Pedroche

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Pedroche
Bandera de Pedroche
Bandera
Escudo de Pedroche
Escudo
Pedroche
Pedroche

Pedroche-mapa.png
País Flag of Spain.svg España
• Com. autónoma Flag of Andalucía.svg Andalucía
• Provincia Provincia de Córdoba - Bandera.svg Córdoba
• Comarca Los Pedroches
• Partido judicial Pozoblanco
Ubicación 38°25′″N 4°45′″O / <span class="geo-dec geo" title="Fotos, mapas y otros datos de Expresión errónea: operador / inesperado Expresión errónea: operador / inesperado">Expresión errónea: operador / inesperado, Expresión errónea: operador / inesperadoCoordenadas: 38°25′″N 4°45′″O / <span class="geo-dec geo" title="Fotos, mapas y otros datos de Expresión errónea: operador / inesperado Expresión errónea: operador / inesperado">Expresión errónea: operador / inesperado, Expresión errónea: operador / inesperado
• Altitud 618 msnm
• Distancia 96 km a Córdoba
Superficie 121,65 km²
Población 1.651 hab. (2011)
• Densidad 13,57 hab./km²
Gentilicio Pedrocheños ó Gacheros
Código postal 14412
Alcalde Santiago Ruiz García (PSOE)
Patrona Virgen de Piedrasantas
Sitio web www.pedroche.es

Pedroche es un municipio español situado al norte de la provincia de Córdoba, Andalucía. En el año 2005 contaba con 1.699 habitantes. Su extensión superficial es de 122 km² y tiene una densidad de 13,9 hab/km². Sus coordenadas geográficas son 38º 25' N, 4º 45' O. Se encuentra situada a una altitud de 618 metros y a 96 kilómetros de la capital de provincia, Córdoba. Pertenece al partido judicial de Pozoblanco

Contenido

[editar] Limites

Pedroche limita al norte con Torrecampo al sur con Pozoblanco al este con Villanueva de Córdoba y Torrecampo y al oeste con Dos Torres

[editar] Geografía Física

[editar] Orografia

El paisaje del municipio de Pedroche posee numerosas ondulaciones e inclinaciones hacia el Norte. Sus llanos casi siempre se recubren de pasto y con numerosas encinas la cuales la de Pedroche son de una especie en peligro de extinción. Desde Pedroche se divisan las montañas de Sierra Morena. Pedroche en una penillanura granítica. Debajo del suelo pedrocheño se encuentra un subsuelo granítico, esto se puede observar el la cantera del arroyo Muerto. Algunos montes característicos de Pedroche son: | Cerro Hidalgo | Cerro de la Animas | Cerro de San Pedro

[editar] Hidrografia

Las tierras del Valle de los Pedroches corresponde a la cuenca del rio Guadiana. Esta red fluvial está formada por cortos ríos y pequeños torrentes y arroyos. Pedroche al estar al norte lleva sus aguas al Guadiana. El rio mas importante que pasan por Pedroche es: Arroyo Santamaria: Nace en el suroeste de Pozoblanco. Su recorripo pasa por las carreteras de Pozoblanco-Pedroche y Torrecampo-Pedroche. Cruzas sus aguas con el Arroyo Muerto. Luego sigue hacia el norte y pasa por la carretera Guijo por la ermita de la patrona de Pedroche y sigue hasta el rio Guadalmez pasando por el Guijo,Dos Torres,Santa Eufemia. Los arroyos importantes son Arroyo Guadamora Arroyo Arremoral Regagito Catalina Regagito Caña las Zorras

[editar] Minas

Pedroche posee algunas abandonadas: Mina de azoque, mercurio y plomo situada por todo el pueblo Mina de pirita y calabrita en la ermita de San Sebastián

[editar] Clima

El clima gachero es un clima de tipo mediterráneo y submeseta meridional, con veranos cortos e inviernos largos. La temperatura es variable pudiendo variar, pudiendose registrar en invierno una media de 6-8°C con algunas heladas. En verano la temperatura media es de 21ºC pero en los días más calurosos se alcanza un máximo de 36ºC. Las Temperaturas medias son de 18-19ºC. Las lluvias abundan en Otoño y Primavera, el promedio de días de lluvia oscila entre 70-80 con una capacidad de agua vertida de 700mm La humedad es del 60-65%

[editar] Flora y Fauna

En el monte alto dominan las corpulentas y centenarias encinas cuya especie solo existe en Pedroche, suministrando carbón y leña. En el monte bajo destacan los olivos, la jara, el madroño, lentisco, tomillo, romero... Y al lado de los rio o cerca se encuentran plantas de rivera como los tamujos, adelfas, álamos...P Como plantas pratenses se encuentra vallico avena, groma, alvejanas, jaramagos... En la fauna si buscas en el monte alto podrás encontrar algún ciervo o jabalí pero lo que más hay en Pedroche son los depredadores, tales como zorros, Ginetas, hurones, comadrejas... Tambien se encuentra algun otro lobo que baja de la Sierra. En el monte medio y bajo puedes encontrar en abundancia liebres y conejos. Como aves encuentras el gorrión, el jilguero, el mirlo, el triguero, la alondra, la cogujada, el mochuelo, perdices,etc. En Pedroche aun quedan aves migratoria pero, debido al cambio climático, muchas ya se quedan. Algunas son la golondrina,cigüeñas, el vencejo y el abejaruco. Entre los viejos arbustos encontramos reptiles como lagartos y lagartijas de varias especies,la culebra de escalera,la viperina,totalmente inofensiva,la bastarda,la de herradura... Y en las charcas ranas y sapos de diversas especies que,junto al resto de fauna, hacen de nuestra tierra un lugar rico y variado,atractivo para cualquier persona que sepa disfrutar de la interesante vida animal que habita en estos campos,de influencia mediterránea.

[editar] Demografía

Número de habitantes en los últimos diez años.

Evolución demográfica
[[{{{año1}}}]] 1996 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005
{{{año1dato}}} 1.862 1.848 1.840 1.843 1.815 1.784 1.760 1.732 1.699

[editar] Economía

  • Sector Primario

La economía de Pedroche se basa en el sector primario es decir la agricultura y la ganaderia. Pedroche tiene un numero cercano de unas 12165 habitantes. La mayor parte de estas hectáreas se utilizan para el cultivo de la avena, alfalfa, trigo, maíz. Pero Pedroche también se dedica al cultivo de huertos con siembra de regadío. Pedroche era un pueblo antes lleno de animales pero, debido a la poca ganancia las personas que los cuidaban, los han dejado y se han dedicado a otro oficio. La ganadería practicada en Pedroche es la ovina, vacuno y porcina aunque la mas extendida y numerosa es la equina.

  • Sector secundario

En Pedroche la industria es poca desarrollada.

  • Sector terciario:

Ha empeorado mucho: apenas hay comercios, solo 2 supermercados, un fotógrafo y un estanco y una tienda de ropa. Lo que mas abundan en Pedroche es la hosteleria pero no hay hoteles pero si lugares de pensionista, pubs, bares, restaurantes.

  • Transporte

En Pedroche hay una empresa de autocares llamados Autobuses Tirado y una empres de taxis que cuenta con eurotaxis adaptados para minusválidos y taxis de 7 plazas (Taxi Conde).

[editar] Bienestar Social

Pedroche para ser un pequeño municipio posee muchos lugares de ocio como:

  • Parques: Pedroche posee unos 8 Parques tanto de uso infantil como de paseo.
  • Campo de futbos: El campo de Fútbol del FC. Pedroche recientemente restaurado
  • Piscina: En muy buen estado
  • Pabellon deportivo:
  • Pistas polideportivas: Aqui todos los veranos se celebran una mini liga de Fútbol sala comarcal.
  • Casa de la Juventud: Construida en el 2010.
  • Biblioteca: Restaurada en el 2010.
  • Escuela de Mayores:
  • Escuela de primaria: Situada al lado del cuartel de la guardia civil.

[editar] Asociaciones y peñas

Pedroche simpre a sido un pueblo de numerosas peñas y asociacios:

  • La sociedad de cazadores: Fundada en 1.969. Actualmente con 110 socios. La sociedad se creo solo para los ciudadanos de pedroche.
  • AMPA: Organizacion cuyo fin en Pedroche es ayudar a resolver los problemas de los alumnos del centro escolar Simon Obejo y Valera.
  • Asociacion de amas de Casa Reina Cava: Creada por las mujeres de pedroche con la intencion de apoyar y ayudar a las amas de casa pedrocheñas, hay alrededor de 120 asociados. Hace 25 o 26 años hicieron un libro titulado Gacetas de la asociacion de amas de casa.
  • La Peña Madrilista: Asociacion formada por todos los madrilista de Pedroche. Su presidente es Pepe Campos.
  • Banda de Musica Snt Cecilia: Hay unos 15 musicos de pedroche en esta banda, esta banda esta formada por los pueblos que rodean a pedroche.
  • Banda de cornetas y tambores. Pequeña banda original de pedroche de unos 25 musicos.

[editar] Historia

[editar] Orígenes

Se desconoce la fecha de la fundacion de pedroche. Hay dos fechas que dicen de la fundacion de Pedroche, Una echa por el Fray Andrés de Guadalupe que dice que pedroche se fundó en el 2.263 a.C, pero según el historiador Plitio se fundó en año 300 a.C, pero lo cierto que aún se desconoce la fecha de fundación. Pedroche ha poseido numerosos nombres algunos con un significado similar: Oxintigis, Witraws, Bitraws, Baedro, Pedroch, Snt Maria de Pedroche, Villa de Pedroche y Pedroche.

[editar] Época Romana

Ségun el hiostoriador romano Plitio dijo literalmente: En Hispania al norte de la provincia de la bética se situa una comarca de nombre Oxintiade con capital en Oxintigis (Pedroche). Dicha Oxintigis correspondia al termino municipal de pedroche. Durante la época romana según D. Juan de Oraza a Oxintigis se le cambio el nombre por la famosa Baedro. De esta época en pedroche se conserba un sarcografo y un puente romano.

[editar] Época Visigoda

Se conoce muy poco de esta época solo que los visigodos expulsaron de Pedroche a los vandalos, y los visigodos construyeron el castillo de Pedroce al que pusieron por nombre Bretus Hins. Hay una leyenda dicha por Moral Padilla, Que D. Rodrigo rey visigodo manda perserguir a los hijos de Witiza apresandolos en un castillo de la comarca de los pedroche llamado Betrus Hins.

