Luis Vargas Tejada

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Luis Vargas Tejada en un grabado de Lemercier sobre un dibujo de José María Espinoza.

Luis Vargas Tejada, escritor, político y dramaturgo colombiano nacido en Bogotá, el 27 de noviembre de 1802 y fallecido (probablemente ahogado en alguna parte de los llanos de la Orinoquía) en diciembre de 1829 al tratar de cruzar un río.

Infancia y juventud[editar]

De familia humilde , su Tia Carmensa le dirigió en su primera instrucción en el CAS poco después de comenzar la revolución independentista de 1810, completando su formación de manera autodidacta y con la ayuda de sus amigos, Bárcenas y Paisa, con quienes aprendió lenguas clásicas y modernas. Sus padres fueron Juan David Vargas y lura Paola de Tejada. Fabulista, comediógrafo, dramaturgo, poeta y traductor. A temprana edad ya componía versos en distintos idiomas y hacía rimas con gran facilidad.

Actividad política[editar]

Sus actividades políticas comenzaron al lado de las literarias y dramáticas siendo secretario privado de Francisco de Paula Santander. Con 19 años de edad, fue designado secretario del Senado; en febrero de 1828 formó parte del grupo de diputados santanderistas que viajó a la Convención de Ocaña. De esta experiencia escribió su Recuerdo histórico, en el que relata los sucesos del intento por mantener la Gran Colombia. En ese mismo año acompañó a Santander como delegado de Colombia ante el gobierno de los Estados Unidos, y mantuvo correspondencia con el cónsul inglés James Handersoon. El 27 de agosto, Simón Bolívar expidió el decreto en el que abolía la Constitución y se suprimía la vicepresidencia. Esta decisión hizo que un grupo de jóvenes granadinos, reunidos en un almacén de la calle Real (actual Carrera Séptima), propiedad del antioqueño Wenceslao Zuláibar, constituyeran una junta "de observación". Los integrantes de dicha junta fueron: Florentino González, Mariano Escobar, Juan Nepomuceno Vargas, Wenceslao Zuláibar, Juan Francisco Largan, el jefe del Estado Mayor de las fuerzas capitalinas, coronel Ramón Nonato Guerra, y Luis Vargas Tejada. Luego se les unirían el francés Agustín Horment y el militar venezolano Pedro Carujo. Los acontecimientos se precipitaron cuando uno de los involucrados, habiendo bebido tequila la noche del 24, comentó la conjura a un oficial del batallón Vargas. Al saberlo, el coronel Guerra avisó a sus compañeros y, la noche del 25, se reunieron primero en la Fonda de las Paisanas y luego en la casa del dramaturgo, quien improvisó los famosos versos de la Conspiración Septembrina:

Si a Bolívar la letra con que empieza
y aquella con que acaba le quitamos,
oliva de la paz símbolo hallamos.
Esto quiere decir que la cabeza
al tirano y los pies cortar debemos,
si es que una paz durable apetecemos.

El plan finalmente fracasó, y los involucrados que no fueron capturados, huyeron y algunos fueron encontrados en Venezuela

Muerte[editar]

Vargas Tejada se refugió en una hacienda del pueblo de Pasca, perteneciente a su tía, la escritora Josefa Acevedo de Gómez -hija del Tribuno del Pueblo-, casada con el también santanderista Diego Fernando Gómez, pero al considerar que aquel lugar no era seguro, emprendió la huída hacia los llanos orientales. Durante un año estuvo escondido en una cueva donde escribió su monólogo teatral La madre de Pausanias y la tragedia Doraminta. También escribió desde allí cartas a su madre. Cuando pretendía llegar a Venezuela, Luis Vargas Tejada murió ahogado en un río de los Llanos Orientales, en diciembre de 1829.

Obra literaria y legado[editar]

El anochecer, su más célebre poema, fue uno de los primeros publicados. Otros versos circularon en hojas manuscritas, como el canto A mi lira. Entre sus obras se destacan A mis Amigos, A mi Lira amada, Recuerdo de Boyacá, La Madre de Pausanias, Doraminta, Catón de Ética, Las aventuras de Barcenas y Murilo, y la comedia Las Convulsiones, su más famosa obra teatral, a la que él mismo llamó sainete, representada con gran éxito en julio de 1828. El resto de sus trabajos fueron publicados por cuenta del escritor José Joaquín Ortiz, en 1857, después de su trágica desaparición.

