Francisco Canals Vidal

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Francisco Canals Vidal
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F. Canals Vidal en 1975
Información personal
Nacimiento 30 de mayo de 1922
Barcelona, Cataluña,
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg España
Fallecimiento 7 de febrero de 2009, (86 años)
Barcelona, Cataluña,
Flag of Spain.svg España
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Cónyuge Isabel
Información profesional
Ocupación Filósofo, Teólogo
Años activo Siglo XX
Obras notables Sobre la esencia del conocimiento,
Cuestiones de fundamentación,
Historia de la filosofía medieval,
Tomás de Aquino. Un pensamiento siempre actual y renovador,
San José, Patriarca del Pueblo de Dios,
La tradición catalana en el siglo XVIII ante el Absolutismo y la Ilustración
Miembro de
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Francisco Canals Vidal (Barcelona, 30 de mayo de 1922 - ibídem, 7 de febrero de 2009) fue un filósofo y teólogo español. Casado y padre de once hijos. En su obra filosófica, como escritor y profesor en la Universidad de Barcelona, subrayó la importancia de la síntesis filosófica de Santo Tomás de Aquino para los tiempos actuales. Su redescubrimiento de la metafísica del ser en Santo Tomás, especialmente en las cuestiones sobre la esencia del conocimiento, le sitúan como uno de los máximos representantes del tomismo. Sin embargo su obra escrita y oral, realizada siempre como un servicio a la fe católica, trasciende el ámbito estricto de la filosofía e ilumina el saber teológico, político e histórico.

Vida[editar]

Francisco Canals Vidal nació en Barcelona el 30 de mayo de 1922 en el seno de una familia cristiana. Después de haber estudiado en los colegios de los Escolapios, cursó Derecho y Filosofía en la Universidad de Barcelona. Doctorado en Filosofía (Madrid, 1952), en Derecho (Barcelona, 1956), y posteriormente en Teología (Facultad de Teología de Barcelona, 1981).

Fue profesor encargado de Teoría del Conocimiento en la Universidad de Barcelona (1956-1966), Catedrático de Filosofía del Instituto Jaime Balmes de Enseñanza Media de Barcelona (1958-1967) y Catedrático de Metafísica de la Universidad de Barcelona (1967-1987).

Desde muy joven entró en contacto con el grupo formado en torno al padre Ramón Orlandis Despuig, S.I., «Schola Cordis Iesu», que a partir de 1944 tendría su órgano de expresión en la Revista Cristiandad, de la que fue constante colaborador. Contrajo matrimonio en 1950 y fue padre de once hijos. El padre Orlandis orientó su formación y su vocación como apóstol del Corazón de Jesús hacia el estudio y la docencia de la filosofía, especialmente de Santo Tomás de Aquino, al servicio de la fe. Catedrático de Instituto a partir de 1958, en 1967 ganó por oposición la cátedra de Metafísica (Ontología y Teodicea) de la Universidad de Barcelona, que ocupó hasta su jubilación en 1987.

Como escritor y conferenciante su actividad fue intensísima y abarcó, además de la filosofía, la dogmática (con una especial dedicación a la josefología), la teología de la historia y la actualidad sociopolítica. La fecundidad magisterial del Dr. Canals se pone de manifiesto en la pléyade de discípulos que ejercen su profesorado en España y fuera de ella. El Dr. Canals fue miembro de la Pontificia Academia Romana de Santo Tomás, magíster de la Maioricensis Schola Llullistica (Palma de Mallorca) e impulsor y fundador de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino, y participó asiduamente en sus respectivos Congresos. Fue vicepresidente de aquella Sociedad, presidente de su sección española y de su subsección barcelonesa. Armando Rigobello habló de Francisco Canals como de “uno de los mayores pensadores tomistas de lengua española”.[1]​ En el año 2005, en reconocimiento al mérito de la fecunda labor realizada, fue nombrado Doctor honoris causa por las Universidades Abat Oliba CEU de Barcelona, Pontificia y Real de Santo Tomás de Aquino de Manila, y FASTA de Mar del Plata en Argentina.

