El Porteñazo

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El Porteñazo
Fortin 3 fotos.PNG
Avión Canberra de la Fuerza Aérea bombardeando el Fortín Solano.
Fecha 2 de junio - 3 de junio de 1962
Lugar Puerto Cabello, Venezuela
Resultado Victoria del gobierno
Beligerantes
Unidades navales sublevadas Ejército Nacional de Venezuela
Comandantes
Cap. de navío Manuel Ponte Rodríguez
Cap. de fragata Pedro Medina Silva
Cap. de corbeta Víctor Hugo Morales
Rómulo Betancourt, presidente de la República
Fuerzas en combate
Entre 1000 y 1200. Más de 2000 hombres, artillería, tanques y aviones.

El Porteñazo o Insurrección de Puerto Cabello fue una sublevación de la Base naval Agustín Armario contra el gobierno del presidente Rómulo Betancourt. A diferencia del "Carupanazo" el "Porteñazo" representó una conspiración cívico-militar de mucha mayor magnitud, tanto por las fuerzas involucradas, lo intenso de la lucha y por el terrible saldo de muertos y heridos. En el amanecer del día 2 de junio de 1962, se produce una sublevación en la base naval de Puerto Cabello (Estado Carabobo), dirigida por el capitán de navío Manuel Ponte Rodríguez, el capitán de fragata Pedro Medina Silva y el capitán de corbeta Víctor Hugo Morales. Tan pronto el gobierno nacional se entera del intento de golpe, cerca del medio día, los destructores ARV Almirante Clemente, ARV General Morán y ARV Zulia ya fuera de la rada de la base naval, iniciaron el bombardeo de las instalaciones de la infantería de marina del batallón General Rafael Urdaneta, destruyendo las barracas con los cañones de 40 mm. Más tarde se ordena el ataque de bombarderos de la Fuerza Aérea y efectivos del Ejército rodean la ciudad portuaria, produciéndose el combate frontal entre las fuerzas insurrectas del batallón de infantería de marina General Rafael Urdaneta (que se habían sumado a la sublevación de los oficiales y efectivos de la base naval y a los grupos civiles armados por éstos) y la tropa del batallón blindado Carabobo que se había trasladado desde Valencia, al mando del coronel Alfredo Monch. En el sector conocido como La Alcantarilla son emboscados por fuerzas rebeldes y se produce el enfrentamiento más trágico y sangriento de la revuelta.[1] Al mismo tiempo, la mayoría de los oficiales al mando de la escuadra y el Destacamento Nº 55 de la Guardia Nacional se niegan a participar en el alzamiento. Finalmente, el día 3 de junio, el Ministerio de Relaciones Interiores anunció que desde el amanecer, las Fuerzas Armadas leales al gobierno habían puesto fin a la rebelión con un saldo de más de 400 muertos y 700 heridos. Tres días después, luego de ser capturados los jefes del alzamiento, cae el último reducto de los insurrectos, el Fortín Solano ubicado en Cresta del Vigía, después de un intenso bombardeo de la Fuerza Aérea. Posteriormente, se comprobó la participación en los acontecimientos del "Porteñazo" de políticos ligados al Partido Comunista de Venezuela y se inició una profundización de la política de depuración en las Fuerzas Armadas de oficiales ligados o sospechosos de simpatía con la izquierda.

El Premio Pulitzer de fotografía[editar]

En 1963 se otorgó el Premio Pulitzer de Fotografía, el más alto galardón de este tipo en los Estados Unidos y uno de los más prestigiosos a nivel mundial, a la fotografía tomada por Héctor Rondón, del Diario La República, de un párroco (el capellán Luis María Padilla) acudiendo al medio de la calle (en el sitio conocido como La Alcantarilla) a socorrer a un soldado herido en los momentos cruciales del tiroteo, a quien sostiene en sus brazos para tratar de ayudarlo. Esta fotografía fue distribuida por la Associated Press y salió en muchas revistas de todo el mundo, por ejemplo, en la portada de la revista Life en español.[2]

En una poesía dedicada a Puerto Cabello, el escritor y poeta Juan Camarasa Brufal, incluye unos versos dedicados a este hecho:

En medio de tu dolor,

un ángel te mandó Dios,
que sin miedo ni pavor,
era solo..., y el herido dos

Sus alas fueron dos brazos
levantando los heridos;
las balas respetaban sus pasos,
al oír los tristes gemidos

Eres tú, capellán Padilla,
un ángel de paz y amor;
que germine esta semilla,

y no habrá tanto dolor.[3]

Testimonios[editar]

Diferentes historias corrieron sobre tal acontecimiento que enlutó a Venezuela, se tomó como un acto bélico injusto e innecesario. Muchos acomodaron lo que pasó de acuerdo a intereses políticos y personales.

Alí Brett[4] escribiría según su investigación:

Desde las 6 de la mañana del domingo los calicantos del viejo Vigía Solano, empezaron a recibir los impactos de las bombas. Cuando el bombardeo se inició estábamos en la barriada Las Tejerías a pocos metros de la antigua fortaleza que por primera vez en varios siglos, era víctima de un ataque de esta naturaleza.

