Horacio Echevarrieta

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Horacio Echevarrieta Maruri.

Horacio Echevarrieta Maruri (Bilbao, 15 de septiembre de 1870 - Burceña-Baracaldo, 20 de mayo de 1963), fue un empresario, industrial, banquero, político, mecenas, negociador diplomático, fundador de periódicos,[1] entre otras actividades.

Biografía[editar]

Hijo del empresario bilbaíno Cosme Echevarrieta Lascurain, hombre de negocios mineros que intervino en la firma del Pacto Federal de Eibar de 1869 en representación de la provincia de Vizcaya, fue un emprendedor en negocios muy diversos.[2] De ideas liberales, gozó de simpatías en amplios sectores sociales y políticos. También fue mecenas de artistas vascos. Su vida empresarial empezó como continuador de los negocios mineros de su padre, además de emprender otros, como los marítimos, llegando a poseer una flota de tráfico internacional con delegación en Londres.[2] Heredó a la muerte de su padre la comunidad de bienes, Echevarrieta y Larrinaga, fundada en 1882 . Dedicada inicialmente a la explotación de minas de hierro o la fabricación de barcos, después pasó a la especulación en solares, como en el ensanche de Bilbao, la Gran Vía de Madrid o el Metropolitano de Barcelona.[3]

Negocios, política y espionaje[editar]

En sus mejores años estuvo en la cima política y social e involucrado en lo que llegarían a ser los negocios más pujantes de España: Iberduero, Iberia, Cementos Portland, etc. Y también en el extranjero, con negocios en Marruecos, promotor del Tranvía aéreo sobre el Niágara, etcétera. Igualmente, participó en el desarrollo de la más moderna tecnología que iba a transformar España y Europa en el siglo XX con la construcción de submarinos. Por todo ello, se le comparó con Howard Hughes o William Randolph Hearst, transportado al cine por Orson Welles en Ciudadano Kane.[3]

El submarino E-1 en construcción.

Horacio Echevarrieta y Wilhelm Canaris[editar]

En la década de mayor expansión económica mundial de los años veinte del siglo pasado, el magnate español Horacio Echevarrieta, y el militar y espía alemán Wilhelm Canaris, unieron sus habilidades e influencias para tejer una red de negocios, espionaje y finanzas que iba a marcar, desde sus fábricas y astilleros en España, los grandes avances industriales, tecnológicos y militares del siglo XX.

Canaris llegó a ser almirante y jefe de inteligencia de la Kriegsmarine y la Wehrmacht durante el nazismo en Alemania. Fue jefe de la Abwehr y uno de los cabecillas en varias conspiraciones contra Hitler, principalmente el complot del 20 de julio de 1944 por el que fue condenado a la horca.

Es la imagen típica del espía de entreguerras. Participó de forma activa en la Gran Guerra, convirtiéndose en héroe naval al conseguir mantener a la flota británica en jaque durante meses tras haber salvado su barco, el “Dresde”, en la batalla de las Malvinas.

El submarino E-1[editar]

El submarino E-1 es la obra de ambos, fruto de los astilleros de Echevarrieta, lo mejor de sus astilleros junto con el buque-escuela Juan Sebastián Elcano. Decidió llevarlo a cabo fiándose en una base contractual de una conversación con el general Primo de Rivera, entonces máximo dirigente de España. Este carácter verbal del contrato será el elemento de su ruina, cuando ningún gobierno posterior, ni siquiera el de sus compañeros y amigos republicanos, ya en el poder, acceda a comprarle o indemnizarle por el E-1.[4] [5]

Horacio Echevarrieta y Abd el-Krim.

El rescate de los prisioneros del desastre de Annual[editar]

Partiendo de sus buenas relaciones, tanto de negocios como personales, con destacadas personalidades marroquíes de la zona de protectorado español, y bajo indicación del Gobierno en el año 1923, gestionó personalmente la liberación de los prisioneros del desastre de Annual, actividad que se prolongó durante varios meses, con fuertes gastos costeados por su patrimonio.[6] Finalmente llegó con Abd el-Krim a un acuerdo. Llegó incluso a ofrecerse como rehén, pero no se le aceptó a cambio de su palabra. Logró finalmente la libertad de todos los presos sobrevivientes. En reconocimiento a sus servicios, el Gobierno le ofreció el título de "Marqués del Rescate", que rechazó.[2]

Deportes[editar]