Además, y en premio a su labor apostólica, recibió el 26 de abril de 2002 el nombramiento, por parte del papa Juan Pablo II, de comendador de la Orden de San Gregorio Magno. Tras muchos años vividos en la tierra con la mirada puesta en el cielo, Dios le llamó por fin el día 7 de febrero de 2009, a la edad de 86 años.

Pensamiento[editar]

Pensamiento filosófico[editar]

F. Canals con S. Juan Pablo II, 1989

Se inscribe la filosofía del dr. Canals en el tomismo, siguiendo no sólo las enseñanzas de su maestro, el padre Orlandis, sino también muy conscientemente la recomendación de la Iglesia y el mensaje de los Papas: “el apartarse de santo Tomás, principalmente en las cuestiones metafísicas, nunca se hará sin grave detrimento”; y también: “es absolutamente falso que sea conciliable la fe con cualquier filosofía”. Canals había asumido esta recomendación como convicción propia, y así la transmitía a los demás.

Era además su tomismo, como lo describió Eusebio Colomer, “un tomismo empapado de la mejor tradición agustiniana y en constante diálogo crítico con el pensamiento moderno y contemporáneo”.[2]​ Gracias a su hondo conocimiento de la patrística, de San Agustín y de los doctores medievales, reconocía y podía evidenciar el sentido plenamente eclesial del teólogo Santo Tomás, es decir, su entronque con los Padres, su recepción de las actitudes y las ideas más nucleares y geniales de San Agustín y su fidelidad al magisterio de los antiguos concilios y de los Papas.

Y en cuanto a lo más intrínseco del tomismo, huelga decir que Canals fue un profundo estudioso, por un lado, de Aristóteles y, por otro, de la escolástica y de los mejores comentaristas de Santo Tomás. Conocía muy bien a Tomás de Vio, el Cayetano, de quien apreciaba el opúsculo De nominum analogia, a la vez que le refutaba su concepción inmediatista del conocimiento. Del Cursus Theologicus de Juan de Santo Tomás recibe, advertido por el p. Orlandis, la tesis del carácter locutivo del entendimiento. A Domingo Báñez lo cita como clarividente testigo del “olvido del ser” incluso entre los tomistas. A Raimundo Lulio, a San Buenaventura o a Francisco Suárez, Canals los aprecia sobre todo por sus enseñanzas teológicas, particularmente en teología de la historia o en la teología de San José.

Es característico de Canals, y viene a ser un aspecto clave de lo que constituye su aportación como filósofo, el redescubrimiento de tesis y de aspectos olvidados en el tomismo de los siglos XIX y XX, e incluso en el pensamiento moderno en general. Canals no tenía la pretensión de ser original ni aportar novedades al pensamiento filosófico; sí en cambio de enderezarlo y encauzarlo hacia la verdad. En este sentido, sobre todo, situamos su fundamental redescubrimiento del carácter locutivo del entendimiento y toda su metafísica del conocimiento, que, desde el punto de vista filosófico, constituye la contribución capital de Francisco Canals. En palabras del p. Abelardo Lobato, O.P., que recoge Eudaldo Forment, Canals logró “una penetración nueva en el tema del conocimiento”.[3]

Su punto de partida se halla plasmado en lo que denominó los “preaecognita”, los conocimientos previos ya poseídos y necesariamente supuestos para que pueda existir y tener sentido la pregunta y cualquier investigación sobre el conocimiento humano. Aunque la totalidad de los praecognita es imposible de sistematizar, Canals enumera en Sobre la esencia del conocimiento, siete de ellos, cuya explícita formulación resulta de una ayuda capital. El primero afirma que la existencia del conocimiento es un per se notum, un principio evidente por sí mismo. Otros se refieren al sentido del término “conocimiento” y a lo que se entiende por “entender”. Se añaden también las afirmaciones acerca de que “es el hombre quien conoce”, “el conocimiento se origina en los entes reales” y “el conocimiento se expresa en el leguaje del hombre”. Estos praecognita representan, como lo ha sugerido E. Colomer, la roca sobre la que Canals edificó, y que “toda reflexión filosófica sobre el tema habrá de tener siempre bien presentes, si no quiere edificar sobre la arena”.[4]

