Hondero balear

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El hondero balear formaba un cuerpo de ejército propio de la Edad Antigua, integrado por indígenas de las Baleares, presentes tanto en las tropas cartaginesas como romanas. Ya estuvieron presentes en las guerras contra los griegos en Sicilia, desde finales del siglo V y IV aC, así como en la segunda guerra púnica. Posteriormente sirvieron como tropas auxiliares de infantería ligera en múltiples combates, entre los que cabe mencionar su presencia en las legiones de Julio César en la guerra de las Galias. La provisión de soldados mercenarios se hacía por levas voluntarias.[1]

Hondero balear.

Aunque se pueda contar entre las tropas hispanas de Aníbal, este contingente merece mención aparte por sus especiales características. Se citan por primera vez a mediados del siglo IV a. C. en Cerdeña, durante la conquista de Selinunte (409 a. C., en el marco de la segunda guerra siciliana).[2]​ Diodoro les coloca entre los combatientes cartagineses durante la toma de Agrigento y, ya comenzada la tercera guerra siciliana, en la batalla de Ecnomo (310 a. C.), a las órdenes de Amílcar, hijo de Giscón.

De ellos dice Diodoro Sículo, que:

(...) en la práctica de lanzar grandes piedras con honda aventajan a todos los demás hombres.

Diodoro Sículo, Biblioteca histórica v.17.1.

Los honderos baleares — mencionados por las fuentes como funditores, por extensión del arma que manejaban, la honda, llamada funda en latín — combatían «semidesnudos», es decir, con escaso armamento defensivo.[3]​ Al respecto dice Tito Livio «levium armorum baliares» —armados a la ligera—,[4]​ y «levis armatura».[5]​ También refiere que como armamento defensivo solo usaban un escudo recubierto de piel de cabra, y como armamento ofensivo un venablo de madera afilada y las célebres hondas. Estas eran elaboradas con una fibra vegetal negra trenzada con crines o con nervios de animales. Empleaban tres tipos de hondas de distintas longitudes, según la distancia del objetivo a alcanzar. Las que no estaban usando en un momento dado, las colocaban en torno a la cabeza y la cintura.[6]​ Por el contrario, según Estrabón y otros autores, llevaban las tres hondas atadas alrededor de la cabeza.[7]

Los proyectiles, que lanzaban tras voltear tres veces sus hondas, podían ser de piedra, terracota o plomo. Podían llegar a pesar hasta 500 g, y sus efectos eran análogos a los de una catapulta.[6]

Su maestría con la honda la intentaba explicar ya Licofrón en su poema épico Alexandra, donde hablaba así de los fugitivos de Troya que llegan a las Islas Baleares:

Después de navegar como cangrejos en las rocas de Gimnesis[8]​ rodeados de mar, arrastraron su existencia cubiertos de pieles peludas, sin vestidos, descalzos, armados de tres hondas de doble cordada. Y las madres señalaron a sus hijos más pequeños, en ayuno, el arte de tirar; ya que ninguno de ellos probará el pan con la boca si antes, con piedra precisa, no acierta un pedazo puesto sobre un palo como blanco.

Licofrón de Calcis (280 a. C.), Alexandra (versos 633-641)

Excelentes defensores y asaltantes de fortificaciones, los cartagineses los emplearon sobre todo en el campo de batalla. Normalmente, eran los primeros en intervenir en las batallas, derribando a las primeras filas enemigas, rompiendo escudos, yelmos y cualquier tipo de arma defensiva.[9]

Cuando se les terminaban los proyectiles o el enemigo estaba ya muy próximo, se replegaban junto a los arqueros para ceder el paso al grueso de la infantería ligera.

Según los cronistas, Aníbal contó con aproximadamente 2000 honderos, quien en los inicios de la campaña en la península itálica los dispuso en primera fila de su ejército,[10]​ y eran los encargados de comenzar la lucha hostigando a los romanos. Esta disposición de las tropas, que tenía un cierto paralelismo con la de los vélites en el ejército romano, la repitió en Cannas (216 a. C.). Es significativo el hecho de que los contingentes de honderos fueran citados expresamente en la distribución de tropas que Aníbal hizo antes de dejar el mando del territorio cartaginés en la península ibérica a su hermano Asdrúbal, al que confió 500 baleares.[11]​ Aníbal confería gran importancia a estas tropas y las protegió a lo largo de la campaña como soldados irreemplazables. El motivo no era otro que el mayor alcance y precisión que la honda tenía sobre el arco.

