Asesinato de José Pardines

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El asesinato de José Pardines tuvo lugar en España el 7 de junio de 1968. José Antonio Pardines Arcay era agente de la Guardia Civil y se encontraba regulando el tráfico en la carretera N-I a la altura de Villabona (Guipúzcoa). Los autores fueron Javier «Txabi» Etxebarrieta e Iñaki Sarasketa, militantes de la organización terrorista nacionalista vasca ETA. El suceso es considerado el primer asesinato cometido por ETA.[n. 1]

Pardines[editar]

José Antonio Pardines Arcay[3] había nacido en Malpica de Bergantiños (La Coruña) en 1943. Era hijo y nieto de guardias civiles y él mismo era miembro del cuerpo, destinado en 1968 en el destacamento de Tráfico de San Sebastián.

El hecho[editar]

El 7 de junio de 1968, él y su compañero Félix de Diego Martínez estaban de servicio en un control en la carretera N-I, Madrid-Irún, a la altura de Villabona (Guipúzcoa), encargados del control del tráfico en una zona en obras, situados uno en cada extremo del tramo de carretera.

Su jornada transcurría con normalidad hasta que a Pardines, situado en el punto kilométrico 446,700, le llamó la atención un Seat 850 Coupé blanco con matrícula Z-73956. Esta placa le trajo a la memoria la de un vehículo robado, por lo que decidió interceptarlo y pedir la documentación a los dos ocupantes, los miembros de ETA Javier Etxebarrieta Ortiz, 'Txabi', e Iñaki Sarasketa.

Mientras rodeaba el vehículo y se agachaba para comprobar que los datos de la documentación se correspondían con los del automóvil, los del motor y los del bastidor, del coche salieron los dos ocupantes, sacando uno de ellos una pistola y disparándole un tiro en la cabeza a quemarropa.

En esos instantes pasaba por el lugar un camionero que detuvo su camión al oír el ruido del disparo, pensando que había pinchado una rueda. Al bajar del vehículo y ver lo acontecido, trató de reducir al autor de los disparos, pero el compañero del asesino le encañonó. En ese momento el autor del disparo contra Pardines le disparó cuatro veces más en el pecho.

Después los dos etarras huyeron del lugar, pasando junto al compañero de Pardines, el guardia Félix de Diego, que no se había percatado de nada. Tras ser informado de lo ocurrido por el camionero que presenció el tiroteo, de Diego dio el aviso y se puso en marcha un operativo de búsqueda de los pistoleros.

ETA en aquel momento no había tomado la decisión de asesinar todavía y por ello Iñaki Sarasketa manifestaría años después:

Supongo que el guardia civil se dio cuenta de que la matrícula era falsa. Al menos, sospechó. Nos pidió la documentación y dio la vuelta al coche para comprobar. Txabi me dijo «Si lo descubre, lo mato»…Le contesté: «No hace falta, lo desarmamos y nos vamos»… Salimos del coche. El guardia civil nos daba la espalda. Estaba de cuclillas mirando el motor en la parte de atrás…Susurró: «Esto no coincide...». Txabi sacó la pistola y le disparó. Cayó boca arriba. Volvió a dispararle tres o cuatro tiros más en el pecho. Fue un día aciago. Un error. Era un guardia civil anónimo, un pobre chaval. No había ninguna necesidad de que aquel hombre muriera.[4]

Persecución de los asesinos[editar]

Poco después, ambos etarras fueron interceptados por las patrullas de la Guardia Civil cerca de Tolosa. En ese momento Txabi Etxebarrieta sacó la pistola y los agentes forcejearon con él para arrebatarle el arma; al echar mano a la pistola también Sarasketa, se produjo un tiroteo en el que Txabi resultó herido de gravedad. El etarra fue trasladado al hospital de Tolosa, donde finalmente falleció. Sarasketa consiguió escapar inicialmente, pero fue detenido unas horas más tarde, en la madrugada del 8 de junio, en la iglesia de la localidad guipuzcoana de Régil, donde se había ocultado.[5]

