Huelga general en España de 1855

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Ludistas: rompedores de máquinas golpeando un telar. Las protestas se dirigían contra el maquinismo y la mecanización propios de la revolución industrial. Las máquinas sustituían al trabajador y aumentaban el desempleo provocando una gran población obrera sobrante. El Parlamento del Reino Unido disponía, desde 1721, de leyes penales que castigaban con la deportación el daño a las máquinas. Pero como las actuaciones contra la mecanización seguían, aprobó la Frame-Breaking Act de 1812 que permitía castigar a los trabajadores con la pena de muerte (véase en:Criminal damage in English law)

La huelga general en España de 1855, se considera la primera huelga general convocada en la historia de España. Tuvo lugar en 1855 y, aunque circunscrita a Cataluña, ya que era el principal, y casi único, centro industrial español (mayoritariamente textil) se considera por su importancia, seguimiento y repercusión, la primera huelga general en España que ocurrió durante el reinado de Isabel II concretamente con el gobierno de Baldomero Espartero en el Bienio Progresista.[1]

Contexto político[editar]

El triunfo de la revolución de 1854, iniciada el 30 de junio con el pronunciamiento del general Leopoldo O'Donnell -que recibió el apoyo de Francia y Gran Bretaña, a través de sus embajadas en Madrid- y culminada con una insurrección popular en las principales ciudades durante el mes siguiente, dio paso al Bienio Progresista (1854–1856) en el que se formó un nuevo gobierno bajo la presidencia del general Baldomero Espartero, líder del (Partido Progresista).[2] [3] [4]

En Cataluña, a diferencia del resto de España, la Revolución de 1854 tuvo una importante participación obrera, y la noticia de la subida al poder del general Espartero fue recibida con gran regocijo entre las clases populares.[5]

Origen de la huelga[editar]

Los trabajadores inicialmente se habían movilizado contra el maquinismo en el llamado conflicto de las selfactinas (por la introducción de las selfactinas (del inglés self-acting, "de acción automática"), que mecanizaban una parte importante de trabajo del hilado.[6]

Gracias a la nueva libertad adquirida tras la Revolución de 1854 y a la tolerancia del gobierno de Espartero se desarrollaron las asociaciones obreras, que llegaron a constituir treinta de ellas una Junta central. Pero el nuevo capitán general de Cataluña, el general Zapatero que fue conocido como «general cuatro tiros», acabó con la tolerancia e inició una política de represión del movimiento obrero que incluyó la condena a muerte y ejecución del dirigente obrero José Barceló, acusado de un supuesto delito de robo con asesinato. El 21 de junio de 1855 prohibió las asociaciones obreras y anuló los convenios colectivos entre patronos y trabajadores que habían venido regulando la vida laboral desde que los obreros del sector textil comenzaron su lucha contra el uso de las máquinas de hilar llamadas selfactinas. Asimismo encarceló y deportó a muchos dirigentes obreros y republicanos para «acabar con las huelgas y con el problema obrero».[7]

Esta política represiva sería el desencadenante de la huelga general y singularmente la orden cursada, por el Capitán General de Cataluña Juan Zapatero y Navas el 24 de junio, disolviendo las asociaciones obreras ilegales, y poniendo bajo el control militar todas las asociaciones de socorros mutuos permitidas. También se sometía a la ley marcial a todo el que directa o indirectamente se propasase a coartar la voluntad de otro para que abra sus fábricas o concurra trabajar en ellas, si no accede a las exigencias que colectivamente se pretenda imponer.[4]

Desarrollo[editar]

La respuesta obrera a las medidas del capitán general Zapatero fue la declaración de una huelga general que se inició el 2 de julio de 1855, y que fue la primera de la historia de España. La huelga general de 1855 se extendió por todas las zonas industriales de Cataluña, donde aparecieron banderas rojas con el lema «Viva Espartero. Asociación o muerte. Pan y trabajo».[8]

La huelga general duró del 2 al 11 de julio de 1855 y fue masivamente seguida. Su lema fue «asociación o muerte» y sus exigencias fueron, además de la libertad de asociación, la reducción de la jornada de trabajo y el aumento del salario. La «Unión de clases» publicó un Manifiesto en el que, dirigiéndose a la clase obrera de Cataluña, se la exhortaba a sumarse a la acción huelguística.[4]

Una Comisión de Trabajadores fue a Madrid para reunirse con el general Espartero, con el objetivo de que se reconociera el derecho de asociación. El general Espartero no recibió a la Comisión.[4]

En Barcelona, mientras tanto, la autoridad militar aplicaba sanciones con gran severidad: entre ellas, prisión, deportación, castigos corporales, y amenazas de pena de muerte. El 8 de julio, la fragata «Julia» zarpó con rumbo a La Habana con 70 militantes obreros deportados.[4]

El artículo del diario La Corona de Aragón del 4 de julio de 1855[editar]

En el diario liberal barcelonés La Corona de Aragón, en su edición del 4 de julio de 1855, fue publicado el siguiente artículo:

La zozobra, la inquietud, el malestar, la discordia y la desconfianza se han hospedado por fin en Barcelona, en la bella Barcelona.

