Articulación sacro-ilíaca

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Articulación sacro-ilíaca
SI joint.png
Articulación sacro-ilíaca (en rojo). Vista anterior.
Sacroiliac Joint-es.png
Articulación sacro-ilíaca (señalado). Vista posterior.
Latín [TA]: articulatio sacroiliaca
TA A03.6.03.001
Enlaces externos
Gray pág.306
FMA 21440

La articulación sacroilíaca (a menudo abreviada como ASI o SI) es una articulación que se halla entre el hueso sacro y la porción ilíaca del hueso coxal de la pelvis, firmemente reforzada por varios ligamentos. Es una articulación fuerte que se encarga de soportar el peso de la mitad superior del cuerpo humano, transmitiéndolo a los miembros inferiores. Se trata de una articulación sinovial de tipo plana en su tercio anterior y, a su vez, fibrosa de tipo sindesmosis en sus dos tercios posteriores.[1]

El cuerpo humano posee dos articulaciones sacro-ilíacas: una a la izquierda y otra a la derecha, las cuales enlazan a sendos huesos coxales. Suelen ser simétricas a ambos lados, aunque es frecuente encontrar variabilidades anatómicas a nivel individual.[1]

Su palpación superifical se puede realizar en la localización de las fosas u hoyuelos de Venus.[2]

Estructura[editar]

Articulaciones de la pelvis. Visión anterior.
Articulaciones de la pelvis. Visión posterior.

Esta articulación, a menudo descrita con forma semilunar o de oreja, se desarrolla entre las carillas articulares laterales del sacro que lo conectan con el hueso coxal a través de una articulación situada a la altura de la espina ilíaca postero-superior. El cartílago articular de la articulación es bastante rugoso, siendo el cartílago del lado sacro dos veces más grueso que el del lado ilíaco. Además, posee dos tipos distintos de cartílago en su superficie: la carilla articular sacra se encuentra recubierta por cartílago hialino, mientras que en la cara ilíaca hay fibrocartílago.[3]​La estabilidad de la articulación la proporcionan, principalmente, sus fuertes ligamentos intrínsecos e intrínsecos.[4]​El espacio articular puede variar entre 0.5 y 4 mm.[5]

Con la edad, las características de la articulación sacro-ilíaca varían en gran medida. En las etapas más tempranas del desarrollo, las superficies articulares tienen un relieve aplanado que, con el avance de los años, irán progresando hacia una morfología más irregular, debido principalmente al impacto de la marcha.[3]​El encaje curvo de la articulación, así como la fuerza y cantidad de los ligamentos adyacentes hacen que difícilmente se den casos de luxación o subluxación.[6]

Ligamentos[editar]

Los ligamentos que se hallan en esta articulación son los siguientes:[3]

  • Ligamento sacro-ilíaco anterior.
  • Ligamento sacro-ilíaco interóseo.
  • Ligamento sacro-ilíaco posterior.
  • Ligamento sacro-tuberoso.
  • Ligamento sacro-espinoso.

En el lado interno de la pelvis se anclan los ligamentos sacroilíacos anteriores. En el lado dorsal, sobre todo, los ligamentos sacroilíacos interóseos y posteriores. Los ligamentos sacroilíacos interóseos son de carácter robusto y discurren profundamente detrás de la articulación sacroilíaca, desde la tuberosidad ilíaca medialmente hacia la tuberosidad sacra. Al ser más profundos, se encuentran totalmente tapados por los ligamentos sacroilíacos posteriores.[7]

El complejo ligamentario contribuye a mantener al hueso sacro encajado en el anillo pelviano en bipedestación y evita el deslizamiento del hueso sacro hacia el interior de la cavidad pelviana. Además, los ligamentos sacroespinosos y sacrotuberosis proporcionan una fijación adicional para ambas articulaciones e impiden que la pelvis bascule hacia atrás.[7]

Función[editar]

La articulación consigue minimizar el efecto traumático en los cambios bruscos de distribución del peso corporal de un lado a otro en ambas direcciones a través de movimientos de rotación en un eje transverso. Además, se ha descrito que tiene un rol importante a la hora de absorber el impacto energético durante la marcha, proporcionando flexibilidad a la pelvis durante la deambulación y sujetándola al realizarse movimientos de rotación sobre la columna. Su función más importante, sin embargo, corresponde a la de reducir el cizallamiento en la fase de frenado o desaceleración que se da al posar el talón en el suelo durante la fase de apoyo inicial de la marcha.[8]

Su capacidad de movimiento se limita al estiramiento de los ligamentos y la separación de las carillas articulares a través del aumento del espacio articular. Sus movimientos, aun siendo muy reducidos, se pueden resumir en:[8]

  • Inclinación anterior de ambos coxales con respecto al sacro.
  • Inclinación posterior de ambos coxales con respecto al sacro.
  • Inclinación anterior de un coxal con inclinación posterior del otro en un movimiento antagonista. Ocurre durante la marcha.
  • Flexión sacra con respecto a ambos coxales.
  • Extensión sacra con respecto a ambos coxales.

