Libros sapienciales

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El Salmo 130, ejemplo de literatura sapiencial (Les Très Riches Heures du duc de Berry, f62v, Musée Condé, Chantilly, Francia).

Se llama Libros sapienciales o poéticos (en hebreo, junto con otros libros, כתובים, Ketuvim, "Escritos") a un grupo de libros bíblicos del Antiguo Testamento, atribuidos tradicionalmente a grandes autores de la historia literaria de Israel. Los Libros Sapienciales de la Biblia se ubican entre los Libros Históricos y los Profetas y son: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría y Eclesiástico.

Los Libros Sapienciales[editar]

Aparecen los Libros Sapienciales como un género novedoso luego de los grandes Libros Históricos. Se trata de una nueva forma de elaborar las enseñanzas con una estética muy desarrollada y un estilo particular; es por ello que la mejor manera de definirlos sería diciendo que se trata de poemas didácticos o de enseñanzas poéticas.

La literatura sapiencial aparece en Israel después de la desaparición de los Profetas, esto es, tras el exilio en Babilonia. Es correcto, por tanto, definir al género sapiencial como una clase de literatura típicamente postexílica.

Son el fruto de nuevas necesidades que los cambios políticos y las circunstancias religiosas crearon en los escritores judíos y puede dividírselos, según sus contenidos, en libros didácticos o poéticos.

El género sapiencial[editar]

El rey David, a quien la tradición indica como autor de los Salmos.

Fue introducido en Israel por el rey Salomón, pero se ha demostrado que ya existía desde mucho tiempo antes en todo el Oriente antiguo, sobre todo a partir de la época sumeria con proverbios, fábulas o poemas sobre el sufrimiento, del tipo del Libro de Job y, especialmente en el Antiguo Egipto, donde floreció como género literario durante el [[Imperio Medio d[Sebayt]] (literalmente, enseñanzas o instrucciones) y llegó a ser canónica durante el Imperio Nuevo. Dentro de esta literatura sapiencial destacan obras como las Máximas de Ptahhotep, las Instrucciones de Amenemhat, las Instrucciones de Kagemni o las Enseñanzas para los leales.

La literatura sapiencial nació bajo la forma de refranes o proverbios de raíz popular que contenían una alta estilización estética y una clara enseñanza teológica; el proverbio se convirtió muy pronto en una sentencia altamente elaborada, cuidadosamente estructurada basada en metáforas y comparaciones. Por lo tanto, se trata de textos donde los géneros literarios populares, los escritos técnicos de la doctrina y el hermoso interés poético se encuentran inextricablemente entrelazados totalmente.

Cuando Salomón llevó el género a su país, fundó de inmediato escuelas de escribas capaces de utilizarlo y perfeccionarlo. Los escribas posteriores al exilio lograron el objetivo propuesto por el antiguo rey, y sus escritos se complementan perfectamente con los Libros Proféticos en lugar de antagonizarlos.

A partir de 722 a. C., los escribas comenzaron a trabajar en el importante proyecto de transcribir y preservar los antiguos textos hebreos. Esta tarea continuó durante toda la historia judía. Sin embargo, se considera habitualmente que el origen de los Libros Sapienciales descansa en la tradición oral de las ciudades semita, dato de difícil comprobación.

Época de esplendor[editar]

Para Israel, el apogeo de la literatura sapiencial comienza con el período persa, a partir de la libertad que les otorga a los cautivos de Babilonia el rey Ciro (538 a. C.). Esta difusión de los autores y libros sapienciales continúa hasta el período alejandrino, al que pertenece el libro de la Sabiduría.

Los sabios[editar]

Satanás enfermando a Job (cuadro de William Blake, Galería Tate, Londres).

