Autolesión

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Autolesión
Auto-Mutilation.JPG
Ejemplo de autolesión por cortes en el brazo.
Clasificación y recursos externos
CIE-10 X84
DiseasesDB 30605 29126
MeSH D016728
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La autolesión, también conocida como autolesión deliberada o autoagresión, es una práctica consistente en la producción intencionada de heridas sobre el propio cuerpo, comúnmente realizadas sin intenciones suicidas.[1] Estos y otros nombres se emplean en la literatura médica más actual en un intento de utilizar una terminología neutral. La antigua literatura, especialmente la que precede al Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV-TR), empleaba en la mayoría de los casos el término automutilación.

La forma más común de autolesión son los cortes en la piel. No obstante, la autoagresión involucra un amplio rango de comportamientos que incluye, entre otros: quemaduras, rasguños, golpes, dermatilomanía, tricotilomanía e ingesta de sustancias tóxicas u objetos.[2] [3] Generalmente, los comportamientos asociados con el abuso de sustancias y con los desórdenes alimenticios no son considerados autolesiones, pues los resultantes daños tisulares son, por lo común, un efecto secundario involuntario. No obstante, los límites no son siempre claros y, en algunos casos, los comportamientos que habitualmente caen fuera de los límites pueden representar efectivamente una autolesión si se realizan como un intento explícito de causar daños tisulares.[4] Aunque el suicidio no es unos de los propósitos de la autoagresión, la relación entre ambos comportamientos es compleja, especialmente porque la autolesión es potencialmente una amenaza a la vida.[5]

El deseo de autolesionarse aparece en el DSM-IV-TR como un síntoma del trastorno límite de la personalidad. Sin embargo, pacientes con otras enfermedades también pueden autoagredirse, incluidos los que presentan depresión, trastornos de ansiedad, abuso de sustancias, desórdenes alimenticios, trastorno por estrés postraumático, esquizofrenia y otros trastornos de personalidad.[1] La autolesión aparece también en individuos sin ningún diagnóstico médico.[4] Los motivos de la autoagresión varían, y ésta puede servir para satisfacer diferentes funciones.[6] Estas funciones incluyen: la autolesión como una estrategia de afrontamiento que provee una alivio temporal a intensas sensaciones tales como ansiedad, depresión, estrés, insensibilidad emocional o sensaciones de fracaso u odio a sí mismo, además de baja autoestima o perfeccionismo.

La autolesión está asociada con problemas como traumas y abusos emocionales o sexuales.[7] [8] Existen diversos métodos empleados para tratar la práctica de la autoagresión, que se concentran ya sea en el tratamiento de las causas subyacentes o directamente en el tratamiento del comportamiento. Cuando se asocia con depresión, el tratamiento con antidepresivos puede ser efectivo.[9] Otros enfoques implican técnicas de evitación, que se concentran en mantener al paciente ocupado en otras actividades o en reemplazar el acto de la autolesión con otros métodos más seguros que no conduzcan a daños permanentes.[10]

La autoagresión es más común en adolescentes y adultos jóvenes, generalmente con apariciones iniciales entre las edades de 12 a 24 años. En la infancia es relativamente rara su aparición; sin embargo, la tasa ha ido en aumento desde la década de 1980. No obstante, la autolesión puede ocurrir a cualquier edad, incluso en la población de edad avanzada. El riesgo de lesiones serias y de suicidio aumenta en personas mayores. Por otro lado, la autoagresión no se limita a los humanos; los animales cautivos, como aves y monos, también muestran comportamientos similares.

Objetivos y motivaciones[editar]

Finalidad sexual[editar]

Algunas personas obtienen placer sexual a través del dolor físico. Para que produzca placer este dolor debe ser controlado por la persona que lo padece, la cual puede pactar con su compañero sexual los límites del dolor que le permite producirse, o bien hacerse daño a sí mismo, en cuyo caso se considera auto agresión. Estas personas se denominan masoquistas, y tienen como contrapartida a los sádicos, personas que disfrutan (sexualmente) causando dolor.

Finalidad psicológica[editar]

La autodestrucción, que se manifiesta en cortes, quemaduras, rasguños, arañazos, tirones del pelo, golpes (sobre todo en la cabeza), auto lesiones, cualquier forma de producción de dolor es una forma de expresar el sufrimiento, una forma no verbal de comunicación donde los sentimientos se transmiten visualmente a través del cuerpo. Generalmente, se usa para liberarse de sentimientos de rabia, ira, tristeza, soledad, rencor y dolor emocional. Se efectúa para liberar esas emociones que el autoagredido no puede expresar.[cita requerida] También, a veces, ante el sentimiento de no estar vivo, los autoflageladores se cortan para cerciorarse de que siguen vivos.