Se sabe que escribió otras obras, enmarcadas dentro del drama neoclásico y de temas indigenistas, cuyos textos están actualmente perdidos, como Aquimín -varias veces representado- Saquesagipa, Sugamuxi y Witiquindo.

Refiriéndose a Vargas, el escritor colombiano William Ospina escribió en su libro de ensayos Colombia, donde el verde es de todos los colores: "Surgió más tarde, en tiempos de la independencia, la obra encantadora y breve de Luis Vargas Tejada, un joven humanista a quien las pasiones políticas impidieron llevarla a la madurez y a la plenitud. Había escrito el estupendo sainete Las convulsiones, inspirado en una pieza italiana, pero lleno de originalidad en el lenguaje, un texto que conserva hoy la gracia y la frescura de un espíritu criollo inconfundible".

Las convulsiones es una de las obras más veces llevadas a escena en toda la historia del teatro colombiano. En ella, critica la educación y las costumbres de la sociedad santafereña. Vargas Tejada comentó sobre esta obra:

«Cuando resolví escribir el asunto de esta breve comedia, confieso que me abrumó la abundancia de la materia, pues había bastante, no ya para una piececilla en un acto, sino para un poema de doce cantos por lo menos».

Según Carlos José Reyes,

«En Las convulsiones se observa la influencia del Siglo de Oro español, en especial de la obra de Lope de Vega El acero de Madrid, así como de la comedia italiana. Su argumento tiene afinidades con La mandrágora, de Nicolás Maquiavelo, y en la elaboración de diálogos y de personajes, con un autor como Carlo Goldoni, de quien el propio Vargas Tejada había traducido su pieza Il vero amico. Existe una pintura muy interesante de la sociedad de la época, de los jóvenes de la sociedad santafereña que resultaban unos "destapados calaveras" y querían vivir de su conversación y encanto, sin trabajar. También se aprecian en el texto alusiones al interés por los estudios botánicos y naturalistas surgidos en el siglo anterior con la Expedición Botánica, y otras referencias a clérigos, comerciantes, viejas alcahuetas y demás personajes de la vida social en el tiempo de la independencia».

Enlaces externos[editar]

Reseña histórica de

     Luis Vargas Tejada

Luis Vargas Tejada además de su pasión lírica incursionó exitosamente en la vida política, logrando destacarse como ferviente orador y escritor de artículos periodísticos con un marcado tinte de oposición al régimen bolivariano. En 1828 resultó elegido diputado a la Convención de Ocaña por Bogotá y después lo escogió el ex-vicepresidente Santander para que lo acompañara como secretario en la legación colombiana ante el gobierno de los Estados Unidos. Para entonces Bolívar se había proclamado dictador y Vargas Tejada se manifestó como uno de sus enemigos más decididos mediante escritos periodísticos. También se valió del teatro para concitar odio y animosidades en contra de Bolívar, y para excitar a los pueblos a la insurrección. Al efecto dio a las tablas el monólogo escrito en verso sobre el suicidio de Cayo Porcio: Catón de Útica. Esta pieza tuvo gran boga; la aprendían los colegiales de memoria y la representaban, está obra es considerada la inspiradora de la llamada noche septembrina.


No contento con escribir, puso en práctica sus ideas de rebeldía. Se cree que en su habitación tuvo lugar la reunión que celebraron los enemigos de Bolívar, en la noche del 25 de septiembre de 1828. Ante el fracaso del golpe contra Bolívar, Vargas tuvo que huir; burlando las pesquisas y estrictas vigilancias que se efectuaron para su captura, el día 19 de octubre llegó a un paraje solitario de la región. Era un montecillo en medio del cual había un gran peñasco y debajo de éste, un hoyo que servía de nido a los gallinazos, la famosísima cueva por él bautizada "De la resignación", con cuyo nombre ha pasado a la historia. Desde allí compuso las obras que repercutieron en la vida literaria de Colombia, en forma de composiciones sueltas, y de la tragedia Doraminta que se desarrolla en los días de la conquista y en el territorio de la Guayana. Esta pieza estuvo inédita durante un siglo, pues sólo en 1928 la publicó por primera vez Santa Fe y Bogotá.