[editar] Época Mulsulmana

Hay pocas noticias sobre esta época solo que Pedroche consiguio ser el pueblo más poderoso de la actual provincia de cordoba, con una poderosa muralla y un gran castillo (No existentes) Pedroche cayo una vez antes los cristianos pero no se conoce el año, pero luego cayo en manos de nuevo mulsulmanas, pero finalmente en 1155 cayó en manos del Rey Alfonso VII conocido como en Pedroche el Reu de Pedroche.

[editar] La Reconquista

La conquista se inicia con Alfonso VII rey de Pedroche. Esta conquista fue afímera y duradera debido a que el pueblo estaba muy poblado y dificultaba su defensa. Pedroche primeramente fue conquistada por Alfonso VII pero los musulmanes la recuperaron al año siguiente. Alfonso la recupera en 1.158 y la entrega a la orden de Calatrava para su defensa, pero de nada sirvió por la batalla perdida en alarcos cayendo de nuevo en manos musulmanas.Finalmente después de la victoria castellana,en las Navas de Tolosa, cayó en manos cristianas.

[editar] Siglos XIV y XV

En esta época nacieron las primeras villas como Vva de Córdoba, Alcaracejos, Vva del Duque y Añora. Estas villas se pusieron bajo el mando de la capital del valle Pedroche, Durante esta época Pedroche tuvo un gran explendor político y economico. Durande el siglo XV estuvo bajo el reinado de los reyes catolicos.

[editar] Siglo XVI

En este siglo Pedroche era un emporio de grandeza. En esta época se empieza a construir la gran torre derruida en siglo pasado por los Reyes católicos. Tambien en esta época se construllo el convento de la concepcion y la Iglesia.

[editar] Época del Marquesado

A mediados del siglo XVI Felipe IV separo el Valle de los Pedroches de la jurisdicción de Córdoba en tregandosela a los marqueses del Carpio. Durante los 187 años que Pedroche paso bajo la jurisdicción de los carpio Pedroche cayó en la decadencia, debido a las crisis económicas, y a las enfermedades que obligaron a la población a abandonar el gran pueblo de Pedroche para fundar la conocidas como 7 Villas. En el año ya 1.747 desaparecion la jurisdicción del marquesado sobre las villas de Pedroche. Después Pedroche fue decayendo poco a poco hasta nuestros días.

[editar] Siglo XIX

Sobre en 1808 y 1810 las tropas francesas tomaron Pedroche saqueando su gran custodia de plata dejándola en la pobreza absoluta. El 17 de abril de 1835, en la emita de Piedrasantas. Las 7 villas se independizaron quitando ya definitivamente su esplendor.

[editar] Patrimonio artístico y monumental

[editar] Iglesia del Salvador

[editar] La Torre

[editar] Convento de Nuestra Señora de la Concepción (Pedroche)

[editar] Convento de Nuestra Señora del Socorro

[editar] Ermita de Nuestra Señora de Piedrasantas

[editar] Ermita de San Sebastián

[editar] Ermita de Nuestra Señora del Catillo

[editar] Ermita de Santa Lucía

[editar] La Plaza

[editar] Fiestas

[editar] Los Piostros

Se celebran el día 7 y 8 de Septiembre y es una de las mayores concentraciones equinas de Andalucía. Estos dias las gentes de Pedroche bajan en sus cabalgaduras (Caballos, yeguas, burros, mulas y jamugas) Los jinetes bajan a la ermita de su señora con gran felicidad y con risas. Lo que hace muy especial a esta fiesta es que las mujeres van montada en unos sillas puestas encimas de los mulos y acompañadas de sus pajes. Cuando llegan a la virgen el párroco da una misa a todos los jinetes y después la banda toca una bonitas melodías. Después de esto cuando ya todos los eventos han finalizado los jinetes ponen rumbo a la famosa cuesta de Pedroche llamada el ``Molar´´ alli todos los jinetes dan al galope a sus files acompañantes. El día 7 los piostros se celebran por la tarde y el día 8 por la mañana. En el año 2010, esta fiesta se ha declarado Fiesta de Interés Turístico de Andalucía.

[editar] La funcion de los Soldados

Fiesta antigua de Pedroche que se celebra el primer Lunes de Pascua. La leyenda de sus origenes cuenta que en 1917 durante la guerra de marruecos una modesta ama de casa, CLarita, tuvo la mala suerte de que su novio marchara a la guerra el llamado Manolete. Ella en plena tristeza una tarde bajo a la ermita haciendo una promesa con la virgen de Piedrasantas diciendo que si su novio volvia de la guerra el primer lunes de pascua le dedicaria una misa y una fiesta, así nacio esta fiesta. Despues de la misa antiguamento los del año de la milí sacaban a la virgen en procesión, pero como ya no hay servicio militar la sacan en procesion los quintos´.