Los "sabios" son la clase de hombres que en la literatura sapiencial han reemplazado a los profetas, que ya habían desaparecido. Probablemente miembros de la casta sacerdotal hebrea, son los encargados de enseñar el camino a seguir y de convertirse en maestros de la conducta y la moral. Ellos son los autores y los protagonistas de los Libros Sapienciales, y el espectro de sus intereses es amplísimo: desde las grandes cuestiones morales como en Job o las preguntas acerca del sentido de la existencia (el Eclesiastés) hasta los grandes cantos de alabanza a Dios, pasando por los clamores eróticos. Como se ve, nada les es ajeno.

Los sabios son humanistas y moralistas, y más de una vez atraviesan las fronteras de Israel para tratar problemas que afectan a todos los hombres y no sólo a los judíos.

Podía encontrarse a los sabios entre los funcionarios de la corte real y los empleados o sacerdotes de los templos, y su labor profesional consistía en interpretar las Escrituras. De este modo se fue creando una casta de profesionales que pronto pasaron a comportarse como conductores de masas, es decir, a manera de maestros de religión que enseñaban al pueblo y le decían cómo comportarse.

Encuadrados totalmente en la mentalidad moral semita, los sabios enseñaban la verdad a la manera judía: desde un punto de vista práctico, muy concreto, transmitiendo conocimientos que el alumno podía aplicar en forma inmediata. Incluso a menudo los sabios de los Libros Sapienciales prescinden totalmente de la moral y pasan a la sabiduría de la vida: aquella que cualquiera puede aprender por el solo hecho de haber vivido lo suficiente y acumulado una gran cantidad de experiencias comunes. Así, en el libro sapiencial es "sabio" el cirujano experto, el orfebre hábil, el poeta versado, el profeta esclarecido y el soldado bien entrenado. Como es lógico en estos casos, la sabiduría se transmite dentro de la familia: el soldado, el cirujano y el comerciante pasan a sus hijos los conocimientos necesarios para que se hagan "sabios" en el mismo sentido en que lo son sus padres.

Terminados los tiempos de la monarquía, los sabios no desaparecen pero sí comienzan a declinar como lo hicieron antes los profetas. Llegado este punto, ya no se los elige y prepara de entre los funcionarios de la corona sino de los mejores estudiantes de las escuelas de escribas creadas por Salomón, de entre los mejores investigadores y doctores de las escrituras y entre los que ofrecen sus conocimientos en la "casa de la Sabiduría" (el lugar donde se enseña la Torá).

Al ser tan distinto el ambiente que los ha producido, es también muy distinto el carácter de los escritos que han llegado hasta nosotros. No parece importarles el culto y están despreocupados por los sufrimientos del Pueblo del Pacto. Tan notable es esta característica, que el propio profeta Jeremías parece mirarlos con desprecio (cf. Jr 8, 9).

Pero a partir del destierro los sabios se unen con las otras dos grandes corrientes del pensamiento judío: los profetas y los sacerdotes. De esta unión política, religiosa, moral, estilística, intelectual y literaria nacerán los hombres que el Nuevo Testamento llama "doctores de la ley".

La "sabiduría"[editar]

Los proverbios, sentencias, fábulas, cantares y poemas de índole moral florecieron desde la antigüedad en el Oriente semita, desde Egipto hasta Babilonia, pasando por Persia y Asia Menor. El idioma arameo ha sido particularmente afecto a ellas, contando desde "La Sabiduría de Ahihar", traducido a multitud de lenguas antiguas.

La Sabiduría raras veces se ha preocupado de la religión, porque procura desentrañar los asuntos del destino y el comportamiento humano prescindiendo de la filosofía y la teología, circunscribiéndose al ámbito de la experiencia común a la mayoría de los individuos. En ese sentido, la Sabiduría antigua es similar al Humanismo del Renacimiento.

Por supuesto que para el judaísmo, la Sabiduría no es más que un rostro de la Palabra de Dios. Es Sabiduría, pero inspirada.