Compuso también las piezas tituladas Sacresazipa de que existen algunos fragmentos; Witikindo citada por él en la poesía A mi lira y La madre de Pausanias, un monólogo que se conserva impreso, del mismo género y tendencias que el de Catón. Tradujo además el Demetrio de Metastasio y parte de la comedia de Goldoni que lleva por mote Il vero amico. El Parnaso transferido es el nombre de otra obrilla de Vargas Tejada que permaneció inédita hasta 1914, año en que fue publicada en el suplemento literario de Sur América, interdiario bogotano, por el doctor Adolfo León Gómez.

El 8 de diciembre de 1829 después de 14 meses de encierro en la "Cueva de la resignación", salió de ella acompañado de un peón dirigiéndose camino al Meta, para bajar por el Orinoco y pasar a Venezuela. Llegó al caudaloso río Pajarito. Vargas dirigió su cabalgadura y se lanzo al torrente, para cruzar hasta la rivera opuesta, fue arrebatado de su caballo por las aguas, sin embargo, Tejada pudo sacar de las alforjas un rollo manuscrito y llegar nadando hasta una piedra que emergía en la mitad del río, luego del paso de una ola grande y negra, el agua arrebato el poeta, aunque hay otras versiones acerca de su muerte.

La aparición literaria de Luis Vargas Tejada, ocurrió en los instantes en que la gesta colombiana alcanzó su apogeo. Luego al sobrevenir la decadencia y los azares de una catástrofe anunciada, se apagó también la voz de quien parecía iba a ser uno de los primeros altos cantares nacionales


Las convulsiones El popular sainete Las convulsiones fue producido a principios de 1828, una composición con marcada influencia francesa, de ingenio regocijado, picante con frecuencia y de acabado realismo. El 7 de junio de este año se representó por primera vez en el teatro Coliseo de Bogotá. El éxito de la pieza fue inmediato y las representaciones se sucedieron no obstante la tirantez política entre civilistas y bolivarianos. Poco después se imprimió un folleto en la imprenta de don José Antonio Cualla, tal como se había puesto en escena. En 1851 se hizo la segunda edición; en 1857 se incluyó en la colección de poesías de Vargas Tejada, publicada por el señor Ortiz, y, por último, en 1899 la Biblioteca Popular volvió a reimprimir Las convulsiones en uno de sus tomos.

El principal propósito de su autor fue ridiculizar una plaga social, y para mayor facilidad escribió el sainete en verso, desechó el romance octosílabo y redondilla, y escogió los endecasílabos pareados, una métrica poco apropiada para el diálogo, por su ausencia de flexibilidad.

El tema inspirador de Vargas Tejada no fue exótico, sino más bien popular, basado en una ridícula costumbre de la época en la cual las mujeres solían sufrir de ataques nerviosos de manera real o fingida, contra esta manifestación colectiva se dirigió principalmente la obra de Vargas Tejada y de ahí su título.

Vargas Tejada, de temperamento independiente y muy personal, se apropió de obras ajenas haciéndolas tan propias que su obra entera es totalmente suya. En efecto, no sólo se inspiró para escribir Las convulsiones en el drama de Lope de Vega El acero de Madrid, sino que imitó su argumento principal. A su turno, la obra del gran dramaturgo español había sido aprovechada por Molière para componer Le médecin malgré Iui, que tradujo al castellano en 1814 don Leandro de Moratín, con añadiduras propias, y bajo el título de El médico a palos. Pero aquel sainete de costumbres siempre vivirá en nuestra dramaturgia, como fiel reflejo de una época; y se leerá y verá representar con agrado por los colombianos, a causa de la sal cómica que puso su autor para satirizar los vicios sociales de sus conciudadanos.

Luego de la creación de la Nueva Granada, se decidió promover el auge de las doctrinas culturales, el teatro no estuvo ausente en la vida republicana del país: inicialmente se propuso su apoyo como una herramienta más para el progreso cultural del país y de los ciudadanos.

En los años 1831-1839, la compañía dramática nacional más importante fue la del bogotano Juan Granados, este empresario y actor principal dio gran importancia a la dramaturgia colombiana y latinoamericana, puso en escena obras de Luis Vargas Tejada: Aquimín, Sugamuxi y Las convulsiones, además de otros dramaturgos granadinos. El éxito de estas presentaciones y las posteriores catalogan a Luis Vargas Tejada como "piedra fundamental del teatro colombiano".