Canals aceptó para su pensamiento la denominación de “realismo pensante”. Su investigación sobre la esencia del conocimiento se mueve en la exigencia de una ontología del sujeto cognoscente, necesaria para superar el formalismo del criticismo trascendental kantiano. A la vez, contra todo intuicionismo, acepta que entender es concebir, o sea, formar interiormente un verbo mental, un término objetivo inmanente al entender mismo, en el cual se llegan a entender las cosas. Pocos pensadores en la historia de la filosofía se han ocupado en elaborar o han intentado siquiera dar una definición de la naturaleza del conocimiento.

Un segundo elemento en el que se sitúa una importante aportación de nuestro autor, es el diálogo con el pensamiento moderno y contemporáneo. Por mencionar sólo los más destacados entre los autores que estudiaba y con los que discutía: Spinoza, Kant, Fichte, Hegel, Nietzsche, Kierkegaard, Balmes, Bergson, Heidegger. Mientras se podría decir que su sistema se opone toto coelo y niega simplemente la globalidad del sistema spinoziano, en cambio su postura respecto a Kant es completamente otra. Nos las hemos aquí con uno de los rasgos más sobresalientes de la audacia y la genialidad de Canals. Sin duda derriba, desde el tomismo más auténtico, yendo más allá de Maréchal, el sistema kantiano. Pero lo hace a la vez que encuentra en el filósofo de Königsberg a un redescubridor agudo y casi único entre los modernos, de verdades esenciales, contenidas ya en Aristóteles (aunque Kant no lo supiera), y que le habían llevado hasta el umbral de la verdad. La superación del kantismo que elabora Canals en artículos como “Sobre el sentido de la revolución copernicana” o “Sentido de la deducción subjetiva en el «intento capital» de la Crítica” y en el libro Sobre la esencia del conocimiento, es a nuestro juicio, de las que hacen historia.

Por fin, el otro aspecto crucial de su aportación en el terreno de la filosofía se halla en la exigencia de síntesis, una síntesis que “está por hacer”, y a la que Canals quiere contribuir aceptando una invitación que el padre Orlandis lanzaba en un enigmático escrito “A un amigo «imaginario»”. Decía en este escrito que deseaba alentar a ese amigo imaginario a “emplear las fuerzas que Dios le da en una empresa tan útil para las almas cristianas y para la gloria de Dios”, a saber, “el intento de reconstruir integralmente la síntesis tomista”.

“Canals apreciaba de un modo singular en santo Tomás su capacidad de armonizar lo que generalmente se tiene por opuesto e incluso por enfrentado. No nos referimos a la oposición del bien y el mal, o del saber y la ignorancia, que a fin de cuentas son oposiciones privativas, sino a aquellas aparentes oposiciones entre perfecciones positivas, que la mayoría encuentra difícil de hacer compatibles. Dice Canals que «Santo Tomás busca que sus raciocinios y sus afirmaciones no separen lo que en la realidad creada por Dios está unido y a esto se dirigen sus tesis sobre las estructuras acto-potenciales y a esto responde también su lenguaje de la analogía según proporcionalidad, que configura su comprensión ontológica de los diversos niveles de perfección de los seres”.[5]

