Horacio Echevarrieta

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Horacio Echevarrieta Mauri
Horacio Echevarrieta Maruri.jpg
Nacimiento 15 de septiembre de 1870
Fallecimiento 20 de mayo de 1963
Baracaldo, País Vasco (España)
Ocupación Industrial
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Horacio Echevarrieta Mauri (1870 - 1963), fue un empresario, industrial y político español.

Horacio Echevarrieta destacó por su iniciativa emprendedora, que lo llevó a estar presente en muchas áreas de negocio, desde la explotación minera hasta el negocio inmobiliario (participó en la construcción y urbanización del ensanche bilbaíno y madrileño así como en la construcción del metropolitano barcelonés), pasando por la construcción naval y de armamento hasta su presencia en medios de comunicación (fundó el periódico El Liberal y participó en Unión Radio, la actual SER) o en la aerolínea Iberia o el sector eléctrico con empresas como Saltos del Duero (que luego sería Iberdrola. Destacó en la construcción naval con su astillero Echevarrieta y Larrinaga (lo que luego sería Astilleros de Cádiz S.A. y actualmente Astilleros Españoles), de donde salieron barcos como el buque escuela de la armada española Juan Sebastián el Cano y el prestigioso submarino submarino E-1, el más avanzado de su tiempo.

Echevarrieta siguió la senda política de su padre, de pensamiento republicano, y participó en política, teniendo representación parlamentaría hasta 1917. Hombre serio y de palabra, se encargó con éxito de la negociación para la liberación de los prisioneros españoles en Marruecos tras el llamado desastre de Annual, con lo cual adquirió un gran prestigio. Sus ideas republicanas no fueron obstáculo para mantener una amistad personal con el rey Alfonso XIII, aunque rechazó el título de "marqués del Rescate" que éste le ofreció como agradecimiento por sus labores negociadoras en África.[1]

Horacio Echevarrieta desarrolló una amplia e intensa actividad emprendedora y residió en diferentes ciudades de España. Habiendo nacido en Bilbao y perteneciente a la oligarquía vasca que se asentó en el barrio de Neguri de Guecho, la ciudad de Cádiz fue una en la que su actividad, en este caso sus negocios de astilleros, fue más significativa; por ello fue nombrado por dos veces hijo adoptivo de esa ciudad.[2]

Horacio Echevarrieta se casó en 1900 con María Madaleno Zárraga y tuvo siete hijos (José María, Horacio, Rafael, Cosme, María del Carmen, Juan Antonio y Amalia Echevarrieta Madaleno).[3] [4]

Biografía[editar]

Horacio Echevarrieta nació el 15 de septiembre de 1870 en Bilbao, capital de Vizcaya en el País Vasco, España. Su padre era Cosme Echevarrieta Lascurain, insigne político republicano vizcaíno, máximo representante de las fuerzas democráticas de la provincia, quien, en 1869, firmó como representante vizcaíno el llamado Pacto Federal de Eibar, y emprendedor hombre de negocios.[5] Horacio heredó de su padre las bases de su fortuna (varias minas de hierro arrendadas en Vizcaya, dos hectáreas de terreno en el Ensanche de Bilbao y participaciones en dos empresas extractivas nacionales: Fortuna y Sierra Menera) y su actividad política.[6]

En 1903 obtiene el acta de diputado a Cortes por la Conjunción Republicana Socialista hasta 1917, cuando decide abandonar la política y se centra en el negocio familiar tras la muerte de Isidoro Larrinaga, con quien compartía la sociedad de bienes Echevarrieta y Larrinaga.

Durante la Primera Guerra Mundial exporta hierro de sus minas (el hierro vizcaíno ha sido muy apreciado por su calidad) al Reino Unido y a Alemania mediante mediante su propia flota mercante. En 1917 vende los ocho barcos que le quedan, traslada su residencia a Madrid y compra en Cádiz los astilleros de los hermanos Vega-Murguía, que reconvierte en los astilleros Echevarrieta y Larrinaga, lo que a la postre serían Astilleros de Cádiz S.A. y finalmente Astilleros Españoles. El nombre de los astilleros se debe a la comunidad de bienes que heredó de su padre, la Echevarrieta y Larrinaga, fundada en 1882 y dedicada inicialmente a la explotación de minas de hierro o la fabricación de barcos, después pasó a la especulación en solares, como en el ensanche de Bilbao, la Gran Vía de Madrid o el Metropolitano de Barcelona.[7]

Negocios, política y espionaje[editar]

En sus mejores años estuvo en la cima política y social e involucrado en lo que llegarían a ser los negocios más pujantes de España: Iberduero, Iberia, Cementos Portland, etc. Y también en el extranjero, con negocios en Marruecos, promotor del Tranvía aéreo sobre el Niágara que diseñó el ingeniero Leonardo Torres Quevedo, etcétera. Igualmente, participó en el desarrollo de la más moderna tecnología que iba a transformar España y Europa en el siglo XX con la construcción de submarinos. Por todo ello, se le comparó con Howard Hughes o William Randolph Hearst, transportado al cine por Orson Welles en Ciudadano Kane.[7]

El submarino E-1 en construcción.