En un día y a una hora dada han cesado los trabajos en todas las fábricas de Cataluña, y cien mil hombres se han lanzado a la calle pidiendo 'pan y trabajo' y gritando 'asociación o muerte'. Al estado a que han llegado ya las cosas, antes de que una colisión venga a sembrar el luto y el dolor en las familias, ya no hay que volver la vista atrás, sino tomar la cuestión en el punto en que se halla, y con la leal protesta de los mejores y más sinceros deseos, decir lo que creemos oportuno para poner en práctica y para terminar esa situación triste y angustiosa, tanto más angustiosa y triste cuando los carlistas enarbolan decididamente su negra bandera y escogen por campo de batalla las llanuras y montañas del antiguo Principado.

¿Qué es lo que piden esas inmensas masas de trabajadores que pueblan nuestras calles, sin manifestarse hostiles sin embargo, sin insultar a nadie, debemos decirlo en su favor, sin propasarse a nada? El derecho de asociación.

Piden también que se fijen de un modo estable las horas de trabajo y que se constituya un gran jurado de amos y obreros que arreglen buenamente las discordias que entre ellos se susciten. Pues bien, que se forme ese jurado, nosotros también lo pedimos, también lo demandamos en nombre de la libertad, en nombre del orden, en nombre de las familias, en nombre de la pública tranquilidad, en nombre de Barcelona toda.

Que se forme ese jurado, sí, pero no de amos y de operarios solo, sino de doce o quince personas en que estén representadas las clases principales, de doce o quince personas cuyos nombres solos sean una garantía para todos los buenos, para todos los liberales, para todos los que, identificados con los principios santos proclamados por la gloriosa revolución de julio, deseen verdaderamente que la libertad, el orden y el progreso lleguen a establecerse por fin de una manera sólida en nuestro infortunado país.

Que se forme ese jurado, que se busquen para formarlo hombres de talento, de conocimientos, de acrisolado patriotismo, de principios reconocidos, de arraigo en el país, de influjo en el pueblo, de sentimientos puros, leales y nobles, y que se den a ese jurado amplias facultades por parte de los trabajadores lo mismo que por la de los amos, y que ese jurado, en fin, estudie, investigue, indague y obre en vista de los documentos y de las pruebas que se le sometan, según su leal saber y entender le dicten, interín las cortes, como debieran ya haberlo hecho, se ocupan de asunto tan importante y tan vital.

Este es nuestro parecer que francamente emitimos, que sinceramente proponemos, sin segundas miras, sin doble intención, sin más intención ni miras que las de contribuir a la felicidad y al bienestar de los jornaleros hermanos nuestros.

Nos atrevemos a pedir al Escmo. señor capitán general, al Escmo. señor gobernador civil, a la Diputación, al Ayuntamiento, a los trabajadores todos que adopten nuestro proyecto, si lo creen oportuno, como un medio honroso de transacción. Nos atrevemos a pedir a la prensa barcelonesa, nuestra hermana, que apoye nuestro proyecto, si lo juzga útil, y le añada lo que su ilustración sabrá encontrar y nuestra ignorancia no nos ha dejado ver.

Es preciso que esta situación triste y lamentable concluya, es preciso que se calme esa crisis industrial, es preciso que los ánimos se tranquilicen y sosieguen, a fin de que juntos, unidos y compactos podamos acudir contra nuestro enemigo común que es el carlista, que es el absolutista, que es el reaccionario, que es, en fin, todo el que es enemigo de la libertad.

Nosotros proponemos el medio, cumpliendo con nuestra misión de honrados y leales periodistas.

Proponga cada cual el suyo y que el pueblo y las autoridades adopten el mejor, pero que se adopte un pronto, pronto, pronto, antes que aprovechando esos momentos para ellos propicios, se aventuren a dar un golpe de mano nuestros enemigos tan incansables como vigilantes, antes de que un tiro disparado al acaso promueva una colisión, antes de que venga la guerra intestina, la guerra civil, y con la guerra civil la miseria, la desolación, el luto y la desdicha de la un día tan opulenta y hoy tan desgraciada Barcelona.[9]

Toma de Barcelona por los militares y fin de la huelga[editar]

El 9 de julio de 1855, Barcelona fue tomada militarmente. El general Espartero envió a su ayudante, Sanabria, con un documento lleno de vagas promesas. La huelga general se extinguió el 11 de julio.[4]

Los huelguistas sólo volvieron al trabajo cuando el general Espartero envió a Barcelona a un ayudante con un mensaje personal suyo en el que les pedía que confiasen en él, que era «un hijo del pueblo que nunca ha engañado al pueblo». Entonces las asociaciones obreras elaboraron y enviaron a Madrid un escrito titulado Exposición de la clase jornalera a las cortes en el que pedían una ley de asociaciones obreras que regulase las relaciones laborales. Para apoyar el escrito recogieron 33.000 firmas a través del periódico obrerista que fundaron en Madrid llamado El eco de la clase obrera.[10]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Fontana, Josep (2007). La época del liberalismo. Vol. 6 de la Historia de España, dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares. Barcelona: Crítica/Marcial Pons. ISBN 978-84-8432-876-6. 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]