El vendedor más grande del mundo

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El vendedor más grande del mundo
de Og Mandino
Género autoayuda
Subgénero Ventas
Tema(s) Superación Personal
Edición original en inglés
Título original The Greatest Salesman In The World
Editorial The Bantam Dell Publishing Group
País Bandera de los Estados Unidos Estados Unidos
Fecha de publicación 1968
ISBN 0-553-27757-X
OCLC 27780187
Edición traducida al español
Traductor Benjamín E. Mercado
Ilustrador Jorge Rosas / DUUO
Publicado en marzo 2013
Editorial Editorial Planeta Mexicana SA de CV Bajo el Sello EDITORIAL DIANA
Ciudad México, D.F.
País Bandera de México México
Fecha de publicación Primera Edición en español Febrero 1976
Páginas 128
ISBN 968-13-0804-2 (1976) 978-968-13-4321-7 (2007)
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El vendedor más grande del mundo [1] es un libro best seller de Og Mandino. Fue publicado por primera vez en 1968, y relanzado en 1983 por la editorial Bantam Books, una edición de pasta dura fue publicada por Buccaneer Books en junio de 1993.

El libro de 128 páginas es una guía clásica de la filosofía de un vendedor, contando la historia de Hafid, quien se enamora de Lisha, la hija de Calneh, un hombre muy rico, siendo él apenas un simple camellero. Hafid, descontento con esa vida, se acercó a su protector Pathros, un potentado mercader, (el cual en ése momento era considerado el vendedor más grande del mundo) a quien le pide consejo para convertirse en un hombre poderoso como él, y así algún día obtener también para él, el título del vendedor más grande del mundo. Pathros primero inspecciona las intenciones de Hafid, ya que sospechaba que sólo le pedía ese favor por amor al poder y al dinero, pero cuando se enteró de que era por el amor de su futura mujer Lisha, entonces decide ayudarlo y lo encamina en el arte de generar ventas, PERO NO LE HACE LA VIDA FÁCIL, primero Hafid debe ganarse el derecho a ser instruido por Pathros, quien le encomienda a Hafid, ir en un viaje para vender un manto en la región de Belén de Juda, pero en realidad, es un viaje de AUTO DESCUBRIMIENTO, en el cual, Hafid entenderá cual el la verdadera base del éxito. Pathros recibe una prueba del cielo que involucra al mismísimo niño Jesús. Con esto Pathros se queda convencido de que Hafid es el elegido para ser el nuevo dueño de 10 pergaminos extraordinarios que le enseñarán las artes de cómo convertirse en el vendedor más grande del mundo. Hafid a su vez, promete cuidarlos al tiempo que puede aplicarlos en su vida, pero con la condición de que su contenido era un secreto y debería permanecer oculto hasta que algún día apareciera una persona que de alguna forma le transmitiría una señal que seria de tal forma tan evidente, aunque esta persona ignorara que preguntar, o que buscar, le haría ver que era él, el elegido, y entonces Hafid le entregarías los pergaminos, para que libremente pudiera compartir su contenido con el mundo.

En la segunda parte de este libro, Hafid, ya anciano y habiendo repartido su fortuna y desbaratado el imperio que con tanto ahínco construyó durante su vida (en la primera parte del libro), recibe una inesperada visita de Saulo, predicador de Jesús, a quien posteriormente se le conocería como Pablo, el apóstol. Y quien sin saberlo, portaba en su mochila, el signo que indicaba que él era el elegido para transmitir al mundo el contenido secreto de los 10 pergaminos.

EL PERGAMINO NÚMERO UNO[editar]