Horacio Echevarrieta y Wilhelm Canaris[editar]

En la década de mayor expansión económica mundial de los años veinte del siglo pasado, el magnate español Horacio Echevarrieta, y el militar y espía alemán Wilhelm Canaris, unieron sus habilidades e influencias para tejer una red de negocios, espionaje y finanzas que iba a marcar, desde sus fábricas y astilleros en España, los grandes avances industriales, tecnológicos y militares del siglo XX.

Canaris llegó a ser almirante y jefe de inteligencia de la Kriegsmarine y la Wehrmacht durante el nazismo en Alemania. Fue jefe de la Abwehr y uno de los cabecillas en varias conspiraciones contra Hitler, principalmente el complot del 20 de julio de 1944 por el que fue condenado a la horca.

Es la imagen típica del espía de entreguerras. Participó de forma activa en la Gran Guerra, convirtiéndose en héroe naval al conseguir mantener a la flota británica en jaque durante meses tras haber salvado su barco, el “Dresde”, en la batalla de las Malvinas.

El submarino E-1[editar]

El submarino E-1 (Echevarrieta-1) es la obra de ambos, fruto de los astilleros de Echevarrieta, lo mejor de sus astilleros junto con el buque-escuela Juan Sebastián Elcano. Decidió llevarlo a cabo fiándose en una base contractual de una conversación con el general Primo de Rivera, entonces máximo dirigente de España. Este carácter verbal del contrato será el elemento de su ruina, cuando ningún gobierno posterior, ni siquiera el de sus compañeros y amigos republicanos, ya en el poder, acceda a comprarle o indemnizarle por el E-1.[8] [9]

Horacio Echevarrieta y Abd el-Krim.

El rescate de los prisioneros del desastre de Annual[editar]

Partiendo de sus buenas relaciones, tanto de negocios como personales, con destacadas personalidades marroquíes de la zona de protectorado español, y bajo indicación del Gobierno en el año 1923, gestionó personalmente la liberación de los prisioneros del desastre de Annual, actividad que se prolongó durante varios meses, con fuertes gastos costeados por su patrimonio.[10] Finalmente llegó con Abd el-Krim a un acuerdo. Llegó incluso a ofrecerse como rehén, pero no se le aceptó a cambio de su palabra. Logró finalmente la libertad de todos los presos sobrevivientes. En reconocimiento a sus servicios, el Gobierno le ofreció el título de "Marqués del Rescate", que rechazó por su convicción republicana.[5]

Deportes[editar]

Horacio destacó también en los deportes, consiguiendo el Primer Premio en la Regata Internacional de Yachts a Vela Plymouth-Santander, en 1925, con su yacht "María del Carmen Ana" sacando seis horas de ventaja al segundo.[5]

Decadencia y ruina económica[editar]

El submarino E-1 fue botado el 22 de octubre de 1930, pronto se vio que destacaba en todos los aspectos de la navegación submarina siendo el más destacado en aquel momento. Unos meses después de la botadura del E-1, el 14 de abril de 1931, se proclama la Segunda República. Las nuevas autoridades deciden hacer una política pacifista y no apoyar la construcción armamentística, retirando el apoyo a los proyectos de Echevarrieta, el submarino y la Fábrica Nacional de Torpedos. Mientras que Echevarrieta es compensado económicamente por la Fábrica Nacional de Torpedos, el E-1 es desconocido por el gobierno de la república a no haber un contrato firmado aunque Azaña estaba interesado pero su salida del gobierno fustró toda esperanza a Echevarrieta.[6] Está situación hace que las perdidas del proyecto se eleven y que Echavarrieta se vea obligado, para salvar el artillero, a vender buena parte de su patrimonio. En mayo de 1935 el gobierno da la orden de capacitación "temporal y provisionalmente" de los astilleros. Tras la Guerra Civil los golpistas se quedan con el astillero hasta que en 1940 se lo devuelven.[2]

