Determinismo tecnológico

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El Determinismo tecnológico responde a la creencia según la cual la tecnología es capaz, por ella misma, de incidir de manera directa y positiva en el desarrollo socioeconómico de un grupo o en un determinado contexto social.[1]​ Esta teoría coloca la tecnología en el eje central de los motivos por los que se producen cambios sociales en el transcurso de la Historia, por lo cual la considera el factor determinante de progreso y desarrollo social.

El padre de esta teoría fue Thorstein Veblen, a principios del siglo XX, aunque muchos han sido sus seguidores con el paso de las décadas, entre los que destacan Thorstein Veblen, Jacques Ellul, John Kenneth Galbraith, Martin Heidegger, Marshall McLuhan o Theodore J. Kaczynski, entre otros.

Esta teoría propone que la tecnología determina o establece el direccionamiento de la sociedad. Lo cual, explicado desde el enfoque tecnorelativista, sugiere que la tecnología es un riesgo fundamental para la sociedad y que a través de la dirección de ésta es que vamos construyendo nuestro propio destino, es decir, estamos condicionados por las construcciones tecnológicas que nos rodean desde el momento en que nacemos.

Explicación[editar]

Las opiniones deterministas en clave tecnológica giran alrededor de dos ideas fundamentales:

a) Que el desarrollo de la tecnología en sí sigue una trayectoria predecible, que se remonta en gran medida fuera de la influencia cultural y política.

b) Que la tecnología en sí tiene “efectos” inherentes en las sociedades contemporáneas, en lugar de socialmente condicionado o producidos por la sociedad que se organiza para apoyar y seguir desarrollando una tecnología una vez que se ha introducido en el mercado.

En vez de considerar la tecnología como parte de un espectro más amplio de la actividad humana, el determinismo tecnológico ve la tecnología como la base de toda actividad humana. De este modo, los seguidores de esta corriente, consideran que ciertas tecnologías acaban afectando y condicionando a todos los ámbitos sociales: las instituciones, las formas de interacción, el imaginario cultural e, incluso, las cosmovisiones. Algunas innovaciones tecnológicas se interpretan, entonces, como fuentes de transformaciones sociales radicales o revolucionarias. Algunos de los ejemplos históricos más conocidos en este tipo de narrativas son: el estribo y la sociedad feudal; la máquina de vapor y la sociedad industrial; o los microprocesadores y la llamada sociedad de la información.

La perspectiva determinista se caracteriza por considerar la relación entre tecnología y sociedad como unidireccional: mientras que la evolución de la sociedad (en sus aspectos económicos, políticos o culturales) es consecuencia del desarrollo tecnológico —está, pues, determinada por él—, la tecnología sigue un curso particular de acuerdo con sus propias leyes. Se considera, en este caso, como si la tecnología se desarrollase en un ámbito externo al medio social: como una especie de factor exógeno con una dinámica propia.

Esa tendencia que se ha extendido hasta la actualidad y parece vivir su máximo esplendor en torno a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). La supuesta existencia de leyes en el desarrollo tecnológico de las TIC refuerza la idea de que estamos ante un proceso básicamente autónomo, en el sentido de que se produce al margen de cualquier voluntad explícita. El desarrollo tecnológico parece seguir, de esta forma, pautas similares a los fenómenos físicos y naturales que se rigen por leyes impermeables a nuestros deseos o intenciones y con absoluta independencia de los avatares de la vida social.

Dos enfoques deterministas[editar]

Hay que distinguir a efectos analíticos entre dos tesis: 1*la autonomía de la tecnología y el determinismo tecnológico (DT).