[editar] Leyendas

[editar] La reina Cava

Pedroche, fue escenario un tiempo de la desgraciada historia de la Reina Cava. En su castillo de Piedra (Betrus-Him), propiedad de Teodoredo, se reunían los hijos de los nobles. Era entonces la casa del rey escuela de milicia. Allí los varones, en edad de merecer, aprendían el manejo de las armas, guardaban la persona del rey, le seguían en la guerra y en la caza y le servían a la mesa. Allí las muchachas principales, como damas de la reina, eran adoctrinadas en el canto y en la danza, en las labores y en cuanto a mujeres pertenecía. Allí se concertaban los matrimonios de unos y otras conforme a sus méritos y cualidades. Entre las jóvenes puestas al servicio de la reina Egilona destacaba por su extraordinaria hermosura una princesa, llamada Cava, hija del conde don Julián. Por línea materna era nieta del rey Egica. Cuenta la leyenda que un día de la primavera del año 709 un grupo de músicos ambulantes entraron en la plaza del castillo. Al son de sus melodías las muchachas dieron muestras de regocijo y comenzaron a saltar y a bailar. Movido por la curiosidad asómose el rey Rodrigo a la ventana del castillo en el preciso instante en que Cava caía en el suelo y descubría gran parte de su cuerpo. Quedó el rey tan herido y prendado de la joven princesa que desde entonces en ninguna otra cosa podía pensar. Crecía en sus entrañas aquel innegable deseo y se avivaba más aún con la frecuente vista de la hermosísima doncella. Buscó tiempo y lugar oportuno para Rey Don Rodrigo - 2 - satisfacerse, mas la Cava no se dejó vencer ni con halagos ni con amenazas. Llegó a tanto el desatino del rey que no dudó en hacerle fuerza y violentarla. Como fuera de sí por la afrenta recibida, la joven no sabía qué partido tomar: Si disimular su daño o si dar cuenta de él. Determinó por fin comunicarlo a su padre, el conde don Julián, que por aquel entonces se hallaba en África como embajador del mismo rey. "...Ojalá, padre y señor, ojalá la tierra se me abriera antes que me viera puesta en condición de daros esta triste nueva. Me avergüenzo de escribir lo que no me es lícito callar: Vuestra hija, de estirpe real, encomendada al rey Rodrigo, como una oveja al lobo, ha sido afrentada por él. Vos, si sois varón, haréis que el gusto que tomó de nuestro daño se le vuelva veneno y no quede sin castigo quien así se burló de nuestra casa y linaje". Aguijoneado por el dolor de la afrenta volvió don Julián rápidamente de África. Pero no era el conde tan ingenuo que no supiera fingir y disimular sus verdaderos propósitos. Fue recibido y agasajado en la corte, creció en gracia y en privanza y apoyado en el favor real no hubo secreto ni privilegio que él no compartiera. Estaban revueltas entonces las cosas con Francia. Las tropas del país vecino molestaban a las nuestras con algunas incursiones. Y fue esta la ocasión aprovechada por don Julián para poner en práctica su secreta venganza: Con diversas trazas acentuó el peligro que por el norte se cernía sobre la España visigoda. Era necesario enviar allá los soldados, caballos y armas de que dispusiera el reino... Al mismo tiempo el conde pedía volver a África: Su esposa había quedado allá y sufriendo grave enfermedad nada podría aliviarla tanto como la vista de su amada hija. Junto a la ribera del Mediterráneo, en Málaga, hay una puerta, llamada de la Cava, por donde se dice que salieron padre e hija para embarcarse. Y así, mientras el reino enviaba todos sus hombres a la frontera francesa, quedando desprovisto de fuerzas, don Julián y su bella hija cruzaban el estrecho. Poco tiempo después, los ejércitos moros invadían la Península... Con ellos volvió el conde peleando no al lado, sino frente al rey que un día ofendiera a su hija. Y dicen las crónicas que los invasores degollaron a los hijos y familiares de la real estirpe goda. Y que entre los hijos del rey Rodrigo había quedado sin vida el que también fuera hijo de la Cava... Hay una fuente en Pedroche con la particularidad de tener el suelo de madera. Es la fuente de la Cava. Allí, cuentan los ancianos, como una tradición recibida de padres a hijos, que la infortunada princesa lloró con desgarro la muerte de su hijo. Y que, encaramada sobre el brocal retorcido de la fuente, maldijo su propio destino. Y que arrancándose sus collares y brazaletes de oro se arrojó desesperada a las aguas silenciosas... Y que durante muchos años, al filo de la madrugada, una voz entrecortada y llorosa, como queriendo justificar el desatino de su decisión, desde lo profundo de la fuente solía repetir: Más que la propia vida vale un hijo cualquiera. LA LEYENDA DE LA REINA CAVA, por Francisco Sicilia Regalón Cuenta la leyenda que en el año 709 en la corte toledana del rey visigodo Don Rodrigo había una muchacha llamada Florinda que se distinguía por ser de una belleza especial y que había sido enviada por su padre para que recibiera instrucción en las letras, el canto y la danza. Esta muchacha era hija del poderoso conde Don Julián, gobernador de la Jebala, una región montañosa del norte de Africa. Don Rodrigo se fijó en Florinda un día cuando ella se daba un baño y el rey la vio desnuda. Un día, el monarca invitó a la reina a su cámara y ésta se hizo acompañar de tres doncellas, una de las cuales era la bella Florinda. Mientras la reina se encontraba entretenida haciendo juegos con sus damas, Don Rodrigo llamó a la joven que le gustaba para que le sacase aradores de las manos con alfiler de oro y en ese momento se le declaró. El arador es un ácaro que produce la sarna, una enfermedad muy frecuente en aquella época, muy unida a la falta de higiene. Florinda hace como que no comprende las palabras del rey y éste insiste, llegándole a ofrecer ser reina de España. - 3 - La hija del conde Don Julián se resiste, responde con evasivas y Don Rodrigo decide no acosarla más en esa ocasión. Pero la idea le sigue rondando en la cabeza y no pasaba el día en que no la abordara al menos un par de veces, aunque la joven se defendía lo mejor que podía dando siempre buenas razones. La obsesión del rey con la chica no cede y un día, durante una siesta mandó a un paje que fuera a buscar a Florinda y la llevara a la alcoba real. Una vez allí intentó convencer a la muchacha por medio de nuevas promesas para que accediera a sus deseos y ante la negativa de ésta la violó. Florinda pudo gritar y las voces podían haber sido escuchadas por la reina, que se encontraba en una habitación cercana, pero no lo hizo. Desde ese día, Florinda, que en adelante será conocida como la Cava, que en árabe significa prostituta fina, poco a poco va perdiendo su hermosura a causa de la tristeza que la embarga. Alquifa, una doncella compañera suya, le ruega que le cuente los motivos de ese pesar. Entonces, la Cava le cuenta con todo lujo de detalles su violación por parte de Don Rodrigo y la criada le aconseja que le escriba una carta a su padre contándoselo todo. Un escudero se traslada hasta Ceuta con la carta acusadora y se la entrega al conde Don Julián quien durante un tiempo disimula el deshonor que se ha cometido sobre su hija, mientras en secreto prepara la venganza que había caído sobre su linaje, conchabado con Witiza, el anterior rey godo destronado por Don Rodrigo. Los conjurados entran en contacto con los musulmanes que habían llegado a Marruecos y se ofrecieron para facilitarles el paso del estrecho de Gibraltar y la conquista de España. En el año 711 los musulmanes cruzaron el estrecho y se enfrentaron al rey Don Rodrigo, que había salido a su encuentro, en la batalla del Guadalete o de la laguna de la Janda. Apenas comenzada la batalla, el conde Don Julián y los hijos de Witiza, que en principio figuraban entre las filas del rey godo, se pasaron al enemigo con todas sus tropas y los musulmanes, al mando de Tarik, vencieron y empezaron la conquista de España, lo que hicieron en muy poco tiempo. Los invasores mataron a Don Rodrigo y a toda su familia, entre la que se encontraba el hijo que tuvo con la Cava. Después de la pérdida de España, la hermosa Cava se refugió en el castillo de Pedroche, construido en la época del rey godo Teodoredo, que estaba situado junto al camino califal de Córdoba a Toledo, y aquí vivió ya el resto de sus días. Entre los muros de la fortaleza llevó una vida llena de penitencia y virtudes, puesto que durante toda su vida ella consideró que había sido la causa indirecta de la pérdida de España. Antes de morir arrojó sus tesoros al fondo de un pozo, que desde entonces lleva el nombre de Fuente de la Cava, el mismo al que solía acudir para llorar la muerte de su hijo y maldecir su destino y al que ella misma se arrojó. Durante muchos años, al filo de la madrugada, cuentan los vecinos que, mientras el viento rugía con furia, veían con terror la aparición de una mujer loca y desmelenada, que, prorrumpiendo en carcajadas salvajes, recorría con extraviados pasos las orillas del pozo, registraba con inquieta mirada su revuelto fondo, y sin detenerse nunca, sin alzar jamás los ojos al cielo, proseguía eternamente su carrera murmurando palabras incoherentes y sin sentido que llevaban el miedo y la tristeza al corazón de cuantos la oían. En vano hubo algunos bastante arrojados para esperarla en ese lugar y pedirle explicación de sus actos; apenas veía que alguien trataba de aproximarse a ella, sus ojos parecía que se iban a salir de sus órbitas, su agitación era más extraordinaria, sus frases más incoherentes, más salvajes sus gritos: huía, huía, sin que nadie pudiera seguirla en su carrera desenfrenada. Un día, desapareció y nadie volvió a verla. Pero, desde entonces, ocurrió una cosa muy extraña: todas las noches, apenas el sol hundía en el horizonte su disco de diamante y las nubes encapotaban el cielo, en esos momentos