El 11 de de septiembre de 1934 Horacio Echevarrieta y su amigo Indalecio Prieto son detenidos en el pueblo asturiano de San Esteban de Pravia desembarcando del mercante "Turquesa" un cargamento de armas como parte de los preparativos de la llamada Revolución de Asturias. Fue juzgado y encarcelado en la cárcel Modelo de Madrid, Durante su estancia en prisión coincidió con Santiago Carrillo.[2]

En 1951 el gobierno franquista de incauta definitivamente los astillero, que habían quedado muy dañados por la la explosión de un polvorín en Cádiz en 1947, pasando a formar parte del INI (Instituto Nacional de Industria) con el nombre de Astilleros de Cádiz, de los que Echevarrieta recibiría una participación. Tras esta perdida, el último gran negocio de lo que fue su imperio, se retira a la casa familiar de Munoa en el barrio de Burceña de Baracaldo donde muerte el 20 de mayo de 1963 a los 92 años de edad.[7]

Herencia[editar]

Una de sus últimas propiedades fue el Palacio Munoa, construido en el siglo XVIII de estilo segundo imperio francés, en Burceña (Baracaldo) residencia donde falleció. La finca tiene una superficie de 64.652 metros cuadrados y está protegida como monumento lo que limita la posibilidad de realizar grandes obras.[11]

En el año 2014 el ayuntamiento de Barakaldo se hace con la finca tras pagar por su expropiación 18 millones de euros, por sentencia judicial, a los los herederos de Horacio Echevarrieta. El jardín, tras su urbanización, se convierte en parque público que se inaugura en la primavera de 2015.[12]

El palacio que construyó en punta Begoña en Gecho, sobre el abra, fue derruido y sobre el solar se alzan viviendas de alto standing, queda en estado muy degradado la red de miradores que rodeaban la base de la colina, característicos de la zona sobre la playa de Ereaga.

Obras sobre su figura[editar]

Libros[editar]

  • Díaz Morlán, Pablo: Horacio Echevarrieta 1870-1963. El capitalista republicano. LID Editorial. Madrid, 1999. ISBN 978-84-88717-23-8.[13]

Díaz Morlán, Pablo: Horacio Echevarrieta, empresario republicano. Muelle de Uribitarte Editores. Bilbao, 2011.

Documentales[editar]

  • 2011: El Último Magnate / The Last Tycoon. Dirección: José A. Hergueta y Olivier van der Zee. Duración: 80 min. Coproducción España-Holanda-Alemania de MLK Producciones y Sincro Producción de Imagen. El film se centra en los negocios que, entre 1924-29, estableció Echevarrieta con Alemania a través de los marinos alemanes Wilhelm Canaris y Walther Lohmann. Para evitar las prohibiciones del Tratado de Versalles, la República de Weimar se sirvió de Echevarrieta, desarrollando en España tecnología militar muy sofisticada para de época. Además de fundar la aerolínea Iberia, en 1927, y una Fábrica Nacional de Torpedos, en el astillero de Cádiz se construyó el submarino E-1, el más avanzado del momento. Este u-boot aprovechaba los conocimientos de los fabricantes alemanes en la I Guerra Mundial (ocultos en Holanda, bajo la compañía I.v.S., un conglomerado de astilleros alemanes participado por su Marina) y que iba a servir de prototipo a los siguientes modelos de u-boot, las series I-A y el célebre tipo VII. Echevarrieta acabaría construyendo el E-1 entre 1929-31 sobre la base de un compromiso verbal con Alfonso XIII y Miguel Primo de Rivera: si cumplía las condiciones técnicas prometidas, sería adquirido por la Armada Española. El submarino las cumplió, y con creces, pero cuando esas pruebas tuvieron lugar, en la base naval de Cartagena, tanto el Dictador como el Rey ya estaban fuera de España. A pesar de su vocación republicana, Echevarrieta pagó cara su amistad con Alfonso XIII, siendo rechazada la compra por los sucesivos gobiernos de la II República. A pesar de su superioridad técnica, y de haber cumplido su sueño de construir la mejor nave, el submarino E-1 iba a convertirse en el punto de inflexión de Echevarrieta. Aprovechando esta aventura, "El Último Magnate" ofrece una intensa mirada al personaje de Echevarrieta, sus negocios y su tiempo, pero también al trasfondo secreto alemán para iniciar su rearme antes de la llegada del nacionalsocialismo, durante la República de Weimar, una época en que todo parecía posible.[14]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]