Este padecimiento se utiliza a veces para aliviar dolores emocionales fuertes, ya que es más fácil controlar el dolor físico que el emocional. La sensación de dolor produce una cierta liberación de ansiedad. Algunos adolescentes se realizan heridas (cortes o quemaduras, o hasta beber su propia sangre) en momentos de crisis o de sufrimiento, porque el dolor físico les ayuda a soportar su sufrimiento psicológico. En otras circunstancias la autoagresión se utiliza para sentir poder sobre uno mismo. La autoagresión está muy relacionada con las adicciones, trastornos de alimentación como bulimia y anorexia.

La autoagresión o conductas autolíticas son también muy frecuentes en personas que padecen un trastorno límite de la personalidad o personalidad borderline.

También puede utilizarse la autoagresión como forma de demostrar públicamente el sufrimiento interno, de forma similar a la costumbre judía de "rasgarse las vestiduras y echarse ceniza sobre la cabeza". En este caso el objetivo último es la búsqueda de ayuda o comprensión.

Por último añadir que en una serie de enfermedades mentales (como demencia, esquizofrenia, retraso mental y autismo) los afectados se producen a sí mismos daños sin ningún objetivo sino a consecuencia de su enfermedad, y esta conducta también se considera autoagresión.[cita requerida]

Este tipo de conducta debe ser tratado ya que puede conllevar a pensamientos suicidas y realización de dicho acto.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Klonsky, E. David (2007). «The functions of deliberate self-injury: A review of the evidence» (pdf). Clinical Psychology Review 27 (2): 226–239. doi:10.1016/j.cpr.2006.08.002. PMID 17014942. Consultado el 6 de abril de 2015. 
  2. Skegg, Keren (2005). «Self-harm» (pdf). Lancet 336 (9495): 1471–1483. doi:10.1016/S0140-6736(05)67600-3. PMID 16243093. Consultado el 6 de abril de 2015. 
  3. Truth Hurts: Report of the National Inquiry Into Self-Harm Among Young People: Fact Or Fiction? (pdf) (en inglés). Londres: Mental Health Foundation. 2006. ISBN 978-1-903645-81-9. Consultado el 7 de abril de 2015. 
  4. a b Klonsky, E. David (2007). «Non-Suicidal Self-Injury: An Introduction». Journal of Clinical Psychology 63 (11): 1039–1043. doi:10.1002/jclp.20411. PMID 17932979. 
  5. Farber, Sharon K.; Jackson, Craig C.; Tabin, Johanna K.; Bachar, Eytan (2007). «Death and annihilation anxieties in anorexia nervosa, bulimia, and self-mutilation». Psychoanalytic Psychology 24 (2): 289–305. doi:10.1037/0736-9735.24.2.289. PMID 17932979. 
  6. Swales, Michaela. «Pain and deliberate self-harm». Pain (en inglés). Wellcome Trust. Consultado el 7 de abril de 2015. 
  7. Meltzer, Howard; Lader, Deborah; Corbin, Tania; Singleton, Nicola; Jenkins, Rachel; Brugha, Traolach (2002). Non-fatal suicidal behaviour among adults aged 16 to 74 in Great Britain (descarga, pdf) (en inglés). Londres: Office for National Statistics. ISBN 0-11-621548-8. Consultado el 7 de abril de 2015. 
  8. Rea, Karen; Aiken, Fran; Borastero, Clancy (1997). «Building therapeutic staff: Client relationships with women who self-harm». Women's Health Issues 7 (2): 121–125. doi:10.1016/S1049-3867(96)00112-0. PMID 9071885. 
  9. Haw, C.; Hawton, K.; Houston, K.; Townsend, E. (2001). «Psychiatric and personality disorders in deliberate self-harm patients». British Journal of Psychiatry 178 (1): 48–54. doi:10.1192/bjp.178.1.48. PMID 11136210. Consultado el 6 de abril de 2015. 
  10. Klonsky, E. David; Glenn, Catherine R. (2008). «Resisting Urges to Self-Injure» (descarga, pdf). Behavioural and Cognitive Psychotherapy 36 (2): 211–220. doi:10.1017/S1352465808004128. Consultado el 6 de abril de 2015. 

Enlaces externos[editar]