El Fortín fue el enigma de la sublevación y mucho se especuló sobre su poderío. Todos contaban las historias, las ventajas y la estratégica posición del "Burro Negro", nombre popular del antiguo cañón. La gente conocedora del poderío de esta arma, aseguraba que si la disparaban, aunque fuese una sola vez, desaparecería Puerto Cabello.

Arriba apenas permanecieron durante la rebelión, los infantes de marina destacados por la Base Naval para la custodia del fuerte, quienes para aquel día, lunes 4 de junio, ya eran cadáveres. La presencia de los funcionarios del Ejecutivo y de algunos jefes militares, dejaba despejado el misterio que se había tornado casi en verdad, durante el desarrollo de los acontecimientos debido a las versiones mal fundadas.

Concluiría su investigación diciendo:

Lo de pensar que el fortín podía ser utilizado como punto de operaciones de los sublevados significó uno de los tantos errores militares conocidos y que después de la aparición del avión como elemento de guerra, estas fortalezas quedaron sin vigencia estratégica.

Don Enrique Aristiguieta Gramcko[5] da su testimonio relatándolo así:

Telefónicamente se le pidió ayuda a las Fuerzas Aéreas para reducir el Fortín Solano, donde los rebeldes estaban atrincherados con una ametralladora "Punto 50", la cual inexplicablemente no había sido utilizada para impedir la concentración de tropas en la Estación, pues tanto ésta como el ingreso a la ciudad están dominados por el Fortín, que se encuentra en una colina, al Sur. A las cinco y media, las unidades listas para el ataque, estaban en la Estación.

El Batallón Carabobo se distribuyó en pelotones de 30 hombres que debían ir cada uno detrás de los trece tanques que debían entrar al Puerto. Sin embargo se esperó para el asalto, que la aviación efectuase la operación prevista contra el Fortín.

A los pocos minutos aparecieron aviones F-86 Sabre, que atacaron con cohetes y ametralladoras. Los cohetes, lanzados de a dos cada vez, dieron todos en el blanco. Desde el mismo Fortín y desde el Liceo Miguel Peña, se disparaba con ametralladoras contra los aviones, en intento totalmente inútil, pues la velocidad de éstos los ponía a salvo de ser alcanzados. Los viejos muros españoles que circundan el Solano, de pura y maciza mampostería con dos metros de grosor resistieron el impacto, no así las otras instalaciones menos antiguas. Eliminado el peligro del Fortín comenzaron las tropas a penetrar en Puerto Cabello.

En un trabajo periodístico para una revista de circulación nacional Marconi Villamizar[6] escribe:

Ante el sostenido ataque de las fuerzas leales, los insurrectos se replegaron definitivamente hacia el Fortín Solano dejando sólo pocos focos de franco-tiradores en la ciudad. En el Fortín, que fue duramente bombardeado por la aviación durante el domingo, los rebeldes habrían estado en condiciones de adelantar otras acciones desesperadas, pero la previsión del Capitán Carbonell, acordada en días anteriores al alzamiento, frustró las esperanzas rebeldes.

En el Fortín están montados dos poderosísimos cañones de 155 milímetros, montados por el General Cipriano Castro en 1905, para estar en condiciones de rechazar cualquier nuevo intento de bloqueo del puerto por potencias extranjeras. En el Fortín hay más de 200 grandes proyectiles para las dos unidades, pero resultó imposible para los rebeldes operarlas. La precaución de Carbonell luego del alzamiento de Campano fue comisionar al Teniente Justo Pastor Márquez, especialista en armamentos, para que quitara los percutores a los cañones. La operación fue secreta y aparte de Carbonell y Márquez muy pocos oficiales se enteraron.

El Fortín Solano apenas sufrió daños por el bombardeo aéreo. Esta fortaleza fue construida por los españoles allá por el año 1550[7] y tiene murallas de más de dos metros de espesor. Tiene también platabandas de más de tres metros de espesor, a las cuales las bombas no hicieron absolutamente nada. Pero los rebeldes no podían materialmente sostener sus posiciones en el Fortín. Contando sólo con ametralladoras y armas cortas se exponían a ser sitiados.

Referencias[editar]

  1. Foto de Héctor Rondón Lovera en La Alcantarilla mostrando la crudeza de la lucha
  2. Foto ganadora del Premio Pulitzer de 1963: La ayuda del Padre [1]
  3. Juan Camarasa Brufal. Rosas y espinas. Caracas: Ediciones Edime, 1965. Madrid: Editorial Mediterráneo, 1965.
  4. Alí Brett Martínez, escritor y comunicador social que investigó lo acontecido en Puerto Cabello. Fue testigo de lo sucedido.
  5. Doctor Enrique Aristiguieta Gramcko, testimonio histórico «La Guerra Psicológica»
  6. Marconi Villamizar, periodista y escritor, realiza sobre los sucesos una obra titulada «Biografía de una Aventura».
  7. La información que obtuvo el periodista, de medios cercanos al Oficialismo, sobre la fecha de construcción del Fortín Solano, es una versión que pusieron a circular por la fantasía de un supuesto arsenal bélico en poder de los alzados. En 1550 la zona donde hoy está ubicado Puerto Cabello, tan sólo era un conjunto de isletas rodeadas de manglares y una pequeña casa llamada rancho en la bahía, ahí, residía Antonio Cabello.
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