Ángel Larroque

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Ángel Larroque Echevarría (Bilbao 6 de septiembre de 1874ibídem, 22 de enero de 1961) fue un pintor español.

Biografía[editar]

Continuando la vocación familiar (era hijo y nieto de pintores decoradores), a los doce años de edad ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao. Uno de sus profesores de la Escuela fue Anselmo Guinea.

En 1893, y gracias a una beca de la Diputación de Vizcaya, pudo disfrutar de un pensionado de tres años, para completar su formación en París, junto al escultor Nemesio Mogrobejo. Ese mismo año viajó a Alemania, en concreto a la ciudad de Stuttgart en compañía de Nemesio Mogrobejo . De vuelta a España, se dedicó a estudiar a los viejos maestros del Museo del Prado. Merced a una segunda beca de la diputación vizcaína, obtenida junto a Aurelio Arteta, viajó a Italia, concretamente a Florencia y Roma. Tras este viaje se integró en la vida artística española y participó en las actividades de la Asociación de Artistas Vascos.[1]​ En 1921 consiguió la plaza de profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao. Su pintura alterna los temas populares con los paisajes urbanos.

Crítica[editar]

El crítico Juan de la Encina dijo que él es un «pintor cuyos rasgos primordiales son la finura, el matiz, la concisión, la solidez y un prodigioso dominio de la técnica de la pintura. Descuella en el retrato, sobre todo en el retrato de mujeres y niños, arreados y tocados con elegancia; y para que su pincel corra con entera soltura por el lienzo, necesita tener ante sus ojos materias ricas (sedas, terciopelos, batistas finas y transparentes, randas y encajes) y formas que se desarrollen en un ritmo de reposo entre velazquino y rafaelesco. No habéis de pedirle vivacidad y ardor expresivo, afluencia de imaginación, porque no encajan con holgura en su vocabulario artístico otras palabras que las que expresen serenidad, ordenación sencilla y clara, reposo».[2]

Lázaro Uriarte, en el décimo aniversario de su muerte, lo definió de la siguiente forma:«fue, ante todo, un pintor elegante, especialmente dotado para finísimas valoraciones tonales, de irreprochable y limpia técnica, a medio camino entre el "esprit de finesse parisino" y las más decantadas y exigentes maneras clásicas, atenuadas de excesivos rigores compositivos y plenamente fundidas con los más modernos lenguajes plásticos de su tiempo. Severo sin sequedad en cuanto al color, contenidamente cálido sin estridencias, Larroque logró altísimas calidades cromáticas y engastadas en monturas lineales de sobrio arabesco. Basta, como botón de muestra, contemplar "La chica del sofá" de nuestro Museo Provincial -obra magistral que entusiasmaba al también gran artista y escultor Higinio de Basterra- y podremos comprobar la perfecta fusión estética de los más dispares, aunque complementarios, ingredientes expresivos, unificados en la superior unidad de la obra de arte».[3]

Selección de obras[editar]

  • El ciego de los romances
  • Accidente de trabajo (Diputación Foral de Vizcaya)
  • Sardinera (Museo de Bellas Artes de Álava)
  • La joven del sofá
  • Maternidad (Museo de Bellas Artes de Bilbao)
  • Retrato de Ramón de la Sota
  • Flora, la enana (Museo de Bellas Artes de Bilbao)
  • Los paisanos vascos
  • La chica del gato (Museo de Bellas Artes de Bilbao)
  • Recolección de manzanas

Referencias[editar]

  1. Voz en la Enciclopedia Auñamendi
  2. Revista Hermes 1910
  3. Gaceta del Norte. Septiembre de 1974

Bibliografía[editar]

  • Ángel Larroque, un pintor, el olvido y la memoria. Javier González de Durana. Bilbao 2003. ISBN 84-87184-79-0