Juan Soldado

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Para el telefilme español ver Juan Soldado (telefilme)

Imagen venerada de origen desconocido.

Juan Soldado es el nombre con el que se conoce a un militar mexicano, que se cree se llamaba en realidad Juan Castillo Morales. El soldado raso del ejército fue ejecutado en Tijuana, Baja California, el 17 de febrero de 1938 tras la violación y asesinato de la niña Olga Camacho Martínez. Se le venera en la región noroccidental de México y sudoeste de los Estados Unidos como un supuesto santo. Aquellos que creen en sus milagros dicen que fue acusado falsamente y que a través de su intercesión espititual, pueden conseguir ayuda en problemas de salud, familiares o facilitar el cruce fronterizo a los inmigrantes indocumentados. Es por ello por lo que se le considera el santo patrón de los indocumentados mexicanos. La imagen que se venera de él es considerada como falsa.

Juan Soldado la primera víctima urbana de Tijuana[editar]

Poco se sabe de la causa del cierre de empresas, que era la principal fuente de ingresos y dejó sin medio de subsistencia a cientos o miles de tijuanenses. Los más perjudicados fueron quienes laboraban en los negocios clausurados.

Los trabajadores que de la noche a la mañana se quedaron sin empleo exigieron a sus empleadores una justa indemnización. Al serles negada, obtuvieron del gobierno federal la concesión para explotar los casinos como centro turístico. Sin embargo a espaldas del presidente mexicano los trabajadores del casino, en contubernio con políticos locales y el Secretario de Gobernación, se tomaron la libertad de reinstalar los juegos de apuesta. Al enterarse el general Cárdenas de que los juegos de azar estaban nuevamente funcionando, canceló el permiso que había extendido a los trabajadores para explotar el lugar como centro turístico y expropió el casino de Agua Caliente para convertirlo en centro escolar. El decreto fue expedido en diciembre de 1937.

La expropiación irritó a los líderes sindicales que organizaron un movimiento de protesta contra la expropiación, a su movimiento lo llamaron "huelga de los sentados" y tomaron la presidencia municipal. Los líderes sindicales querían revertir la expropiación a la fuerza, y que se les permitiera operar nuevamente el casino. En ese clima de agitación ocurrió la muerte de la niña Olga Camacho Martínez, hija de uno de los líderes del movimiento.

Es necesario narrar lo anterior porque algunas personas entrelazan dos acontecimientos distintos que concuerdan en lugar y fecha.

Algunos periodistas de habla inglesa que han investigado el suceso han publicado que la muerte de Juan Castillo Morales (a) Juan Soldado se debió a la presión que los líderes del movimiento llamado "huelga de los sentados" ejercieron sobre la autoridad para aclarar el crimen y que el gobierno para calmar los ánimos aplicó la ley fuga a un inocente. La historia es otra.

En la tarde-noche del 13 de febrero de 1938, desapareció frente a su casa la menor de ocho años Olga Camacho Martínez. En ese tiempo la ciudad de Tijuana sólo tenía 19,000 habitantes, por lo que todos los vecinos se conocían. Al día siguiente, la pequeña ciudad era un caos, todos los vecinos estaban buscando la niña y hacia las diez de la mañana unos niños encontraron el cuerpecito degollado y ultrajado de la menor.

Era tan pequeña la ciudad que fue fácil para la policía detener sospechosos, en el esclarecimiento del crimen contribuyó la ciudad de San Diego (California) enviando a su agente Ed Dieckmann, jefe de dactilografía del condado de San Diego. En cuanto Mr. Dieckmann vio la escena del crimen se dio cuenta que era un crimen fácil de resolver ya que el homicida había dejado huellas por doquier. Incluso había huellas del calzado del asesino que tenían una especial particularidad, la huella marcaba un diamante en el centro de la suela del zapato.

Confiesa el crimen[editar]

Foto de Juan Castillo Morales.

Entre los sospechosos estaba el soldado Juan Castillo Morales, conocido posteriormente como Juan Soldado, un soldado raso quien al ser encarado se desplomó, lloró y pidió perdón, confesó que había cometido el crimen bajo la influencia del alcohol y la marihuana. La mujer de Juan Castillo Morales relató al investigador que una semana antes había sorprendido a su amasio Castillo Morales en el intento de violar a una sobrina suya.

La noche en que desapareció la niña Olga Camacho, Juan Castillo Morales (a) Juan Soldado apareció en la casa de su amasia manchado de sangre, se quitó la ropa y le pidió que la lavara. Al revisar la ropa la policía encontró fibras de tela que correspondían con las encontradas en las uñitas de la niña asesinada.

De alguna manera toda esa información se filtró y los vecinos exigieron que se les entregara el soldado para lincharlo. Durante la revuelta fue incendiada la jefatura de policía y la oficina de gobierno de la ciudad. Se habla de que hubo más de cien detenidos que participaron en la turbamulta.

La policía local se deslindó de los hechos, bajo el argumento de que el asesino era un militar y el crimen estaba fuera de su jurisdicción, la justicia cambió de rango. Fue en el Comandante de la plaza militar, el general Contreras, en quien recayó el hacer justicia. Con las pruebas exhibidas por la policía local, por el jefe de la policía de San Diego (California) y por el personal del naciente FBI a cargo del agente William Menke, la justicia militar optó por hacer un juicio militar sumario al asesino Juan Castillo Morales (a) Juan Soldado, a la vista del grave crimen que cometió y la confesión que hizo sin ningún tipo de presión, fue encontrado culpable y sentenciado a muerte por el tribunal militar.