de calma que preceden a la tempestad, se veía, en pie sobre el torreón del castillo, una figura descarnada y seca, con el cabello suelto al aire, volviendo a todas partes la triste mirada de sus ojos, sin expresión y sin vida; de repente, elevaba la vista hacia el norte; el viento, que rugía, modulaba un grito prolongado, y, al espirar, otra sombra, la sombra de un hombre armado de todas armas, pero con la cabeza desnuda, surgía también sobre el arruinado alcázar. Y las dos fantasmas se miraban, clavaban uno en otro sus pupilas sin luz, y entonces era cuando el huracán rugía con más fuerza. En aquellas horas, largas como el dolor, nadie se atrevía a salir a la calle, por miedo a encontrarse en las sombras de la noche con aquella mirada brillante que parecía desencadenar los elementos para lanzarlos sobre el mundo. Algunos vecinos acudieron para buscar remedio a tantos males a un viejo ermitaño que, retirado en el campo, pasaba su vida en la abstinencia y el ayuno; le contaron los extraños sucesos que llamaban tan poderosamente su atención y le pidieron que impetrase del cielo la gracia de que aquella sombra volviera a dormir sosegada en su sepulcro. Una noche, seguido el ermitaño de los habitantes de Pedroche, que llevaban teas encendidas, se trasladó a la Fuente de la Cava; apenas llegó la cruz, el cuerpo de la desgraciada mujer, en completo - 4 - estado de putrefacción, se levantó por sí sólo, y fue a sumergirse de nuevo en el pozo con admiración de todos. El ermitaño bendijo el breve recinto en nombre de Dios, y postrándose de rodillas rezó por las almas extraviadas, y todos oraron con él. La sombra desapareció perdiéndose en el espacio. Ya no volvió a verse más en Pedroche el fantasma de Florinda la Cava. La leyenda de la Reina Cava tiene su origen en un relato de las Eddas escandinavas, según el cual el rey Aleva fue traicionado por su ministro Thork, en venganza porque le había violado a su esposa. En el caso de España, esta leyenda, que ya existía entre los godos, fue adoptada por el partido witizano, enemigo del rey Don Rodrigo, para justificar las críticas que surgieron por su participación en la ayuda que dieron a los musulmanes para que conquistasen la Península Ibérica. La existencia histórica del conde Don Julián está fuera de toda duda, pero la de su hija Florinda es más que dudosa y ni siquiera en el nombre coinciden los distintos textos que recogen esta leyenda. La Crónica General y otras leyendas árabes la llaman la Cava y en otros textos se llama Alacaba, Frandina, Oliba o Florinda. En algunas versiones, la Cava no es hija del conde Don Julián, sino su esposa. Tampoco hay unanimidad en el lugar donde se produjo la violación de la Cava, puesto que aunque la versión más extendida es la de que la fechoría de Don Rodrigo se produjo en el palacio real de Toledo, otros opinan que el rey godo forzó a Florinda en Sevilla, en primavera. Si nos ceñimos a los datos históricos, la versión tradicional de los hechos resulta increíble, puesto que el pacto del conde Don Julián con los árabes de Muza ocurrió en el año 709, cuando Don Rodrigo todavía no era rey. Por lo tanto, la traición del conde no se debió a la violación de su hija, sino a peleas entre grupos políticos. La historia de la violación de la reina Cava y la venganza de su padre fue, por lo tanto, un pretexto inventado por el partido witizano cuando se dieron cuenta de lo que había supuesto su alianza con los moros, ni más ni menos que la pérdida de toda España. SÍNTESIS HISTÓRICA Don Rodrigo ostentaba el cargo de dux de la Bética y era miembro de la familia de Chindasvinto, enfrentada a la de Wamba por el poder. A la muerte de Witiza esta lucha se encarnizó al ser nombrado Rodrigo rey, por una parte de la nobleza, mientras que otro grupo había nombrado a Agila II, el hijo de Witiza. El desgarro del reino visigodo se manifestaba en el reparto del territorio entre ambos rivales, controlando Rodrigo la mayor parte del reino mientras que Agila se hacía fuerte en la Narbonense y parte de la Tarraconense -actuales zonas sur de Francia y norte de Cataluña-. Dentro de este contexto de guerra civil aparecen las tropas musulmanas dirigidas por Tarik. Los musulmanes cruzaron el estrecho de Gibraltar en la primavera del año 711. En el momento del desembarco Rodrigo estaba combatiendo en el norte peninsular contra los fieros vascones y al recibir noticias del suceso se trasladó al sur con su ejército. El encuentro entre Rodrigo y las tropas de Tarik tuvo lugar en el Wadi Lakka, lugar identificado con el río Guadalete o Barbate, en Cádiz. La "Crónica Mozárabe" cuenta que las dos alas del ejército habían sido confiadas por Rodrigo a dos hermanos de Witiza, Opas y Sisberto, quienes traicionaron al rey cuando abandonaron el contingente principal. En la batalla que se produjo los visigodos fueron derrotados y Rodrigo murió. El enfrentamiento se fecha entre el 19 y el 26 de julio del año 711. El reino visigodo desaparecía de manera inmediata. Juan Ocaña Torrejón, de la Real Academia de Córdoba, habla sobre la Leyenda de la Reina Cava Los moradores de Las Siete Villas de Los Pedroches vienen transmitiéndose de generación en generación cierta leyenda, con visos de fábula, sobre vieja residencia o habitanza en el pueblo matriz de Pedroche de una reina que llaman o apodan "Cava". La cuentan en estos extremos: Al ocurrir el desastre del rey godo don Rodrigo en la batalla del Guadalete, las mujeres que acompañaban a las fuerzas de dicho rey entre las que figuraban las esposas e hijas de los Witizas, como también mencionan a la célebre Florinda de la leyenda toledana , buscaron estas mujeres refugio en un lugar apartado, oculto y abrupto, eligiendo para ello el viejo castillo de Pedroche, al que Morales Padilla al relatar otra tradición de esta época y de pocos años anteriores, le denomina "Castillo de Piedra". Exponen los vecinos de Los Pedroches, entre otros minuciosos detalles, como justificante de la estancia de una reina en su castillo, la existencia a las afueras del pueblo, en dirección oeste, de un pozo - 5 - público que desde tiempo inmemorial llaman de la "la reina Cava", añadiendo que este pozo, en la antigüedad, estaba comprendido en el recinto del palacio de expresada reina, cuyo inmueble sitúan a su lado, en donde hoy existe (existía) derruida edificación y de la que algunos de sus viejos muros suponen pertenecer a la época a que nos referimos. En el deseo, o porque así fuera, de dar extensión territorial a este reino o feudo, se cuenta que la reina celebraba fiestas, no sólo en Pedroche, sino también en sus campos, y dan como recuerdo de ello un pago situado a unos veinte kilómetros de Pedroche y siete de Villanueva de Córdoba, al sur de ésta, que lleva en la actualidad el nombre de "El Torno", venido, según cuentan, de que en aquella finca y en un lugar de ella, donde en la actualidad existen plantados simétricamente varios fresnos, celebraba torneos y otras fiestas, recibiendo por este motivo dicho nombre en lugar. La finca, indudablemente, debió tener en tiempos pasados alguna resonancia, ya que en Villanueva de Córdoba existen dos calles con el nombre de "Torno Alta" (hoy Ramón y Cajal) y "Torno Baja". Ambas situadas en el viejo camino real de Pedroche a la campiña al atravesar a Villanueva. Sin precisar grandes detalles, también se dice que era visitado por esta reina un pago, denominado hoy "Las Montoras", enclavado el norte de Villanueva de Córdoba y a distancia de un kilómetro. Como es de suponer, las versiones son adornadas con detalles que claramente denuncian la fantasía del narrador. No faltan datos, aunque débiles, para dar satisfacción a la leyenda, admitiendo la existencia de dicha reina y aún la de su reino, pues Alfonso VII el Emperador al conquistar estos campos en 1155 llega a titularse en algunos escritos "Rey de Pedroches"; y conjeturar que Alfonso VI tuvo con su amiga Jimena Núñez una hija llamada Doña Elvira que casó con Ramón, conde de Tolosa, y que teniendo ambos un hijo, se le llamó Alfonso Jordán, por haber sido bautizado en el río de igual nombre. Como en Pedroche existe la calle titulada "Doña Elvira", y en Añora la de "Río Jordán", ambos nombres un tanto extraños en estos pueblos y sin series referencias sobre sus orígenes, cabe preguntar: ¿Serán donados estos campos y plaza por Alfonso VII a la hermanastra? ¿El nombre de Reina Cava se referirá a esta princesa, recordando el calificativo "cava" su origen bastardo? ¿Río Jordán, en Añora, tendrá relación con el hijo del conde de Tolosa? Hay que consignar que aún existen en toponimia de esta región otros recuerdos muy estimables a este respecto. Uno es la dehesa, que fue comunal de las siete villas, llamada "Navas del Emperador" y que comprendería, seguramente los predios denominados hoy: Navas Altas y Bajas, Navalmilano, Navalonguilla y otros, encontrándose entre ellos "El Torno"; así como el pago "Vega de la Reina"; a su oriente la finca "Navalmaestre" y más allá "Loma del Caballero" y Lázaros, que nos recuerdan las Órdenes Militares. La dehesa de los Ruices también comunal antiguamente, y el arroyo de Pedro Fernández, que pasa por Conquista, nos traen a la memoria a Fernán Ruiz y a su hijo, nieto del Emperador, Pedro Fernández el Castellano, y hay otros nombres, propios de aquel tiempo, como los de los campos "Mingo Rubio", "Los Minguillos" o "Minguillo", etc., todos hacia el norte. La posesión de estos campos, si la hubo, fue efímera, ya que según Ramírez de Arellano, en 1195 los ejércitos árabes que se batieron en Alarcos hicieron jornada en el castillo de Pedroche, por lo que pudiéramos achacar las coincidencias de los toponímicos a una aspiración de conquista, que sólo fue definitiva años más tarde y sin que constituyese en ningún caso reino o feudo.

