Neuroeducación

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Introducción[editar]

Neuroeducación es la nueva interdisciplina o transdisciplina que promueve una mayor integración de las ciencias de la educación con aquellas que se ocupan del desarrollo neurocognitivo del ser humano. Interdisciplina en tanto es la intersección de muchas neurociencias relacionadas con el aprendizaje y la enseñanza en todas sus formas, transdisciplina en cuanto es una nueva integración, absolutamente original de aquellas en una nueva categoría conceptual y práctica. Ello implica la formación de “neuroeducadores” con aquellos docentes interesados por la investigación en neurociencias y con los neurocientíficos interesados en la educación, es decir la neuroeducación abre la puerta a una nueva profesión y a un nuevo tipo de expertos.

Neuropsicología. Es el estudio del sistema nervioso desde un enfoque multidisciplinar. Ya que intenta explicar la base material y funcional sobre los fenómenos que atraviesa la mente humana. Arthur Benton, en 1971, publico en su libro denominado Introducción a la Neuropsicología, que las funciones cerebrales, la estructura psíquica y la sistematización sociocognitiva en todos sus aspectos normales y patológicos, abarcando todos los periodos evolutivos.

Neuropsicología infantil “ciencia interdisciplinaria que estudia las relaciones entre la conducta y el cerebro durante el periodo de desarrollo, siendo sus limites de actualización el nacimiento y el inicio de la pubertad”. De ahí se ha desprendido la Neuropsicología del aprendizaje, Neuropsicología escolar, Neuropedagogía, Neurodidáctica o Neuroeducación.

En 1988, Gerhard Preiss, catedrático de didáctica de la Universidad de Friburgo, propuso introducir una asignatura autónoma basada en la investigación cerebral y en la pedagogía, a la que denominó Neurodidáctica. De acuerdo con esto la pedagogía escolar y la didáctica general deben conceder más importancia al hecho de que el aprendizaje se lleva a cabo a través de procesos cerebrales y que los resultados cognitivos se amplían paralelamente al desarrollo del cerebro infantil. Derivado de ello se está estudiando bajo que situaciones se puede optimizar el aprendizaje humano. Algunas investigaciones arrojan que existen diversos trastornos del aprendizaje, por ejemplo, discalculia, dislexia, disgrafía, trastornos específicos del desarrollo del lenguaje (TEDL). Así mismo, se deben afrontar tempranamente las dificultades antes señaladas y esto se conocerá a través de una evaluación, diagnóstico y tratamiento, así como un ambiente pedagógico especialmente favorable.

El cerebro humano es un órgano de una complejidad asombrosa y es el fruto de una historia evolutiva que resulta crucial a la hora de proceder a su estudio, por eso las investigaciones comparadas de los procesos de aprendizaje entre diferentes especies son imprescindibles y, a su vez, resaltan el valor excepcional de la ser humano. Los niños pequeños son ya capaces de enseñar a otros, y enseñando aprendemos, como decían los antiguos maestros, “docendo discimus” (Strauss, 2005). Pero es preciso explicitar las funciones neurocognitivas propias tanto del aprendizaje como de la enseñanza con el mayor detalle posible. Hoy la neuroeducación cuenta con recursos de alta tecnología como las imágenes cerebrales, las pruebas genéticas y las simulaciones computacionales. Mucho se está haciendo con ayuda de estas técnicas especialmente en el campo de las discapacidades y trastornos del aprendizaje, dislexia, discalculia, autismo, defectos de atención, etc. El desafío actual estriba en que la neuroeducación se extiende más allá de los estudios habituales de la patología del aprendizaje y es capaz de explorar los más variados temas de importancia educativa.

Terminología y significado[editar]

