampada la huella de uno de sus pies en una piedra, muy venerada por los muiscas.

Tiempo después, llegó una mujer de extraña belleza llamada Huitaca, que algunos identifican como hija de la diosa Chía, y otros como la misma diosa. Huitaca les enseñó a los muiscas a vivir en medio de la lujuria, el libertinaje, las fiestas y las borracheras; además, les inducía a blasfemar contra los dioses, al punto de que fueron tantas las injurias pronunciadas contra el dios Chibchacum, que éste decidió castigar a los muiscas con una gran inundación.

Salto del Tequendama, creado por el poder de Bochica según la mitología muisca.

Chibchachum hizo nacer los ríos Sopó y Tivitó, cuyos caudales unió al del río Funza (antiguo nombre del río Bogotá) hasta que la sabana quedó completamente inundada. En ese momento, cuando todo parecía perdido, algunos acudieron a un templo que habían construido para honrar a Bochica, donde le suplicaron que los ayudara. Entonces apareció el arcoíris en medio de un gran estruendo, y sobre el arcoíris estaba Bochica, que lanzó un báculo de oro que tenía en la mano hacia una sierra, abriendo una salida para el agua, con lo que fueron creadas las cataratas del Salto del Tequendama, y así la Sabana de Bogotá quedó libre de la inundación. Después de esto, para castigar a Huitaca, Bochica la convirtió en una lechuza, y a Chibchachum lo condenó a cargar la tierra sobre sus hombros, por lo que cada vez que cambia de hombro para descansar, la tierra tiembla.[12]

Sasia[editar]

La séptima edad del mundo es llamada Sasia, que significa «antiguamente». En esa edad se establecieron los sucesores de Bochica en Suamox (Sogamoso), y gobernaron los Zipas y Zaques míticos en Hunza y Bacatá. A esta edad corresponden personajes como Goranchacha (el Hijo del Sol), Tomagata (el "Cacique Rabón"), Tutasúa, Hunzahúa, Zoquenchá, Nemcatoque, Menquetá y Meicuchuca, entre muchos otros.

Fanxie[editar]

La octava edad del mundo es llamada Fanxie, que significa «todavía»,[13]​ y corresponde a los tiempos modernos, que se incluyen la época de los Zipas y Zaques históricos, así como de los últimos gobernantes de Iraca y Tundama.

Fasynga[editar]

La novena edad del mundo es llamada Fasynga, que quiere decir «el futuro»,[14]​ o «lo que está por venir».[14]

Cosmología[editar]

Según las creencias muiscas, el mundo, llamado Quyca, está conformado de la siguiente manera:

  • Quyca: El mundo terrestre propiamente dicho.
  • Guatquyca: El mundo de arriba, donde habitan Sua (dios del Sol) y Chie (diosa de la Luna), además de otras deidades.
  • Tynaquyca: El mundo de abajo, donde habitan los difuntos. Según esta creencia, los muertos, luego de atravesar un tenebroso barranco, deben cruzar un río montando una balsa hecha de tela de araña, llamada Sospquazine, hasta llegar a un lugar, en las entrañas de la tierra, lleno de campos de cultivo, iluminados por un nuevo Sol.[15]

Deidades[editar]

Monumento a la Raza Chibcha en el parque principal de Chía (Cundinamarca). En la parte superior, la diosa Chía, o Chíe, diosa de la Luna.
Estatua de Sie, diosa del agua, en la Avenida Las Américas de Bogotá.
Estatua de Bachué en la ciudad de Medellín.

Deidades formadoras, o primordiales[editar]

  • Fihizca: El Alma y Aliento del Universo.
  • Bagüe: La Gran Abuela.
  • Chiminigaghoa: El Gran Abuelo.
  • Chiminigagua: La Luz de la luz.

Deidades elementales[editar]

  • Hicha: Diosa de la tierra.
  • Fiba: Dios del viento y del aire.
  • Gata: Dios del fuego.
  • Sie: Diosa del agua.
  • Nyiagena: Dios del oro y de lo que está arriba.
  • Chuecutagua: Diosa de las esmeraldas y de lo que está abajo.

