Quechua costeño

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El quechua costeño, marítimo o Chinchaysuyo es una variedad del quechua clásico hablada en zonas costeras de los modernos departamentos de Lima e Ica, muchas veces en superposición con el quingnam por el norte o con las lenguas aimaras por el sur. Se extendió en los valles costeños ubicados entre el río Rímac y el río Ica, limitando por el norte con la zona de habla quingnam[1] y por el sur con una lengua de la familia aimara o aru, con la cual compartía una zona de transición en los valles de Pisco e Ica. Fue empleada como lingua franca por los gobernantes de una extensa región del área andina gracias a la gran actividad comercial que había adquirido el señorío de Chincha como por la importancia religiosa del templo de Pachacámac, por lo que fue empleada como lengua de gobierno por el Imperio incaico.[2]

Un texto desconocido del quechua costeño (s.XVI) por el lingüista peruano Dr. Rodolfo Cerrón Palomino[editar]

"Y qué poco cuidado haveis tenido de darnos lectura y libros en nuestra lengua (...) ¿Vosotros no predicais y no nos lo enseñais que las letras son manjar del ánima?" Pedro de Quiroga (1562).

Como se sabe los únicos materiales con que contamos para la variedad quechua de la costa peruana, llamada también marítima por Cobo ([1653]) 1956: Cap. VII), son los proporcionados por el sevillano Fray Domingo de Santo Tomás, en su Gramática y su Lexicon aparecidos en 1560 (cf.Santo Tomás [1560] 1951a y [1560] 1951b, respectivamente). E efecto, aun cuando el dominico no señala explícitamente la procedencia del dialecto-base que describe, todo parece indicar que se trata del quechua hablado en "los llanos", entre los actuales departamentos de Lima e Ica, y que posiblemente se haya extinguido hacia fines del siglo XVII. Fuera de dicha documentación, el quechua del litoral no parece haber sido objeto de otro registro. Existen sin embargo, unos breves parlamentos en quechua insertados en los "Diálogos de la Verdad", del presbítero Quiroga, redactados a principios de la segunda mitad del siglo XVI, que parecen corresponder a la variedad costeña. El objeto del presente trabajo es precisamente aportar pruebas en favor de dicha hipótesis".

1. Noticias del Autor

Muy poco se sabe acerca de la vida de Pedro Quiroga, clérigo presbítero natural de Medina del Campo (España), quien residió en dos oportunidades en el Perú: la primera vez antes de 1560, año en que habría retornado a la península, luego de una "muy larga experiencia de muchos años [...]doctrinando aquellos naturales", según confesión propia; y la segunda, después de su regreso al Cuzco, como canónigo, en 1570(Pérez Fernandez 1986:II,Cap.IX,nota 74). En esta oportunidad había sido,había sido Comisario del Tribunal del Santo Oficio, de reciente instalación en Lima (1569) , cargo que ejercería en la antigua metrópoli incaica. Su desempeño en dicha función tuvo un caso muy sonado en 1576, cuando surgió un serio problema de jusridicciones entre el Tribunal y el controvertido e iracundo obispo del Cuzco, Sebastián de Lartaun, quien se negaba a delegar sus poderes en cuestiones relativas a la persecución de herejías al representante del Santo Oficio, entorpeciendo la labor de este. el asunto llegó a su punto más crítico cuando el obispo Lartaún dispuso la prisión del canónigo Quiroga, "con grillos y por sus propias manos", abriéndole un proceso bajo el cargo de mantener relaciones con una mujer casada. La respuesta del tribunal no se dejó esperar, y ante la imposibilidad de tomar represalias contra el obispo, que se encontraba en Lima, mandó a apresar a su colaborador cristóbal de Albornoz, el célebre extirpador de idolatrías, enviándolo a sus cárceles secretas, so capa de haber emitido una serie de juicios contrarios a la fe y proferido amenazas contra el santo Oficio. De tales cargos quedaría finalmente absuelto el conocido extirpador (Medina [1887] 1956: I, 165;cit. por Duviols 1984 y Guibovich pérez 1990). Tales son las únicas referencias que la investigación archivística ha logrado conseguir a la fecha acerca de la vida de nuestro autor. De su pensamiento tenemos afortunadamente un mejor testimonio: la obra que dejó manuscrita.