Los Libros Sapienciales, por lo común, no se inmiscuyen con los grandes temas usuales en el Antiguo Testamento: no buscan la expiación de las culpas, no tratan de la relación entre el hombre y la divinidad, sino que intentan enseñar algo más terrenal pero también muy importante: que la rectitud de conducta en la vida diaria es esencial porque ella también proviene de Dios. Son ejemplo de esto, las escenas cotidianas narradas en el libro de Tobías quien, con remedios caseros, vence a los demonios.

Es el paso previo a la venida del Mesías: así como la Sabiduría superficial se convirtió en Sabiduría inspirada, con la llegada de Cristo pasará a ser Sabiduría encarnada.

Recursos literarios[editar]

Los autores de los Libros Sapienciales utilizan distintos y muy bien identificados recursos literarios para alcanzar sus objetivos poéticos y didácticos. Los que mejor se pueden individuar son:

  • La sentencia: consiste en un proverbio que lleva consigo una observación o exhortación, por ejemplo en Prov 22, 19 y 22,26.
  • El enigma: de una manera interesante e intrigante, se enseña una verdad moral (cf. Dn 5, 12).
  • La parábola: como en 2Sm 12, 1-4.
  • La alegoría: serie de metáforas en la que cada una muestra una situación distinta (cf. Eclo 11, 9-12). Así, hay unas excelentes alegorías que personifican a la Sabiduría en Prov. 8, en Eclo 24 y en Sb 6-10.

Recursos feoticos[editar]

En general, se llaman "poéticos" a los libros de Job, Salmos y Proverbios, pero los cristianos incluyen en este grupo a los otros Libros Sapienciales. Si bien Proverbios, Eclesiástico y Sabiduría están escritos en verso, el Cantar de los Cantares y el Eclesiástico llevan una forma más libre, que hoy llamaríamos "prosa poética".

Como en toda la poesía hebrea, la herramienta retórica principal es el paralelismo. Cada verso se compone de dos partes (llamadas "esticos"), donde la segunda repite los conceptos de la primera pero con otras palabras (cf. Sal 114, 1-2; 36, 1; 60, 2). También el segundo estico puede aclarar lo que dice el primero mediante un choque que hace que el lector preste atención: Prov 10, 1; Sal. 19, 8 y 31, 10.

No se trata de una cuestión de ritmo como en la poesía occidental, sino de un encadenamiento de ideas que hace progresar el discurso todo el tiempo. Ejemplos notables de lo expuesto son Sal. 95, 1 y 134, 16. En el segundo miembro se encuentra la misma idea pero más avanzada y desarrollada que en el primero. En otros casos, el segundo miembro introduce una idea nueva (Sal 3, 5).

Otra técnica muy utilizada es hacer al segundo estico repetir una parte del primero, cubriendo el resto con otras palabras de significado similar pero más amplio, o elementos nuevos e independientes, como sucede en Sal 114, 5 y 136, 21-22. Se trata de un proceso que parece lento pero es de un progreso inexorable, como lo demuestra el Salmo 29. El paralelismo es un recurso muy efectivo, porque siempre un estico completa, profundiza o ilustra al otro.

La discusión técnica más importante trata acerca de determinar si la poesía hebrea antigua tenía en realidad un ritmo, y, en su caso, cuál era este. Los especialistas no se han puesto de acuerdo sobre el particular, porque es muy posible que los Libros Sapienciales contengan (en su original hebreo) una muy clara secuencia de ritmos conceptuales, que suplantan y reemplazan al ritmo verbal.

