Cápsula fulminante

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Se entiende por cápsula fulminante la parte del cartucho donde se aloja la materia explosiva (fulminante) destinada a iniciar la inflamación de la carga explosiva (propelente) que propulsará el proyectil.

Cápsulas fulminantes modernas

La pólvora fue, de entrada, utilizada como fulminante, pero no se inflamaba si estaba mojada y además no era fácil de usar. Por eso los militares la reemplazaron por productos químicos protegidos en una cápsula metálica estanca, que obviamente fue llamada cápsula fulminante.

Hasta mediados del siglo XX, la sustancia más utilizada fue el fulminato de mercurio, aunque es tóxico y libera al aire vapores tóxicos de mercurio al estallar. Además, es inestable y bastante sensible al agua, los choques y al electricidad estática. Además, el mercurio, si no está estabilizado, es corrosivo para los metales con los que se amalgama naturalmente. Finalmente, uno de los aditivos que se añadía a menudo, el clorato de potasio, también corroía los cañones de los fusiles. Por estas razones, se le mezclaba generalmente con un barniz para estabilizarlo y se encerraba en una cápsula metálica estanca y sólida, para que una sola percusión precisa y violenta pudiera provocar su explosión

En 1927, Remington fue el primer fabricante de armas en difundir uno de los primeros fulminantes no corrosivos (bajo la marca "Kleanbore"), pero los fulminantes a base de mercurio, sin embargo, fueron utilizados durante mucho tiempo para los cartuchos de caza y de tiro al plato e incluso en las pequeñas municiones de las armas cortas, exponiendo así a los tiradores, en interiores, a los vapores de mercurio. El fulminato de mercurio también fue utilizado por Nobel para hacer fulminantes de explosivos destinados a trabajos de minería

El fulminato de mercurio ha sido poco a poco reemplazado, desde hace unos años, por otros productos más estables y no corrosivos, como el estifnato de plomo o el azida de plomo (PbN6), por ejemplo, o el nitrato de bario, que ha reemplazado el clorato de potasio. Estos fulminantes son menos tóxicos que los antiguos, pero no inofensivos.

La fabricación de fulminantes, aunque sometida, desde mucho tiempo, a principios de seguridad reforzados, ha dado lugar a numerosos accidentes, generalmente a causa de errores humanos o malicia.

Véase también[editar]

Nota[editar]