2. Los "Coloquios de la Verdad"

La obra escrita por el canónigo Quiroga lleva por título "libro intitulado Coloquios de la Verdad(1)", y está dirigida a su homónimo, el doctor Gaspar de Quiroga, quien, entre otras funciones, desempeñaba el alto cargo de Presidente de la "Sancta y General Inquisición". Ella permaneció inédita hasta el presente siglo(2) y el año probable de su redacción es el de 1562(3),cosa que podría haber tenido lugar en la península, luego de su retorno a ella después de "muchos años".

Como su nombre lo indica, la obra consiste en una serie de cuatro diálogos, teniendo como personajes principales a Barchilón, sacerdote ermitaño con muchos años de experiencia en el perú, que luego de dejar el "camino mundano", favorece a los indios y hace "vida penitente" ; y Tito, "inga de nación y deudo de los reyes que estos reynos conquistaron y posseyeron, natural del Cuzco, quien estuvo en "Casamalca", y que luego de la conquista se ve sumido en la desgracia , sirviendo como criado de soldados y ayudante de doctrineros, habiendo llegado incluso a conocer España:se trata de un indio "ladino", letrado y culto. Justino, soldado de Castilla recién llegado al perú, típico bisoño, y Cayo, indio amigo de infancia de Tito, completan el número de personajes; de estos, el último tiene sólo una aparición fugaz en el segundo diálogo.

Los "colloquios", cuyos temas ya se anuncian desde el título, aparecen resumidos por el propio autor en los siguientes términos:"El primer Colloquio trata de la conquista y entrada que los españoles hizieron en el rreino del piru y aconseja Barchilon a Justino como se a de veren aquellas tierras con otras cosas neçesarias". El segundo "ttrata de los daños y agravios que los indios del Piru han rrecibido y rreciben de los que en aquellas tierras entraron y agora estan y de la administracion de su justicia y de las tiranias que padeçen y les hacen sus caçiques y señores naturales y de las costumbres e modo de bivir de aquella gente". El tercero "ttrata de una yerva o hoja de un arbol llamado coca y del uso della como se cultiva e cria y del daño que en aquella tierra causa y de las calidades y sabor de aquella yerva. en materia noble". Finalmente, el cuarto y último coloquio "trata de la doctrina xpiana y converssion de aquellas gentes y de las causas que lo impiden y del estadoen que esta la doctrina y lo de aquellos indios se entiende acerca de su xpianidad y la horden que se deve tener en doctrinarlos. Es materia digna de ser entendida".

A través de tales sumarios, fácil es advertir el fuerte "espíritu lascasiano" que inspira la obra de Quiroga. Como nuestro cometido no es entrar en el análisis de ella, solo destacaremos aquí dos de los tópicos más recurrentes a lo largo de la misma, pero que son tratados especialmente en el segundo y cuarto coloquios. Así, en el segundo, el autor denuncia, por labios del personaje Tito, los abusos y la explotación inmisericorde de que son victimas los indios en manos de las autoridades civiles y eclesiásticas españolas de la época, clamando por un nuevo orden y gobierno que acabe con la ambición desmesurada de los encomenderos y la rapiña de los curacas impuestos por las autoridades. Implícita está en ella la predica lascasiana de la "restitución", el cuestionamiento de las tasas tributarias excesivas y el rechazo a la perpetuidad de las encomiendas, cuyo abanderado en el perú eraera nada menos que Fray Domingo de Santo Tomás.En el cuarto coloquio,condenando la práctica vigente, denuncia los procedimientos seguidos en la catequización de los indígenas, a quienes se les adoctrinaba de la manera más compulsiva y violenta, "a coçes y puñadas", y, sobre todo, pasando por alto la ausencia de una lengua intermediaria. Así,pues, Tito le enrostra este hecho a Barchilón en los siguientes términos: "[...]Ni sabeis nuestra lengua ni nosotros entendemos la vuestra, y querriades que os entendiésemos los conceptos y adivinásemos lo que nos quereis decir.[...]No se cómo quereis vosotros sin hablar la nuestra que os entendamos, mayormente en negocio tan grande como es tomar una ley y dexar otra, que auque traiga consigo toda la verdad del mundo, es necesario que se entienda. Testigos tenemos en el cielo, que hasta el día de hoy no nos aveis dado nos la dicen por interpretes que no la entienden ni nos la saben dar a entender". (Quiroga [1562]1922:IV,116-117). En suma, estamos frente a una obra que cuestiona el ordenamiento colonial, en materia civil y eclesiástica, abogando por una severa reforma cuyos lineamientos básicos son un claro eco de las ideas lascasianas en el Perú. Consciente de las ardorosas disputas que se ventilaban en la corte española por entonces, declaraba el autor en su "Epístola" a su protector Gaspar de Quiroga que "el príncipe y el pequeño estan sujetos a juicio,y mas el que escrive como yo obra acerba y satírica que a todos tira y a todos toca (subrayado nuestro).