Hoy comienzo una nueva vida.
Hoy mudaré mi viejo pellejo que ha sufrido, durante tanto tiempo, las contusiones del fracaso y las heridas de la mediocridad.
Hoy nazco de nuevo y mi lugar de nacimiento es una viña donde hay fruto para todos.
Hoy Cosecharé uvas de sabiduría de las vides más altas y cargadas de fruta de la viña, porque éstas fueron plantadas por los más sabios que han venido antes que yo, de generación en generación.
Hoy saborearé el gusto de las uvas frescas de las vides, y ciertamente me tragaré la semilla del éxito encerrada en cada una y una nueva vida retoñará dentro de mí.
La vida que he escogido está repleta de oportunidades, y al mismo tiempo está llena de angustia y desesperación, y los cadáveres de aquellos que han fracasado, si se los pusiera uno encima del otro, proyectarían su sombra por encima de todas las pirámides de la tierra.
Y sin embargo yo triunfaré sobre los otros, puesto que en mis manos sostengo las cartas de mar que me guiarán a través de corrientes peligrosas hasta las playas que sólo ayer me parecían un sueño.
El éxito será mi recompensa por la lucha. Así como la naturaleza no ha hecho provisión para que mi cuerpo tolere el dolor, tampoco ha hecho provisión para que mi vida sufra el fracaso. El fracaso como el dolor es ajeno a mi vida. En el pasado lo acepté como acepté el dolor. Ahora lo rechazo y estoy preparado para abrazar la sabiduría y los principios que me sacarán de las sombras para internarme en la luz resplandeciente de la riqueza, la posición y la felicidad, muy superiores a mis más extravagantes sueños hasta que aún las manzanas de oro en el jardín de las hespérides parecerán mi justa recompensa.
El tiempo enseña todas las cosas a aquel que vive para siempre, pero no puedo darme el lujo de la eternidad. Y sin embargo, en el tiempo que se me ha asignado debo practicar el arte de la paciencia, porque la naturaleza no procede jamás con apresuramiento. Para crear el olivo, el rey de todos los árboles, se requieren 100 años. Una planta de cebolla es vieja después de nueve semanas. He vivido como una planta de cebolla; Pero estoy inconforme con ello. Ahora quisiera ser el más grande de los árboles de olivo, y en realidad el más grande de los hombres.
¿Y cómo lo lograré? Porque no tengo mi los conocimientos ni la experiencia para alcanzar la grandeza, y ya he tropezado en ignorancia y caído en el charco de la compasión por mí mismo. La respuesta es sencilla; Comenzaré mi viaje sin el estorbo de los conocimientos innecesarios o la desventaja de una experiencia carente de significado. La naturaleza me ha proporcionado ya el conocimiento y el instinto muy superiores a los de cualquier bestia en el bosque; y a la experiencia se le ha asignado un valor exagerado, especialmente por los viejos que asienten sabiamente con la cabeza y hablan estúpidamente.
En realidad la experiencia enseña sistemáticamente, y sin embargo su curso de instrucción devora los años del hombre de manera que el valor de sus lecciones disminuye con el tiempo necesario para adquirir su sabiduría especial. Y al final se ha malgastado en hombres que han muerto. Además, la experiencia se compara con la moda. Una acción o medida que tuvo éxito hoy será irresoluble e impráctica mañana.
Solamente los principios perduran y éstos poseo, porque las leyes que me conducirán a la grandeza figuran en las palabras de estos pergaminos. Me enseñarán más a evitar el fracaso que a alcanzar el éxito, porque ¿Qué es el éxito sino un estado mental? ¿Qué dos personas entre mil sabios definirán el éxito con las mismas palabras? Y sin embargo el fracaso se describe siempre de la misma forma. El fracaso es la incapacidad del hombre de alcanzar sus metas en la vida, cualesquiera que sean.
En realidad, la única diferencia entre aquellos que han fracasado y aquellos que han tenido éxito reside en la diferencia de sus hábitos. Los buenos hábitos son la clave de todo éxito. Los malos hábitos son la puerta abierta al fracaso. De manera entonces que la primera ley que obedeceré, y que precede a todas las otras es la siguiente: Me formaré buenos hábitos, y seré el esclavo de esos hábitos.