La lectura de un trabajo del ilustre arabista don Félix Hernández 

Giménez, titulado "Buwab-Bued = Cabeza del Buey" nos ha hecho relacionar cuanto en él consigna sobre Almorchón y Artobás con la leyenda de la "reina Cava", y pensar que acaso su verdadero origen y base la tenga en los hechos que narra, correspondientes a la época visigoda. Nos dice que existe un camino y un arroyo llamados ambos Artobás, los que arrancando de la sierra de Tiros, en dirección S y SE, sirven de límite a los actuales términos municipales de Monterrubio de la Serena y Cabeza del Buey y después entre los de este último pueblo y Benquerencia. Es sabido que el monarca godo Ervigio era hijo de un expulsado de Bizancio, griego de naturaleza según Ambrosio de Morales y Menéndez Pidal, o de la dinastía de los reyes de Partos como indica Saavedra, el que es llamado por unos Ardavastus o Ardabasto por otros; pariente del rey Recesvinto y que fue considerado como "instruido en las artes palatinas", casando con una princesa goda. De su hija Cixilona, Esposa de Egica, nació Witiza del cual, a su vez, los hijos que tan funesto renombre tienen por su comportamiento en la batalla del Guadalete. Estos se llamaron: Olemundo, Rómulo Rey Witiza - 6 - y Artobás de cuyo último nombre supone tomó denominación el referido pago, y que aún conserva el camino y arroyo citados; porque estos príncipes haciendo valer sus servicios o traición pidieron, y las fueron concedidas tierras, correspondiendo a Artobás un predio situado entre el oriente y el occidente del Andalus, al parecer de la demarcación de Córdoba, donde vivía. Difícil sería, por no decir imposible, el determinar los terrenos que abarcaban las donaciones hechas por los musulmanes a los hijos de Witiza, y aunque demandaron y obtuvieron los dominios de la corona que habían sido mero usufructo de los reyes, según determinaba el Fuero Juzgo l.V.t.l.r2 y se componía de tres mil metarcas; extensión no pequeña cuando después Abderramán I violó este tratado que Taric había firmado con los hijos de Witiza, por parecerle demasiado dilatada para un cristiano, incautándose de las tierras de Arrobás. Ante estos datos acaso pueda pensarse en determinar los límites de este campo en lo que ha sido calificado como "una de las regiones más interesantes para el estudio de la prehistoria española y que se halla definida por la cuerda montañosa que desde Cabeza del Buey, atravesando las corrientes del Zújar y del Guadalmez, sigue a definir la barrera de separación de los valles de Alcudia y Los Pedroches, pasa al este de Fuencaliente y por las agrestes soledades del Jándula va a cortar pro Despeñaperros la vía férrea de Madrid a Córdoba. No estará demás recordar a este respecto que en virtud del Real Decreto de 30 de noviembre de 1833, queda constituída la provincia civil de Ciudad Real, integrándola también Chillón y Guadalmez, que lo eran de Córdoba y Almuradiel de la de Jaén; vieja pertenencia que no extraña, pues es sabido las divisiones antiguas de las tribus de nuestra patria eran muy parecidas a las de las diócesis u obispado actuales. De todo ello no queda, que sepamos, otros recuerdos, que los nombres que menciona Hernández y que existe actualmente llamado Artobás, lugar agregado al municipio de Cabeza del Buey, quedando limitado a esta zona. Aunque nada queda aclarado con estas líneas, que pueden sembrar confusiones, creemos puede existir una posibilidad de que en el viejo castillo de Pedroche habitase, aunque sólo fuese por tiempo corto o a temporadas, la familia de Artobás, o alguna concubina suya, de donde puede venir el llamarla "reina Cava", nombre que tanto interesa y preocupa a estos moradores, y que ella fuese la que celebrase aquellos torneos y fiestas. Leyenda de FLORINDA “LA CAVA” según las crónicas árabes Tenía el Conde Don Julián una hija bella y hermosa como la aurora llamada Florinda. Siguiendo la costumbre de los patricios españoles que mandaban a sus hijos a la Corte para que avenzacen al servicio de los príncipes, el Conde mandó o su hija a Toledo donde entró en la alta servidumbre palatina. Por su singular belleza, tuvo la desgracia Florinda de enamorar al rey, el cual, con ocasión de que la linda joven se bañaba en el Tajo, vio desde una de las ventanas de palacio más de lo que el pudor o el recato de ésta hubiera consentido si imaginar pudiera que había alguien que la mirase y más de lo que era menester, para inspirar pasión tal, que no amor del monarca, cuya virtud dejaba mucho que desear. La castidad tentó al vicio. Manchar aquella conciencia, aspirar esencias y degustar mieles, aumentar los goces con las dificultades y las resistencias invencibles; burlar al padre. Reírse de su confianza. El resultado fue que viendo Don Rodrigo que por el camino de la seducción, de los ruegos y de las persuasiones no era posible vencer la virtud de Florinda, cumplió por lo fuerza lo que por la voluntad no había podido conseguir. El crimen de Don Rodrigo, un crimen pasional, acabó por revelar a todos los males encerrados en su alma. Por entonces, dos bases principalísimas de las familias consistían en la obediencia ciega al padre y el culto religioso a la castidad de la mujer. Así pues, disimuló Florinda su enojo, hasta que halló ocasión de informar a su padre de la deshonra que el rey le había hecho. Con la que, encendido de cólera, el Conde, juró vengar la afrenta a su hija y lavarla con lo sangre del malvado forzodor. Como algún tiempo después, Rodrigo le rogara al Conde que le enviase halcones y gavilanes para sus cetrerías, «yo le mandaré -dijo éste- un gavilán tal, que nunca habrá oído hablar de otro igual». Y a este gavilán de esta frase, es donde se acogen gran cantidad de autores para imputarle la deslealtad con los suyos. - 7 - Baño de la Cava, en Toledo “El Baño de la Cava”, versión de Eugenio de Olavarría. “Leyendas de Toledo” - Abril del 2.000 Nadie sabe cómo murió la hija del conde D. Julián. En aquel desquiciamiento de un imperio que con horrible estrépito se hundió en el Guadalete, en aquella desaparición de una raza entera, todos los personajes que, más que otros algunos, estaban en el camino del torrente que se desbordaba, fueron sepultados en sus aguas. La historia misma, espantada de tan tremendo juicio de Dios, rompió sus tablas y veló su rostro; y durante algún tiempo las sombreas se extendieron por todas partes... Cuando el primer momento de estupor hubo pasado, cuando recogió del suelo su estilo, con el que graba en la piedra las hazañas de los hombres, su primera página fue un lamento tristísimo y prolongado: el llanto de España que apunta la crónica atribuida al rey Don Alfonso X. Pero no quiso volver la vista atrás, y el fin de aquel sangriento drama, cuyo prólogo habían sido las orillas del Tajo, y cuyo epílogo eran los llanos de Jerez, quedó envuelto en el misterio más profundo. Nada se sabe de Don Rodrigo y D. Julián; todos ignoran el fin de Florinda, D. Oppas y los hijos de Wittiza. Esto no satisface a la tradición. Preguntadla, y ella os responderá que D. Rodrigo murió haciendo penitencia, trasformado en ermitaño, después de sufrir una expiación terrible a su delito; que D. Julián, D. Oppas y los hijos de Wittiza fueron muertos por los mismos árabes, que desconfiaban de ellos, y a quienes tan bien habían servido con su odio; que Florinda, en fin, loca de dolor y de vergüenza, vino a terminar sus días en este mismo torreón, mudo testigo de su crimen. Así refiere este último suceso la leyenda. Victoriosos los árabes en el Guadalete, donde acudiera a detenerlos la parte más fuerte y vigorosa del pueblo godo, y envalentonados con su triunfo; derruidos, casi totalmente, los muros de las ciudades, y faltos de armas los brazos por disposición de Wittiza, que cambió todos los útiles de guerra en instrumentos de labranza, fácil fue a los vencedores, acaudillados por Tarik, apoderarse del resto de España. No tardaron mucho en llegar a la vista de Toledo, que se preparaba a resistirlos, cuando los judíos que vivían en el arrabal, y que tantas injurias, tantas ofensas tenían que vengar de los descen dientes de Sisebuto, les abrieron las puertas de la ciudad. Desde aquel día, y durante 374 años, Toledo yació en la servidumbre, y sobre su alcázar y sobre sus muros flotó la media luna mahometana. Poco tiempo después de esto, los habitantes de la parte de Toledo inmediata al antiguo palacio de los reyes godos donde hoy se alzan la Puerta del Cambrón y San Juan de los Reyes, estaban amedrentados, y todas las noches, mientras el viento bramaba con furia, comentaban con terror la aparición de una mujer loca y desmelenada, que, prorrumpiendo en carcajadas salvajes , recorría con extraviados pasos las orillas del río, registraba con inquieta mirada su revuelto fondo, y sin detenerse nunca, sin alzar jamás los ojos al cielo, proseguía eternamente su carrera murmurando palabras incoherentes y sin sentido que llevaban el miedo y la tristeza al corazón de cuantos la oían. En vano hubo algunos bastante arrojados para esperarla en su camino y pedirla la explicación de sus actos; apenas veía que alguien trataba de aproximarse a ella, sus ojos aprecian prontos a salir de sus órbitas, su agitación era más extraordinaria, sus - 8 - frases más incoherentes, más salvajes sus gritos: huía, huía, sin que nadie pudiera seguirla en su carrera desenfrenada. ¿Era un ser humano? ¿Era un espectro? ¿Tenía un cuerpo real, o era imaginaria la forma con que se presentaba a los mortales? Preguntas son estas cuya contestación hubiera dado mucho que hacer a los toledanos, que nada podían asegurar en asunto que tanto les importaba conocer. Pero su curiosidad se estrellaba ante un obstáculo poderoso: aquella mujer no quería ver a nadie, y no parecía vivir bien mas que en la soledad. Mucho tiempo pasó así; mucho tiempo fue objeto de las conversaciones mantenidas en voz baja y al oído, y de las mas aventuradas hipótesis. Un día, desapareció y nadie volvió a verla. Pero, desde entonces, ocurrió una cosa muy extraña: todas las noches, apenas el sol hundía en el horizonte su disco de diamante y las nubes encapotaban el cielo, en esos momentos de calma que preceden a la tempestad, veíase, en pie sobre el torreón que hoy se conserva de los lujosos baños de la Cava, una figura descarnada y seca, con el cabello suelto al aire, volviendo a todas partes la triste mirada de sus ojos, sin expresión y sin vida; de repente, elevaba la vista hacia el que fue paladio de Don Rodrigo; el viento, que rugía, modulaba un grito prolongado, y, al espirar, otra sombra, la sombra de un hombre armado de todas armas, pero con la cabeza desnuda, surgía también sobre el arruinado alcázar. Y las dos fantasmas se miraban, clavaban uno en otro sus pupilas sin luz, y entonces era cuando el huracán rugía con más fuerza, cuando el río desbordaba su corriente por los campos vecinos e inundaba la fértil vega, cuando la claridad de la luna desaparecía por completo, y las tinieblas más espesas reinaban sobre el pueblo amedrentado. En aquellas horas, largas como el dolor, nadie se atrevía a salir a la calle, por miedo a encontrarse en las sombras de la noche con aquella mirada brillante que parecía desencadenar los elementos para lanzarlos sobre el mundo. Algunos fieles acudieron, para buscar remedio a tantos males, a un viejo ermitaño que, retirado al centro de los montes, pasaba su vida en la abstinencia y el ayuno; le contaron los extraños sucesos que llamaban tan poderosamente su atención, y le pidieron que impetrase del cielo la gracia de que aquellas sombras volvieran a dormir sosegadas en sus sepulcro. Púsose en oración el anciano, cuando a la noche acarició el sueño sus pupilas, apareciósele una figura, semejante a la que le pintaran los toledanos, y esta figura abrió sus labios para hablar y le dijo: -Yo soy Florinda la maldita, Florinda la Cava, la hija impura del conde D. Julián. Cuando supe que España era, por mi crimen, esclava de los hijos de Mahoma, una voz interior se alzó en lo más profundo de mi alma, mandándome venir, sin tregua ni descanso, a este lugar de mis culpas, a buscar mi honor perdido en las revueltas ondas del Tajo. Perdí la razón, pero no lo bastante para dejar de oír esta voz acusadora, y cruzando valles y llanuras, praderas y montañas, llegué a Toledo, y en Toledo he vivido mucho tiempo, sostenida por una fuerza misteriosa, buscando incesantemente lo que no me era dado encontrar. Por fin, mi vergüenza y mi dolor me mataron; allí, en aquel sitio, testigo de mis torpes placeres, yace insepulto mi cuerpo; mi alma va todas las noches, en penitencia, por orden de Dios, a llorar eternamente mi falta; y evocada por mi llanto, el alma de Rodrigo baja también a llorar la suya a las rotas almenas de su palacio. Vé allí, bendice en nombre del Omnipotente aquellos lugares malditos, y mi alma no volverá a aparecer en ellos. Y la sombra desapareció, perdiéndose en el espacio. Despertó sobresaltado el ermitaño, y aquella noche, seguido de los habitantes del arrabal, que llevaban teas encendidas, trasladóse a los antiguos baños de Florinda; apenas entró en ellos la cruz, el cuerpo de la desgraciada mujer, y en completo estado de putrefacción, se levantó por sí sólo, y fue a sumergirse en el río con admiración de todos. El ermitaño bendijo el breve recinto en nombre de Dios, y postrándose de rodillas rezó por las dos almas extraviadas, y todos oraron con él. ¡Cuadro de amor y de ternura! ¡Ver a aquellos seres, libres y felices en otro tiempo, ahora esclavos y proscritos en sus mismos hogares, rezando por el descanso eterno de los que habían sido causa de sus desventuras! ¡Ya no volvió a verse en Toledo la sombra de Florinda! Pero quedó el romance: Amores trata Rodrigo descubierto ha su cuidado a la Caba se lo dice de quien anda enamorado. Miraba su lindo cuerpo mira su rostro alindado sus lindas y blancas manos él se las está loando Rodrigo que sólo escucha las voces de sus deseos

