Catriel

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Catriel es el nombre de una dinastía de caciques pampas. Dicha dinastía de caciques se desarrolló durante fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX. Sus máximos representantes fueron Juan Catriel, su hijo Juan "el joven" Catriel y sus nietos Cipriano Catriel, Juan José Catriel, Marcelino Catriel y Marcelina Catriel.

Etimología[editar]

En mapudungun (idioma Mapuche) la palabra catriel significaría ‘cara cortada’ o ‘que posee una cicatriz’.[1]

"El viejo" Catriel[editar]

Campaña de Rosas[editar]

El cacique pampa Juan Catriel se destacó en su actuación a favor de los criollos especialemnte durante la Campaña de Rosas al Desierto[2]​ La columna del este, al mando del brigadier general Juan Manuel de Rosas, que partió de San Miguel del Monte el 22 de marzo de 1833, con unos 2000 soldados, en su mayoría tropas de línea, fue reforzada con los guerreros pampas de Catriel en Tandil.

Murió en 1848. Lo sucedió su hijo Juan "el joven" Catriel.

"El joven" Catriel[editar]

Entre los representantes de los pueblos indios pacíficos, que aceptaron las nuevas reglas de la civilización, por contar con las garantías pactadas que salvaguardaban a su tribu, se hallaba el cacique Juan "el joven" Catriel, quien —debido al fallecimiento de su padre Juan Catriel, apodado "el viejo"— heredó la jefatura catrielera en 1848 y a su muerte fue sucedido por su hijo Cipriano Catriel —nieto de Juan Catriel "el viejo"— en 1867. Sus otros hijos además de Cipriano Catriel, fueron Juan José Catriel, Marcelino Catriel y su hermana menos reconocida, Marcelina Catriel.

Cipriano Catriel[editar]

Guerra a Calfucurá[editar]

Aprovechando la debilidad del gobierno argentino empeñado en la Guerra contra el Paraguay, el cacique Calfucurá atacó y saqueó los pagos de Veinticinco de Mayo, General Alvear y Nueve de Julio, pero el 11 de marzo de 1872 fue derrotado en la batalla de San Carlos de Bolívar, actualmente en el partido bonaerense de Bolívar, por el general Rivas y los guerreros de Cipriano Catriel.[3]

Juan José Catriel[editar]

Campaña del Desierto[editar]

Juan José Catriel fue un jefe pampa. Nació en el actual territorio de Argentina en el siglo XIX. Fue muerto en el año 1879.

En 1875, Adolfo Alsina, ministro de Guerra bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, firmó un tratado de paz con el cacique Juan José Catriel, que fue roto corto tiempo después cuando éste atacó junto al cacique Manuel Namuncurá, las aldeas de Tres Arroyos, Tandil, Azul y otros pueblos y granjas.

Alsina respondió al ataque, forzándolos a retroceder y dejando fortines en su camino hacia el sur para proteger los territorios conquistados y para evitar el transporte del ganado robado construyó la llamada Zanja de Alsina de 3,50 metros de ancho por 2,60 metros de profundidad, que sirvió como límite para los territorios sin conquistar de 374 km entre Italó (en el sur de Córdoba) y Nueva Roma (al norte de Bahía Blanca).

En 1876 la campaña fue realizada por cinco columnas. Los aborígenes continuaron sus ataques recolectando ganado en la provincia de Buenos Aires y el sur de la provincia de Mendoza, pero les resultaba difícil escapar con los animales que hacían su marcha lenta y además debían enfrentar a las unidades de patrullaje que los seguían. En 1876 fue la victoria final del Ejército, por el Coronel Salvador Maldonado sobre el cacique Juan José Catriel en la batalla de Cura Malal, actual partido de Saavedra. Muchos decidieron unirse a las granjas-estancias para trabajar a cambio de comida y refugio. Juan José Catriel se rindió al gobierno.

A finales de 1878, empezó la primera ola para "limpiar" la zona entre la zanja de Alsina y el Río Negro a través de ataques sistemáticos y continuos a los establecimientos de los aborígenes. El coronel Nicolás Levalle y luego el teniente coronel Freire atacaron a Manuel Namuncurá provocándole más de 200 muertos, mientras que el coronel Lorenzo Vintter tomaba prisionero a Juan José Catriel con más de 500 guerreros. Fue confinado en la isla Martín García.

