Limbo (teología)

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Cristo en el limbo.

En la teología católica, el limbo es el estado o el lugar temporal de las almas de los buenos creyentes que han muerto antes de la resurrección de Jesús (limbo de los patriarcas), y el estado o lugar permanente de los no bautizados que mueren a corta edad sin haber cometido ningún pecado personal, pero sin haberse visto librados del pecado original y que sólo a través del bautismo, en cualquiera de sus formas, puede ser perdonada la culpa que lo acompaña (limbo de los niños). Teóricamente, al menos según algunas interpretaciones, y a pesar de su nombre, también irían a éste aquellos adultos que, no habiendo cometido pecado personal alguno, no hubieran tenido la oportunidad de conocer la doctrina cristiana ni ser bautizados; aunque el estado de concupiscencia provocado por el pecado original haría muy remota la posibilidad de que un caso así haya llegado a darse.

Posicion doctrinal dentro del Cristianismo[editar]

El significado de «limbo» es "borde" u "orla", y penetró en el lenguaje cuando se quiso indicar que los niños muertos sin pecados personales van a residir en la región fronteriza del infierno, en una especie de nivel superior, adonde no les alcanzaría el fuego. Aunque popularmente se entiende como un sitio «al que las almas van», desde el punto de vista teológico el concepto nunca estuvo completamente definido; era lo que en teología se conoce como teologúmeno.

A falta de datos escriturísticos en la Biblia acerca del tema, es necesario recurrir al pensamiento de los Padres de la Iglesia para comprender la posicion en la en que la iglesia cristiana primitiva acerca del tema, algunos de ellos como San Gregorio Nacianceno (PG 36,385-390), y San Agustín de Hipona (PL 40,275) consideraban el limbo como una respuesta «piadosa» para evitar a estos inocentes las penas del infierno. En general dichos Padres y teólogos han afirmado la existencia del limbo como lugar y estado de aquellos que habiendo muerto antes de llegar al uso de razón y sin bautismo, y por tanto con pecado original pero sólo con él, son privados de la visión de Dios, que es don gratuito y personal, aunque no sean castigados con penas aflictivas, sino que pueden gozar de una felicidad natural.

Sin embargo desde el Magisterio de la Iglesia Católica no se ha expedido nunca alguna base doctrinaria oficial sobre esta cuestión, aunque tenemos un par de datos explicados con relación al mismo por parte del papa Juan Pablo II:

El primero se refiere a los que mueren en razón del aborto; de ellos dice el Papa escribiendo a las madres que han realizado el aborto: “Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor.” (Evangelium vitae, 99)

El segundo está en el Catecismo de la Iglesia: “En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1261).

Si bien esta creencia fue ampliamente difundida en el mundo católico, La idea del limbo para los niños llegó a convertirse en una "doctrina" católica común, enseñada como tal a los fieles hasta mediado el siglo XX, en realidad la misma nunca fue declarado dogma de fe por la Iglesia (como sí lo fue el Purgatorio), esto porque de acuerdo con varios teologos y eruditos esta creencia había sido elaborada durante siglos a partir de una serie de verdades fundamentales de la fe católica, pero con conclusiones que no parecían suficientemente claras dentro de la Revelacion cristiana ni en la Tradicion Apostolica desde los primeros siglos como tal. [1]

En los años 2005 y 2006 el tema fue discutido por la Comisión Teológica Internacional en dos reuniones generales, del cual se constituyo el documento sobre sus consideraciones titulado “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo”. Posteriormente, el Cardenal William Levada, presidente de la Comisión, con el “consentimiento” del Papa Benedicto XVI aprobó la publicación del texto, en el mismo se aclara que dicha misiva no puede ser considerada en todas sus partes como un acto del magisterio catolico, sin embargo este ofrece continuas referencias a textos de la Escritura, de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, proclamandose lo siguiente a travez del Papa: “No siendo la existencia del Limbo una verdad dogmática, si es una hipótesis teológica, y por tanto, no quita la esperanza de encontrar una solución que permita creer, como verdad definitiva la salvación de los niños que mueren sin haber sido bautizados” indicandose con ello escencialmente que el destino de las almas de cualquier persona que no haya recibido el sacramento del bautismo ya sean infantes o adultos que no hubiesen cometido pecado venial queda sujeto "a la misericordia de Dios".[2]

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Enrique Denzinger: El magisterio de la Iglesia. Barcelona: Herder, 31.ª edición, 3.ª reimpresión, 1963.

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]