Autonomía de la tecnología

Defiende que la tecnología sigue su propio camino independientemente de la intervención humana o social, pudiendo desarrollarse de forma incontrolada. Autores como Jacques Ellul o John Kenneth, afirman que la tecnología sigue sus propias leyes, caracterizándose con una lógica particular que siempre acaba imponiéndose a cualquier intento de control humano, y enfatizando en el avance imparable del desarrollo tecnológico. El concepto de autonomía de la tecnología expone la inutilidad de las barreras de cualquier orden (sociales, políticas, institucionales, culturales...) en el desarrollo de la innovación tecnológica, porque acaban siempre imponiéndose de cualquier forma efectiva por encima de cualquier restricción. 2*Bruce Bimber (1996) distingue tres interpretaciones de DT, la normativa, la nomológica y la de “consecuencias imprevistas”, señalando dos condiciones importantes que deben cumplirse:

a) Que el cambio social sea determinado causalmente por fenómenos o leyes anteriores.

b) Que la lógica de estas leyes dependa necesariamente de características de la tecnología o que éstas sean su vehículo, relegando a los agentes humanos en el papel del cambio.

Determinismo tecnológico

La propuesta del DT asocia los cambios sociales a las innovaciones tecnológicas, considerando que es el desarrollo tecnológico el que condiciona el cambio y las estructura social. No ha pasado desapercibido en las últimas décadas los impactos resultantes de las tecnologías en el ámbito social, siendo necesario la creación de una disciplina que implica a los organismos gubernamentales como árbitros analíticos de dichos impactos. Un ejemplo de organismos fue el, creado en el 1972 por el Gobierno de los Estados Unidos, el Office of Technology Assessment como órgano consultivo del Gobierno.

Según Robert L. Heilbroner la conquista técnica de la naturaleza sigue una linea de avance, siendo necesariamente pasar primero por unos estadios primarios tecnológicos para llegar a otros. Esta perspectiva asume que el desarrollo tecnológico dispone de una lógica interna que va mejorando la eficiencia de los artefactos técnicos en cada innovación, haciéndolos más eficientes. El factor eficiencia es considerado como un valor indiscutible e independiente de cualquier consideración social o valorativa.

Cuestionamiento al determinismo tecnológico[editar]

En la actualidad la perspectiva constructivista cuestiona el pensamiento determinista,o considerando efectos y causas como una secuencia ineludiblemente consecutiva y numérica. No está demostrado que la aparición de una innovación tecnológica determine la aparición de otra. En cuanto a los efectos siempre serán relativos según estén marcados por las diferentes configuraciones sociales y culturales

Determinismo tecnológico popular[editar]

Se denomina 3*determinismo tecnológico popular al que aparece reflejado en muchas proclamas sobre el progreso científico y técnico dirigido al gran público desde los medios de comunicación. Dentro de este determinismo existen dos corrientes, una optimista o cientifista, que considera que está bien que no haya control externo sobre el desarrollo de la investigación científica y técnica, siendo ésta la mejor manera de garantizar el bienestar humano. El control de la ciencia es visto como una intromisión que coarta la libertad y que conduce al atraso cultural y económico. La versión pesimista ve en este descontrol el inicio del camino al desastre.

En el determinismo tecnológico popular podemos diferenciar dos posturas, la de Jacques Ellul que considera que la tecnología, al menos en su fase actual, es intrínsecamente ingobernable y sigue sus propias leyes. La otra postura es la de Langdon Winner que observa que hemos dejado que las instancias que deberían gobernar y controlar la tecnología, no lo han hecho. Es nuestra actitud pasiva, nuestro sonambulismo voluntario, nuestras prisas irreflexivas propiciadas por la rapidez de los cambios, que hemos permitido que la tecnología fluya sin control popular, o bajo el control de una minoría fuertemente comprometida con el propio sistema tecnológico. Ambas versiones comparten el 5*imperativo tecnológico: si algo es técnicamente posible, entonces terminará por realizarse.

Referencias[editar]

  1. LOMBARDI Olimpia. «¿Qué es el determinismo tecnológico?». Consultado el 15 de abril de 2016. 

Fuentes[editar]

Enlaces externos[editar]