Le aplican la Ley Fuga[editar]

La tumba de Juan soldado.

La Ley Fuga fue un tipo de ejecución muy utilizado en México durante el periodo de la Revolución mexicana. Dicha ejecución consiste en juzgar y sentenciar a muerte en forma expedita al reo, llevarlo al lugar de su ejecución, liberarlo de las ataduras y vendas, y darle la oportunidad de huir, si las balas del pelotón de fusilamiento no lo alcanzan durante la huida es hombre libre. Las posibilidades de salir con vida son casi nulas.

En cumplimiento de dicha Ley, el reo fue trasladado la mañana del 17 de febrero de 1938 al panteón municipal conocido como Puerta Blanca (panteón municipal N.º 1) y le aplicaron la Ley Fuga. Eso ocurrió a la vista de los vecinos de la ciudad, que se congregaron en las partes altas del panteón para atestiguar la muerte de Juan Soldado.

Con el paso del tiempo, a algunos vecinos que presenciaron la ejecución les vino un sentimiento de culpa, y bastó que alguien afirmase que Juan Soldado era inocente y el verdadero culpable era un capitán del ejército para que el sentimiento de muchas personas cambiara.

Nace la leyenda[editar]

El doctor Alejandro F. Lugo Perales, ex presidente de la Sociedad de Historia de Tijuana dice que (...) "hay un antiguo rito moro en el que los agresores lanzan piedras a la tumba de la víctima pidiéndole perdón, eso fue lo que pasó con Juan Soldado, la gente comenzó a lanzar piedras a la tumba y no faltó quien dijera que éstas hacían milagros". Otra versión dice que algunos mirones recogieron las piedras ensangrentadas del lugar donde cayó y las colocaron alrededor de su tumba en un acto de arrepentimiento.

Actualmente en el viejo panteón de Puerta Blanca existen dos pequeñas capillas dedicadas a Juan Soldado, en la primera capilla es en la que se dice que está sepultado; en ambas le rinden culto personas que tienen problemas para ingresar en Estados Unidos o se dedican al tráfico de personas en la frontera. Ambas capillitas están repletas de exvotos y cartas de agradecimiento por supuestos favores y milagros recibidos.

Es necesario resaltar que la imagen que se venera en el panteón no corresponde con la fotografía que se conoce de él. En la imagen venerada aparece un militar a un lado de una mesa que sostiene un cristo crucificado, el mensaje subliminal es "lo mataron por ser creyente", nada más lejos de la realidad, la fotografía que se conoce de Juan Castillo Morales (se muestra arriba) nos muestra el rostro de un individuo distinto.

Entrevista a un tío de la niña Olga Camacho Martínez[editar]

En una entrevista que concedió en julio de 1991 José María Camacho, tío de la niña Olga Camacho a la periodista Aída Silva Hernández para un artículo que fue publicado en el semanario Zeta de Tijuana, declaró:

De rodillas van hasta su tumba ¿Cómo puede ser eso?. (...) La niña salió de su casa en la calle segunda y pasó por la guarnición (militar) de la plaza, no regresaba y no regresaba, así que comenzamos a buscarla por todos lados y nada.

Seguimos buscando, hasta que por fin la encontraron en el garaje de la guarnición. Estaba casi descuartizada. Violada, y la niña con cabellos de soldado en la mano; lógicamente había tratado de defenderse. Dimos aviso a la policía y todo, por entonces estaba el general Contreras de jefe de guarnición. Le achacaban el crimen a un capitán. Mentiras. Fue él, fue Juan Soldado, inclusive llegó a su casa todo sangrado y su esposa lo vio.

Se levantó el pueblo indignado por el asesinato. Todos se sublevó. Se quemó el Palacio de Gobierno y la Comandancia de Policía en protesta porque el general andaba indeciso. A Juan Soldado ya lo habían agarrado, pero no sabían si él tenía la culpa.

(...) Por cierto que en una ocasión me encontré al que trabajaba en la Comandancia de Policía - era cabo - y dijo: "Fíjate Chema, que este hombre (Juan Soldado) yo lo tuve en la comandancia y me confesó que él había sido. Que estimaba mucho a la niñita, sabiendo que vivía a media cuadra de la plaza. Me confesó todo. Que él la había matado y que por el efecto de la marihuana había hecho eso". Así que estaba drogado cuando mató a la niña. Después le achacaron el crimen a un Capitán, pero puras mentiras.

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En tanto la tumba de Juan Castillo Morales recibe a diario la visita de muchas personas creyentes en sus milagros y que van a orar y rogar por favores, la tumba de la niña Olga Camacho Martínez permanece en el olvido. Por ser el único panteón municipal disponible en esos días tanto la niña como su victimario fueron sepultados en el panteón municipal "número uno" conocido también como panteón de "puerta blanca", posteriormente la familia de la niña Olga cambió su restos al panteón municipal "número dos" en donde aún yacen y su tumba se conoce entre quienes conocen la historia de su muerte como la "tumba olvidada".

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]