Gladiatrix

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Una gladiatrix era la contrapartida femenina al gladiator masculino, un luchador armado que se enfrentaba en combates violentos con humanos o con animales para el entretenimiento del público en la antigua Roma. Aunque su aparición era una verdadera rareza, su existencia queda atestiguada por evidencias arqueológicas y literarias.

Evidencias[editar]

El Decreto de Larinum, promulgado durante el gobierno de Tiberio, prohibía a las hijas, nietas y bisnietas de senadores y a "cualquier mujer cuyo marido o padre o abuelo, ya fuera por vía materna o paterna, o hermano hubiese poseído el derecho a sentarse en los asientos reservados para los equites" entrenarse o realizar apariciones remuneradas como gladiadores, lo cual implicaba (aunque no confirmaba) que algunas mujeres ya aparecían como gladiadores en espectáculos.[1]

Sin embargo, la primera aparición de una gladiatrix atestiguada directamente en las fuentes históricas tiene lugar bajo el gobierno de Nerón, durante los juegos celebrados con ocasión de la visita de Tiridates I de Armenia y relatados por Tácito.[2] También existe una referencia en El Satiricón de Petronio, probablemente bajado en un espectáculo real, de un essediarius femenino, de uno gladiador que luchaba con un carro de estilo celta.[3] [4]

Según Suetonio, en su obra sobre las vidas de los doce césares, el emperador Domiciano gustaba de organizar combates a la luz de las antorchas entre enanos y mujeres. A partir de ilustraciones se puede inferir que luchaban a pecho descubierto y que en muy pocas ocasiones llevaban cascos, no importa qué tipo de gladiador caracterizaran. Las mujeres aparentemente luchaban por la noche, y el hecho de que esto coincidía con los principales eventos de los Juegos indica la posible importancia y rareza de la participación de mujeres como gladiadores. La mayoría de los historiadores modernos considera que estos espectáculos eran verdaderas novedades, dada la escasez de documentos escritos en los que aparecen, aunque la escritora Amy Zoll sugiere que el hecho de que los historiadores antiguos mencionaran estos hechos de manera tan casual pudiera suponer que se tratase de eventos mucho más extendidos de lo que la evidencia directa pudiera indicar.[5] El autor de una inscripción encontrada en Pompeya presume de ser el primer editor en traer mujeres gladiadores a la ciudad.

Dion Casio (62.3.1) menciona que en un evento patrocinado por Nerón en el año 66 luchaban no sólo mujeres, sino también niños. Se sabe que el emperador Nerón también obligaba a las mujeres de algunos senadores romanos a participar en los espectáculos de los anfiteatros, aunque no se sabe si como luchadoras.

También se menciona la participación de gladiatrices en los juegos organizados por Domiciano en los textos de Suetonio,[6] Marcial[7] y Estacio.[8]

Prohibición[editar]

Septimio Severo prohibió los espectáculos de gladiadores femeninos alrededor del año 200.[9] Sin embargo, la existencia de una inscripción en Ostia en la que se anuncia “mulieres” (mujeres) compitiendo hace que se considere que la prohibición no fuera efectiva.

Referencias[editar]

  1. Texto completo del Decreto
  2. Annales, 15.32.3, menciona que aparecieron "mujeres distinguidas" lo cual implica el incumplimiento del Decreto de Larinum
  3. Satyricon, XLV
  4. Esto puede ser una referencia a la reina Boudica luchando desde un carro, puesto que su rebelión tuvo lugar en la época en la que se escribió la obra.
  5. Amy Zoll, Gladiatrix: The True Story of History’s Unknown Woman Warrior(New York: Berkley, 2002), 27.
  6. Ofreció cazas de animales salvajes, espectáculos de gladiadores nocturnos a la luz de las antorchas, y no sólo combates entre hombres, sino también entre mujeres

  7. Menciona una recreación de la lucha entre Hércules y el León de Nemea en la que participaba una "[[Marte (mitología)|Marte femenina" (i.e. una mujer). Martial, de spectaculis 6.
  8. Menciona como un 'nuevo lujo' al "sexo femenino, desentrenado y sin práctica en el uso de la espada, luchando contra hombres castrados", en Statius, Silvae, 1.6.51-56.
  9. Julián Elliot. Gladiadores: La muerte como espectáculo. Historia y Vida, Nº452, pag. 68