forzola y aborreciola  

del amor propio efectos. La Caba escribió a su padre cartas de vergüenza y duelo y sellándolas con lágrimas a Ceuta enviolas presto. - 9 - Descripción de España, por Al Idrisi (traducción de 1799, pág. 172) Crónica Sarracina de Pedro del Corral (Seducción de la Cava - cpts. 165-187). La novela de Corral es una de muchas refundiciones de la Crónica de 1344 (que a su vez es una refundición de la del Rey Sabio). Corral tomó todo el argumento de su fuente, inventando mucho más por su cuenta hasta formar esta novela (de 518 capítulos) que, revestida con ropaje de los libros de caballerías, encendió de nuevo la leyenda sobre la pérdida de España. Suscitó todo un ciclo de romances, entre los que figura la "Seducción de la Cava". Manuscrito sobre papel 31 x 22 cm. Archivo Municipal de Medina del Campo (Caja 34, 2) - 10 - Resumen de los cpts. 165-87 Cuenta que don Rodrigo convidó a la reina a su cámara y se hizo servir de tres doncellas, una de las cuales era la Cava, de quien estaba el rey enamorado. Mientras la reina se hallaba entretenida en juegos con sus doncellas, el rey llamó a la Cava para que le sacase aradores de las manos (cpt. 165) y le declaró su pasión (cpt. 165bis). La Cava hizo como que no comprendía las razones del rey (cpt. 166). Don Rodrigo insiste, ofreciéndole la posibilidad de ser reina de España (cpt 167). La Cava busca un nuevo subterfugio e interpreta las palabras del rey como una simple prueba (cpt. 168). A estas evasivas de la Cava se sigue el juramento de sinceridad hecho por el rey (cpt. 169). Todavía la Cava se resiste, a pesar de nuevos requerimientos (cpts. 170-171bis), y Rodrigo decide no aquejarla más en aquella ocasión. Desde que el rey descubrió su intención a la Cava, no pasaba día en que no la apremiase una o dos veces, y ella se defendía lo mejor que podía; pero al fin, durante una siesta envió a llamar a la Cava con un paje, y cumplió su voluntad con ella. La Cava en aquella ocasión pudo dar voces, que hubieran sido oídas por la reina, pero no lo hizo (cpt. 172). La Cava con el gran pesar va perdiendo su hermosura. Alquifa, una doncella compañera de la Cava, ruega a ésta que le descubra sus pesares (cpt. 173). La Cava refiere a Alquifa su desgracia y ésta le aconseja que escriba a su padre. Un escudero lleva a Ceuta la carta acusadora (cpts 174-76). El conde va a Consuegra, donde se entrevista con su cuñado el obispo don Oppas; éste le aconseja disimulo y venganza (cpt. 177). Julián cuenta al rey su paz con Muza y la enfermedad de la condesa Frandina, que quiere ver a solas a su hija. El rey le honra sobre todos. Apóstrofe retórico dirigido por el historiador a Julián sobre su traición: el rey no hizo fuerza a la Cava, pues ésta no se recató como debía (cpt. 179). Julián aconseja al rey destruir las armas del reino (cpt. 180). Julián enemista a Oppas y Brancarte con el rey (cpts. 181-83). Deliberación en Ceuta. La condesa excita a su marido a la venganza (cpts 184-87). Orígenes de la novela, de Marcelino Menéndez y Pelayo (1905) ...Rasis es también el primer cronista en quien se halla el nombre de la Cava, que probablemente no es más que la alteración de un nombre propio (Alatsaba) y no tiene el sentido de mala mujer o ramera que impropiamente se le ha dado por una supuesta etimología árabe. (2) Fue inventor de esta etimología el falsario Miguel de Luna, en la supuesta Crónica de Abentarique. «Esta dama Florinda, así llamada por propio nombre, nombraron los árabes la Cava, es decir, la mala mujer». Existe, en efecto, la palabra cahba en el sentido de manceba ó prostituta, pero sólo cuadraría a la liviana heroína del Anseis de Cartago, de ningún modo a la desdichada hija de Julián, tal como aparece en las leyendas musulmanas. Creemos que también Rasis ó su traductor es el primero que llamó conde a D. Julián, cuya fisonomía histórica altera bastante, inventando quizá el vínculo de clientela ó vasallaje feudal que le enlazaba con D. Rodrigo, aunque no fuese súbdito suyo. (3) «Avia en Cepta un conde que era señor de los de allen mar e de aquen mar e avia nombre don Jullano, e avia una fija muy fermosa e muy buena donzella e que avia muy gran sabor de seer muy buena muger;... (…) Lo que hizo Corral, que era hombre de ingenio y de cierta amenidad de estilo, fue aderezar el cuento de los amores de la Cava con todo género de atavíos novelescos: coloquios, razonamientos, mensajes, cartas y papeles, que fueron después brava mina para los autores de romances y aun para los historiadores graves. No es posible extractar tan larga narración, pero no queremos omitir la primera escena del enamoramiento: «E un dia el rey se fue a los palacios del mirador que avia fecho, e anduvo por la sala solo sobre las puertas e vio a la Cava, fija del conde D. Julian, que estava en las puertas bailando con algunas doncellas; y ellas no sabian parte del rey ca bien se cuidavan que dormia, e como la Cava era la más fermosa doncella de su casa, e la más amorosa de todos sus fechos, y el rey le avia buena voluntad, ansi como la vio echó los ojos en ella, e como otras doncellas jugaban, alzo las faldas, pensando que no la veya ninguno... E como la puerta era muy guardosa e cerrada de grandes tapias, e alli do ellas andaban no las podian ver sino de la camara del rey, no se guardaban, mas facian lo que en placer les venia ansi como si fuesen en sus camaras. E crecio porfia entrellas desque una vez gran pieza ovieron jugado, de quien Crónica Sarracina o del Rey Don Rodrigo, de Pedro del Corral, 1430 - 11 - tenia más gentil cuerpo, e dieronse a desnudar e quedar en pellotes apretados que tenian de fina escarlata, e paresciansele los pechos y lo más de las tetillas, e como el rey la miraba, cada vegada le parescia mejor e decia que no habia en todo el mundo doncella ninguna ni dueña que ygualar se pudiese a la su fermosura ni su gracia; el enemigo no asperaba otra cosa sino esto, e vio que el rey era encendido en su amor; andabale todavia al oreja que una vegada cumpliese su voluntad con ella». (2) Un pasaje de Ausias March, citado muy a cuento por D. Manuel Milá, alude a esta escena de la Crónica y prueba su rápida difusión fuera de Castilla: Per lo garró - que lo rey veu de Cava Se mostra Amor - que tot quant voll acaba. Viene a continuación una escena de galantería harto extraña, que pasó integra a los romances: «E asi como ovieron comido, el rey se levantó y assentose a una ventana. Y antes que se levantase de taula, comenzó de meter a la reyna e a las doncellas en juego. Y como las vio que jugaban, llamó a la Cava, e dixo que sacase aradores de las sus manos. E la Cava fue luego a la ventana do el rey estaba e hincó las rodillas en el suelo, y catavale las manos; y él como estaba ya enamorado y en ardor, como le fallaba las manos blandas y blancas, y tales que él nunca viera a mujer, encendiose cada hora más en su amor». (1) Los autores de romances encontraron más pulcro y galante, que fuese D. Rodrigo el que «sacase los aradores» a la Cava, y no al contrario: Ella hincada de rodillas, - él la estaba enamorando: Sacándole está aradores - de su odorífera mano... ... Sacándole está aradores - en sus haldas reclinado... La Cava no opone gran resistencia al rey; pero después de violada y escarnecida, se aflige y avergüenza mucho, y comienza a perder su hermosura, con gran pasmo de todos, especialmente de su doncella Alquifa, a quien finalmente confía su secreto por consejo de la cual escribe a su padre. El conde jura vengarse y urde su traición de concierto con el obispo D. Opas, hermano de su mujer doña Francina y señor de Consuegra… (…) Este libro, disparatado é insulso, que como novela está a cien leguas de la Crónica Sarracina, cuanto más de las deliciosas Guerras de Granada, que quizá el autor se propuso remedar, logró, sin embargo, una celebridad escandalosa, teniéndole muchos por verdadera historia y utilizándole otros como fuente poética. De Luna procede el nombre de Florinda, no oído hasta entonces en España, y nada gótico ni musulmán tampoco, sino aprendido en algún poema italiano. De Luna, la carta alegórica y poco limpia en que Florinda da a entender a su padre la desgracia que la había acontecido con el Rey; carta que versificó Lope de Vega en su comedia El Último Godo, basada enteramente en este libro apócrifo. Luna estropea todas las invenciones de Pedro del Corral: convierte, por ejemplo, al ermitaño en un simple pastor ó villano, cuyo encuentro con D. Rodrigo conduce sólo a un cambio de trajes. En lo único que lleva ventaja poética a su modelo es en el género de muerte que da a la Cava: Pedro del Corral la hacía morir prosaicamente de la gangrena producida por una espina de pescado que se la clavó en la mano derecha, estando en Ceuta. Miguel de Luna, aprovechando cierta tradición malagueña, indicada ya por Ambrosio de Morales, hace que Florinda ponga fin a sus días arrojándose de una torre de aquella ciudad. Ambas novelas, la de Corral y la de Luna, han servido de guía a insignes autores modernos. Walter Scott, para su poemita The Vision of Don Roderik (1811), consultó al supuesto Abentarique. A éste también, y a Pedro del Corral, a quien equivocadamente llama Rasis, sigue Washington Irving en sus Legends of the conquest of Spain (1826); pero a todos superó Roberto Southey, autor de Roderick the last of the Goths, poema en verso suelto y en veinticinco cantos, publicado en 1815. Era Southey persona doctísima en nuestra literatura é historia, como lo acreditan varias obras suyas, entre ellas

[editar] Cueva de la Serpiente

"La Cueva de la serpiente", llamada también antiguamente "Roca de la serpiente", es una roca que forma una cueva, poco profunda, refugio de pastores y labradores. Está situada cerca del arroyo de Santa María y a un kilómetro de la Ermita de Nuestra Señora de Piedrasantas. Cuenta la leyenda que en tiempos de los moros una enorme serpiente habitaba en aquella cueva. La serpiente era el terror de los pastores y labriegos pues atacaba al ganado que por allí pastaba. Se reunió el Consejo de la Villa y acordaron matar al peligroso animal. Cuentan que mandaron subir a la parte más alta del castillo que había en Pedroche un cañón de largo alcance. Apuntaron hacia la cueva y lanzaron un proyectil matando así a la serpiente.

