Discurso del emperador Hirohito

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Grabación del Gyokuon-hōsō en el museo de NHK

El discurso del Emperador Hirohito, retransmitido por radio, hizo pública la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial el 15 de agosto de 1945, tras haber sufrido el ataque de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

Contexto histórico[editar]

Unos días antes, el gobierno japonés aceptaba las condiciones de la declaración de Postdam y a su vez, el secretario de Estado Byrnes comunicaba que una vez realizada la rendición “la autoridad del Emperador y del Gobierno japonés quedaría sujeta al Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas, quien tomaría las medidas oportunas para que se efectuaran los términos de la rendición adecuadamente.”

En las dos décadas desde que había subido al trono de Crisantemo, el emperador Hirohito no se había dirigido ni una vez a sus súbditos directamente. Hasta entonces las palabras del soberano habían sido enviadas en forma de escritos impresos, pronunciamientos leídos por otros.

El discurso[editar]

Discurso de Hirohito
Hirohito declarando la rendición de Japón.

El discurso fue retransmitido por la emisora NHK, la emisora nacional, tras su grabación, por motivos de seguridad. “Una vez grabado, el texto se entregó a Domei, una Agencia de distribución de prensa nacional, y a los periódicos más importantes bajo la orden de que no se publicase hasta después de su transmisión.”

Debido al estilo formal en que estaba escrito, fue necesaria una traducción al lenguaje popular para una comprensión más sencilla. “El discurso fue redactado en estilo kanbun registro del lenguaje formal antiguo normalmente usado para escribir los documentos y textos oficiales. Consiste en el uso de un gran número de letras chinas, kanji, junto con el uso del silabiario katakana para escribir las sílabas que contienen la información gramatical. Además, al tratarse de un edicto pronunciado por el emperador, contenía términos pertenecientes al lenguaje imperial, lo cual le daba una dimensión de autoridad sobre el receptor potencial y contribuía a incrementar la dificultad de su comprensión para el japonés medio, desconocedor absoluto de este estilo.” La traducción de este discurso se divide en once puntos.

“(1) Yo, el Emperador, después de reflexionar profundamente sobre la situación mundial y el estado actual del Imperio japonés, he decidido adoptar como solución a la presente situación el recurso a una medida extraordinaria. Con la intención de comunicároslo me dirijo a vosotros, mis buenos y leales súbditos.

(2) He ordenado al Gobierno del Imperio que comunique a los países de EEUU, Gran Bretaña, China y Rusia la aceptación de su Declaración conjunta.

(3) Ahora bien, conseguir la paz y el bienestar de los súbditos japoneses y disfrutar de la mutua prosperidad y felicidad con todas las naciones ha sido la solemne obligación que me legaron, como modelo a seguir, los antepasados imperiales y de la cual no he pretendido apartarme, llevándola siempre presente en mi corazón.

(4) Por consiguiente, aunque en un principio se declarase la guerra a los países de EEUU y Gran Bretaña, la verdadera razón fue el sincero deseo de la autoconservación del imperio y la seguridad de Asia Oriental, no siendo en ningún caso mi intención el interferir en la soberanía de otras naciones ni la invasión expansiva de otros territorios.

(5) Sin embargo, la guerra tiene ya cuatro años de duración. Y a pesar de que los generales y los soldados del ejército de tierra y marina han luchado en cada lugar valientemente, los funcionarios han trabajado en sus puestos realizando todos los esfuerzos posibles y todos los habitantes han servido con devota dedicación, poniendo cuanto estaba en sus manos; la trayectoria de la guerra no ha evolucionado necesariamente en beneficio de Japón y la situación internacional tampoco ha sido ventajosa. Además, el enemigo ha lanzado una nueva y cruel bomba, que ha matado a muchos ciudadanos inocentes y cuya capacidad de perjuicio es realmente incalculable.

(6) Por eso, si continuamos esta situación la guerra al final no sólo supondrá la aniquilación de la nación japonesa sino también, la destrucción total de la propia civilización humana. Y si esto fuese así, cómo podría proteger a mis súbditos, mis hijos, y cómo podría solicitar el perdón ante los sagrados espíritus de mis antepasados imperiales. Esta es la razón por la que he hecho al gobierno del Imperio aceptar la Declaración Conjunta de las Potencias.