3.El texto Quechua

El pasaje quechua que presentaremos aparece al principio del segundo diálogo, a manera de lamentación y monólogo del personaje Tito. Brevemente, el contexto en que se da es el siguiente. Luego del encuentro inesperado entre Barchilón y Justino, pasado el asombro y recostados en las frescas orillas de un rio, el primero trata de hacerle entender al segundo, que luce todos los perjuicios de un "recién llegado al Perú", "el origen y principios de todos los daños deste reyno" causados por la conquista española: "toda la perdición desta tierra ha venido de quererla governar de cacaveça como juego del trumfo [sic], sin entenderla y sin palparla y verla", sentencia. Cuando se hallan enfrascados en una disputa que tales razonamientos motiva, de pronto escuchan las quejas de un indio , que ninguno de ellos entiende ("¡O si entendiese lo que dice!", clama Barchilón), aunque luego profiere también sus lamentos en castellano("¿No has oido que ladino es y como habla en nuestra lengua de Castilla?"). Se asoman al lugar de donde provienen las lamentaciones,y, escondidos tras las ramas de unos árboles, contemplan la escena. Tito, luego de reverenciar al sol y besar la soga con que intenta ahorcarse, se depide del mundo ante la mirada afligida de su amigo Cayo, a quien le regaña por estar triste y lloroso, ante su determinación de irse "adonde está el Inga" en lugar de seguir soportando las penurias de su raza. le dice a Cayo: "Vete,pues, y acuerdate que eres inga de nación;sirve a nuestros dioses y no olvides nuestra religión tan antigua". Al ver el espectáculo, Barchilón le pide a justino que impida la consumación del suicidio, cosa que logra cortando la cuerda, coyuntura que aprovecha Cayo para huir de los españoles, hecho que Barchilón encuentra muy explicable. Entretando advierten que Tito aún presenta señales de vida y entonces buscan reanimarlo echándole agua al rostro. Al reanimarse, el indio comienza a lamentarse en quechua, invocando al inca, al sol y a otras divinidades para que se lo lleven. como los españoles no lo entienden, Justino empieza a darle de latigazos conminándolo a que hable "en Castilla, pues que lo sabeis hacer, sino vuestro pellejo lo pagara". Tito se queja de los maltratos; siempre en quechua, y pretende no haber sido él quien habíahablado en castellano, pero como arrecian los latigazos ("Como quiera que sea vos habeis de hablar en lengua de Toledo, y aun francesssa,si fuere menester,antes que os dexe deaçotar"), finalmente cambia de código y empieza a hablar en castellano ("No mas, señor, que yo hablaré; dexame ya".) Comienza entonces Tito a exponer los motivos de su frustrada desisión: el estado de miseria y explotación de su raza y de su pueblo(luego de su retorno de España, halla esta tierra que yo llamo mia, que ni es mi tierra ni yo la nombrare ya ansi"). los españoles quedan asombrados ante el manejo del castellano y los razonamientos coherentes del indio , que creen estar frente al diablo, pues son tales los prejuicios vigentes que no cabe esperarsemejante desempeño de un indio ("Si, es el demonio que nos quiere hacer este engaño en apariencia y figura de indio, que en sus razones cierto lo parece, porque indio no es posible sabertanto,ni dar de si tan buena raçon").