Horacio destacó también en los deportes, consiguiendo el Primer Premio en la Regata Internacional de Yachts a Vela Plymouth-Santander, en 1925, con su yacht "María del Carmen Ana" sacando seis horas de ventaja al segundo.[2]

Decadencia y ruina económica[editar]

Una serie de infortunios en sus finanzas y en política le lleva a la cárcel durante la II República. Tras la Guerra Civil Española, el franquismo también lo castigará, llegando a nacionalizar su empresa de vuelo Iberia y sus astilleros. La tragedia provocada por la la explosión de un polvorín en Cádiz destruye su astillero, el último gran negocio de lo que fue su imperio. Hasta su muerte en 1963, su figura caerá paulatinamente en el olvido.[3]

Herencia[editar]

Una de sus últimas propiedades fue el Palacio Munoa, construido en el siglo XVIII de estilo segundo imperio francés, en Burceña (Baracaldo) residencia donde falleció. Sin embargo tal instalación, que actulamente incluye 64.652 metros cuadrados de superficie, se encuentra abandonada debido a la imposibilidad de los actuales propietarios (descendientes de Horacio) de hacer grandes obras debido a la protección del inmueble y a que no llegan a un acuerdo económico con el Ayuntamiento de Baracaldo para ejecutar su venta.[7] Al estar el terreno rodeado de una muralla no se sabe exactamente el estado del palacio, aunque se rumorea que gran parte de los objetos de valor que en él había fueron vendidos, ni el tipo de especies botánicas que hay en dicha superficie. Desde la muerte de Horacio solo se ha llegado a expropiar unos metros para la realización de una carretera con lo que cuando él vivía el terreno era incluso mayor. El palacio que construyó en punta Begoña en Gecho, sobre el abra, fue derruido y sobre el solar se alzan viviendas de alto standing, queda en estado muy degradado la red de miradores que rodeaban la base de la colina, característicos de la zona sobre la playa de Ereaga.

Obras sobre su figura[editar]

Libros[editar]

  • Díaz Morlán, Pablo: Horacio Echevarrieta 1870-1963. El capitalista republicano. Plaza edición. Madrid, 1998. ISBN 978-84-88717-23-8.[8]

Documentales[editar]

  • 2011: El Último Magnate / The Last Tycoon. Dirección: José A. Hergueta y Olivier van der Zee. Duración: 80 min. Coproducción España-Holanda-Alemania de MLK Producciones y Sincro Producción de Imagen. El film se centra en los negocios que, entre 1924-29, estableció Echevarrieta con Alemania a través de los marinos alemanes Wilhelm Canaris y Walther Lohmann. Para evitar las prohibiciones del Tratado de Versalles, la República de Weimar se sirvió de Echevarrieta, desarrollando en España tecnología militar muy sofisticada para de época. Además de fundar la aerolínea Iberia, en 1927, y una Fábrica Nacional de Torpedos, en el astillero de Cádiz se construyó el submarino E-1, el más avanzado del momento. Este u-boot aprovechaba los conocimientos de los fabricantes alemanes en la I Guerra Mundial (ocultos en Holanda, bajo la compañía I.v.S., un conglomerado de astilleros alemanes participado por su Marina) y que iba a servir de prototipo a los siguientes modelos de u-boot, las series I-A y el célebre tipo VII. Echevarrieta acabaría construyendo el E-1 entre 1929-31 sobre la base de un compromiso verbal con Alfonso XIII y Miguel Primo de Rivera: si cumplía las condiciones técnicas prometidas, sería adquirido por la Armada Española. El submarino las cumplió, y con creces, pero cuando esas pruebas tuvieron lugar, en la base naval de Cartagena, tanto el Dictador como el Rey ya estaban fuera de España. A pesar de su vocación republicana, Echevarrieta pagó cara su amistad con Alfonso XIII, siendo rechazada la compra por los sucesivos gobiernos de la II República. A pesar de su superioridad técnica, y de haber cumplido su sueño de construir la mejor nave, el submarino E-1 iba a convertirse en el punto de inflexión de Echevarrieta. Aprovechando esta aventura, "El Último Magnate" ofrece una intensa mirada al personaje de Echevarrieta, sus negocios y su tiempo, pero también al trasfondo secreto alemán para iniciar su rearme antes de la llegada del nacionalsocialismo, durante la República de Weimar, una época en que todo parecía posible.[9]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]