(7) Me siento obligado a expresar mi más profundo sentimiento de pesar con las naciones aliadas que han colaborado permanentemente junto con el Imperio Japonés para la emancipación de Asia Oriental. Asimismo, pensar en aquellos de mis súbditos que han muerto en el campo de batalla, así como en aquellos que dieron su vida ocupando sus puestos de trabajo, cumpliendo con su deber, o aquellos que fueron víctimas de una muerte desafortunada y en sus familias destrozadas es un sufrimiento presente en mi corazón noche y día. Del mismo modo, el bienestar de los heridos y de las víctimas de guerra, de aquellos que han perdido sus hogares y sus medios de vida constituye el objeto de mi más honda preocupación.

(8) Soy consciente de que los sacrificios y sufrimientos que tendrá que soportar el Imperio a partir de ahora son, sin duda, de una magnitud indescriptible. Y comprendo bien el sentimiento de mortificación de todos vosotros, mis súbditos. Sin embargo, en consonancia con los dictados del tiempo y del destino quiero, aun soportando lo insoportable y padeciendo lo insufrible, abrir un camino hacia la paz duradera para todas las generaciones futuras.

(9) Confirmo vuestra lealtad al defender la estructura del Imperio y me siento unido a vosotros, mis buenos y leales súbditos. Por eso, os exijo que evitéis cualquier explosión de emociones que pueda desencadenar complicaciones innecesarias, o enfrentamientos que puedan desuniros, causando desorden y conduciéndoos por un camino equivocado que haría al mundo perder la confianza en vosotros.

(10) Continuad adelante como una sola familia, de generación en generación, confiando firmemente en la inmortalidad del Japón divino, conscientes del peso de las responsabilidades y del largo camino que os queda por delante. Dedicad todos vuestros esfuerzos para la construcción del futuro. Manteneos fieles a una firme moral, seguros de vuestro propósito, y trabajad duro aprovechando al máximo vuestras virtudes sin retrasaros de la línea del progreso del mundo.

(11) Poned en práctica, según lo he dicho, mi voluntad.”[2]

Tras su pronunciación, “varios cientos de individuos, la mayoría de ellos oficiales militares, se suicidaron, al igual que muchos oficiales nazis hicieron tras la capitulación de Alemania, donde nunca había existido un culto al suicidio patriótico comparable.” [1]

Algunas consecuencias[editar]

Un Tribunal militar internacional establecido en Tokio, juzgó a Japón por sus crímenes de guerra. Salieron a la luz otras muchas “atrocidades cometidas sobre los prisioneros de guerra y los civiles occidentales en los ‘cruceros de la muerte’ y en unos campos de concentración en que se les obligaba a trabajos agotadores. Mención especial merecen los centros de armas bacteriológicas en que se sacrificaron millones de presos; el más importante de ellos era el establecido en Pingfan, cerca de Harbin (en el estado títere de Manchukuo), conocido como la unidad secreta 731(…) Sin olvidar que se había ejecutado sistemáticamente a los aviadores norteamericanos capturados.” [3]

920 japoneses fueron condenados a muerte y otros 3000 a ir a prisión. El acuerdo de paz llevado a cabo en San Francisco en 1951 supuso que los Estados Unidos procurase silenciar estos crímenes, así como los saqueos producidos. Además de tener que pagar una serie de indemnizaciones económicas como Alemania, unos pactos secretos entre Estados Unidos y el país asiático “comprometían a sostener los costes de las bases americanas y a permitir la entrada en sus puertos de buques norteamericanos con armamento nuclear.” [3]

Referencias[editar]

  • DOWER, John. Embracing defeat: Japan in the wake of World War II. ISBN 0-393-04686-9. Publicación: 1999 [Fecha de consulta 2/9/13]. Capítulo 1.
  • RUBIO MARTÍN, Raquel. La investigación sobre Asia Pacífico en España. [En línea] Universidad de Tokio. Capítulo 4. Análisis del discurso: discurso del emperador Hirohito con motivo de la rendición de Japón de la Guerra del Pacífico. [Fecha de consulta 2/9/13]. Disponible en: http://www.ugr.es/~feiap/ceiap1/ceiap/capitulos/capitulo04.pdf
  • FONTANA, Josep. Por el bien del imperio, una historia del mundo desde 1945. Edición: Pasado & Presente. ISBN 978-84-939143-4-9. Fecha de publicación 7 de noviembre de 2011

[Fecha de consulta 4/9/13]

Enlaces externos[editar]

[1]