La adopción del término neuroeducación, (que también se puede escribir neuro-educación o NeuroEducación) es muy reciente y merece ser analizado con algún detalle. En primer lugar, neuroeducación sugiere un encuentro entre las ciencias de la educación y las neurociencias, por eso se usan también expresiones como “neurociencias educativas” (educational neurosciences) y otras semejantes con el mismo propósito de integrar las ciencias del cerebro, de la mente y de la educación.. John T. Bruer (1997, 2002) advierte sobre el largo camino que nos falta por recorrer antes de poder establecer puentes sólidos entre las disciplinas. Ciertamente la neuroeducación es una mezcla con muchos componentes y, además, se encuentra apenas en sus comienzos. Basta recorrer Internet para comprobar que hay decenas de referencias muy dispares (algunas decididamente estrafalarias) con ese nombre. La construcción de modelos y la búsqueda rigurosa de confirmación experimental en el caso de la neuroeducación debe ser prioritaria (Battro, 2000). Pero conviene prestar la máxima atención a la agenda científica puesto que no todo lo que se “puede hacer” se “debe hacer”. Estos criterios apuntan al campo de los valores, en particular a la ética de los métodos neurobiológicos aplicables a la enseñanza y al aprendizaje. Algunos métodos podrían vulnerar el principio de prudencia, otros el de responsabilidad civil o el derecho a la intimidad, para mencionar sólo ciertos obstáculos morales y legales que podrían presentarse. En este sentido, una “neuroética” comienza a perfilarse como necesaria en el siglo XXI y se está convirtiendo en tema de reflexión y debate (Marcus, 2002; Illis, 2005). Su aporte será decisivo para el futuro de la neuroeducación (Sheridan, Zinchenko & Gardner, 2005). En este sentido, una iniciativa importante es la del Centro de Ciencias del Cerebro y de la Sociedad (Instituto de Ciencia y Tecnología del Japón) que ha creado un grupo de investigación dedicado a temas específicos de neuroética (Koizumi, 2005).

El estudio del cerebro en la escuela[editar]

En la práctica la mayoría de las investigaciones neurocognitivas ligadas a la educación se realizan por el momento fuera de la escuela, en ambientes controlados, en hospitales y laboratorios experimentales, con equipos de alta complejidad de imágenes funcionales del cerebro (fMRI, MEG, EEG, NIRS, PET, etc.). Con estos instrumentos podemos investigar el cerebro que aprende conceptos de física (Fugelsang y Dunbar, 2005) y de matemáticas (Dehaene, 1997, Butterworth, 1999) o el cerebro bilingüe http://www.dartmouth.edu/%7Elpetitto/lab/index.html entre otros muchos temas de las artes y de las ciencias con resultados de considerable valor para la neuroeducación.

Por otra parte, la neuroeducación aspira también a estudiar en el aula misma los procesos neurocognitivos de aprendizaje y de enseñanza durante el diálogo entre maestros y alumnos aunque ello por ahora no es fácil por razones técnicas tanto como culturales. Comprobamos, por ejemplo, que no hay por el momento estudios con imágenes funcionales del cerebro que enseña y esta carencia es un signo evidente de la asimetría de las investigaciones actuales y de la complejidad del tema. Todo conduce, sin embargo, a pensar que las tecnologías de imágenes cerebrales se irán perfeccionando y simplificando, bajarán sus costos, serán portátiles y tendrán mayor resolución espacial y temporal que las actuales, y se podrán usar en la escuela. Cuando esto suceda será posible contar con imágenes cerebrales de maestros y alumnos en interacción. Estas intervenciones deberán respetar los valores propios de la cultura local y los principios universales de la moral y de la ética que guían toda acción humana. Para ello será necesario crear comités de neuroética en las escuelas, en analogía con los comités de “bioética” en los hospitales. La neuroeducación es una nueva interdisciplina que está dirigida a todos los profesionales que tienen que ver con la enseñanza, en todos sus niveles, inicial, primaria, secundaria, universitaria, a psicólogos, profesionales de ciencias afines y padres de familia.