“La importancia que Canals daba en sus clases de ontología a ambos elementos de doctrina, los conceptos aristotélicos de acto y potencia, ordenados a describir la composición del ente finito, y la teoría de la analogía, se explica por esta función unificadora, por la capacidad de dichos instrumentos conceptuales de resolver las antinomias y entender la unidad de lo que Dios ha hecho uno. El ejemplo supremo y analogado principal de esto, lo ve Canals precisamente en la unión hipostática, en la unidad de las naturalezas humana y divina en la persona de Cristo, que, según enseña el V Concilio Ecuménico, II de Constantinopla –Canals insiste-, es “unidad según síntesis”. Esto quiere decir que las dos naturalezas se mantienen íntegras, aunque formando un verdadero compuesto único. En consonancia con tal modelo, santo Tomás explica síntesis análogas que se descubren en el hombre entre la naturaleza y la gracia, entre la razón y la fe, como lo es también en su orden la unión entre el cuerpo y el alma. En la medida en que la obra de santo Tomás se caracteriza así tan nuclearmente por la armonía de razón y fe, de naturaleza y gracia, de filosofía y teología, Canals lo califica como el doctor “encarnacionista” por antonomasia”.[6]

En esta dirección de trabajar para la síntesis de la doctrina tomista, Canals realizó hacia los últimos años de su vida un esfuerzo especial del que quisiéramos reseñar principalmente dos cosas: la primera es la impulsión del Congreso de la SITAE “La síntesis de santo Tomás de Aquino” que tuvo lugar en Barcelona del 12 al 14 de septiembre de 2002. La segunda es un trabajo insistente de formulación cada vez más adecuada de su modo de entender dicha síntesis, en un grupo de escritos que se mueven en dos líneas complementarias: por un lado escritos que caracterizan “lo sintético de la síntesis”, es decir, los rasgos unificantes y que son como piedras angulares del edificio, los caracteres más definitorios del talante, de los puntos de vista y del horizonte del pensamiento tomista; por otro lado, la empresa más “arquitectónica” de enunciar por orden, sistemáticamente, las tesis capitales de la filosofía de santo Tomás.

Este último intento culmina en una propuesta de 81 tesis, “a modo de invitación a la búsqueda de la síntesis filosófica de Santo Tomás”, que constituye, a nuestro juicio, otra de las aportaciones de más relevancia en el orden propiamente filosófico, puesto que se propone llenar lagunas importantes que dejaban las clásicas “24 tesis tomistas”, que, por su carácter más defensivo o polémico frente al suarismo, ignoraban aspectos esenciales y podían sugerir una comprensión sesgada del tomismo.

Eudaldo Forment, en el capítulo dedicado a Canals de su Historia de la filosofía tomista contemporánea, dice que en el pensamiento filosófico de nuestro autor “se encuentran como tres líneas maestras articuladas, que lo sostienen y lo unifican”.[7]​ Se refiere a la metafísica del conocimiento, la metafísica del ser y la metafísica de la persona. Hemos insinuado algunos puntos en relación con las dos primeras. De la tercera, sin duda igualmente importante, digamos solamente una cosa, que refleja más una actitud fundamental que un punto doctrinal, y que a la vez alcanza a todos los aspectos del pensamiento de Canals, y nos puede servir de conclusión: a Canals le importaba el hombre, el hombre real, de carne y hueso, y no podía admitir un sistema filosófico cuya conclusió fuese la negación del hombre. Canals decía a veces que la historia era más interesante que la metafísica, aunque la metafísica fuese más ciencia que la historia. Lo que pretendemos decir, se puede expresar quizás volviendo al comentario del p. Eusebio Colomer al capítulo sobre los “Praecognita” del libro Sobre la esencia del conocimiento, a saber, que en Canals hay como una “curiosa y significativa inversión del procedimiento seguido por Hegel en la Fenomenología del Espíritu”. En Hegel es la conciencia filosófica la que guía a la conciencia natural del hombre por un largo y doloroso camino hacia donde ella, la filosófica, se halla; en Canals ocurre lo contrario. “El primer presupuesto de la filosofía es el hombre con todas sus implicaciones ontológicas. Canals lo tiene bien claro y es por esto que reconoce como tesis extrañas a la filosofía las que no respetasen aquellos precognita fundamentales.”