Referencias culturales[editar]

Jorge Luis Borges en el cuento El sur dice:

Su abuelo materno había sido aquel Francisco Flores, del 2 de infantería de línea, que murió en la frontera de [la provincia de] Buenos Aires, lanceado por indios de Catriel: en la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann (tal vez a impulso de la sangre germánica) eligió el de ese antepasado romántico, o de muerte romántica.

Jorge Luis Borges

Por otro lado, el escritor y aventurero inglés Robert B. Cunningham-Graham, en su libro El Río de la Plata relata:

La indiada del viejo Catriel, acampaba permanentemente en las fueras de Bahía Blanca; vivían en paz con sus vecinos manteniendo relaciones a la callada con los indios bravos, los pampas (en realidad tehuelches septentrionales boreales mapuchizados), los ranqueles, los pehuelches y las demás tribus que tenían sus toldos en las Salinas Grandes, o salpicados a lo largo de los collados al pie de los Andes, hasta el lago de Nahuel Huapi y hasta Choele Choel; a las veces estallaban como el rayo entre una nube en los campos de adentro, con la furia de un pampero que soplara del sur. Sus excursiones seguían siempre los mismos caminos, bien conocidos de los gauchos, que las distinguían con el nombre de malones; unas veces entraban a la provincia de Buenos Aires pasando cerca de la villa de Tapalquén, por el gran despoblado que se extiende de Romero Grande a Cabeza de Buey... Alrededor de las tribus indias flotaba una atmósfera de leyenda y de terror. Cuando invadían las grandes estancias del sur, cabalgaban todos, con excepción de los jefes, sobre cueros de carneros y muchas veces en pelo, llevaban una lanza de tacuara, de cinco a seis varas de largo, con una tijera de trasquilar en la punta, adherida al asta con una cola de buey, u otra guasca que dejaban secar, y que se endurecía como el hierro, reteniendo contra la hoja un mechón de crin; a su paso huían los venados y los avestruces como vuela la espuma marina ante las ondas agitadas. Cada guerrero llevaba un caballo de remuda, adiestrado, según el decir de aquellas partes, “a cabestriar a la par”; cabalgaban como demonios en las tinieblas excitando a los caballos con la furia de la carga y saltando los pequeños arroyos escarceaban en los pedregales como cabras, deslizándose por entre los pajonales con ruido de cañas pisoteadas y los jinetes se golpeaban la boca con las manos, al lanzar sus alaridos prolongados y aterradores. Cada jinete cabalgaba en su crédito (caballo favorito); envueltos al cinto llevaban dos o tres boleadoras, las bolas grandes pendían a la izquierda y la bola pequeña o manija a la derecha, descansando sobre el cuadril. Todos tenían cuchillos largos o espadas recortadas para mayor comodidad...; si tenían silla, los llevaban metidos entre la cincha y la carona, y si no, atados al talle desnudo, con fajas angostas de lana, tejidas por sus mujeres en las tolderías, de extraños dibujos concéntricos y estirados. Iban todos embadurnados de grasa de avestruz, nunca se pintaban; su feroz algarabía y el olor que despedían, enloquecían de miedo a los caballos de los gauchos. El cacique andaba unos veinte pasos delante de los demás, en una silla enchapada de plata, escogiendo, si lo había, un caballo negro para que se destacara bien; retenía las riendas de plata de tres varas de alto en la mano izquierda, y aguijoneando furiosamente a su caballo, de vez en cuando volvía la cara hacia los hombres para lanzar un grito, blandiendo la lanza cogida por la mitad del asta y galopando a todo correr.

Robert B. Cunninghame-Graham, El Río de la Plata

Enlaces externos[editar]

Bibliografía[editar]

Referencias[editar]

  1. BabySitio.com (etimología de la palabra katriel).
  2. Llamar «desierto» a la rica llanura pampeana es tendencioso, ya que si bien no eran tierras desiertas en sentido estricto porque estaban ocupadas por varias naciones de pueblos indios, la densidad de esta población era prácticamente insignificante.
  3. Ar.Geocities.com (Calfucurá).