Deidades gigantes[editar]

  • Chaquen: Dios de los límites y de los términos que preside las peregrinaciones, las ceremonias, las fiestas sagradas y la guerra.
  • Nemcatacoa, ó Fo: Dios de la embriaguez, la irreverencia, la música y la danza.
  • Guahaioque: Dios de la muerte.
  • Fahaoa: Diosa de la neblina y de las nubes.
  • Hichu: Diosa del hielo y de la nieve.
  • Pquahaza: Dios del rayo.
  • Cuchavira: Dios de la medicina y del arcoíris, mediador entre dioses y hombres. A él lo invocaban las mujeres cuando entraban en labores de parto.
  • Chibchachum, ó Chibchacum: Dios protector de los muiscas, y en especial de los gobernantes y de los comerciantes.

Deidades astrales[editar]

  • Sua: Dios del Sol.
  • Chie: Diosa de la Luna.

Semidioses[editar]

  • Bachué y su esposo: Fueron los primeros seres humanos, convertidos en dioses luego de que regresaran a la Laguna de Iguaque (de la que habían salido), convertidos en serpientes.

Héroes[editar]

  • Bochica: Héroe civilizador de los muiscas, fue un hombre de raza blanca llegado del Oriente, aunque dependiendo de la versión, también es visto como un semidios e incluso como un dios.
  • Huitaca: Hija de la diosa Chie, aunque también es identificada como otro aspecto de la misma Chie.
  • Goranchacha: Hijo del Sol que nació en forma de esmeralda, en el territorio de la actual Guachetá,
  • Tomagata: Conocido como "Cacique Rabón", se cuenta de él que era tuerto, tenía cuatro orejas y arrastraba una larga cola. Fue muy virtuoso y querido por los muiscas.

Criaturas míticas[editar]

  • Las dos aves tymanso: Fueron las aves negras que salieron del interior de Chiminigagua, irradiando la luz por el Universo y esparciendo las semillas de quinua y maíz.

Referencias[editar]

  1. a b «http://muysca.cubun.org/Manuscrito_158_BNC/Vocabulario/fol_16v». Consultado el 1 de abril de 2017. 
  2. Gómez Montañez, Pablo Felipe, Los chuyquys de la Nación Muisca Chibcha: ritualidad, resignificación y memoria (Universidad de los Andes; Facultad de Ciencias Sociales; Bogotá, 2009), p. 80
  3. «http://muysca.cubun.org/sasa». Consultado el 1 de abril de 2017. 
  4. Gómez Montañez, Pablo Felipe, Los chuyquys de la Nación Muisca Chibcha: ritualidad, resignificación y memoria (Universidad de los Andes; Facultad de Ciencias Sociales; Bogotá, 2009), p. 81
  5. a b Gómez Montañez, Pablo Felipe, Los chuyquys de la Nación Muisca Chibcha: ritualidad, resignificación y memoria (Universidad de los Andes; Facultad de Ciencias Sociales; Bogotá, 2009), p. 82
  6. Puerta Restrepo, Germán. El sueño de los dioses.
  7. «http://muysca.cubun.org/zaita». Consultado el 1 de abril de 2017. 
  8. «http://muysca.cubun.org/chuia». Consultado el 1 de abril de 2017. 
  9. Rocha Vivas, Miguel. Antes el amanecer. Parte 2 (Ministerio de Cultura. República de Colombia. Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia; Bogotá, 2010), p. 406
  10. Rozo, Darío. Apuntaciones sobre mitología chibcha (Bogotá, 1935), p. 159
  11. Gómez Montañez, Pablo Felipe, Los chuyquys de la Nación Muisca Chibcha: ritualidad, resignificación y memoria (Universidad de los Andes; Facultad de Ciencias Sociales; Bogotá, 2009), pp. 82-83
  12. Fray Pedro Simón, Noticias historiales (Casa Editorial de Medardo Rivas; Bogotá, 1891) Segunda Parte, Cuarta Noticia, Capítulo IV, p. 289
  13. «http://muysca.cubun.org/fa». Consultado el 1 de abril de 2017. 
  14. a b «http://muysca.cubun.org/nga». Consultado el 1 de abril de 2017. 
  15. Melo G, Jorge Orlando, prólogo; Röthlisberger, Ernst. El Dorado : estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericana (COLCULTURA; Bogotá, 1993), «Conquista del país. Población aborigen. Razas».