Disturbios de Argentina de 1989

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Los disturbios de 1989 en Argentina consistieron en una serie de manifestaciones y saqueos de supermercados, entre los meses de mayo y de junio de 1989, durante los últimos meses de la presidencia de Raúl Ricardo Alfonsín. Los mismos fueron causados por la rampante hiperinflación y la carestía de comida.

Los primeros disturbios comenzaron en Rosario -la tercera ciudad más grande del país tras el Gran Buenos Aires y el Gran Córdoba- cuando varias personas comenzaron demandar que algunos supermercados repartiesen comida gratuitamente. No obstante, rápidamente se extendieron hacia otras ciudades, incluyendo el propio GBA. El gobierno argentino estableció el estado de emergencia, más de 40 personas fueron arrestadas y por lo menos 14 murieron (20 según informes extraoficiales).

Finalmente, el entonces presidente radical Alfonsín renunció de forma anticipada y el entonces mandatario electo Carlos Saúl Menem asumió su cargo el 8 de julio de 1989, unos cinco meses antes de la fecha que le correspondía hacerlo (la cual estaba originalmente pautada recién para el 10 de diciembre).[1]

Acumulación de tensiones económicas[editar]

En agosto de 1988 el gobierno de Alfonsín lanzó un nuevo plan económico, denominado Plan Primavera, el cual estaba concebido para contener la inflación. Incluía controles de precios, negociaciones con los sindicatos y con 53 de las principales empresas, controles sobre los tipos de cambios y el congelamiento de los salarios de los empleados estatales. No obstante, dicho plan pronto demostró ser un fracaso. Los graves problemas económicos se expresaron en una tasa de inflación de 343% para el año 1988 y el estallido de un proceso hiperinflacionario a partir de febrero de 1989 superior al 3000% anual, que hizo aumentar la pobreza hasta alcanzar un récord histórico hasta entonces: 47,3% (octubre 1989, Gran Buenos Aires).

Durante mayo de 1989, el tipo de cambio -que oficialmente se encontraba fijo- se elevó de 80 a 200 australes por cada dólar estadounidense -equivalente a una abrupta devaluación mensual de un 150%- lo que naturalmente tendió a acrecentar en gran medida las ya de por sí fuertes presiones inflacionarias. En Rosario en particular, la inflación alcanzó un 96,5% tan sólo durante ese mismo mes. Comenzaban a escasear productos básicos en los supermercados y negocios y los precios de los cada vez menos bienes disponibles llegaron a ser remarcados varias veces durante un mismo día.

Como corolario del proceso o fenómeno inflacionario, las tasas de interés subieron de forma descontrolada y las reservas de moneda extranjera del Banco Central comenzaron a descender de manera preocupante a medida que vendía dólares en un infructuoso esfuerzo por intentar mantener el valor o poder adquisitivo del austral.

Por su parte, los sectores económicamente acomodados tendieron a retirar sus depósitos de los bancos, retuvieron los dólares obtenidos mediante sus exportaciones y a propósito retardaban el pago de sus respectivos impuestos.[2][3]

Los resultados de las elecciones presidenciales realizadas el 14 de mayo de 1989 resultaron abrumadoramente favorables al Partido Justicialista. La volátil situación económica que estaba atravesando el país pronto disparó conversaciones acerca de la posibilidad de que el entonces presidente electo Carlos Saúl Menem asumiese de forma anticipada. Por su parte, el entonces intendente (alcalde) radical rosarino Horacio Usandizaga renunció a su cargo, cumpliendo con su previa promesa de hacerlo si Menem ganaba las elecciones a presidente.