Historia[editar]

Si bien la procedencia exacta de estos colonizadores es una incógnita aún sin resolver, diversos vestigios hallados en distintos yacimientos mallorquines, así como descubrimientos recientes (2005) en Menorca, hacen suponer que la llegada de los primeros pobladores a las islas se produjo alrededor del IV milenio a. C. Basándonos en la estructura social y en las tendencias religiosas y votivas de estas primitivas culturas, se puede presuponer una ascendencia originaria del extremo oriental del Mediterráneo. Esta teoría la refuerza el hecho de que las sucesivas migraciones posteriores procedieron de lugares como Fenicia (el actual Líbano) o Focea (actual Turquía) y el hecho de que los distintos topónimos originarios de lugares del Mediterráneo en que se establecieron estos primeros pobladores acaban siempre en -usa: Kromiusa (Rodas), Ijnusa (Cerdeña), Algusa (Sicilia), Melusa (Menorca), Kromiusa (Mallorca), Pitiusa (Ibiza), Ofiusa (Formentera). Los restos más primitivos encontrados en Mallorca datan del 3500 a. C. en la época del neolítico, período de transición entre la edad de bronce, donde los primeros objetos de cobre hacen aparición. Se puede situar a un representante de estos primeros pobladores en l'home de Muleta (El hombre de Muleta), de quien se encontraron restos entre los del Myotragus balearicus (bóvido endémico balear del tamaño de una cabra, hoy en día extinguido) en el L'avenc de Moleta cerca del puerto de Valldemosa.

Honda moderna.

Hondas y proyectiles[editar]

Para la fabricación de una honda se empleaban diversos materiales: fibra vegetal trenzada, lino, esparto o incluso crin de animal. También se podía emplear tripas o nervios entrelazados de algún animal y se cree que se inventó durante el Paleolítico, cuando el hombre aprendió a entrelazar y tejer. Se piensa que quizás sirviese como arma defensiva, hasta que el hombre se dio cuenta de que también era una excelente herramienta de caza.

El proyectil consistía en una piedra o una pieza de plomo. Las piedras eran seleccionadas rigurosamente por su dureza y aerodinámica y tenían un peso de unos 100 gramos. Un hondero podía lanzarlas a distancias que rondaban los 100 metros. Los plomos se fabricaban con un molde e incrementaban la capacidad de impacto y penetración en las protecciones metálicas y de cuero de los enemigos. El peso de éstos oscilaba entre 45 y 90 gramos y permitía obtener más velocidad y más alcance.

En el principal yacimiento arqueológico romano de Menorca (Sanitja), se han hallado proyectiles que llevan la inscripción del líder al que pertenecía el hondero. En uno de estos proyectiles aparece la sigla CAE que podría atribuirse al cónsul romano que sometió las islas al imperio en el 123 a. C., Quintus Cecilius Metellus.

Honderos[editar]

Proyectiles para usar con las hondas.

Los honderos eran desde su nacimiento iniciados en el manejo de la honda y constantemente se veían obligados a su continuo perfeccionamiento. Hecho tal que los confería como enemigos letales por su destreza y eficiencia en el manejo de la honda. En la narración de Licofrón de Calcis (280 a. C.) en su poema Alexandra (versos 633-641) hablando de los fugitivos de la guerra de Troya que llegan a Gimnesias (antiguo nombre dado por los griegos al archipiélago balear y por el autor del poema de origen griego) se da esta descripción:

Después de navegar como cangrejos en las rocas de Gimnesis rodeados de mar, arrastraron su existencia cubiertos de pieles peludas, sin vestidos, descalzos, armados de tres hondas de doble cordada. Y las madres señalaron a su hijos más pequeños, en ayuno, el arte de tirar; ya que ninguno de ellos probará el pan con la boca si antes, con piedra precisa, no acierta un pedazo puesto sobre un palo como blanco.

Por lo que se deduce que sus madres ponían el alimento sobre las ramas de los árboles y los críos no comían si antes no derribaban la comida de un certero pedrazo. Según cuenta la transcripción de Diodoro Sículo (en el siglo I a. C.):

Su equipo de combate consta de tres hondas, una de las cuales llevan en la cabeza, otra en la cintura y una tercera en la mano; utilizando esta arma son capaces de arrojar proyectiles mayores que los lanzados por otros honderos y con una fuerza tan grande que parece que el proyectil ha sido lanzado por una catapulta. Por ello en los ataques a las ciudades son capaces de desarmar y derribar a los defensores que se encuentran en las murallas y, si se trata de combates en campo abierto, consiguen romper un número enorme de escudos, yelmos y toda clase de corazas.