Consecuencias[editar]

Mitificación del suceso[editar]

Gracias al testimonio de un camionero que pasaba por el lugar, la prensa de la época pudo dar una información bastante ajustada a la realidad de los hechos.[6] No obstante, el hecho de que los medios de comunicación estuvieran habitualmente controlados por el imperante régimen del general Franco hizo que los sectores de población que discrepaban de éste desconfiaran de la versión oficial. Este hecho fue utilizado durante años por ETA y sus simpatizantes para ofrecer una versión de los hechos según la cual Pardines había intentado hacer uso de su arma y ello había obligado a Txabi a dispararle en defensa propia. Dicha versión, que proporcionaba una visión heroica del comportamiento de Etxebarrieta fue sostenida oficialmente por la izquierda abertzale durante décadas. No fue impedimento para ello ni el hecho de que Iñaki Sarasketa, único superviviente del hecho, dijera en una entrevista concedida al diario Egin con motivo del décimo aniversario del suceso (el 7 de junio de 1978) que Txabi había disparado a Pardines a sangre fría y por la espalda, ni su posterior ampliación de los hechos en la entrevista concedida a La Revista de El Mundo el 7 de junio de 1998 (a los treinta años del asesinato);[4] todavía el 7 de junio de 2008, a los cuarenta años del suceso, el diario Gara afirmaba lo siguiente: «Pardines intenta sacar su arma, pero Etxebarrieta dispara primero. El guardia civil cae muerto».[7]

Repercusiones[editar]

El asesinato no premeditado de Pardines fue el inicio de una escalada de violencia que se prolongaría durante décadas. La posterior muerte del asesino de Pardines durante su detención, presentada por ETA como una ejecución extrajudicial perpetrada a sangre fría por los guardias civiles, serviría para justificar el posterior asesinato por la organización del Inspector-Jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa, Melitón Manzanas. A partir de allí, la dinámica de acción-reacción-acción previamente adoptada por ETA dominaría la política vasca incluso muchos años después de desaparecida la dictadura del general Franco.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. No obstante, algunas fuentes señalan que la primera víctima de ETA sería Begoña Urroz Ibarrola, una niña de veintidós meses,[1] aunque los documentos policiales de la época señalan que ese atentado lo hizo el grupo antifascista DRIL. Una bomba incendiaria colocada el 27 de junio de 1960 en la Estación de Amara en San Sebastián le provocó graves quemaduras en cara y manos, que le produjeron la muerte al día siguiente en la clínica Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, además de herir a otras personas.[2]

Referencias[editar]

  1. Lasarte recuerda a la primera víctima ETA: una niña de 22 meses fallecida en 1960, 20 Minutos, 15 de febrero de 2010.
  2. Diario de Navarra «La primera víctima de ETA, una niña de padres navarros» Consultado el 19 de diciembre de 2010
  3. Longueira, T. (18 de febrero de 2014). «La Guardia Civil homenajea al malpicán José Antonio Pardines, víctima de ETA». La Voz de Galicia. Consultado el 25 de marzo de 2015. 
  4. a b Garzón, Lourdes (7 de junio de 1998). «30 años de terrorismo». La Revista de El Mundo (138). Consultado el 25 de diciembre de 2012. 
  5. Fernando Lázaro (7 de junio de 2008). «El primer eslabón de una cadena de terror». El Mundo. Consultado el 25 de diciembre de 2012. 
  6. «Matan a tiros a un Guardia Civil de Tráfico». La Vanguardia. Cifra. 8 de junio de 1968. p. 10. Consultado el 25 de diciembre de 2012. 
  7. Fernández Soldevilla, Gaizka; López Romo, Raúl (2012). Sangre, votos, manifestaciones: ETA y el nacionalismo vasco radical 1958-2011. Madrid: Tecnos. pp. 26-28. ISBN 978-84-309-5499-5.