Pensamiento teológico[editar]

Canals entiende la teología al hilo de la doctrina de Santo Tomás, como una verdadera ciencia argumentativa, una elaboración racional en sentido propio, pero al servicio de la fe, por lo cual no puede nunca, sin dimitir de su razón de ser, oponerse a ningún contenido de la fe; por el contrario, los artículos de la fe son sus puntos de partida, sus principios axiomáticos. Responde a la necesidad del creyente de entender mejor lo que cree, para que pueda penetrar más en su vida.

Sobre muy diversos puntos particulares de teología Canals ha escrito más o menos extensamente. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, la doctrina de la infancia espiritual, el magisterio de la Iglesia, los temas cristológicos nucleares, los temas mariológicos, centraron de un modo particular su atención. Además dio varias veces un curso completo de teología en tres años, de los que existen guiones y esquemas. Sin embargo dos asuntos, en los que Canals se adentró especialmente y que podemos calificar como de más característicos de su pensamiento teológico, son la teología de la historia y la teología sobre san José.

La Teología de la historia es algo que, aunque no con esta denominación, que es relativamente reciente, ha existido en la Iglesia desde los tiempos más antiguos. Por otro lado, trata cuestiones que han estado presentes en la conciencia cristiana a lo largo de los siglos y que sin embargo, extrañamente, en nuestros días parecen más bien relegadas u olvidadas. Para el padre Orlandis y para su discípulo Francisco Canals se trata de un estudio importante, extremadamente conveniente y útil precisamente para una adecuada comprensión de la devoción al Sagrado Corazón, sobre todo en su relación con el Reinado de Cristo. No es de extrañar que ya el p. Enrique Ramière, S.I., el gran apóstol del Corazón de Jesús, profundizara en esta materia, especialmente en su obra Las esperanzas de la Iglesia.

A la teología le incumbe pensar lo que Dios ha prometido y que la Iglesia espera. Le incumbe leer los signos de los tiempos y estar atenta para reconocer que “está cerca el verano”, es decir el Reino de Dios. Le incumbe juzgar desde la fe sobre las realidades humanas de todo orden, y desde luego, sobre los acontecimientos históricos en tanto que en ellos se realiza el plan de Dios, a la vez que en ellos se produce también el rechazo y la rebelión del hombre contra Dios. He aquí, pues, las tareas básicas de la teología de la historia y su cometido.

Canals tenía, lo mismo que el padre Orlandis, y en asentimiento a las enseñanzas de los Papas, la convicción de que Cristo había venido para reinar en el mundo, de que el Reinado de Cristo es el camino único para la justicia y la paz entre los hombres, y que esto había sido prometido por Dios a la humanidad. De ahí una esperanza firme en una futura “instauración de todas las cosas en Cristo”, la que Pío XI llamaba “consoladora y cierta profecía del divino Corazón.” Para Canals era claro, perfectamente ortodoxo, y lo más congruente con todo lo que se lee en las Escrituras y lo que enseña la Iglesia, que lo prometido por Cristo es una consumación intrahistórica de la plenitud del Reino.

Canals estudió a fondo numerosos autores, desde San Justino, San Jerónimo, San Agustín, San Buenaventura, y pasando por Cornelio a Lapide, Bossuet, no hay que decir: Enrique Ramière, hasta la obra del jesuita mártir p. Juan Rovira y Orlandis, sobrino del p. Ramón Orlandis, en su inédito estudio De Consummatione Regni Messianici in Terris, seu de Regno Christi in Terris Consummato. También encontró Canals en la obra de Karol Wojtyla, Signo de contradicción, pero sobre todo en determinados hechos y textos de los últimos papas, del Concilio Vaticano II y por fin, muy notablemente, en el Catecismo de la Iglesia Católica, la constatación de que estamos en los umbrales, o está aflorando ya una “nueva escatología”, cuyos temas no son ya los clásicos cuatro “novísimos”, sino los propios de la restauración y recapitulación de todas las cosas en Cristo y de los nuevos cielos y la tierra nueva. Giraron sus aportaciones en torno a los malentendidos alrededor del término y la realidad del “milenarismo”; estudios sobre el ebionismo, las gnosis y el maniqueismo; argumentos respecto al fin del imperio romano como aquello que “detiene al misterio de iniquidad”, diversas interpretación de textos cruciales del Apocalipsis, que no son para resumir en unos párrafos, antes bien, requieren un estudio completo y riguroso.