Cuando era niño, era esclavo de mis hábitos, como lo son todos los hombres crecidos. He rendido mi libre albedrío a los años de hábitos acumulados y las acciones pasadas de mi vida han señalado ya un camino que amenaza aprisionar mi futuro. Mis acciones son gobernadas por el apetito, la pasión, el prejuicio, la avaricia, el amor, el temor, el medio ambiente, los hábitos; y el peor de estos tiranos es el hábito. Por lo tanto si tengo que ser esclavo de los hábitos, que sea esclavo de los buenos hábitos.
Los malos hábitos deben ser destruidos y nuevos surcos preparados para la nueva semilla.
Adquiriré buenos hábitos y me convertiré en su esclavo. ¿Y cómo realizaré esta difícil empresa? Lo haré por medio de estos pergaminos, porque cada uno contiene un principio que desalojará de mi vida un hábito malo y lo reemplazará con uno que me acerque al éxito. Porque hay otra ley de la naturaleza que dice que sólo un hábito puede dominar a otro. De manera que a fin de que estas palabras escritas cumplan la tarea para la cual han sido designadas, debo de disciplinarme a mí mismo y adquirir el primero de mis nuevos hábitos que es el siguiente: Leeré cada pergamino durante 30 días en esta forma prescrita, antes de proceder a la lectura del pergamino siguiente.
Primero leeré las palabras en silencio cuando me levanto por la mañana. Luego leeré las palabras en silencio después de haber participado de la comida del medio día. Finalmente leeré las palabras de nuevo antes de acostarme al finalizar el día, y aún más importante, en esta oportunidad leeré las palabras en alta voz.
Al día siguiente repetiré este procedimiento, y continuaré de esta manera durante otros 30 días. Continuaré de esta forma hasta que haya vivido con cada uno de los pergaminos durante treinta días y mi lectura se haya convertido en un hábito.
¿Y qué realizaré mediante este hábito? Reside aquí el secreto oculto de todas las realizaciones del hombre. Al repetir diariamente las palabras, se convertirán pronto en parte integral de mi mente activa, pero aún más importante, se filtrarán también hasta la otra mente mía, ese misterioso venero que nunca duerme, que crea mis sueños, y con frecuencia me hace proceder en una forma que no comprendo.
A medida que las palabras de estos pergaminos son absorbidas por mi misteriosa mente, comenzaré a despertar, todas las mañanas, con una vitalidad que no he conocido nunca. Mi vigor aumentará, mi entusiasmo se acrecentará, mi deseo de enfrentarme con el mundo dominará todos los temores que antes me asaltaban al amanecer, y seré más feliz de lo que jamás había pensado que fuese posible en este mundo de luchas y de dolor.
Finalmente, descubriré que reacciono ante todas las situaciones que me confrontan como los pergaminos me ordenaron que reaccionara, y pronto estas acciones y reacciones serán fáciles de realizar, porque todo acto se hace fácil con la práctica.
De manera entonces que nacerá un hábito nuevo y bueno, porque cuando un acto se hace fácil mediante la repetición constante, se convierte en un placer realizarlo, y si es un placer realizarlo, corresponde a la naturaleza del hombre el realizarlo con frecuencia. Cuando lo hago con frecuencia se convierte en un hábito y yo me convierto en su esclavo y puesto que este es un buen hábito, ésta es mi voluntad.
Hoy comienzo una nueva vida.
Y me hago un solemne juramento de que nada retardará el crecimiento de mi nueva vida. Continuaré día a día estas lecturas, porque el día que pierda será irrecuperable ni podré substituirlo por otro. Debo continuar, continuaré este hábito de la lectura diaria de estos pergaminos, y en realidad, los pocos momentos que pase todos los días en este nuevo hábito serán un precio insignificante que tendré que pagar por la felicidad y el éxito que serán míos.
Y mientras leo y releo las palabras de los pergaminos siguientes, admiraré la brevedad de cada uno y la simplicidad de sus palabras me llevarán a tratar con respeto su mensaje. Miles de uvas se prensan para llenar una botella de vino y el hollejo y la pulpa son arrojados a los pájaros. Así es con estas uvas de sabiduría de los siglos. Mucho se ha filtrado y arrojado a los vientos. Solamente la verdad pura yace destilada en las palabras que vendrán. Beberé según las instrucciones y beberé cada una de las gotas sin derramar una sola. Y la semilla del éxito ingeriré.
Hoy mi viejo pellejo se ha vuelto como polvo. Caminaré erguido entre los hombres y seré irreconocible, porque soy un nuevo hombre, con una nueva vida.