El miércoles 24 de mayo fue un feriado bancario y estallaron los primeros disturbios aislados en Córdoba y Rosario. El 28 de mayo, Alfonsín anunció la eventual implementación de un plan económico de emergencia. Durante esa misma noche, se generalizaron los saqueos en la principal ciudad industrial santafesina, especialmente en los barrios del sur de la misma, donde estaban concentrados la mayoría de los principales supermercados. Al día siguiente se diseminaron hacia el corredor industrial cercano y hacia otras ciudades, habiendo estado en algunos casos acompañados por bloqueos de carreteras y cacerolazos.[4]

Los disturbios en Rosario[editar]

Los manifestantes irrumpieron dentro de supermercados, almacenes y pequeños negocios, en grupos que oscilaban desde sólo unos 20 individuos hasta tanto como unas 1.000 personas. En la mayoría de los casos, se trataba de gente joven que incluía a una significativa proporción de mujeres y niños, quienes formaron una barrera humana frente a la policía. Aunque la mayoría estaba motivada por el hambre y sólo se llevó comida, muchos aprovecharon para robar cajas registradoras, muebles, heladeras o refrigeradores, etc. Entre la multitud, podían encontrarse tanto ladrones comunes como gente que evidentemente pertenecía a la clase media, así como también personas que cargaban mercadería robada en automóviles y otros vehículos motorizados.

Aunque la violencia estaba más bien dirigida contra comercios en sí mismos que contra personas individuales, tuvieron lugar algunos incidentes aislados en los que dueños de locales resultaron heridos o hirieron a otros mientras trataban de proteger sus respectivos negocios, además de ataques contra algunos destacamentos de policía.[4]​ La propia reacción policial fue más bien pasiva durante los dos primeros días, lo que contribuyó a la generalización de los disturbios. Aún está abierto a discusión si es que dicha pasividad fue a propósito o si, por el contrario, la policía fue tomada desprevenida y pronto vio superada por la masiva dimensión que alcanzaron los tumultos. Al respecto existe una hipótesis que apunta a presuntas órdenes que habrían provenido de una facción del gobierno de la provincia de Santa Fe, el cual estaba encabezado por el gobernador justicialista Víctor Reviglio desde el 10 de diciembre de 1987. Algunos vecinos afirmaron que la policía sólo estaba “custodiando” a los ladrones, ya que las Fuerzas de Seguridad solamente dispararon algunas rondas de balas al aire e hicieron pocos arrestos.

Todo cambió el 29 de mayo, cuando el presidente declaró el estado de sitio por 30 días. La ciudad fue militarizada y dividida en tres áreas operativas. Se suspendieron las clases, se cerraron los bancos, se cancelaron los servicios de transporte público de pasajeros y se impuso un toque de queda. Para principios de junio los disturbios habían cesado, la policía restableció el control de la situación, y las autoridades nacionales y municipales comenzaron a enviar y distribuir asistencia alimentaria.

Por su parte, el gobierno nacional también ordenó la creación de cientos de comedores populares.[5]

Disturbios de 1990[editar]

A comienzos de 1990 -principalmente entre los meses de febrero y marzo- pudo verse una nueva ola de disturbios en Rosario y el Gran Buenos Aires, los cuales no obstante fueron mucho más pequeños que los que habían estallado el año anterior. La crisis económica había disminuido pero no desaparecido del todo y varios negocios reiniciaron sus operaciones comerciales después de haber instalado barreras físicas al frente de los mismos. En esta nueva oportunidad dichos disturbios pudieron ser rápidamente contenidos, otra vez a partir de la distribución de comida en los barrios más pobres.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Informe de la ONG humanitaria Human Rights Watch (HRW) sobre la Argentina en 1989.
  2. PortalPlanetaSedna.com.ar, Resumen del Gobierno de Alfonsín
  3. TodoArgentina.net, Año 1988.
  4. a b Gabriela Águila, Nueva Historia de Santa Fe, Vol. 11, De los cordones industriales a la integración del eje Mercosur (1940-2005), 2006, capítulo 12, pág. 183.
  5. Time.com, The Fall and Fall of Argentina (“La caída y caída de Argentina”).

Enlaces externos[editar]