Canonicidad[editar]

La lista de los Ketuvim incluye: Salmos, Proverbios, Job, Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Lamentaciones, Daniel, Rut, Ester, Esdras-Nehemías y Crónicas (I y II). De estos, entre los cristianos, los libros de Lamentaciones y Daniel se clasifican entre los Libros Proféticos, y Rut, Ester, Esdras-Nehemías, y las dos Crónicas se clasifican como Libros Históricos, y los libros de Salmos, Proverbios, Job, Cantar de los Cantares y Eclesiastés se clasifican entre los Libros Sapienciales. A todos estos, (pero sin partes de Ester y Daniel que se encuentran solamente en la Septuaginta y en el canon Católico y Ortodoxo), se reconocen como canónicos e inspirados por los judíos y por todos los grupos cristianos. A estos Libros Sapienciales aceptados en común, la Septuaginta añade los libros de Sabiduría y Eclesiástico y entonces éstos dos son reconocidos por los Ortodoxos y los Católicos como canónicos e inspirados, llamándoles éstos últimos libros deuterocanónicos, mientras los Protestantes los llaman apócrifos.

Los libros[editar]

Los Salmos[editar]

Los Salmos son hijos directos de la tradición mesopotámica. Casi todos son de índole litúrgica: los hay en forma de súplica, lamentaciones, himnos, salmodias, etc. Su variedad es tal que componen un catálogo completo de las emociones hebreas y del modo en que ese pueblo afrontaba el sufrimiento y la esperanza.

Los Proverbios[editar]

Los Proverbios, puestos por escrito después del Exilio, son incuestionablemente refranes y frases perpetuadas por la tradición oral desde tiempo inmemorial. Consiste en una larga serie de sentencias, precedidas de un prólogo que consta de nueve capítulos y parece haber sido escrito por un profeta y no por un sabio. El autor se ha inspirado en el Deuteronomio, en Jeremías y en el segundo Isaías. Toda la pieza representa una antología de frases antiguas y, gracias a haber sido puesta por escrito en tiempos de Ciro el Grande, ha logrado ingresar en la tradición judeocristiana.

El Eclesiastés[editar]

El Eclesiastés se pregunta (y responde) acerca de la pregunta trascendental de la filosofía y la teología, a saber: ¿cuál es el sentido de la vida? Más aún: se preocupa por contabilizar los bienes y males de esta vida y, suponiendo que no exista una vida eterna, introduce la perturbadora cuestión que ha desvelado al hombre de todos los tiempos: ¿vale la pena vivirla?

El Cantar de los Cantares[editar]

El Cantar de los Cantares es, en apariencia, una colección de cánticos de amor conyugal. Por debajo de esta primera impresión, se percibe la alegoría: el judío canta su amor a Dios, porque Yahveh es el esposo de Israel a través del matrimonio representado por el Pacto.

El libro de Sabiduría[editar]

Una parte importante de este libro consiste en una larga meditación sobre el pasado sagrado del pueblo judío: Sab. 10:19.

El escritor bíblico pretende alertar al pueblo alejandrino acerca de los peligros de la impiedad y de la idolatría, volviendo a llevarlo al redil de la verdadera fe.

Cronológicamente, se trata del más reciente de todos los libros del Antiguo Testamento.

El Eclesiástico[editar]

Se trata de otra antología de pensamientos de transmisión oral, pero no tan clara y precisa como los Proverbios. Posiblemente por adiciones, sustracciones, cambios y correcciones posteriores, el Eclesiástico se encuentra sumamente desordenado, lo que lo hace parecerse a las obras poéticas egipcias, con las que según algunos está emparentado.

Son notables la veneración que este libro profesa por los sacerdotes, el entusiasmo que muestra por el culto religioso y la identificación que llega a hacer, diciendo que la Ley y la Sabiduría son la misma cosa (Ecli. 24:23-34).

Ciertas partes de este libro trascienden la mera intención didáctica para adentrarse de lleno en la narración histórica: Ecli. 36:1-19 ("Oración de liberación") y 44:50 ("Elogio de los padres"). A partir de aquí, el libro medita sobre el pasado religioso de israel.

Referencias[editar]

  • Morla Asensio, Víctor. Libros Sapienciales y otros escritos. Verbo Divino, Madrid, 1980. ISBN 84-7151-907-0.
  • Tabet, Miguel Ángel (2007). Libros Poéticos y Sapienciales. Ediciones Palabra. ISBN 978-84-9840-092-2. 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]


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