El último aspecto de la aportación teológica del dr. Canals: su teología de san José. Constituyó el tema de su tesis doctoral en teología un estudio sobre la paternidad de san José sobre Jesús y su conexión con el matrimonio de aquél con María, en el que se pone a la luz el sentido y la misión del patriarca José en la economía de la salvación. En este estudio se apoya Canals sobre una larga tradición de autores sobre san José, negando la realidad de un “silencio” histórico acerca del mismo, y más bien denunciando la inconveniencia, metodológicamente improcedente, de una vuelta atrás hacia posiciones superadas y descalificadora de progresos teológicos posteriores.

La comprensión de la misión del patriarca José que Canals propone se inscribe en lo nuclear de la historia de la salvación y se alcanza desde “la perspectiva”, dice él, “de la misteriosa sucesión y correlación de las Alianzas”, Antigua y Nueva, por las que se ha realizado la dispensación en el tiempo del designio salvífico de Dios. Se trata del cumplimiento de las antiguas promesas hechas a Israel, según las cuales debía nacer un rey, descendiente de David, que salvaría al pueblo. Como notaba ya san Agustín, es por José que deben contarse las generaciones y por donde le viene a Jesús, nacido de la virgen María, esposa de José, la filiación davídica y, con ello, el título real y mesiánico.

Canals se interesa a fondo por la relación esponsalicia entre José y María y, recogiendo una expresión de Isidoro de Isolano, dominico del siglo XV-XVI, insiste en la “semejanza entre los esposos” y en lo que de ello se deduce. José pertenece también al orden hipostático, y no sólo María, de acuerdo con Francisco Suárez, autor decisivo para la josefología posterior. Otro punto en que Canals insiste es la virginidad de José, su compromiso de virginidad junto a María, e incluso la semejanza con ella en la exención de los efectos del pecado original desde el seno materno.

Canals destaca la santidad de José como “ejemplo perfecto del dejarse en manos de Dios en que se realiza el camino de la infancia espiritual que la Doctora de la Iglesia Santa Teresita tuvo la divina misión de enseñar a los cristianos de nuestros días”.[8]​ San José, que no tenía ministerio sacerdotal, ni misión profética, ni apostólica, es sin embargo modelo perfecto de santidad en la vida ordinaria. Desde Santa Teresa de Jesús, se extendió por el mundo católico la devoción a san José y la confianza en la eficacia universal de su intercesión. Canals insiste en la misión protectora de San José sobre la Iglesia y de modo particular en algo que se había quedado olvidado: el patrocinio del patriarca sobre el Concilio Vaticano II, declarado por el papa Juan XXIII.

“El pontificado de Juan XXIII vino a ser como una cima en la historia de la devoción eclesiástica a San José”, escribe nuestro autor en el inicio de su libro sobre San José en la fe de la Iglesia. Antología de textos. Canals considera que, en la historia de la Iglesia, estamos en una época nueva por lo que se refiere a la presencia y acción del patriarca José, y lo documenta con palabras de los papas y con el texto de la Redemptoris custos, de Juan Pablo II, en la que san José queda expresamente unido al oficio co-redentor de María. Canals reconoce expresamente que se siente esperanzado. Terminaremos esta exposición, forzosamente sucinta, citando de nuevo sus mismas palabras:

“San José reconquistará el ambiente de las familias cristianas y de las comunidades religiosas, de los grupos apostólicos laicos y la predicación de los sacerdotes. En esta tierra desde la que escribo, hará revivir el inmortal espíritu del obispo Torras y Bages, que en sus escritos del Mes de Sant Josep y en sus sermones escribió de modo tan admirable sobre el patriarca, por quien tenía una devoción tan auténtica y tan «popular».”[9]

Con estos pensamientos y estas esperanzas culminó Canals su legado y su vida de entrega al servicio de la Iglesia y del Reinado del Hijo de Dios hecho hombre.

Pensamiento histórico-político[editar]

Junto con otros 61 catedráticos y publicistas católicos recomienda el voto negativo en el referéndum de la Constitución Española de 1978, firmando un manifiesto.[10]

"...La Constitución que nos es propuesta no contiene el reconocimiento expreso de la autoridad de Dios que figura en los dos textos constitucionales de los pueblos más civilizados (...) La Constitución sometida a referéndum aparece como fuente formal única, invoca al pueblo como única fuente material que fundamenta derechos deberes, y deja en manos del Estado, como Demiurgo único, la regulación del matrimonio, de la familia, la educación y la economía en grado tal que el partido mayoritario, aunque sea el comunista, podrá desarrollar su programa sin salirse de la Constitución (...) Los católicos votando a favor del texto constitucional prestaríamos nuestra adhesión, aunque sea inconscientemente, a este nuevo totalitarismo laico..."

Manifiesto,

Bibliografía[editar]

Obra filosófica[editar]

Libros[editar]

  • Francisco Canals Vidal (1957). Cristianismo y Revolución. Los orígenes románticos del cristianismo de izquierdas. Acervo (Barcelona). 
  • Francisco Canals Vidal (1967). Para una fundamentación de la metafísica. PPU (Barcelona). 
  • Francisco Canals Vidal (1981). Cuestiones de fundamentación. PPU (Barcelona). 
  • Francisco Canals Vidal (1987). Sobre la esencia del conocimiento. PPU (Barcelona). 
  • Francisco Canals Vidal (1991). Sant Tomàs dAquino. Antología metafísica. Edicions 62 (Barcelona). 
  • Francisco Canals Vidal (1992). Historia de la filosofía medieval. Herder (Barcelona). 
  • Francisco Canals Vidal (2004). Tomás de Aquino. Un pensamiento siempre actual y renovador. Scire (Barcelona). 

Artículos[editar]

Obra teológica[editar]

Obra histórico-política[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Armando Rigobello, “La vitalidad filosófica española en relación con el pensamiento de Santo Tomás de Aquino”, en L´Osservatore romano de 18 de febrero de 1999, p. 3)
  2. Eusebio Colomer, “Lenguaje y conocimiento” en La Vanguardia 21-I-1988, p. 34 b
  3. Lobato, Abelardo, “Francisco Canals Vidal: Sobre la esencia del conocimiento”: Angelicum 66/3 (1989) 368-371, p. 368, apud E. Forment, Historia de la filosofía tomista en la España contemporánea, p. 442
  4. E. Colomer, “Entorn del llibre de F. Canals i Vidal: «Sobre la esencia del conocimiento»”: Espíritu 97 (1988) p. 81
  5. A. Prevosti, “Unidad según síntesis”, en La síntesis de santo Tomás de Aquino. Actas del congreso de la SITAE, Barcelona vol. 1, pg. 31
  6. A. Prevosti, Cristiandad 932 (marzo 2009) p. 30
  7. E. Forment,op. cit., p. 441
  8. F. Canals Vidal,San José en la fe de la Iglesia. Introducción, Madrid 2007, pp. XXII-XXIII
  9. Ibid. p. XXX.
  10. Intelectuales españoles contra la Constitución.

Enlaces externos[editar]