Un incremento de la carga que soporta el sacro supondría un aumento de tensión de los ligamentos posteriores, causando una mayor impactación del sacro en los coxales y una reducción de la movilidad de la articulación. La principal razón por la que el movimiento se halla tan limitado es por el encaje articular con relieve irregular que se manifiesta con zonas de depresión y de protrusión en las carillas articulares, actuando de manera similar al mecanismo de una llave.[8]

Importancia clínica[editar]

La articulación sacroilíaca es frecuentemente una fuente de dolor debido a una inflamación crónica o a una enfermedad degenerativa (por ejemplo, por espondilitis anquilosante o enfermedad de Behçet); o por traumatismo durante la actividad deportiva. También puede ser la expresión de un estado general de debilidad o de relajación ligamentaria que a menudo están relacionadas con el embarazo o un tratamiento hormonal, en cuyos casos presenta hipermovilidad. Con frecuencia, el bloqueo de la articulación (por ejemplo, ante una repentina acción de fuerza como una mala amortiguación de un salto en la que el sacro puede enclavarse) lleva a una dilatación de la cápsula articular, haciendo que se perciban los movimientos corporales como muy dolorosos.[7]

En la evaluación clínica, se utilizan distintos tests para reproducir el dolor sacro-ilíaco del paciente.[9]​ Estos son:

  • Fortin finger sign: el dolor se reproduce tras aplicar presión con los cuatro dedos de la mano en la localización superficial de la articulación sacro-ilíaca.
  • Test de Patrick o FABER: el dolor se reproduce al realizar flexión de rodilla con abducción y rotación externa de cadera.
  • Test de distracción: el dolor se reproduce al aplicar presión hacia lateral sobre ambas espinas ilíacas antero-superiores.
  • Test de compresión: el dolor se reproduce al aplicar presión hacia medial sobre ambas espinas ilíacas antero-superiores.
  • Test de Gaenslen: el dolor se reproduce al flexiones la cadera del lado afecto y dejar caer el otro miembro inferior por fuera de la camilla.
  • Test de presión femoral: el dolor se reproduce tras flexionar y ligeramente adducir la cadera y aplicar un movimiento de coaptación de la articulación coxo-femoral.
  • Sacral thrust test: el dolor se reproduce cuando, estando en prono el paciente, se le aplica una presión ventral en el sacro.

La probabilidad de que el dolor tenga como origen la articulación sacro-ilíaca aumenta de forma correlativa al número de positivos resultantes de los tests de provocación.

Inflamación[editar]

La inflamación de la articulación sacro-ilíaca se conoce como sacroileitis. Esta suele manifestarse como dolor referido en la cara posterior de la nalga, en la zona glútea o en la columna lumbar. Puede resultar difícil de diagnosticar por la similaridad de sus síntomas con otras patologías. Aunque es relativamente infrecuente, este dolor suele deberse a la presencia de enfermedades crónicas degenerativas como espondilitis anquilosante o artrosis. Algunos ejemplos de patologías no degenerativas que pueden causar dolor a este nivel pueden ser artropatías psoriásicas, hiperparatiroidismo u otras enfermedades de origen infeccioso.[9]

Referencias[editar]

  1. a b Solonen, K. A. (1957). «The sacroiliac joint in the light of anatomical, roentgenological and clinical studies». Acta Orthopaedica Scandinavica. Supplementum 27: 1-127. ISSN 0300-8827. PMID 13478452. Consultado el 2018-07-16. 
  2. McGrath, M. Christopher (2006-09-01). «Palpation of the sacroiliac joint: An anatomical and sensory challenge». International Journal of Osteopathic Medicine (en inglés) 9 (3): 103-107. ISSN 1746-0689. doi:10.1016/j.ijosm.2006.03.001. Consultado el 2018-07-16. 
  3. a b c Vleeming, A; Schuenke, M D; Masi, A T; Carreiro, J E; Danneels, L; Willard, F H (2012-12). «The sacroiliac joint: an overview of its anatomy, function and potential clinical implications». Journal of Anatomy 221 (6): 537-567. ISSN 0021-8782. PMID 22994881. doi:10.1111/j.1469-7580.2012.01564.x. Consultado el 2018-07-16. 
  4. Schunke, Gustave Bernard (1938-11). «The anatomy and development of the sacro-iliac joint in man». The Anatomical Record (en inglés) 72 (3): 313-331. ISSN 0003-276X. doi:10.1002/ar.1090720306. Consultado el 2018-07-16. 
  5. Mathis, John (2004). Image-guided spine interventions. Springer. ISBN 0387217940. OCLC 55876272. Consultado el 2018-07-16. 
  6. Lippitt, A. b (1995). «Recurrent subluxation of the sacroiliac joint: diagnosis and treatment». Bulletin (Hospital for Joint Diseases (New York, N.Y.)) 54 (2): 94-102. ISSN 0018-5647. PMID 8770450. Consultado el 2018-07-16. 
  7. a b c Schünke, Michael; Schumacher, Udo; Heimann, Anna; Merí Vived, Alex; Perramón Serra, Gema; Voll, Markus; Wesker, Karl (2005). Prometheus : texto y atlas de anatomía. Médica Panamericana. ISBN 8479039779. OCLC 699832399. Consultado el 2018-07-16. 
  8. a b c DonTigny, R. L. (1985). «Function and pathomechanics of the sacroiliac joint. A review». Physical Therapy 65 (1): 35-44. ISSN 0031-9023. PMID 3155567. Consultado el 2018-07-16. 
  9. a b Buchanan, Benjamin K.; Dulebohn, Scott C. (2018). Sacroiliitis. StatPearls Publishing. PMID 28846269. Consultado el 2018-07-16.