Eran mercenarios que generalmente cobraban por sus servicios en especies, sobre todo por cosas que escaseaban en las islas, como vino, aceite o mujeres.

Los honderos luchaban siempre en primera línea, separados por varios metros entre ellos como soldados de infantería y su función consistía en romper las defensas del enemigo. Junto con los arqueros, lanzaban proyectiles que causaban cuantiosos daños ya que los proyectiles destrozaban cualquier escudo o armadura de la época y una vez habían roto el orden defensivo del enemigo, dejaban paso al resto del ejército que iniciaba la carga.

Hazañas bélicas[editar]

Su espectacular pericia y valor en combate los convirtió en famosos soldados a lo largo del mediterráneo. Participaron en la primera guerra púnica como mercenarios a favor de los fenicios, con decisiva actuación en Sicilia contra los griegos. Al finalizar el contencioso greco-púnico en Sicilia —las llamadas guerras sicilianas— comenzó la rivalidad entre Cartago y Roma. Las relaciones entre ambos imperios fueron cordiales hasta que Roma se convirtió en una potencia naval y comercial que extendió su influencia más allá de la península itálica, por lo que las disputas políticas y económicas entre ambos pueblos surgieron desembocando en la primera guerra púnica. Los honderos de Baleares combatieron como mercenarios en dos de las primeras de las tres diferentes guerras púnicas que tuvieron lugar (abarcando el período comprendido entre el 264 a. C. y el 146 a. C.), junto a Amílcar Barca, bajo las órdenes de su yerno Asdrúbal y posteriormente en la hazaña de su hijo Aníbal en Cannas (en agosto del 216 a. C.).

Cuando Roma quiso apoderarse de las islas, en el 123 a. C., Quinto Cecilio Metelo, para recalar en éstas, tuvo que acorazar sus embarcaciones forrándolas de cuero, porque los honderos disparando a la línea de flotación de las naves las hacían retroceder a alta mar.[12]​ Las legiones romanas tardaron dos largos años en someter a las islas. Tras el sometimiento, convirtiéndose en territorio romano, los honderos pasaron a formar parte de las tropas auxiliares romanas, llegando a combatir junto a Julio César en la conquista de la Galia y de Britania.

Referencias[editar]

  1. «El hondero balear». Archivado desde el original el 23 de noviembre de 2015. Consultado el 2 de septiembre de 2009. 
  2. Diodoro Sículo Biblioteca histórica xii.80.2
  3. Estrabón, Geografía iii.5.2.
  4. Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación xxviii.18.5-7
  5. Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación xxviii.2.4.
  6. a b Diodoro Sículo, Biblioteca histórica v.18.3.
  7. Estrabón, Geografía iii.5.1; Eustacio de Tesalónica, Comentarios sobre la Ilíada y la Odisea 457; escolio a Licofrón 635; Lucio Anneo Floro, Epítome de la historia de Tito Livio i.43.
  8. Gimnesis o Gimnesias era el nombre dado por los griegos arcaicos al archipiélago balear.
  9. Diodoro Sículo, Biblioteca histórica v.18.3-4.
  10. e «iniciaron la lucha los baleares [...] quedaron cubiertos por una nube de proyectiles (misilibus) lanzados por los baleares.» Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación xxi.55.2-6.
  11. Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación xxi.21-22.
  12. https://books.google.es/books?id=Tb7LJoL-UF4C&pg=PA465&w#v=onepage&q&f=false

Bibliografía[editar]

  • Conselleria de Cultura del Govern Balear: La Prehistòria de les Illes de la Mediterrània Occidental. Palma de Mallorca, 1992.
  • ROSSELLÓ BORDOY, Guillem: La cultura talayótica en Mallorca, 1979.
  • NADAL CAÑELLAS, Joan: Els foners balears. Palma de Mallorca: Grup Serra, 2000.
  • BLÁZQUEZ, J. M.; Jaime ALVAR; y Carlos WAGNER: Fenicios y cartagineses en el Mediterráneo. Madrid, 1999.

Enlaces externos[editar]