Malón

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El malón por Mauricio Rugendas.

El malón o maloca fue una táctica militar ofensiva empleada por diversos pueblos indígenas de los actuales territorios de Argentina y Chile, que consistía en el ataque rápido y sorpresivo de una nutrida partida de guerreros a caballo contra un grupo enemigo, ya fueran otros pueblos o parcialidades indios o poblaciones, fortificaciones y estancias de los huincas, con el objetivo de matar adversarios y saquear para hacerse con ganado, provisiones y prisioneros, sobre todo mujeres jóvenes y niños.[1][2][3]

Para similar actividad realizada por los españoles contra los indígenas durante la época colonial, se usa el término maloca.

Descripción[editar]

La vuelta del malón por Ángel Della Valle (1892).

El malón fue utilizado en la extensa área de la frontera sur de la entonces Capitanía General de Chile y del Virreinato del Perú y del posterior Virreinato del Río de la Plata, que eran jurisdicciones políticas dependientes de la corona española, perviviendo hasta comienzos del siglo XX en los territorios de los nuevos estados surgidos a consecuencia de la independencia de Argentina y Chile.

La eficacia del malón se debía al desconcierto que generaba un ataque sorpresivo sin orden formal, generalmente por la noche mientras dormían los habitantes y soldados, y sólo estaban alerta los vigías nocturnos apostados en los mangrullos. Como consecuencia de la rápida acción de los atacantes y su posterior retirada no daba suficiente tiempo para organizar la defensa, dejando tras de sí una población devastada. Las armas que empleaban los indios eran principalmente lanzas, mazas y boleadoras.

Malones históricos[editar]

Mangrullo de fortín utilizado para ver la llegada de malones (expuesto en Cipolletti).

Si bien la historia argentina está llena de pequeños y muy grandes malones [4]​los más importantes que se produjeron en Argentina, a lo largo del siglo XIX, fueron:

  • El 3 de diciembre de 1820, el ex Director Supremo de Chile José Miguel Carrera, con sus hombres y 2.000 indígenas de los caciques Pablo, Yanquetruz y Ancafilú, y 500 desertores, bandoleros y prófugos de la justicia, destruyeron el Fuerte de Salto y su población.
  • El 4 de abril de 1821, unos 1.500 mapuches bajo el mando de José Luis Molina atacaron el pueblo de Dolores, destruyéndolo completamente. Se hicieron con 150.000 cabezas de ganado.
  • En octubre de 1823, una coalición de 5.000 ranqueles, pampas y tehuelches atacaron simultáneamente el sur de Santa Fe, Luján, Tandil y Chascomús. Juan Manuel de Rosas, al frente de milicias, logró rescatar de los tehuelches 120.000 reses.
  • En la primavera de 1836, el cacique boroga Railef, procedente de Chile y Neuquén, realizó un malón con 2.000 guerreros sobre Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Obtuvo 100.000 cabezas de ganado, pero, cuando iba de vuelta a Chile, el cacique Calfucurá lo emboscó y derrotó.
  • El 13 de febrero de 1855, Calfucurá, Catriel y Cachul arrasaron la localidad bonaerense de Azul al frente de 2.000 guerreros, muriendo 300 personas y llevándose cautivas a 150 familias y 60.000 cabezas de ganado.
  • En 1857, el jefe Coliqueo invadió Pergamino y se apoderó de 40.000 reses.
  • El 19 de mayo de 1859, la Fortaleza Protectora Argentina fue invadida por Calfucurá con entre 2000 y 3000 hombres, siendo el último malón a la ciudad de Bahía Blanca.
  • El 5 de marzo de 1872, Calfucurá, con un ejército de 6.000 combatientes, atacó los pueblos de General Alvear, Veinticinco de Mayo y Nueve de Julio, matando a 300 criollos y haciéndose con 200.000 cabezas de ganado.
  • El "Malón Grande", que comenzó en diciembre de 1875, fue una conjunción de guerreros de Namuncurá, lanzas chilenas, ranqueles, indios de Pincén y los pampas de Catriel que se sublevaron contra el Gobierno nacional. Un total de 3.500 lanzas (otras fuentes hablan de 5.000) asolaron los partidos de Azul, Tandil, Olavarría, Juárez, Tapalqué, Tres Arroyos y Alvear, una extensión de casi 7.000 kilómetros cuadrados. Solamente en Azul dejaron 400 muertos. Se llevaron 500 cautivos y un total de 300.000 reses. Los indios fueron vencidos el 18 de marzo de 1876 en la batalla de Paragüil, recuperándose numerosos animales.
  • El 19 de marzo de 1919 se produjo la masacre de Fortín Yunká, al norte de la actual provincia de Formosa, conocido como el último gran malón en territorio argentino.

Los malones en la literatura[editar]

Autores como Esteban Echeverría, José Hernández o Jorge Luis Borges han abordado en sus obras la importancia del malón en la configuración social de la época. Retraron con maestría la psicología de los cautivos y la algarabía de los indios por el botín arrebatado a los cristianos.

Imagen de una mujer raptada después de un malón lamentándose de su suerte.
La cautiva, de Juan Manuel Blanes (1880), Óleo sobre tela.

Así, Esteban Echeverría, en su poema La cautiva narró el rapto y las penurias que sufre la cristiana cautiva para poder escapar de la vida miserable en la que se encuentra junto a su marido y poder regresar con su hijo. En la segunda parte del libro, "El festín" se lee:

Feliz la maloca ha sido;

rica y de estima la presa

que arrebató a los cristianos:

caballos, potros y yeguas,

bienes que en su vida errante

ella más que el oro precia;

muchedumbre de cautivas,

todas jóvenes y bellas"

Los cautivos fruto del malón, eran destinados por los indios a trabajos forzados dentro de las tolderías mientras duraba el cautiverio, hasta que podían negociar la libertad de los mismos o intercambiarlos por indios tomados como rehenes por los cristianos.

En el caso de las mujeres y niños eran incorporados como mano de obra y asimilados dentro del grupo. La suerte de la mujer estaba ligada a la de un indio que la raptaba para tomarla como su pareja y con la consiguiente consecuencia de engendrar sus hijos. Este rapto lo llevaba a cabo aquél que no podía pagar el precio o dote de la novia y también porque tener una esposa blanca daba estatus social.

"Es guerra cruel la del indio/ porque viene como fiera;/ atropella dondequiera/ y de asolar no se cansa./ De su pingo y de su lanza/ toda salvación espera."
El Gaucho Martín Fierro, lámina. Se puede apreciar las armas utilizadas y la ferocidad del enfrentamiento.

En El Gaucho Martín Fierro se escribió que estas mujeres eran sometidas a los más duros trabajos dada la baja jerarquía que ostentaban dentro del grupo:

"Era tan dura servidumbre

hacían dos años que estaba.

Un hijito que llevaba,

a su lado lo tenía.

La china la aborrecía,

tratándola como esclava"

Referencias[editar]

  1. Borges, Jorge Luis (2001). «Cuento número 8». En La Nación. El cautivo. Buenos Aires: Grupo Planeta. p. 21. ISBN 950-49-0861-6. 
  2. Esteban Echeverría. «La cautiva». los-poetas.com. Consultado el 10 de mayo de 2016. 
  3. Hernández, José (1996). «VIII». En Luis Sáinz de Medrano. Martín Fierro. Sabadell-Barcelona: Altaya. p. 231. ISBN 84-487-0300-6. 
  4. Cresto, Juan José. Roca y el mito del genocidio. La Nación. Martes 23 de noviembre de 2004.

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Véase también[editar]