[editar] La casa del judío

Frente a la puerta del sol de la iglesia parroquial, todavía existe en Pedroche un viejo caserón de portada de granito oscurecida por el tiempo. Es la Casa del Judío, la Casa de los Duendes o la Casa de las Lágrimas. Y es a finales del siglo XV cuando habitaba en ella un judío expulsado de Córdoba a quien los naturales de la villa llamaban "Malogrado". Era tanta la miseria de aquellos tiempos que difícilmente podían los cristianos recuperar los vestidos y alhajas empeñados como prendas a cuenta del dinero que "Malogrado" les prestaba. No sin razón comenzó a llamarse aquel lugar "Casa de las Lágrimas" por las muchas que hombres y mujeres vertían al no poder desempeñar sus ajuares. A pesar de su riqueza, "Malogrado" murió un invierno cualquiera en la más completa soledad. Mientras su hijo Moisés y su nieta Ester, en un largo camino, habían acudido a Toledo, el Concejo de la villa encontraba a "Malogrado" moribundo en el frío suelo del oscuro sótano de la casa. Era Ester una mocita de dieciséis años, alegre como sus primaveras, de ojos azules y piel de blanquísimo alabastro. Sus cabellos rubios y abundantes, eran otras tantas llamadas a los mozos casaderos que no cesaban de cortejarla. Y era Agustín, el hijo del campanero, quien puntualmente le dedicaba cada noche sus mejores serenatas. Era Moisés, por el contrario, un hombre amargado porque, creyendo encontrar la fortuna de su padre, sólo encontró, a su vuelta de Toledo, una casa destrozada y saqueada por quienes habían sido deudores de "Malogrado". Como buen judío Moisés no se amilanó ante la desgracia. Ejerciendo el oficio de guarnicionero volvió a crearse una modesta fortuna suficiente para pasar honradamente sus días. Llenaba Ester de alguna manera el corazón martirizado de aquel padre tan castigado por la adversidad. También Débora, su bellísima esposa, había muerto joven cuando Ester apenas contaba dos años. Un grupo de judíos, amigos de Moisés, cuchichean indignados como si una nueva maldición pesara sobre los de su raza. Ester, la gloria del barrio judío, honor y alegría de su padre y de cuantos la conocen, despreciando a los de su raza, está enamorada del joven Agustín. Por encima de su religión y de su pueblo, está dispuesta a recibir las aguas del bautismo y poder así contraer matrimonio cristiano. La indignación y la rabia conmueve a todas las familias judías. Es intolerable que un "perro cristiano" se despose con la flor de la estirpe judía. Y es necesario tomar medidas precisas. Ni las lágrimas de Moisés, ni las recomendaciones del anciano rabino hacen desistir a la bella Ester de la decisión tomada. Sobre el Calvario, a unos pasos del Torreón que siempre sirvió como puerta de la villa, todo el ghetto judío se ha reunido con trajes de gala. En medio del silencio de la noche un gran corro de jóvenes y ancianos recogen piedras que van lanzando con furor sobre el cuerpo exánime de Ester. Su túnica blanca, salpicada de manchas rojizas, da testimonio de bautismo de sangre que acaba de recibir. Condenada por el Consejo de ancianos, su muerte quiere significar el escarmiento para otras jóvenes judías ante los halagos y solicitudes de los muchachos cristianos. Aquella noche Moisés, el padre exasperado, creyendo encontrar la satisfacción de la venganza ante la hija rebelde ya sacrificada, sólo sintió una terrible soledad que con sus garras frías se fue apoderando de su corazón desgraciado. En el lugar del martirio, brotó un rosal extraño cuyas hojas, dice la tradición, despedían un vivísimo fulgor antes del amanecer. A este rosal se acercó Agustín, provisto de un azadón, deseoso de trasladar al jardín de su casa aquella planta que tan íntimos recuerdos despertaban en él. Al primer azadonazo, los pétalos de las rosas se iluminaron y las corolas semejaban lámparas encendidas. Las hojas brillaron con más fulgor y todo el rosal se convirtió en una ascua gigantesca. Al mismo tiempo desde la planta un suspiro, mitad alarido de dolor, mitad anhelo de deseos insatisfechos, se dejaba oír con toda claridad. Los huesos de Ester se juntaron con orden, unos con otros, se pusieron de pie y se revistieron de carne. Apareció la joven en todo su esplendor con una belleza deslumbrante. Se acercó al joven lentamente, le tendió sus brazos y al darle un beso desapareció su luz. Su esbelta figura, convertida de repente en un montón de pavesas fue deshecha y dispersada por el viento. Y dicen los viejos que a la mañana siguiente, con más pena que nunca, las campanas de Santa María estuvieron doblando por el alma de Agustín. 1 D E A B R I L D E 2 0 0 8 La Casa del Judío La Casa del Judío, situada en la calle Torreón junto a la Iglesia El Salvador, es conocida por ser el escenario de una leyenda (leer aquí). Recientemente, sus propietarios han arreglado su fachada consiguiendo un cambio extraordinario sin añadir ningún elemento a su portada, simplemente descubriendo todo lo que tapaba la cal: Anteriormente: Actualmente: La Opinión de Pedroche: La Casa del Judío Página 1 de 2 http://pedroche.blogspot.com/2008/04/la-casa-del-judo.html 02/04/2008La Opinión de Pedroche: La Casa del Judío Página 2 de 2 http://pedroche.blogspot.com/2008/04/la-casa-del-judo.html 02/04/2008miércoles 2 de abril de 2008 La casa del judío La "Casa del judío" de Pedroche, antes y después de la restauración (Fotos: La opinión de Pedroche) Recientemente se ha restaurado en Pedroche la llamada "Casa del judío", una vivienda tradicional situada junto a la iglesia de El Salvador. Los propietarios han rescatado algunos elementos arquitectónicos de la fachada que permanecían ocultos, dándole así un nuevo aspecto al recoleto rincón donde se ubica. Según La opinión de Pedroche, esta casa es conocida en la localidad por ser el escenario de una leyenda popular ambientada en el pasado judío de la villa, que se recoge en el libro Pedroche monumental de Adriano Moral Manosalvas. Al leerla, resulta inevitable que venga a la memoria la leyenda becqueriana titulada "La rosa de pasión": misma ambientación, mismos personajes, mismo nudo argumental, mismo desenlace... La inspiración parece indiscutible y no cabe duda de que nuestro relato constituye una adaptación local de la leyenda toledana. Desconozco el origen de la adaptación pedrocheña, pero muy bien pudiera tener una procedencia similar a la de su modelo: en toda la prensa comarcal de la primera mitad del siglo XX se incluían secciones de relatos, leyendas y novelas por entregas y no es raro encontrar entre ellas recreaciones historicistas situadas convencionalmente en pueblos de la zona. El recurso de localizar las peripecias de personajes legendarios en lugares cercanos era muy del gusto del público lector y a esta tendencia literaria debemos probablemente también otra leyenda muy conocida de Pedroche, la de la reina Cava ( en este dossier de Pedroche en la Red se ofrecen varias versiones de la leyenda y diversos apuntes sobre su origen y su fundamento histórico). miércoles 2 de abril de 2008 | Escrito por Antonio a las 14:32 | Enlace | solienses | cultura en Los Pedroches: La casa del judío Página 1 de 1 http://solienses.blogspot.com/2008/04/la-casa-del-judo.html 02/04/2008Rimas y leyendas Gustavo Adolfo Bécquer La rosa de pasión Una tarde de verano y en un jardín de Toledo me refirió esta singular historia una muchacha muy buena y muy bonita. Mientras me explicaba el misterio de su forma especial besaba las hojas y los pistilos que iba arrancando uno a uno de la flor que da su nombre esta leyenda. Si yo la pudiera referir con el suave encanto y la tierna sencillez que tenía en su boca os conmovería, como a mí me conmovió, la historia de la infeliz Sara. Ya que esto no es posible, ahí va lo que de esa tradición se me acuerda en este instante. - I - En una de las callejas más obscuras y tortuosas de la ciudad imperial, empotrada y casi escondida entre la alta torre morisca de una antigua parroquia muzárabe y los sombríos y blasonados muros de una casa solariega, tenía, hace muchos años, su habitación, raquítica, tenebrosa y miserable como su dueño, un judío llamado Daniel Leví. Era este judío rencoroso y vengativo, como todos los de su raza; pero más que ninguno, engañador e hipócrita. Dueño, según los rumores del vulgo, de una inmensa fortuna, veíasele, no obstante, todo el día acurrucado en el sombrío portal de su vivienda componiendo y aderezando cadenillas de metal, cintos viejos y guarniciones rotas, con las que traía un gran tráfico entre los truhanes del Zocodover, las revendedoras del Postigo y los escuderos pobres. Aborrecedor implacable de los cristianos y de cuanto a ellos pudiera pertenecer, jamás pasó junto a un caballero principal o un canónigo de la Primada sin quitarse una y hasta diez veces el mugriento bonetillo que cubría su cabeza, calva y amarillenta, ni acogió en su tenducho a uno de sus habituales parroquianos sin agobiarle a fuerza de humildes salutaciones acompañadas de aduladoras sonrisas. La sonrisa de Daniel había llegado a hacerse proverbial en toda Toledo, y su mansedumbre, a prueba de las jugarretas más pesadas y las burlas y rechiflas de sus vecinos, no conocía límites. Inútilmente los muchachos, para desesperarle, tiraban piedras a su tugurio; en vano los pajecillos, y hasta los hombres de armas del próximo palacio, pretendían aburrirle con los nombres más injuriosos, o las viejas devotas de la feligresía se santiguaban al pasar por el dintel de su puerta como si viesen al mismo Lucifer en persona. Daniel sonreía eternamente, con una sonrisa extraña e indescriptible. Sus labios, delgados y hundidos, se dilataban a la sombra de su nariz desmesurada y curva como el pico de un aguilucho, y aunque de sus ojos pequeños, verdes, redondos y casi ocultos entre las espesas cejas brotaba una chispa de mal reprimida cólera, seguía impasible golpeando con su martillito de hierro el yunque donde aderezaba las mil baratijas mohosas y, al parecer, sin aplicación alguna de que se componía su tráfico. Sobre la puerta de la casucha del judío, y dentro de un marco de azulejos de vivos colores, se abría un ajimez árabe, resto de las antiguas construcciones de los moros toledanos. Alrededor de las caladas franjas del ajimez y enredándose por la columnilla de mármol que lo partía en dos huecos iguales subía desde el interior de la vivienda una de esas plantas trepadoras que se mecen verdes y llenas de savia y lozanía sobre los ennegrecidos muros de los edificios ruinosos. En la parte de la casa que recibía una dudosa luz por los estrechos vanos de aquel ajimez, único abierto en el musgoso y agrietado paredón de la calleja, habitaba Sara, la hija predilecta de Daniel. Cuando los vecinos del barrio pasaban por delante de la tienda del judío y veían por casualidad a Sara tras de las celosías de su ajimez morisco y a Daniel acurrucado junto a su yunque exclamaban en alta voz, admirados de las perfecciones de la hebrea: -¡Parece mentira que tan ruin tronco haya dado de sí tan hermoso vástago! Porque, en efecto, Sara era un prodigio de belleza. Tenía los ojos grandes y rodeados de un sombrío cerco de pestañas negras, en cuyo fondo brillaba el punto de luz de su ardiente pupila como una estrella en el cielo de una noche oscura. Sus labios, encendidos y rojos, parecían recortados hábilmente de un paño de púrpura por las invisibles manos de una hada. Su tez era blanca, pálida y transparente como el alabastro de la estatua de un sepulcro. Contaba apenas dieciséis años, y ya se veía grabada en su rostro esa dulce tristeza de las inteligencias precoces, y ya hinchaban su seno y se escapaban de su boca esos suspiros que anuncian el vago despertar del deseo. Los judíos más poderosos de la ciudad, prendados de su maravillosa hermosura, la habían solicitado para esposa; pero la hebrea, insensible a los homenajes de sus adoradores y a los consejos de su padre, que la instaba para que eligiese un compañero antes de quedar sola en el mundo, se mantenía encerrada en un profundo silencio, sin dar más razón de su extraña conducta que el capricho de permanecer libre. Al fin, un día, cansado de sufrir los desdenes de Sara, y sospechando que su eterna tristeza era indicio cierto de que su corazón abrigaba algún secreto importante, uno de sus adoradores se acercó a Daniel y le dijo: -¿Sabes, Daniel, que entre nuestros hermanos se murmura de tu hija? El judío levantó un instante los ojos de su yunque, suspendió su continuo martilleo y, sin mostrar la menor emoción, preguntó a su interpelante: -¿Y qué dicen