Francisco Giralte
Francisco Giralte (Palencia, 1510 - Madrid, 1576) fue un escultor español del Renacimiento.
Se formó en la escuela palentina de escultura, muy floreciente durante los siglos XV y XVI. Parece que fue discípulo, primero, y colaborador más tarde, de Alonso Berruguete, con quien trabajó en el coro de la Catedral de Toledo.
En solitario, realizó un retablo para la iglesia vallisoletana de la Magdalena y otro retablo (de la Piedad) que se conserva en el Museo diocesano de Valladolid. Se le atribuyen asimismo varios retablos y esculturas conservados hoy en la catedral de Palencia y el museo parroquial de Paredes de Nava, y el suntuoso mausoleo de los marqueses de Poza, en la iglesia de san Pablo de Palencia, así como otras obras en la provincia palentina, como los retablos de la iglesia de san Pedro de Cisneros, el de Villarmentero de Campos, o los relieves del retablo mayor de la iglesia de Cozuelos de Ojeda, asignables a su taller. También se considera suyo el paso de La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén que desfila en el Domingo de Ramos en Valladolid.
Instalado en Madrid, trabajó en el retablo de la Capilla del Obispo de Madrid, por encargo de Gutierre de Vargas Carvajal, obispo de Plasencia (Cáceres), realizando también, según la mayoría de estudiosos, los sepulcros de este mecenas y de sus progenitores, conservados en la misma capilla.[1] El conjunto se considera su obra maestra. También trabajó en el retablo mayor de la basílica de la Asunción de Colmenar Viejo, aunque el mismo sufrió muchos daños durante la Guerra civil española. En esta etapa contrató también un retablo para la iglesia de san Eutropio de El Espinar (Segovia), aunque al menos en parte es obra de sus ayudantes. Posteriormente trabajó en Plasencia en la estatua del sucesor de don Gutierre en el obispado, Pedro Ponce de León.
Su estilo deriva claramente del de su maestro Berruguete, al que sigue en sus figuras contorsionadas y de rostros muy expresivos, rayando en el patetismo, aunque Giralte atempera en muchas de sus obras estas características otorgando a sus modelos una mayor serenidad. Gusta de paños muy revueltos y drapeados, que remarcan la anatomía de las figuras. Sus retablos, como el de la capilla del Obispo, son abigarrados y tendentes a la exuberancia decorativa y el horror vacui, muy en la línea del Manierismo que triunfaba en la época, y comparables en ciertos aspectos a los del otro gran maestro castellano, Juan de Juni.
Notas [editar]
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