Escudero (historia)

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Un escudero es, según el Tesoro de la Lengua, publicado en 1611:

El hidalgo que lleva el escudo al caballero, en tanto que no pelea con él. En la paz, los escuderos sirven a los grandes señores, de acompañar delante de sus personas, asistir en la antecámara y sala; otros están en sus casas, y llevan acostamiento de los señores, acudiendo a sus obligaciones militares o cortesanas a tiempos ciertos; los que tienen alguna pasada (es decir aquellos con mayores fortunas) huelgan más de estar en sus casas que de servir, por lo poco que medran y lo mucho que les ocupan.

En definitiva, un escudero era, durante el antiguo régimen, un pequeño noble que estaba estrechamente relacionado con alguna gran casa, en muchas ocasiones parientes de las mismas privados de fortuna por la prevalencia del mayorazgo.

De igual modo se llamaba escuderos a aquellos hombres que, por la nobleza de su linaje, reunían las condiciones para ser armados caballeros aún cuando no llegaran nunca a alcanzar esta dignidad.

Es frecuente encontrarlos presentes en la Reconquista realizando hazañas como la toma de Baeza dado que los escuderos solían construir la oficialidad en las huestes de los grandes magnates medievales.

Los Reyes y los Grandes se preciaban de tener por escuderos a miembros de ramas secundarias de importantes linajes, así cuanto más distinguidos eran sus escuderos mayor el prestigio de la casa a la que servían.

En la cultura popular[editar]

En la obra anónima La vida de Lazarillo de Tormes el protagonista, Lázaro de Tormes, sirve durante algún tiempo a un escudero prácticamente arruinado, pero que no desea vender su espada y mitigar así la miseria en la que vive por ser el símbolo de su rango nobiliario.[1]

Referencias[editar]

  1. La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2004, edición digital en formato html basada en las de Burgos, Juan de Junta, 1554; Alcalá de Henares, Salzedo, 1554; Amberes, Martín Nucio, 1554 y Medina del Campo, Mateo y Francisco del Canto, 1554; y cotejada con las eds. críticas de Alberto Blecua (Madrid, Castalia, 1972), José M. Caso González (Madrid, BRAE 1967, Anejo XVII) y Francisco Rico (Madrid, Cátedra, 1987).