Como dijimos, los breves pasajes en quechua se reducen a una lamentación, dos protestas quejumbrosas y una súplica trunca que acaba finalmente en castellano, previo cambio de código. En tal sentido, no son realmente diálogos, o lo son sólo parcialmente, pues, según la trama, los personajes españoles no entienden quechua, siendo Tito el único bilingüe. Incidentalmente, la situación descrita refleja de manera dramática y sutil la situación diglósica instalada en el perú tras la invasión española, y denuncia por el propio autor ("Si quereis tratar de que estos naturales aprendan vuestra lengua, es començar una labor que no saldreis con ella, ni basta ingenio humano para ello; y assi conviene que los ministros de la predicación aprendan y sepan la lengua india, si quereis que os entiendan, y no es tanto trabajo cuanto que los encaresceis, que facil es de aprender, o a lo menos de entender, yentendida, lo demas el trabajo lo acaba y lo hace"). Pero en el contexto de la dominación, como ocurre hasta la fecha, son los de abajo los que tienen que aprender y saber la lengua dominante, "y aun [la] francessa" (!).

Ante la imposibilidad de contar con el texto del manuscrito, cuyo paradero ignoramos, acá nos limitaremos a transcribirlo tal como aparece en la edición consultada. En general, el texto está correctamente transcrito, mostrando sólo en el primer parlamento -que es el más largo- algunas erratas bastante obvias. Por lo demás, como ocurre en textos semejantes de la época, la separación de las palabras resulta aparentemente arbitraria: muchas de ellas aparecen desmembradas de sus sufijos, en parte quizás por razones de acento, ritmo y entonación, aspectos de la prosodia quechua muy poco comprendidos hasta la fecha, y con mayor razón en una perspectiva histórica. Como podría apresiarse, el sistema ortográfico empleado por el autor corresponde al castellano de la época, con obvias hipodiferenciaciones que serán discutidos en la sección 4. Nótese, finalmente que en la presente reproducción la versión castellana ofrecida, que en el original está sobrescrita -como al parecer era la práctica-, corre en forma infraescrita. Los parlamentos aparecen enumerados del primero al cuarto.

PRIMER TEXTO

A ingaya a apoya maipi Cangui Capac ya indi yayaiqui guan chu O Señor y Reymio; o gran Señor, ¿a donde estas Rey y Señor mio,estas,

cangui ya guacchai quicta hinapacchu çaquiguarcangui capacya Señor, con tu padre y Señor nuestro Sol? ¿Y para esto desamparaste y dexaste

pusaguay are caillaiqui man casac ingaya,suguita [sic] caçau a tus pobres? Señor y Rey mio, llevame pues,y estare a par de Ti,Señor Rey

[sic] manchu sina ñacaricui pachapi cauçaita monamichu [sic] mio. Suplicote que comas mi coraçon y mis entrañas. ¿puedo yo vivir con tantos

pusaguai indiya pusaguai huanacaureya. y tan grandes trabajos? ¿Quiero Yo vida? llevame,Sol mio y Señor,llevame Dios mio y Hacedor mio.

SEGUNDO TEXTO

Ay, Ay, ymanam ya, y ma manta maca huangui a Dios ya. ¿que es esto señor? ¿por qué causa me castigas y me das, o señor Dios?

TERCER TEXTO

Pichare rimarca Castilla psimanta [sic]? chicalla siñoria, ¿Qué se yo quien hablava lengua de Castilla? No mas, señor mio:

chicalla apoya; y ma hochay manta açota huangui, a Dios ya? no mas,capitan,por qué culpa o causa me açotas, o señor Dios?

CUARTO TEXTO

Chicalla señor ya uilla sacmi apoya. Nomas,señor mio, que yo hablare capitan.

Referencias[editar]

  1. Cerrón-Palomino, Rodolfo. La lengua de Naimlap (1995), p. 33
  2. Torero Fernández de Córdoba, Alfredo. (1970) "Lingüística e historia de la Sociedad Andina", Anales Científicos de la Universidad Agraria, VIII, 3-4, págs. 249-251. Lima: UNALM.