Los estudios de neurociencias en el mundo El mayor desafío de la neuroeducación es la integración de las muy variadas disciplinas, prácticas y tecnologías que deben incorporarse al nuevo campo de estudio y de acción. Un primer paso ha sido dado recientemente por algunas universidades que ofrecen cursos integrados de postgrado en ciencias neurocognitivas y educación. Desde 2002 la Escuela de Educación de la Universidad de Harvard brinda un curso anual sobre mente, cerebro y educación http://my.gse.harvard.edu/icb/icb.do?course=gse-ht100 Otras universidades como el Centro de Neurociencias en Educación de Cambridge http://www.educ.cam.ac.uk/neuroscience/index.html y el Centro de Transferencia para las Neurociencias y el Aprendizaje de Ulm http://www.znl-ulm.de en Europa desarrollan programas similares. Algunos hitos de la historia reciente de la neuroeducación merecen citarse. En 1988 la American Educational Research Association AERA creó el grupo SIG The Brain, Neurosciences and Education http://www.tc.umn.edu/~athe0007/BNEsig/ para promover estos estudios. En 2004 se fundó en los Estados Unidos IMBES, The International Mind, Brain and Education Society www.imbes.org cuya primera escuela de verano sobre”El cerebro educado” tuvo lugar en el Centro Ettore Majorana de Cultura Científica de Erice, Italia, en 2000. Esta misma sociedad publica la revista Mind, Brain and Education que se propone la difusión sistemática de estos temas. Podemos mencionar además las conferencias sobre Mind, Brain and Education (Pontifical Academy of Sciences, 2003), Building Usable Knowledge in Mind, Brain and Education (Harvard, 2004), Brain-Science and Education (Center for Research on Brain-Science and Society, Japón, 2005), Sciences cognitives et éducation, (Académie des Sciences /OECD/CERI, París, 2006). La lista de proyectos, conferencias y publicaciones se extiende aceleradamente. El programa CERI de la OECD Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico http://w3.cnice.mec.es/oecd/department/cerebro.html ofrece un panorama actualizado de los proyectos de neuroeducación en marcha en el mundo.


La característica común de todos estos proyectos neuroeducativos es el trabajo en equipo, internacional e interdisciplinario. Una increíble variedad de disciplinas y conocimientos, de personalidades y motivaciones se entrelazan y fecundan en una tarea educativa que pocos pudieron imaginar hace apenas una década. Pero tal vez lo decisivo haya sido que los educadores y los investigadores han comenzado a conocerse mejor, a trabajar juntos, a enriquecerse mutuamente. Las alianzas más variadas se construyen por encima de las fronteras tradicionales y se van extendiendo a culturas diferentes de manera sistemática. Esto es importante pues la educación es a su vez semilla y fruto de la cultura. La novedad es que hoy podemos estudiar cómo se incorpora la cultura en el cerebro (Paulesu et al, 2000). La exploración de este campo apasionante apenas ha comenzado pero ya promete resultados que transformarán muchas ideas y prácticas educativas.

Enlaces externos[editar]

- Neurolab Marín · Argentina


- Neurociencias y Educación - Asociación Educar

- Proyecto Neurosicoeducación en el Aula



Referencias[editar]

Battro A.M. (2000) Half a brain is enough. The story of Nico. Cambridge: Cambridge University Press.

Bruer, J.T. (1997). Education and the brain: a bridge too far. Educational Researcher. 2-26(8): 1-13.

Bruer, J.T. (2002) Avoiding the pediatrician's error: how neuroscientists can help educators (and themselves). Nature Neuroscience, Nov 5, Suppl:1031-3.

Butterworth, B. (1999). The mathematical brain. London: Macmillan.

Dehaene, S. (1997). The number sense: How the mind creates mathematics. Oxford: Oxford University Press.

Fischer, K.W., Holmes Bernstein, J. & Immordino-Yang, M.E. (Eds.) (2006). Mind, brain and education in reading disorders. Cambridge: Cambridge University Press.

Fugelsang, J., Dunbar, K. (2005). Brain based mechanisms underlying complex causal thinking.. Neuropsychologia, 43, 8, 1204-1213

Illis, J. (Ed.). (2005). Neuroethics in the 21st century. Defining the issue in theory, practice and policy. Oxford: Oxford University Press.

Koizumi, H. (2005). Brain-Science & Education” programs at the Japan Science and Technology Agency (JST). In Brain, science and education. Saitama: Japan Science and Technology Agency.

Marcus, S.J. (Ed.) (2002). Neuroethics: Mapping the field. New York: Dana Press. [1]

Paulesu, E., McCrory, E, Fazio, F., Menoncello, L., Brunswick, N., Cappa, S.F, Cotelli, M,, Cosu, F., Corte, F., Lorusso, M., Pesenti, S., Gallaher, A., Perani, D, Price, C., Frith C.D., Frith, U. (2000). A cultural effect on brain function. Nature Neuroscience. 3, 91-96.

Sheridan, K., Zinchenko, E., Gardner, H. (2005) Neuroethics in education. In J. Illis (Ed.) Neuroethics in the 21st century. Defining the issue in theory, practice and policy. Oxford: Oxford University Press.

Strauss, S. (2005). Teaching as a natural cognitive ability: Implications for classroom practice and teacher education. In D. Pillemer and S. White (Eds.), Developmental psychology and social change. Cambridge: Cambridge University Press.