Goliardo

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Una imagen del siglo XI-XIII de “Carmina Burana”, una colección de canciones de amor de goliardos y vagabundos de la Abadía de Benediktbeuern.

El término goliardo se utilizó durante la Edad Media para referirse a cierto tipo de clérigos vagabundos y a los estudiantes pobres pícaros que proliferaron en Europa con el auge de la vida urbana y el surgimiento de las universidades en el siglo XIII. La mayor parte de ellos estudiaron en las universidades de Francia, Alemania, Italia e Inglaterra. No obstante, la figura del goliardo puede rastrearse hasta épocas muy anteriores. Ya en el siglo IV, el concilio de Nicea condenaba a un cierto tipo de clérigos de vida licenciosa que podrían equipararse al goliardo (Vagans). En la Regla benedictina y en otros textos canónicos posteriores se vuelve a mencionar a la figura del clérigo vagabundo y ocioso.

Etimología[editar]

La derivación de este término es incierta. El término del francés antiguo gouliard, «clérigo que llevaba vida irregular», a su vez alteración del bajo latín gens Goliae, propiamente «gente del demonio», del latín Golias «el gigante Goliat», «el demonio».[1] Aparentemente, el nombre procede de gula («goloso»), por su insaciable apetito o glotonería, y de la analogía fonética de Golias, que procede del gigante bíblico Goliat, al que se identificaba desde antiguo con el diablo.[cita requerida] Otra posibilidad es la derivación del “obispo Golias” un santo patrón probablemente mítico al que ellos mismos hacían referencia. Así pues, podría venir de una forma del latín medieval del nombre Goliat, el gigante con quién luchó al rey David en la biblia, para hacer valer su posición de estudiantes cultivados y grandes bebedores que satirizaban a las autoridades eclesiásticas y políticas. Muchos estudiosos del tema creen que se remonta a una carta escrita por san Bernardo de Claraval al papa Inocencio II, en la que se refirió a Pedro Abelardo como 'Goliath', creando así un vínculo entre Goliat y los estudiantes seguidores de Abelardo.

Forma de vida[editar]

No es extraño, pues, que los concilios condenasen de forma recurrente a los goliardos y su vida disipada. Se cree incluso que en algún momento llegaron a crear alguna especie de secta o cofradía.[cita requerida]


Obra y trascendencia[editar]

Pero, más allá de su forma de vida, lo que más interesa de los goliardos es su afición a la literatura. Muchos de ellos escribieron poesía satírica en latín, donde, expresando su descontento, criticaban a la Iglesia, a la sociedad establecida y al poder, así como composiciones líricas donde elogiaban el vino, la taberna, el juego, las mujeres y el amor. La poesía goliardesca se cultivó por toda Europa durante la Edad Media. Las composiciones, casi siempre anónimas, son muy diversas: desde poemas sencillos hasta otros muy elaborados y retóricos.

En España, los goliardos eran llamados sopistas y, de ellos, derivaría la actual tuna.

La cantata Carmina Burana de Carl Orff está inspirada en este tipo de escritos medievales.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Joan Corominas, Madrid, Gredos, 1961.

Referencias bibliográficas[editar]

  • Waddell, Helen, The Wandering Scholars, 1927.
  • Symonds, John Addington, Wine, Women, and Song, 1966 [1884].