Pentarquía
La Pentarquía (del griego "pentarchía", gobierno en conjunto de cinco personas) designa las cinco antiguas Iglesias patriarcales de la Iglesia indivisa durante el primer milenio de su historia, cuyos obispos fueron considerados primados. Por orden cronológico de fundación:
- La Iglesia de Jerusalén: fundada por los apóstoles en Pentecostés
- La Iglesia de Antioquía: fundada por gentiles y judios no sectarios que huyeron de la persecución por causa de Esteban (no por los apóstoles)
- La Iglesia de Alejandría: fundada por judios que huyeron de la persecución por causa de Esteban
- La Iglesia de Roma: fundada Por Simón Pedro y Pablo de Tarso, segun San Ireneo de Lyon, y Eusebio de Cesarea, padre de la Historia de la Iglesia.
- La Iglesia de Constantinopla: fundada por Andrés el Apóstol y hermano de Simón Pedro
Estas cinco Iglesias, de orígenes diversos, tomaron parte en los siete primeros concilios ecuménicos. A pesar de los conflictos y rivalidades entre ellas, consiguieron guardar relaciones a nivel de igualdad de primacía.
En 607 dc, el obispo de Roma, Bonifacio III, recibió de Focas, emperador de Oriente, el título de Obispo Universal, título que fue rechazado por los otros patriarcados, generando el cisma de Oriente, dando origen a la formación de la Iglesia Ortodoxa. Hubo varios esfuerzos por volver a unir a las iglesias, pero la negativa del obispo romano de rechazar la posición de jefatura dada por Focas, impidió tal reunión.
Finalmente, en 1054 se selló la ruptura definitiva de la Pentarquía original en el Gran Cisma de Oriente y Occidente, dividiéndose en dos la Iglesia cristiana original que viene de los apóstoles de Cristo en : Iglesia Católica Apostólica Romana (Iglesia de Occidente) y la Iglesia Ortodoxa (Iglesias de Oriente). Ambas Iglesias afirman ser la verdadera Iglesia Católica y que la otra fue la que se separo de la verdadera Iglesia cristiana: Una Santa, Católica, y Apostólica.
Ocaso [editar]
Luego de las conquistas árabes del siglo VII y la pérdida por Bizancio del corredor Roma-Ravena, sólo quedó el patriarcado de Constantinopla asegurado en la capital del Imperio Romano; el obispo de Roma era independiente, Jerusalén y Alejandría estaban bajo el dominio musulmán y Antioquía estaba en la línea de frontera disputada durante siglos entre Bizancio y los califas musulmanes.
Durante la Edad Media el centro de gravedad de la cristiandad se había trasladado hacia el norte y la mayoría de los cristianos de Egipto y Siria, países gobernados por los musulmanes, eran cristianos no calcedónicos que no reconocían la autoridad de Roma ni la de Constantinopla. Todos estos cambios históricos y políticos hicieron que la idea original de cinco grandes centros que cooperaran para administrar toda la Iglesia cristiana se fuera alejando de las posibilidades reales.