EL PERGAMINO NÚMERO DOS[editar]

Saludaré este día con amor en mi corazón.

Porque éste es el secreto más grande del éxito en todas las empresas. La fuerza muscular podrá partir un escudo y aún destruir la vida, pero sólo el poder invisible del amor puede abrir el corazón del hombre, y hasta que no domine este arte no seré más que un mercachifle en el mercado. Haré del amor mi arma más poderosa y nadie a quien yo visite podrá defenderse de su fuerza. Podrán contradecir mi razonamiento; podrán desconfiar de mis discursos; podrán desaprobar mi manera de vestir; podrán rechazar mi rostro; y hasta podrán sospechar de mis ofertas especiales; y sin embargo mi amor les derretirá el corazón, al igual que el sol cuyos rayos entibian la más fría arcilla.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Y cómo lo haré? De aquí en adelante contemplaré todas las cosas con amor y naceré de nuevo. Amaré al sol porque me calienta los huesos; pero también amare la lluvia porque purifica mi espíritu. Amaré la luz porque me señala el camino, pero también amare la oscuridad porque me enseña las estrellas. Acogeré la felicidad porque engrandece mi corazón; pero también soportaré la tristeza porque descubre mi alma. Reconoceré la recompensa porque constituye mi pago; pero también daré acogida a los obstáculos porque constituyen para mí un desafío.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Y cómo hablaré? Elogiaré a mis enemigos y se convertirán en amigos míos. Animaré a mis amigos y se convertirán en mis hermanos. Ahondaré siempre en busca de razones para elogiar; nunca me allanaré en buscar excusas para el chisme. Cuando sienta la tentación de criticar me morderé la lengua; cuando me sienta inspirado a elogiar, lo proclamaré a los cuatro vientos. ¿No sucede que los pájaros, el viento, el mar y la naturaleza toda hablan con la música de la alabanza para su creador? ¿No puedo acaso hablar con la misma música a sus hijos? De aquí en adelante recordaré este secreto que cambiará mi vida.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Y cómo procederé? Amaré a todas las clases de hombres porque cada uno tiene cualidades dignas de ser admiradas, aunque quizá estén ocultas. Derribaré la muralla de sospecha y de odio que han construido alrededor de sus corazones, y en su lugar edificaré puentes para llegar por ellos a sus almas. Amaré al que tiene ambiciones porque podrá inspirarme; amare a los que han fracasado porque pueden enseñarme. Amaré a los reyes porque son solamente humanos; amare a los humildes porque son divinos. Amaré a los ricos porque sufren de soledad. Amaré a los pobres porque son tantos. Amaré a los jóvenes por la fe a la que se aferran; amaré a los ancianos por la sabiduría que comparten. Amaré a los hermosos por sus ojos de tristeza; amaré a los feos por sus almas saturadas de paz.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Pero cómo reaccionaré ante la conducta de los demás? Con amor. Porque así como el amor es el arma poderosa con la que me propongo abrir el corazón del hombre, el amor es también mi escudo para resistir los dardos de odio y las lanzas de ira. La adversidad y el desánimo azotarán cual huracanes mi nuevo escudo, hasta quedar finalmente reducidos a fina lluvia. Mi escudo me protegerá en el mercado, me sostendrá cuando estoy solo. Me estimulará en momentos de desánimo, pero también me calmará en épocas de gozoso transporte. Con el uso se fortalecerá y me protegerá cada vez más, hasta que un día lo pondré a un lado y caminaré sin estorbos entre todos los hombres, y cuando lo haga, mi nombre será enarbolado bien alto en la pirámide de la vida.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Y cómo me enfrentaré con las personas con quienes me encuentro? De una sola manera. En silencio y en mi fuero interno me dirigiré a ellos y les diré que les amo. Aunque dichas en silencio estas palabras se reflejarán en mis ojos, serenarán mi frente, harán que una sonrisa se asome a mis labios, y harán eco en mi voz; y su corazón se abrirá. ¿Y quién es aquel que se negará a comprar mis mercancías cuando en su corazón sienta mi amor?

Saludaré este día con amor en mi corazón.

Y principalmente me amaré a mí mismo. Porque cuando lo hago, vigilaré celosamente todo lo que entra en mi cuerpo, mi mente, mi alma y mi corazón. Nunca jamás mimaré los apetitos de la carne, sino que más bien trataré mi cuerpo con limpieza y moderación. Nunca permitiré que mi mente sea atraída por el mal y la desesperación, sino que más bien la estimularé con los conocimientos y la sabiduría de los siglos. Nunca le permitiré a mi alma que se vuelva complaciente y satisfecha; por el contrario la alimentaré con la meditación y la oración. No permitiré nunca que mi corazón se empequeñezca o se amargue; sino más bien lo compartiré y crecerá y alegrará la tierra.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

De aquí en adelante amaré a toda la humanidad. Desde este momento todo el odio ha sido extraído de mis venas, porque no tengo tiempo para odiar, sólo tengo tiempo para amar. Desde este momento doy el primer paso requerido para convertirme en un hombre entre los hombres. Con amor aumentaré mis ventas en un ciento por ciento y me convertiré en un gran vendedor. Aunque no posea otras cualidades, puedo alcanzar el éxito con el amor solamente. Sin el amor fracasaré aunque posea todos los conocimientos y habilidades del mundo.

Saludaré este día con amor en mi corazón, y tendré éxito.

Referencias[editar]

  1. Mandino, Og.  Falta el |título= (ayuda)