de ella? -Dicen -prosiguió su interlocutor-, dicen..., qué sé yo..., muchas cosas... Entre otras, que tu hija está enamorada de un cristiano... Al llegar a este punto, el desdeñado amante de Sara se detuvo para ver el efecto que sus palabras hacían en Daniel. Daniel levantó de nuevo sus ojos, le miró un rato fijamente, sin decir palabra, y bajando otra vez la vista para seguir su interrumpida tarea, exclamó: -¿Y quien dice que eso no es una calumnia? -Quien los ha visto conversar más de una vez en esta misma calle, mientras tú asistes al oculto sanedrín de nuestros rabinos -insistió el joven hebreo, admirado de que sus sospechas, primero, y después sus afirmaciones no hiciesen mella en el ánimo de Daniel. Éste, sin abandonar su ocupación, fija la mirada en el yunque, sobre el que, después de dejar a un lado el martillo, se ocupaba en bruñir el broche de metal de una guarnición con una pequeña lima, comenzó a hablar en voz baja y entrecortada, como si maquinalmente fuesen repitiendo sus labios las ideas que cruzaban por su mente. -¡Je!, ¡je!, ¡je! -decía, riéndose de una manera extraña y diabólica-. ¿Con que a mi Sara, al orgullo de la tribu, el báculo en que se apoya mi vejez, piensa arrebatármela un perro cristiano?... ¿Y vosotros creéis que lo hará? ¡Je!, ¡je! -continuaba, siempre hablando para sí y siempre riéndose, mientras la lima chirriaba cada vez con más fuerza, mordiendo el metal con sus dientes de acero-. ¡Je!, ¡Je! ¡Pobre Daniel!, dirán los míos, ¡ya chochea! ¿Para qué quiere ese viejo moribundo y decrépito esa hija tan hermosa y tan joven, si no sabe guardarla de los codiciosos ojos de nuestros enemigos?... ¡Je!, ¡je!, ¡je! ¿Crees tú, por ventura, que Daniel duerme? ¿Crees tú, por ventura, que si mi hija tiene un amante..., que bien puede ser, y ese amante es cristiano y procura seducirla y la seduce, que todo es posible, y proyecta huir con ella, que también es fácil, y huye mañana, por ejemplo, lo cual cabe dentro de lo humano, crees tú que Daniel se dejará así arrebatar su tesoro?, ¿crees tú que no sabrá vengarse? -Pero -exclamó, interrumpiéndole, el joven-, ¿sabéis, acaso...? -Sé -dijo Daniel, levantándose y dándole un golpecito en la espalda-, sé más que tú, que nada sabes, ni nada sabrías si no hubiese llegado la hora de decirlo todo... Adiós; avisa a nuestros hermanos para que cuanto antes se reúnan. Esta noche, dentro de una o dos horas, yo estaré con ellos. ¡Adiós! Y esto diciendo, Daniel empujó suavemente a su interlocutor hacia la calle, recogió sus trebejos muy despacio y comenzó a cerrar con dobles cerrojos y aldabas la puerta de la tiendecilla. El ruido que produjo la puerta al encajarse, rechinando sobre sus premiosos goznes, impidió al que se alejaba oír el rumor de las celosías del ajimez, que en aquel punto cayeron de golpe, como si la judía acabara de retirarse de su alféizar. - II - Era noche de Viernes Santo; los habitantes de Toledo, después de haber asistido a las tinieblas en su magnífica catedral, acababan de entregarse al sueño o referían al amor de la lumbre consejas parecidas a la del Cristo de la Luz, que robado por unos judíos, dejó un rastro de sangre por el cual se descubrió el crimen; o la historia del Santo Niño de la Guarda, en quien los implacables enemigos de nuestra fe renovaron la cruel pasión de Jesús. Reinaba en la ciudad un silencio profundo, interrumpido a intervalos, ya por las lejanas voces de los guardias nocturnos que en aquella época velaban en derredor del alcázar, ya por los gemidos del viento, que hacía girar las veletas de las torres o zumbaba entre las torcidas revueltas de las calles, cuando el dueño de un barquichuelo que se mecía amarrado a un poste cerca de los molinos, que parecen como incrustados al pie de las rocas que baña el Tajo y sobre las que se asienta la ciudad, vio aproximarse a la orilla, bajando trabajosamente por uno de los estrechos senderos que desde lo alto de los muros conducen al río, a una persona a quien, al parecer, aguardaba con impaciencia. -¡Ella es! -murmuró entre dientes el barquero-. ¡No parece sino que esta noche anda revuelta toda esa endiablada raza de judíos!... ¿Dónde diantres se tendrán dada cita con Satanás, qué todos acuden a mi barca, teniendo tan cerca el puente?... No, no irán a nada bueno cuando así evitan toparse de manos a boca con los hombres de armas de San Servando... Pero, en fin, ello es que me dan buenos dineros a ganar, y a su alma su palma, que yo en nada entro ni salgo. Esto diciendo el buen hombre, sentándose en su barca aparejó los remos, y cuando Sara, que no era otra la persona a quien al parecer había aguardado hasta entonces, hubo saltado al barquichuelo, soltó la amarra que lo sujetaba y comenzó a bogar en dirección a la orilla opuesta. -¿Cuántos han pasado esta noche? -preguntó Sara al barquero apenas se hubieron alejado de los molinos, y como refiriéndose a algo de que ya habían tratado anteriormente. -Ni los he podido contar -respondió el interpelado-; ¡un enjambre!... Parece que esta noche será la última que se reúnen. -¿Y sabes de qué tratan y con qué objeto abandonan la ciudad a estas horas? -Lo ignoro...; pero ello es que aguardan a alguien que debe llegar esta noche... Yo no sé para qué le aguardarán, aunque presumo que para nada bueno. Después de este breve diálogo, Sara se mantuvo algunos instantes sumida en un profundo silencio y como tratando de coordinar sus ideas. «No hay duda -pensaba entre sí-; mi padre ha sorprendido nuestro amor y prepara alguna venganza horrible. Es preciso que yo sepa adónde van, qué hacen, qué intentan. Un momento de vacilación podría perderle». Cuando Sara se puso un instante de pie y, como para alejar las horribles dudas que la preocupaban, se pasó la mano por la frente, que la angustia había cubierto de un sudor glacial, la barca tocaba a la orilla opuesta. -Buen hombre -exclamó la hermosa hebrea, arrojando algunas monedas a su conductor y señalando un camino estrecho y tortuoso que subía serpenteando por entre las rocas-, ¿es ése el camino que siguen? -Ése es, y cuando llegan a la Cabeza del Moro desaparecen por la izquierda. Después, el diablo y ellos sabrán adónde se dirigen -respondió el barquero. Sara se alejó en la dirección que éste le había indicado. Durante algunos minutos se le vio aparecer y desaparecer alternativamente entre aquel oscuro laberinto de rocas cortadas a pico; después, y cuando hubo llegado a la cima llamada la Cabeza del Moro, su negra silueta se dibujó un instante sobre el fondo azul del cielo y, por último, desapareció entre las sombras de la noche. - III - Siguiendo el camino donde hoy se encuentra la pintoresca ermita de la Virgen del Valle, y como a dos tiros de ballesta del picacho que el vulgo conoce en Toledo por la Cabeza del Moro, existían aún en aquella época los ruinosos restos de una iglesia bizantina, anterior a la conquista de los árabes. En el atrio, que dibujaban algunos pedruscos diseminados por el suelo, crecían zarzales y hierbas parásitas, entre los que yacían medio ocultos, ya el destrozado capitel de una columna, ya un sillar groseramente esculpido con hojas entrelazadas, endriagos horribles o grotescos e informes figuras humanas. Del templo sólo quedaban en pie los muros laterales y algunos arcos rotos y cubiertos de yedra. Sara, a quien parecía guiar un sobrenatural presentimiento, al llegar al punto que le había señalado su conductor, vaciló algunos instantes, indecisa acerca del camino que debía seguir; pero, por último, se dirigió con paso firme y resuelto hacia las abandonadas ruinas de la iglesia. En efecto, su instinto no la había engañado. Daniel, que ya no sonreía; Daniel, que no era ya el viejo débil y humilde, sino que, antes bien, despidiendo cólera de sus pequeños y redondos ojos, parecía animado del espíritu de la venganza, rodeado de una multitud ávida, como él, de saciar su sed de odio en uno de los enemigos de su religión, estaba allí, y parecía multiplicarse dando órdenes a los unos, animando en el trabajo a los otros, disponiendo, en fin, con una horrible solicitud los aprestos necesarios para la consumación de la espantosa obra que había estado meditando días y días mientras golpeaba impasible el yunque en su covacha de Toledo. Sara, que a favor de la oscuridad había logrado llegar hasta el atrio de la iglesia, tuvo que hacer un esfuerzo para no arrojar un grito de horror al penetrar en su interior con la mirada. Al rojizo resplandor de una fogata, que proyectaba la forma de aquel círculo infernal en los muros del templo, había creído ver que algunos hacían esfuerzos por levantar en alto una pesada cruz, mientras otros tejían una corona con las ramas de los zarzales o aplastaban sobre una piedra las puntas de los enormes clavos de hierro. Una idea espantosa cruzó por su mente: recordó que a los de su raza los habían acusado más de una vez de misteriosos crímenes; recordó vagamente la aterradora historia del Niño Crucificado, que ella hasta entonces había creído una grosera calumnia inventada por el vulgo para apostrofar y zaherir a los hebreos. Pero ya no le cabía duda alguna; allí, delante de sus ojos, estaban aquellos horribles instrumentos de martirio, y los feroces verdugos sólo aguardaban la víctima. Sara, llena de una santa indignación, rebosando en generosa ira y animada de esa fe inquebrantable en el verdadero Dios que su amante le había revelado, no pudo contenerse a la vista de aquel espectáculo, y, rompiendo por entre la maleza que la ocultaba, presentose de improviso en el dintel del templo. Al verla aparecer, los judíos arrojaron un grito de sorpresa, y Daniel, dando un paso hacia su hija en ademán amenazante, le preguntó con voz ronca: -¿Qué buscas aquí, desdichada? -Vengo a arrojar sobre vuestras frentes -dijo Sara con voz firme y resuelta- todo el baldón de vuestra infame obra, y vengo a deciros que en vano esperáis la víctima para el sacrificio, si ya no es que intentáis cebar en mí vuestra sed de sangre; porque el cristiano a quien aguardáis no vendrá, porque yo le he prevenido de vuestras asechanzas. -¡Sara! -exclamó el judío rugiendo de cólera-. Sara, eso no es verdad; tú no puedes habernos hecho traición hasta el punto de revelar nuestros misteriosos ritos; y si es verdad que los has revelado, tú no eres mi hija... -No, ya no lo soy; he encontrado otro padre, un padre todo amor para los suyos, un padre a quien vosotros enclavasteis en una afrentosa cruz, y que murió en ella por redimirnos, abriéndonos para una eternidad las puertas del cielo. No; ya no soy vuestra hija, porque soy cristiana y me avergüenzo de mi origen. Al oír estas palabras, pronunciadas con esa enérgica entereza que sólo pone el cielo en boca de los mártires, Daniel, ciego de furor, se arrojó sobre la hermosa hebrea, y derribándola en tierra y asiéndola por los cabellos, la arrastró, como poseído de un espíritu infernal, hasta el pie de la cruz, que parecía abrir sus descarnados brazos para recibirla, exclamando al dirigirse a los que le rodeaban: -Ahí os la entrego; haced vosotros justicia de esa infame, que ha vendido su honra, su religión y a sus hermanos. - IV - Al día siguiente, cuando las campanas de la catedral atronaban los aires tocando a gloria, y los honrados vecinos de Toledo se entretenían en tirar ballestazos a los judas de paja, ni más ni menos que como todavía lo hacen en algunas de nuestras poblaciones, Daniel abrió la puerta de su tenducho, como tenía de costumbre, y con su eterna sonrisa en los labios comenzó a saludar a los que pasaban, sin dejar por eso de golpear en el yunque con su martillito de hierro; pero las celosías del morisco ajimez de Sara no volvieron a abrirse, ni nadie vio más a la hermosa hebrea recostada en su alféizar de azulejos de colores... Cuentan que, algunos años después, un pastor trajo al arzobispo una flor hasta entonces nunca vista, en la cual se veían figurados todos los atributos del martirio del Salvador; flor extraña y misteriosa que había crecido y enredado sus tallos por entre los ruinosos muros de la derruida iglesia. Cavando en aquel lugar y tratando de inquirir el origen de aquella maravilla, añaden que se halló el esqueleto de una mujer, y enterrados con él otros tantos atributos divinos como la flor tenía. El cadáver, aunque nunca se pudo averiguar de quién era, se conservó por largos años con veneración especial en la ermita de San Pedro el Verde, y la flor, que hoy se ha hecho bastante común, se llama Rosa de Pasión.

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