Dominado (Roma)

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El Dominado (235 d. C. - 476 d. C.) fue la despótica última de las dos fases de gobierno en el antiguo Imperio romano entre su establecimiento en 27 a. C. y la fecha formal del colapso del Imperio de Occidente, en 476. En el año 235 d. C. muere el último emperador de la dinastía de los Severos, Alejandro Severo, la cual había mantenido el orden, una relativa paz y el esquema del Imperio romano. Tras esta muerte se inicia un período caracterizado por la anarquía militar. Constituye la evolución del principado, se implantará un gobierno absoluto y el dominus (emperador) es el único que implantará derecho mediante tres vías: Leyes generales, pragmáticas y rescriptos.

El principo básico de creación del derecho es:

'Lo que el príncipe place en forma de ley, es derecho.'

Durante los 50 años siguientes el ejército tiene cada vez más protagonismo a la hora de tomar decisiones y de elegir los emperadores, lo cual será un elemento desestabilizador. Durante esos 50 años se suceden más de 20 emperadores.

En el año 212 d. C. el emperador Antonino Caracalla concede la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio romano, lo que crea una pérdida de los valores y tradiciones más antiguos.

Latín dominus, que significa señor o dueño, como un propietario frente a su esclavo — esto había sido usado servilmente para dirigirse a los emperadores desde la época Julio-Claudia en adelante, pero nunca como un título — a Tiberio en particular se le conoce por haberlo vilipendiado abiertamente. Se hizo común con Diocleciano, que es por tanto el lógico elegido para encabezar la lista de gobernantes del dominado temprano. Es en esta época también que aparecen sobre las monedas y demás piezas, y la titulación imperial, las palabras Dominus noster, ‘nuestro señor’.

La primera fase del gobierno imperial, conocida como el Principado, cuando las formalidades de la nunca constitucionalmente abolida República eran todavía la imagen «políticamente correcta», también suele concluirse con la llegada de la Crisis del siglo III de 235284, que concluyó a su vez cuando Diocleciano se convirtió en Emperador. Cambiando el concepto de emperador de las formalidades republicanas de los primeros tres siglos del Imperio, Diocleciano introdujo un nuevo sistema de reinado de una coalición de cuatro personas, la Tetrarquía, eligiendo el deshuso del título princeps, además de manifestar abiertamente la cruda realidad del poder imperial y adoptar un estilo de gobierno helenístico, más influenciado por la veneración de las deidades orientales del antiguo Egipto y el Imperio persa que por la tradición de cooperación civil entre la clase gobernante transmitida desde la República Romana.

Se puede argumentar que más crucial que el título escogido fue la anterior adopción del estatus divino como divus, originalmente un honor póstumo excepcional reconocido por el Senado, y más tarde entregado al emperador en vida (y a otros miembros de su familia), convirtiéndose en un privilegio no escrito de la corona.

Otro claro síntoma del elevado estatus imperial fue que éste llegó a encarnar la noción (abstracta durante la República) de la majestad de Roma, así que cualquier crimen contra ésta podía ser castigado como si se tratara de alta traición.

Los historiadores contemporáneos rechazan la interpretación de una transición del Principado al Dominado tan claramente ocurrida; más bien la tildan de una transformación más sutil y gradual, en la cual las reformas de Diocleciano en el oficio imperial, aunque significativas, son solo un punto de una larga lista. Sin embargo, la distinción entre las dos fases principales del gobierno imperial se antoja importante y útil.